Los Niponófilos De Boston

LOS NIPONOFILOS DE BOSTON o De cómo un niño que recogía conchas en las playas de Nueva Inglaterra acabó alumbrando la mayor colección de arte japonés fuera de sus fronteras

 

Es éste el primer post de una serie que pretendo dedicarle a la ciudad de Boston, donde están algunos de mis museos favoritos, entre ellos, en lugar bien destacado, en Museo de Bellas Artes de Boston, que sólo por el retrato de fray Hortensio Felix Paravicino de El Greco ya bien merece una visita.  Pues bien, tiene este museo una extraordinaria colección, como ninguna que haya visto, de arte japonés cuya singladura me intrigaba. ¿Cómo había sido posible que tal cantidad de arte japonés hubiera llegado hasta esta ciudad relativamente pequeña? Ha sido así como he descubierto a este grupo de personajes, a esta pandilla de barbados aventureros, uno de esos grupos de amigos cuya fama seguramente no trasciende el ámbito local y aún seguramente el museístico o el erudito y que tanto me gusta rescatar en este blog. Pero para no hacer un texto interminable, de esos que su sola vista desanima la lectura, lo iré contando con las imágenes, para aquellos que queráis saber cómo un niño que recoge conchas en las costas de Nueva Inglaterra puede acabar relacionando a Darwin con Tagore y a Ezra Pound con el teatro Noh pasando siempre por esas extraordinarias salas del Museo de Boston.

 

Empezaremos por el catalizador: Edward S. Morse.

Morse (1838-1925) fue un estudiante indómito. Le echaron de cuatro escuelas y el mismo abandonó la quinta. Él era ese niño que prefería explorar las playas a la escuela, en busca de conchas y caracoles, o ir al campo para dibujar pájaros y flores. Sin embargo, a pesar de su falta de educación formal, las colecciones formadas durante su adolescencia pronto le valieron la visita de eminentes científicos de Boston, de Washington e incluso del Reino Unido. Fue muy celebrado su trabajo sobre los caracoles de tierra, y antes cumplir los doce años ya había descubierto dos nuevas especies.

Edward_S_Morse

 

Tenia además unas especiales dotes para el dibujo lo que le consiguió sus primeros trabajos en la Portland Locomotive Company y como grabador de madera en una compañía de Boston. Pronto Morse fue recomendado para trabajar con Louis Agassiz que era el catedrático de Zoología y Geología de la Universidad de Harvard por sus cualidades intelectuales y talento en el dibujo, del que fue asistente encargado de la conservación, documentación y colecciones de dibujos de moluscos y braquiópodos. Os traigo aquí a Louis Agassiz porque volverá a salir en futuros post de Boston.

Louis Agassiz

Morse acabó por convertirse en pocos años en un erudito en el campo de la zoología, especializándose en la malacología o el estudio de los moluscos. En 1870 publicó “Los Braquiópodos, una División de los Annelida” en la que reclasificó braquiópodos como gusanos en lugar de moluscos. El trabajo tuvó tal repercusión que atrajo la atención de Charles Darwin.

 

En junio de 1877, llevado por su afición a la malacología, Morse visitó por primera vez Japón que durante siglos había estado vetado a los extranjeros, en busca de braquiópodos costeros. Para recolectar especímenes, estableció un laboratorio biológico marino en la prefecura de Kanagawa, hecho que llamó la atención de la corte Imperial que le ofreció un puesto como el primer profesor de Zoología en la Universidad Imperial de Tokio durante los siguientes tres años.

 

Un día, mientras miraba por una ventana en un tren entre Yokohama y Tokio, Morse descubrió el montículo de Ōmori, una formación extraña que llamó su atención a las afueras de Tokyo y cuya excavación, además de conchas sacó a la luz gran cantidad de huesos, humanos y animales, instrumentos de piedra y trozos de cerámica y abrió, formalmente el estudio de la arqueología y la antropología en Japón  arrojando mucha luz sobre la cultura material del Japón prehistórico. Hoy un pequeño monumento marca el montículo como el lugar de fundación de la arqueología japonesa ( Nihon kôkogaku hasshô no chi)

 

 

Fascinado con los descubrimientos, Morse escribió un libro sobre las casas japonesas y su entorno, ilustrado con sus propios dibujos.

 

Japanese Homes and Their Surroundings by Morse, Edward S.

También reunió una colección de más de 5.000 piezas de cerámica japonesa e ideó el término “cordón-marcado” para los cuencos de cerámica de la Edad de Piedra, adornados por cuerdas que imprimían en la arcilla mojada. La traducción japonesa, “Jōmon”, ahora da su nombre a todo el período Jōmon, así como la cerámica Jōmon.

Todo su exitoso trabajo en Japón le supuso el privilegio imperial de nombrar o-yatoi gaikokujin (asesores extranjeros) para apoyar la modernización de Japón en la era Meiji. Y en esa búsqueda de talentos que pudieran ayudar al renacer de Japón Morse volvió a Boston.

William Sturgis Bigelow

William Sturgis Bigelow

William Sturgis Bigelow (1850-1926) era un joven y brillantísimo médico estadounidense que acababa de volver de estudiar cinco años con Louis Pasteur en París y que a pesar de su interés en la bacteriología, se hallaba en un momento complicado porque su padre, medico cirujano él mismo, le impelía a dedicarse a la cirugía para colaborar con él. Así las cosas, en el invierno de 1881-82, sin embargo, la vida de Bigelow iba a tomar un giro bastante inesperado al asistir a una serie de conferencias de Edward Morse en el Instituto Lowell en Boston quien estaba recién llegado de Japón para reclutar más asesores. Estas conferencias cautivaron el interés de muchos de los intelectuales de Boston, incluyendo, por supuesto el de William Sturgis Bigelow.

 

A través de su relación con Morse, Bigelow conocío también a otro personaje fascinante, Ernest Fenollosa, que como su apellido indica, era hijo de un pianista y violinista español Manuel Francisco Fenollosa del Pino, otro malagueño de pro nacido en 1818, y de una mujer nacida en la India Mary Silsbee, quienes, -aún no existía Trump-, se habían establecido en Massachusets. Fonollosa, otro de los seducidos por las conferencias de Morse, se había marchado con él a la Universidad Imperial de Tokio en 1878 como profesor de lógica y estética, y finalmente de economía política en plena época de la Restauración Meiji; allí quedó impresionado por el arte tradicional japonés y sus técnicas, especialmente concentrado en sus templos, porcelanas, lacas, bronces y grabados, que los mismos japoneses, completamente anonadados por la rápida occidentalización, miraban entonces con cierto desdén.

 

De izquierda a derecha, Edward S. Morse, Kazuzo Okakura, Ernst Fenollosa y William Sturgis Bigelow en Boston.

 

Morse, Bigelow y Fenollosa se hicieron íntimos amigos y viajaron juntos a Japón. El cuarto de la “pandilla” es Kazuzo Okakura, del que os hablaré más adelante.

 

Seated male figure, on wood stand Japanese 1836 Museo de Bellas Artes de Boston

Bigelow y Fenollosa eran ardientes japonofilos (no es broma la palabra existe) y amasaron enormes colecciones

 

Katsushika Hokusai, The Falling Mist Waterfall At Mount Kurokami In Shimotsuke Province, From The Series A Tour Of Waterfalls In Various Provinces, Japanese, Edo Period, About 1832 Museo de Bellas Artes de Boston

 

Fenollosa se especializó en pinturas chinas y japonesas

 

Carp and Iris 花菖蒲に鯉 Japanese Edo period about 1808–13 Artist Katsushika Hokusai, Museo de Bellas Artes de Boston

mientras que Bigelow compró literalmente decenas de miles de piezas de objetos de laca, espadas, estatuas y grabados de madera.

 

Plaque with decoration of the vegetable nehan Japanese Meiji era 1888 Shibata Zeshin Museo de Bellas Artes de Boston

 

Sword of the wakizashi type with mounting Japanese Nanbokuchô and Edo periods mid 14th century Museo de Bellas Artes de Boston

 

Shô Kannon, the Bodhisattva of Compassion 1269 Museo de Bellas Artes de Boston

 

Tuba (Empuñadura de katana) with design of geese in flight. Museo de Bellas Artes de Boston

Sin embargo, lo suyo era más que simplemente el saqueo que muchos multimillonarios estadounidenses realizaron por todo el mundo a lo largo del s. XIX.

 

Hand-warmer(?), in form of owl Japanese 1820 . Museo de Bellas Artes de Boston

 

Realmente se consideraban a sí mismos como salvadores de importantes piezas del pasado de Japón, en un momento en el que pocos otros se daban cuenta de su inmenso valor, incluyendo a muchos japoneses mismos.

 

Writing box with design of a cedar forest Japanese Meiji era 1899–1900 Uematsu Hôbi. Museo de Bellas Artes de Boston

 

Su inmersión en la cultura japonesa fue tal que en 1885, Fenollosa y Bigelow se convirtieron al budismo, estudiando con un maestro budista tendai y comenzaron a vestir con ropas japonesas.

 

William Bigelow

 

En este proceso tuvo gran importancia y ascendencia uno de los alumnos de Fenollosa, –el cuarto en la foto- en la universidad, Kazuzo Okakura.

 

 

okakura_on_horseback

 

Oriundo de la ciudad de Yokohama pero perteneciente a una familia de origen samurái Kakuzō Okakura nació un par de años antes de la caída del Shogunato, así que gran parte de su niñez y su adolescencia la vivió en plena restauración Meiji. Con solo 15 años el joven Okakura entró en la Universidad Imperial de Tokio, donde conoció y fue alumno de Ernest Fenollosa; Okakura se especializaría en Filosofía y Literatura inglesa, graduándose en 1880, para entonces su amistad con Fenollosa no solo lo haría sumergirse en el redescubrir la riqueza del arte tradicional japonés sino que junto a él intentó recuperar las tradiciones ancestrales japonesas, que se estaban perdiendo con el proceso de modernización.

 

Kakuzo Okakura

En 1887 fue uno de los principales fundadores de la Escuela de Bellas Artes de Tokio (Tōkyō Bijutsu gakko) y un año después se convirtió en su cabeza. En 1889, Okakura co-fundó la revista Kokka. Más tarde, también fundó el Instituto de Arte de Japón. Entre otras cosas, Kakuzō  fue un gran promotor del arte japonés tradicional (nihonga), contrapuesto al arte occidentalista (yōga) cuyo más ferviente practicante fue el artista Kuroda Seiki y que tuvo mucho éxito en Japón entre finales del siglo XIX y principios del XX.

 

 

Kazuzo Okakura por Shimomura Kanzan

 

Entre 1901 y 1902 viajó a la India, donde conoció a Rabindranath Tagore, con quien enseguida congenió, siendo un defensor como él de la cultura tradicional de sus países. Posteriormente se instaló en Estados Unidos, donde fue nombrado asesor -y posteriormente director- del Museo de Bellas Artes de Boston (cargo en el que sucedió a Fenollosa) a dónde fue invitado por William Sturgis Bigelow en 1904 y se convirtió en el primer jefe de la división de arte asiático en 1910. Fue en el Museo de Artes de Boston dónde Okakura realizó una enorme labor de recopilación y conservación de arte asiático, consiguiendo una de las mejores colecciones del mundo en esta especialidad.

 

Vista de la exposición de pintura japonesa en el Museo de Boston con el montaje de Okakura

 

 

En un momento en que los occidentales continuaron abrazando actitudes orientalistas acerca de la superioridad occidental, al ver el Oriente como primitivo y retrógrado, y cuando Japón adoptó con entusiasmo una gran variedad de aspectos de la cultura occidental, asociándolo con la modernidad y a su propia cultura tradicional con lo primitivo, Okakura avanzó la idea de Oriente como el hogar de una civilización más espiritual, culturalmente superior… Veía a Occidente como representante de la decadencia moderna y el materialismo

 

A través de sus escritos, charlas y otras actividades, estableció una reputación como uno de los principales expertos en el arte y la cultura asiática. A pesar de que sabía que el estilo de vestir occidental se había adoptado de modo entusiasta en Japón, Okakura hizo un rasgo distintivo propio el aparecer en público en Occidente vistiendo el kimono tradicional japonés

 

 

Sus libros, fundamentales para la valoración de la cultura japonesa, fueron Los ideales de Oriente (1903), El despertar de Japón (1904) y El libro del té (1905). Fuera de Japón, Okakura tuvo un gran impacto en una serie de figuras importantes, directa o indirectamente, que incluyen a Swami Vivekananda, el filósofo Martin Heidegger, el poeta Ezra Pound, pero sobre todo el poeta Rabindranath Tagore y la filántropa y coleccionista de arte norteamericana Isabella Stewart Gardner, que fueron amigos personales suyos.

 

 

Los ideales del Oriente, uno de los libros de Okakura, es famoso por su primer párrafo en el que ve una unidad espiritual en toda Asia que la distingue de Occidente:

 

Asia es una. El Himalaya divide, sólo para acentuar, dos poderosas civilizaciones, la china con su comunismo de Confucio, y la india con su individualismo de los Vedas. Pero ni siquiera las barreras nevadas pueden interrumpir por un momento esa amplia expansión de amor por lo Último y lo Universal, que es la herencia de pensamiento común de toda raza asiática, que les permite dar a luz a todas las grandes religiones del mundo y distinguirlas de las de los pueblos marítimos del Mediterráneo y del Báltico, que aman tan solo habitar en lo Particular y buscar los medios, no el fin, de la vida.

 

fenollosa-journalist-1877

Mientras que era residente en Japón, los logros de Ernest Fenollosa incluyeron el primer inventario de los tesoros nacionales de Japón, conduciendo al descubrimiento de los pergaminos antiguos de China traídos a Japón por los monjes que viajaban siglos anteriores y rescatando muchos artefactos budistas que de otra manera habrían sido destruidos bajo el movimiento del kishaku de Haibutsu. Por estos logros, el Emperador Meiji de Japón lo adornó con la Orden del Sol Naciente y la Orden de los Tesoros Sagrados.

 

 

Después de su muerte en Londres en 1908, las notas inéditas de Fenollosa sobre la poesía china y el drama japonés de Noh fueron confiadas por su viuda al poeta Ezra Pound que, con William Butler Yeats, las utilizó para consolidar el creciente interés en la literatura del Lejano Oriente entre escritores contemporáneos. Pound posteriormente terminó el trabajo de Fenollosa con la ayuda de Arthur Waley, el célebre sinólogo británico. El cuerpo de Fenollosa fue incinerado en Londres, y sus cenizas volvieron a la capilla de Hōmyō-en sobre el lago Biwa, (donde había sido tonsurado). Su lápida fue pagada por la Escuela de Bellas Artes de Tokio.

 

 

 

Fotógrafo él mismo, Bigelow tomó fotografías muchos de los lugares que él y sus compañeros encontraron. Dado que tanto Fenollosa como Okakura recibieron autoridad del gobierno japonés para abrir las salas de los templos y los almacenes sin abrir durante siglos, para registrar y por lo tanto preservar su contenido, las fotografías de Bigelow de estos eventos son también de gran importancia histórica.

 

Bigelow

 

 

 

A volver a los Estados Unidos, Bigelow donó más de 40.000 objetos de arte japonés al Museo de Bellas Artes de Boston. Sus esfuerzos, junto con los de Morse, Fenollosa, Charles Goddard Weld, Okakura y un puñado de otros, hicieron que el recién fundado Departamento de Arte de Asia en el Museo de Bellas Artes e convirtiera en la mayor colección de arte japonés fuera de Japón; Esta es una distinción que todavía mantiene hoy.

 

Tumbas de William Sturgis Bigelow y Ernest Fenollosaen Midiera, junto al templo de Homyoin en las afueras de Kyoto.

Después de la muerte de Bigelow, de acuerdo con sus peticiones finales, los restos de Bigelow fueron cremados; La mitad de las cenizas fueron enterradas en Mii-dera, justo a las afueras de Kioto, junto con las de Fenollosa








 

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