La Otra Corte: Mujeres de la Casa de Austria en Las Descalzas y la Encarnación

La Otra Corte: Mujeres de la Casa de Austria en Las Descalzas y la Encarnación

Hace tiempo que no escribía en este blog y he decidido retomar la actividad comentando una fastuosa exposición, una auténtica efeméride en este recién clausurado año de grandes exposiciones por el bicentenario del Museo del Prado. Una efeméride que sin embargo no trae prácticamente casi ninguna obra que no se encuentre habitualmente en la ciudad de Madrid y que, no obstante, supondrá un esplendoroso descubrimiento para todos aquellos madrileños que desconozcan el extraordinario patrimonio que albergan los reales monasterios de las Descalzas Reales y de la Encarnación.

Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid

Quizás la sorpresa venga de la propia condición de recónditas y reservadas que tienen todas estas piezas que normalmente habitan esos recoletos espacios casi de ultramundo que constituyen los aún numerosos conventos madrileños que en este ya bien avanzado siglo XXI siguen siendo instituciones de clausura, conventos extraordinarios casi todos ellos y casi todos ellos desconocidos por la práctica totalidad de los madrileños.

Real Monasterio de la Encarnación de Madrid

De hecho en Madrid capital hay un total de 28 conventos y monasterios sólo de clausura habitados por alrededor de 300 personas, la mayoría de ellas monjas, si exceptuamos a los seis monjes benedictinos que viven en el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat en la calle San Bernardo, muy cerca del territorio hipster de Malasaña.

Hacía rato que ya me venía tentando dedicarle una serie a estas escondidas Cámaras de las Maravillas, cuando, ya en mi última visita a La Encarnación, la guía de Patrimonio me puso sobre aviso de la auténtica celebración que supondría y supone la exposición que actualmente se realiza, bajo el comisariado de Fernando Checa Cremades, en el mismísimo Palacio Real de Madrid y que ha tenido tan fantástico suceso que a los previstos tres meses iniciales se le han añadido una prórroga de otros seis meses más hasta más allá del verano.

Conjunto del Túmulo de Juana de Austria. Monasterio de las Descalzas

Viene bien recordar este carácter mayoritariamente femenino que tienen estos espacios al hablar de esta exposición pues nos servirá para centrarnos en comprender el subtítulo de la exposición llamada La otra Corte: Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios Reales de las Descalzas y de la Encarnación. Pues hay algo marcadamente femenino en esta muestra, ya que no sólo se reúnen piezas de las colecciones de algunas de las mujeres más notables de la casa de Austria sino que también hay que reconocer de que tales obras han llegado hasta nosotros en el excelente estado de conservación en que se hallan por el primoroso celo puesto por siglos de esmero y dedicado afán de las propias monjas. Incluso femenina encuentro también esa preferencia por lo delicado de los relicarios o el amor por los tejidos o los retratos y los recuerdos de familia o esa religiosidad de vocación maternal que se transparenta en la devoción por el Niño Jesús, tan querida por muchas de estas monjas.

Sor Margarita de la Cruz, Sor Ana Dorotea (ambas hijas de emperadores del Sacro Imperio) y sor Catalina Maria d’Este princesa de Modena

Fueron estos dos conventos no solo escenarios de piedad de la propia monarquía sino verdaderos centros de una vida cortesana de enorme importancia e influencia política, punto de encuentro no sólo de los miembros de la familia real, sino también de embajadores, nuncios y otros personajes de la corte, con una red de relaciones internacionales que se extendía más allá de  los reinos peninsulares españoles para llegar a territorios como el Imperio, Flandes o la corte del gran duque de Florencia. La particularidad de esta segunda corte paralela a la que tenía su centro en el Alcázar, es que estaba constituida enteramente por mujeres. Su influencia política llegó a tal grado que fue una de las razones por las que el duque de Lerma, valido de Felipe III, decidió trasladar la corte a Valladolid, pues en las Descalzas se había formado un auténtico centro de oposición a su figura, formado por la propia reina Margarita de Austria, la emperatriz viuda Maria de Austria y su hija sor Margarita de la Cruz a los que se unía las frecuentes visitas del embajador imperial Hans Khevenhüller.

La recientemente restaurada Anunciación de Fra Angelico del Museo del Prado

Probablemente fuera a través del duque de Lerma como llegaría a las Descalzas la Anunciación de Fra Angelico pues se sabe que fue vendida por la comunidad de Fiesole en 1611 para sufragar la construcción de un nuevo campanario, adquiriéndola Mario Farnesio para el valido del rey, quien la donó en un primer momento a la iglesia del convento de los dominicos de Valladolid. Una pena que el Museo del Prado no haya prestado esta obra para la exposición, una de las obras capitales que sobrevivieron en las Descalzas hasta que fue descubierta por Federico Madrazo entonces director del Museo que se la arrebató a las monjas con la complicidad del rey Francisco de Asís en 1861 a cambio de una copia de su mano.

Alonso Sánchez Coello. Juana de Austria. h, 1566, óleo de las Descalzas

La exposición da una importancia excepcional a la fundadora de las Descalzas, doña Juana de Austria no sólo con muchas de las obras por ella coleccionadas, sino hasta con tres retratos de la que fue hija de Carlos V y hermana pequeña de Felipe II además de su propio túmulo funerario que podéis ver más arriba y con el que termina la exposición. Este retrato de las Descalzas reproduce otro de Sofonisba Anguissola de 1561 que se conserva en el Museo de Isabella Stewart Gardner de Boston.

Principe don Juan Manuel de Portugal, taller de Antonio Moro, 1552-54, Colección de la reina de Inglaterra.

Juana fue una mujer muy notable. Fue princesa de Portugal a través de su breve matrimonio con su primo hermano el príncipe don Juan Manuel de Portugal, del que concibió al que sería su único hijo el futuro rey don Sebastián I. Fue aquel al parecer un matrimonio feliz pues Juana vestiría desde entonces ropas de viuda y este retrato de su marido sería uno de sus favoritos que colgaría en su Cuarto Real del monasterio junto con hasta cuatro distintos de su hijo al que Juana no vería crecer.

El rey Sebastián I de Portugal, ca 1562. Artista: Alonso Sánchez Coello

Juana, una semana después de haber muerto su marido, dio a luz su hijo, Sebastián, que llenó de gozo a los portugueses que temían una anexión con la corona de España como finalmente se produciría tras la muerte de este en la batalla de Alcazarquivir en Marruecos. Pero Juana, como decimos, no vió crecer a su hijo ya que apenas al mes de su nacimiento fue llamada por su hermano Felipe II para ejercer la regencia de los reinos peninsulares durante casi cinco años, dejando su hijo bajo la supervisión de su tía, la reina Catalina de Austria.

Juana fue una buena regente de España y cabeza del que se llamó partido ebolista, junto a Ruy Gómez de Silva, principe de Eboli, un grupo de personajes portugueses que habían ido afianzando su poder en la Corte castellana como servidores de las infantas portuguesas que habían contraído matrimonio con los príncipes de Castilla, desde la propia emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, y madre de Juana que era pues hija, esposa y madre de miembros principales de la casa de Avis.

La reina Catalina de Austria, por Alonso Sánchez Coello. Ca. 1560-1570,copia del original de Antonio Moro de 1552 del Museo del Prado, Madrid

Tal vez por todo eso Juana habilitó en su Cuarto Real del monasterio una importante galería de retratos familiares siguiendo la tradición de su tía María de Hungría cuya colección se perdería en el incendio del palacio del Pardo. A su muerte en la almoneda de sus bienes se contaron hasta 84 retratos de pinçel en lienço y tabla, vendiéndose muchos de ellos. El lote más importante no obstante fue el adquirido por su hermano Felipe II que compró más de 20, algunos de los cuales se encuentran en el Museo del Prado o El Escorial y otros quedaron en las mismas Descalzas «prestados» a su hermana María de Austria para la decoración de sus estancias.

Alonso Sánchez Coello, Don Juan de Austria armado, fines de 1567, Monasterio de las Descalzas.

La exposición cuenta con un numeroso grupo de estos retratos tanto de la colección de la propia Juana, de la mano de los mejores artistas del momento, como de otros tantos que debieron incorporarse, ya una vez muerta la fundadora, durante la estancia de su hermana la emperatriz María de Austria. Así podemos ver retratos de la mano de Antonio Moro, Alonso Sánchez Coello, Jooris van Straeten, más conocido como Jorge de la Rúa, el portugués Cristobal de Morales, Juan Pantoja de la Cruz, Franz Pourbus, o el mismo Peter Paul Rubens.

La emperatriz viuda María de Austria de Juan Pantoja de la Cruz

La exposición le dedica una sala específica a la referida Maria de Austria, emperatriz consorte de Maximiliano II y hermana de Juana y de Felipe, presidida en su centro por la réplica de la corona imperial que no sólo aparece en el retrato de más arriba, sino que adornó el túmulo de su enterramiento.

Sala de la exposición con el retrato de la emperatriz María de Austria en el centro flanqueada por sus hijos Alberto, a la derecha y Ernesto a la izquierda. En el centro de la sala la réplica funeraria de la corona imperial

En el resto de la sala aparecen los extraordinarios retratos de cuerpo entero de tres de sus hijos, Ernesto, Archiduque de Austria y gobernador de los Países Bajos , Isabel (que fue reina de Francia), Alberto y su mujer, Isabel Clara Eugenia, sobrina a su vez de Maria e hija favorita de Felipe II, ambos soberanos de los Países Bajos. Extraordinario el retrato de Isabel Clara Eugenia con una enana realizado por Franz Pourbus, luciendo el que probablemente sería su traje de novia como puede adivinarse del repetido motivo de las alianzas entrecruzadas y las flores de lis.

Isabel Clara Eugenia con una enana, en su traje de boda. Franz Pourbus el Joven

Pero hasta ahora casi nos hemos centrado en el papel cortesano de ambos monasterios, cuando lo que realmente abruma cuando uno visita estos lugares es la abundancia y la calidad de las imágenes religiosas. Esta abundancia sólo es concebible por la coincidencia del esplendor del arte cortesano en la corte española por una parte, y, por otra, el cariz político y religioso que suponía la exaltación de tales imágenes en tiempos muy cercanos al concilio de Trento. Recordemos que en el origen de toda la reforma protestante se hallaba esa repulsa al culto de las reliquias, la milagrería y las indulgencias. El Concilio de Trento sin embargo confirmó la piedad hacia las reliquias de los santos y exhortaba incluso a los obispos a instruir a los fieles en tal costumbre.

Relicario del Monasterio de la Encarnación

Los monarcas de la Casa de Austria, como signo de lealtad a la Iglesia y para mostrar su piedad católica, construyeron en esta época las grandes lipsanotecas que, a pesar de los avatares de los siglos, aún se conservan y están entre las mejores del mundo. Aparte del Monasterio del Escorial, las tres fundaciones femeninas de protección real en la corte madrileña poseían una estancia especial, denominada relicario, a la que pocas personas tenían acceso y que era considerado el sanctasanctórum del lugar. El del Real Monasterio de Santa Isabel en la calle homónima ardió por completo en la Guerra Civil pero en las Descalzas y en La Encarnación se mantienen prácticamente intocados y en su ubicación original, de nuevo por el celo extraordinario de las monjas.

Relicario del Monasterio de las Descalzas

La exposición está entreverada de algunos de estos objetos dignos de figurar en cualquiera de esas camaras de las maravillas o gabinetes de curiosidad donde se coleccionaban y exponían objetos exóticos procedentes de todos los rincones del mundo conocido. En la exposición además de acentúa ese carácter exótico mostrando piezas que provenían de los lugares más distantes, como los relicarios de coral sicilianos, los trabajos de madreperla o carey de tierras americanas, o los marfiles de la India e incluso piezas de Kioto que llegaban traídas por los jesuitas a la corte de Lisboa.

Hay algunas obras extraordinarias como el arca relicario de San Victor que llegó a España como dote de Ana de Austria, hija mayor de la emperatriz María, en sus esponsales con su tío Felipe II. El arca, diseñada como un mueble de lujo, por el principe de los orfebres de Nuremberg y fundador de una auténtica dinastía, Wenzel Jamnitzer, está realizada en plata sobredorada y cuajada de una rica ornamentación y es,sin duda, uno de los más valiosos tesoros del relicario de las Descalzas.

Arca relicario de San VIctor, 1557, Wenzel jamnitzer

O cualquiera de las piezas asociadas a Sor Ana Dorotea,  hija natural del emperador Rodolfo II y de su amante Catalina Estrada, como el llamado Caliz de Sor Ana Dorotea o esta Custodia de taller madrileño cuajada de piedras preciosas.

Aunque nunca tuvo un cargo relevante en la comunidad, sor Ana Dorotea se convirtió en una de las personalidades más relevantes de la época al igual que su pariente y compañera en el convento sor Mariana de la Cruz, hija del Cardenal-Infante. De hecho fue retratada por el mismísimo Rubens durante su estancia en la corte madrileña, retrato que junto al de sor Margarita de la Cruz -tambien de Rubens– pueden verse en la exposición.

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Mención aparte merecen algunos magníficos ejemplares de los muchos textiles conservados en los reales monasterios, algunos de los cuales son donaciones de la propia fundadora, Juana de Austria, como ese magnífico frontal de altar de mediados del siglo XVI que vemos en la imagen de abajo bajo la imagen del arcángel Jehudiel de un seguidor de Gaspar Becerra.

o el terno de Felipe III o terno de las Calaveras que se utilizaba en las ceremonia fúnebres reales, pieza bellísima del siglo XVI de terciopelo cortado de seda, anillado por trama, fondo de plata, bordado a realce en hilo y lentejuelas de plata en el que se observan calaveras

o el paño de terciopelo negro del túmulo de Juana de Austria que ya pusimos más arriba, por no hablar de los tapices, con un magnífico ejemplar de La revista de las tropas de Barcelona de la serie de La conquista de Tunez, una edición de doce paños de tapices realizados por el afamado tapicero de Bruselas Willem Pannemaker sobre pinturas que Jan Cornelisz Vermejen había realizado por encargo de Carlos V durante la propia campaña. Estos tapices fueron el mayor encargo realizado nunca por la casa de Habsburgo y se convirtieron en una auténtica insignia de la dinastía. la edición princeps fue realizada para María de Hungría que se la dejó a Juana de Austria que la expuso en las Descalzas.

Willem Pannemaker sobre diseños de Pieter Coecke van Aelst y Jan Cornelisz Vermejen. La revista de las tropas en Barcelona, k. 1554, tapiz de la serie La conquista de Tunez

U otra de las joyas de la exposición y de las propias Descalzas la serie de tapices de El triunfo de la Eucaristía que la ya mencionada Isabel Clara Eugenia encargó al mismísimo Rubens para regalarla al Monasterio de Las Descalzas. Una serie de veinte monumentales tapices, de la que se exponen tres y que se conserva íntegra en el Monasterio, sobre el tema de la Eucaristía, dogma principal del catolicismo que la infanta defendía. No hace mucho, en el 2014, el Museo del Prado realizó una exposición con algunos de ellos y los seis de los grandes bocetos o modelli que Rubens pintó y que se conservan en el museo.

Y para finalizar dedicarle también un espacio a los magníficos ejemplares de escultura barroca que ambas fundaciones conservan. También fruto del Concilio de Trento, la expresión de la devoción tenía en la imagen su más eficaz vehículo, como modelo de vida, como taller de santidad o ejemplo de piedad. Ambas casas, tanto Las Descalzas como La Encarnación, fueron faros de indudable prestigio y paradigmas de acendrada piedad y la escultura piadosa está presente por todas partes, desde los formatos más pequeños a los grandes retablos como el de la capilla de la Virgen del Milagro en las Descalzas encargado por don Juan José de Austria. También al patrocinio éste se deben la extraordinaria pareja de Ecce Homo y Dolorosa realizada por el granadino Pedro de Mena, del que también se expone una preciosa Santa Clara.

Tambíen se expone, como vemos más arriba, una copia de la Magdalena penitente según modelo también de Pedro de Mena que se guarda en su mueble original, una maravilla en sí mismo y que nos da una idea de cómo se conservaban estas imágenes.

Gracias a la madre Mariana de San José, madre fundadora que marcó con su indeleble sello el monasterio de la Encarnación, se debe la entrada de un grupo de esculturas de altísima calidad de Gregorio Fernández. La madre había vivido en Valladolid muy cerca del taller del escultor y a él le encargó algunas de estas fantásticas piezas, como este magnífico Cristo atado a la columna cuya hechura costo muchas oraciones del propio convento y del que Palomino dirá que a las arterias solo les falta el pulsar.

O ese escenario que alhajaba la Sala Capitular de la Encarnación que estaba presidido por uno de los más afortunados modelos de Gregorio Fernández, el Cristo yacente que reproduce el encargo de Felipe III para los Capuchinos de El Pardo, también de patronato regio y lugar de devoción íntima del monarca. De esta sala también procede la pintura de Felipe Diricksen que cerraba la lectura como en un cuadro congelado.

Aunque aún hay quien se pregunta, ante el hecho de que sólo 7 de las obras  expuestas proceden de colecciones externas, qué aporta la exposición que no pueda darnos la visita a los dos conventos donde, además, las piezas pueden contemplarse aún en el contexto original para el que fueron creadas y que mejor las explica, para muchos, esta exposición está constituyendo un auténtico descubrimiento. De hecho las visitas a estos conventos – 46.922 a las Descalzas y 15.511 a la Encarnación en 2018, una nimiedad frente al millón y medio del Palacio Real– están muy condicionadas por hallarse en zonas reservadas a la clausura.

Pero baste recordar que aquí se exponen tan sólo 110 piezas maestras salidas excepcionalmente de estos dos centros de clausura gracias a la dificultosa elección, según él mismo reconoce, de Fernando Checa y el arquitecto Francisco Bocanegra y la colaboración de las propias monjas. Sin embargo el inventario de bienes muebles histórico artísticos de ambos centros supera , en el caso de las Descalzas, los 9.000 objetos y en el de la Encarnación más de 7.000. Quizás una invitación a conocerlos más despacio

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