El Rimbaud de David Wojnarowicz

El Rimbaud de David Wojnarowicz

 

Cynthia Carr, una escritora y crítica de arte neoyorquina, redactora de The Village Voice  e Interview, así como crítIca para las revistas ArtForumLA Weekly y Mirabella, ha escrito varios libros sobre Wojnarowicz, particularmente una extensa biografía de 2012 con el título Fire in the Belly: The Life and Times of David Wojnarowiczpublicada en Bloomsbury, e incluso próximamente, en julio de 2018, y en colaboración con otros autores saldrá en la Yale University Press,  David Wojnarowicz: History Keeps Me Awake at Night para la que ya existe en Amazon una lista de espera. Eso da idea del interés que despierta la figura de Wojnarowicz últimamente.

 

 

En realidad su más reciente actualidad comenzó con un incidente parecido a lo ocurrido con Santiago Sierra en la pasada edición de ARCO. En 2010, casi dos décadas después de su muerte, David Wojnarowicz volvió a ser noticia a nivel mundial por ser víctima de la censura. La repentina notoriedad se debió a un escándalo suscitado por su película de Super 8 de 1986-87, A Fire in My Belly , (título que retomará Carr dos años después) específicamente, una secuencia de 11 segundos que mostraba hormigas rojas mexicanas que se arremolinaban sobre un crucifijo. A Fire in My Belly formaba parte de una exposición relacionada con la identidad gay “Hide / Seek: Difference and Desire in American Portraiture” en la Galería Nacional de Retratos del Museo Smithsonian, y el escándalo organizado fundamentalmente por la Liga Católica, acabó con que el Smithsonian, como Helga de Alvear, decidiera retirar la obra de la exposición. Para los profesionales del mundo del arte, como también sucedió en ARCO, esta  censura clamorosa de una obra mucho más compleja  parecía salida de otros tiempos: sin duda, las instituciones artísticas ya habían aprendido la lección del vergonzoso juicio al que se sometió la obra del fotógrafo Robert Mapplethorpe en 1990 y se negaron a doblegarse bajo la presión de una minoría religiosa de derecha que no se había tomado ni el tiempo ni el interés de comprender la vida y el legado de Wojnarowicz. Tristemente, el incidente, como el de ARCO, demuestra que la libertad de expresión no ha llegado tan lejos como la mayoría podría esperar y las presiones de los grupos conservadores aún tienen su efecto, aunque finalmente, como bien sabe Santiago Sierra, su efecto sea paradójicamente una publicidad mucho mayor hacia el artista que ve como los focos se concentran en su obra. Afortunadamente, hoy la obra puede verse en la web y os la cuelgo aquí. La infausta secuencia está en el minuto 16.50 más o menos.

 

 

La pieza, que ya había sido editado para la exposición, era una reacción a la muerte de su amante y mentor, Peter Hujar, al que ya le dediqué una entrada anterior, y a su reciente diagnosis del virus del SIDA. Era simplemente un grito de angustia o de protesta, en la tradición más surrealista, que capturaba la contradicción, la velocidad y la fantasmagoría de un momento en el que era razonable suponer que todo el progreso político y social que los homosexuales habían logrado en los años 60 y 70 estaba siendo directamente revocado o suspendido, con el telón de fondo de la era de Reagan, el Good Morning  America, y una detestable oleada de triunfalismo estadounidense que tiene su resurreción hoy en día en en America First de esta controvertida era Trump.

 

 

Precisamente David Wojnarowicz era cualquier cosa menos cobarde en lo que refiere a su libertad de expresión. Nunca tuvo un ápice de miedo ni en su trabajo ni en mostrarlo. Lo único que podría haberlo enfurecido eran los que compraban su trabajo como  inversión y no entendían en absoluto  las implicaciones emocionales que tenía. Wojnarowicz demostró ser uno de los experimentadores más punzantes, más mercuriales y difíciles de descifrar del arte estadounidense.  Wojnarowicz no solo era un raro por naturaleza,  sino que se enorgullecía de serlo y celebraba su propia visión marginal de una forma casi chamánica.

 

David Wojnarowicz. Untitled (Face in Dirt). 1992-93. Gelatin silver print. 28 1/2 x 28 1/2″ (72.4 x 72.4 cm). The Abramson Collection.

Sus obras hablan de la autodestrucción, de la privación de derechos, de la despersonalización y del terror a la muerte, pero tanto como invocan las grandes ideas de un mundo que salió mal, también registran los propios miedos, recuerdos y demonios del artista.El prodigioso talento de Wojnarowicz como escritor (escribió diarios  escritos desde su propio punto de vista y desde el de otros sin techo con los que convivió) le sirvió como punto de arranque y entrada hacia otros muchos medios artísticos como la pintura, el cine,  la escultura, la fotografía o los graffiti.

 

Self portrait with collage. David Wojnarowic

Carr que conoció personalmente al artista  cuando formó parte de la escena artística de East Village a principios de los 80,  nos lleva, en el libro más arriba citado, a través de una montaña rusa de casi cuatro décadas de bohemia contemporánea, comenzando por una infancia terrible de abusos , sus primeros años de chapero en las calles de Nueva York, y sus primeras exploraciones e intentos de una expresión alternativa.

Con una infancia completamente desgraciada, de abandono sucesivo por parte de sus padres y de maltrato, a los 15 años ya vivía de prostituirse como shapero por diez dólares en Times Square. Uno de los detalles más pavorosos que cuenta Carr sobre su desesperación era la afición  que tenía de colgarse con los dedos de la cornisa de la ventana de su habitación a siete pisos de altura por encima de la octava avenida.  Pensaba a todas horas en suicidarse, en suicidarse y en robar serpientes de las tiendas de animales, amaba particularmente las serpientes,  para liberarlas en Central Park.

David Wojnarowicz with a Snake, Peter Hujar

A veces, para despejarse, iba en autobús a New Jersey y se bañaba vestido en los lagos. Ésa era la única vez que se lavaba. Llevaba los vaqueros tan sucios que cuando se agachaba se veía reflejado en la tela.

 

 

A los 17 años estaba tan demacrado y tan sucio que no conseguía encontrar clientes decentes y tenía que conformarse con tíos que le pegaban o le robaban la pasta. Era un esqueleto andante a merced de los hombres más pervertidos. Se alimentaba tan mal que le sangraba las encías cada vez que fumaba un cigarrillo. Dormía en cuartos de calderas, en coches abandonados, o en las azoteas de los edificios, colocado encima de la rejillas de la calefacción, y por la mañana parecía cubierto de hollín, con los ojos, la nariz y la boca llenos de un polvillo negro que lo asfixiaba. A veces era presa de lo que él llamaba las noches de ira, cuando no podía soportar más el hambre y la frustración y, con un colega, recorría Manhattan de punta a punta, rompiendo todas las cabinas de teléfono que encontraban a su paso.

 

 

Sin embargo, su personalidad proteica le hizo pronto destacar en la escena del arte de vanguardia del Village. Su primer reconocimiento provino de las plantillas de casas incendiadas que aparecían en los muros expuestos de los edificios en East Village. Wojnarowicz también se relacionó con otros artistas prolíficos de la época, apareciendo o colaborando en obras con artistas como su íntima amiga Nan Goldin, la escultora Kiki Smith, el también graffittero John Fekner , el cineasta underground Richard Kern , la cantante punk de The Innocents y galerista dela Ground Zero Gallery  Marguerite Van Cook , Ben Neill inventor de la trompeta mutante, etc.

David Wojnarowicz fotografiado por Nan Goldin

De entre todos ellos, quizás el encuentro más determinante fue con Peter Hujar del que os escribí otra entrada que es el anverso de esta que hoy dedico a David. Probablemente Peter sería la persona, o una de las personas más influyentes en la vida de David. Ambos víctimas de abusos en su infancia, ambos homosexuales con una promiscuidad casi legendaria, ambos seres solitarios y marginales y, al mismo tiempo, orgullosos y celosos de su legítima rareza, ambos artistas mercuriales y amantes de los clubs más underground y de los muelles abandonados, ambos activistas contra las injusticias, sociales y legales, que se produjeron en respuesta a la epidemia del SIDA. Su relación sexual fue más corta que su camaradería de alma que duró hasta la muerte de Peter, aunque David apenas si vivió, en el propio piso de Peter por cierto, cinco años más.

 

Jacket worn by David Wojnarowicz at an Aids demonstration in 1988.

De David se sabe mucho. Él mismo se encargó de contarlo en sus muchos libros, particularmente Close to the Knives: A Memoir of Disintegration , una autobiografía compuesta de escritura creativa que trata temas como su problemática infancia y o desdeña denunciar la homofobia y la marginación.

Me viene bien esta portada para hablaros de la que es su obra más conocida y de la que hoy os quería hablar aquí: Rimbaud en Nueva York. Lo primero que le llamó la atención al volver a Nueva York y que refleja en su diario es la inmensa casa de putas al aire libre en que se habían convertido los muelles más allá de la autopista elevada del West Village. Aquel lugar, con  sus traicioneras estructuras  podridas a lo largo del río Hudson  se convertiría en el centro de su vida durante el siguiente año y medio.

 

1983, pier 34, David Wojnarowicz, Dirk Rowntree, Peter Hujar, Spring Street, NYC

A finales de los años 70, David Wojnarowicz comenzó a fotografiar su serie “Rimbaud en Nueva York”. Amigos y amantes posaron en toda la ciudad con una máscara de Arthur Rimbaud que Wojnarowicz modeló a partir del retrato icónico del poeta en la portada de Iluminaciones .

Arthur Rimbaud in New York. Fotografía. 1978-1979 / Copia póstuma, 2004.

Wojnarowicz trabajó en este proyecto durante aproximadamente un año, acumulando alrededor de 500 imágenes. La primera de estas fotografías fue tomada en o cerca de los muelles del río Hudson al oeste de Greenwich Village. En el lado de la ciudad,más acá de la carretera, había bares gays como Ramrod, Peter Rabbit y Alex in Wonderland. Este gran distrito del morbo más libidinoso incluía los camiones estacionados por las noches y los parkings solitarios. Los muelles podrían ser peligrosos, no solo porque se estaban cayendo a pedazos y estaban llenos de agujeros abiertos al río, sino porque ya había habido asesinatos allí. Pero para muchos,como el propio David, la anarquía y el riesgo solo añadían emoción.

 

David Wojnarowicz In Front Of Pier 46 1979 (Leonard Fink)

 

Peter Hujar-Hallway-Canal-Street-Pier

A David le pareció fascinante. Quería recorrer los muelles, quería pintarlos, fotografiarlos y registrar lo que sucedía en ellos. Pronto volvió con Brian (Butterick, amigo cercano de Wojnarowicz) y una lata de pintura en aerosol. Dibujó una tosca cara de Rimbaud sobre el cristal de una ventana. En una pared, pintó un torso masculino chutándose con una gran aguja hipodérmica. En otra parte, pintó una diana.

Luego escribió una especie de haiku en la pared: “¿Viste el combate aéreo ayer (bajo el cielo mexicano)? También hizo un graffitti con una frase a menudo citada por William Burroughs:” ‘No hay verdad / Todo es posible’ Hassan I Sabbah “. Y agregó su propio poema de diez líneas debajo, comenzando,

Algunos hombres caminan rápidamente en camionetas por caminos rojos

Abajo en valles distantes donde las montañas

Son tragadas lentamente por el desierto …

David tuvo un trabajo de salario mínimo de corta duración ese verano. A mediados de junio, una agencia publicitaria lo contrató para imprimir fotografías y utilizar una máquina fotostática. Lo despidieron cuando casi de inmediato comenzó a darse de baja contínuamente por enfermedad. Pero mientras estaba allí, pudo ampliar la portada de las  Iluminaciones para crear una máscara de tamaño natural de Arthur Rimbaud.

 

Rimbaud era, para él, una especie de estrella polar en este momento de su vida. Se identificó con el poeta. Ambos se llevaban exactamente un siglo: Rimbaud había nacido en octubre de 1854 y David en septiembre de 1954. Ambos habían sido abandonados por sus padres e maltratados por sus madres. Ambos  se habían escapado de casa de adolescentes. Ambos vivieron con nada y sin embargo no estaban dispuestos a vivir según las reglas. Ambos eran maricas. Ambos intentaron arrancar un trabajo visionario partiendo de su propio sufrimiento. David aún no sabía el resto, que pronto conocería a un hombre mayor y mentor que cambiaría su vida (como Paul Verlaine había cambiado el de Rimbaud), y que él también moriría exactamente a la edad de 37 años, la misma que Rimbaud.

¿Qué más necesitaba? Ese mismo verano, David comenzó a fotografiar a Rimbaud en Nueva York  con una cámara prestada, utilizando a Brian como modelo.

“En ese momento, sentí que quería que fuera lo último que yo hiciese antes de volver a la calle a prostituirme o a morirme o a desaparecer. A lo largo de los años, periódicamente me he encontrado en situaciones desesperadas y, en esos momentos, sentía que tenía que hacer ciertas cosas. . . Le conté a Rimbaud un vago bosquejo biográfico de lo que había sido mi pasado: los lugares que había frecuentado cuando era niño, los lugares en los que me moría de hambre y que frecuentaban en aquella época “.

 

Brian posó con la máscara de Rimbaud en la calle 42 entre la Séptima y la Octava avenidas, una manzana llena de cines porno que se conocía como The Deuce. Posó frente a los cadáveres de vacas colgando en el distrito de las empacadoras de carne. Montó en un vagón de metro lleno de graffiti. Pasó bastante tiempo en los muelles  del río Hudson y deambuló entre  monstruos obscenos y cachodos. Posó en  en Chinatown, en el Terminal Bar, se chutó heroína.

 

 

David escribió dos “guiones fotográficos de 35 mm”, con docenas de ideas para las aventuras del poeta. Tenía una narración en mente. Rimbaud llegaría en barco, se apearía en el Brooklyn Navy Yard en un guión y en Coney Island en el otro. Finalmente, moriría de una sobredosis de heroína o se suicidaba con un revolver.

 

 

La mayoría de estos escenarios nunca fueron fotografiados, como Rimbaud comiendo en la cafetería del Ejército de Salvación, Rimbaud masturbándose en la Catedral de San Patricio durante la misa, etc. Esa no se hizo. pero sí que hizo una de Rimbaud haciéndose una paja. John Hall fue Rimbaud masturbándose.

 

No recuerda nada sobre dónde se tomó esa foto o cómo surgió, solo que David lo tranquilizó cuando adujo que estaba demasiado delgado y que no tenía un buen cuerpo. Brian dice que la foto se tomó en el apartamento de Hall, cuyo desorden a David le pareció fascinante. Cuando Jean Pierre [Delage, el primer novio serio de Wojnarowicz] fue a visitarlo, David lo incorporó rápidamente al proyecto también. Jean Pierre se convirtió en Rimbaud en Coney Island.

 

Unos meses después conoció a Peter Hujar. David escribió a JP que había “pasado la noche hablando con un nuevo amigo sobre la vida / fotos, etc.-raro que tenga la oportunidad de simplemente hablar y escuchar cosas interesantes”. El mismo escribió acerca de cómo conoció a Hujar en el Bar en Second Avenue y 4th Street. “Me miró y volví a mirar varias veces. Creo que lo deseaba de una manera fuerte “.

 

 

Cuando llegaron al loft de Hujar en Second Avenue y 12th Street, Hujar el enseñó sus Retratos en la Vida y la Muerte . Las fotografías de Hujar de artistas, drag queens y otras seres marginales lo intrigaron y así comenzaría una relación que duraría hasta su muerte. Susan Gauthier, entonces  compañeras de piso de David, dijo que la vida de David cambió definitivamente cuando conoció a Hujar. “Alguien vio que [David] era un verdadero artista”. No podía explicar en qué ni cómo cambió, excepto  que, desde ese momento, David estaba “lleno”, con respecto a su trabajo, y dejó de ir constantemente a los muelles.

 

Y así, terminó la serie de Rimbaud.

 

Publicado en cine/video, collage, fotografia, Sin categoría y etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , .

Un comentario

  1. Pingback: Greer Lankton y sus muñecas enigmáticas – Raras Artes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

tres + 7 =