El Horned Helmet de K. Seusenhofer para Enrique VIII

El Horned Helmet de K. Seusenhofer para Enrique VIII

 

 

 

Por mas que este casco pueda así parecernos ahora una obra más contemporánea o incluso humorística, este Horned Helmet, que es en la actualidad el emblema de la Royal Armouries de Leeds fue diseñado por uno de los más destacados armeros de la época Konrad Seusenhofer por encargo del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Maximiliano I , abuelo de Carlos V para quien este armero elaboró sus más hermosas piezas, a las que quizás les dedique una entrada otro día.

 

Este casco fue encargado por Maximiliano para ser entregado como obsequio al joven rey Enrique VIII de Inglaterra alrededor del año 1511, cuando apenas tenía 20 años y sólo dos de reinado, como uno de los muchos obsequios que los soberanos renacentistas intercambiaban en ocasión de embajadas especiales. El casco original al parecer no constaba de dos de los elementos que lo hacen más llamativo a nuestros ojos y que, con toda probabilidad, le han dotado de tal singularidad que han facilitado la conservación hasta nuestros días: los cuernos y las gafas.  Los cuernos, al parecer, fueron una adición posterior no realizada por Seusenhofer, al igual que las gafas puesto que Enrique VIII padecía una fuerte miopía, hecho contrastado por los muchos pares de gafas que dejó a su muerte.

Evidentemente no se trata de un casco de batalla, sino para ser usado en ocasiones especiales como desfiles y, fundamentalmente, torneos. Se trata de un tipo de casco especial, llamado en castellano almete que fue un tipo de casco ligero que sustituyo, durante el siglo XVI, a las más pesados yelmo y celada. Se trataba de un casco ligero de poco espesor que además tenía la ventaja de no pesar puesto que se apoyaba, no en la cabeza, sino en la gola, otra pieza de la armadura que se utilizaba para proteger el cuello, haciendo que el peso de todo el conjunto recayese sobre los hombros.

 

 

Aún así, y a pesar de los añadidos, se trata de una pieza extraordinaria, casi de escultura, con especial atención a los detalles puesto que se remarcan cosas tan sutiles como las lineas de expresión en torno a los ojos y la boca e incluso los poros de la barba. El casco, llamativo como es, debía de serlo aún más, puesto que llevaba incrustado con toda probabilidad un paño carmesí con bordados de plata que iba sujeto a esas pequeñas hendiduras que tiene en la parte posterior de la cabeza. Formaba parte además de una armadura completa, hoy perdida, como otras muchas piezas que fueron desechadas como simple chatarra en la época de Cromwell.

 





 

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