Los Piers de Nueva York en los 70: Arte y Sexo Libres

Los Muelles de Nueva York en los 70: Arte y Sexo Libres

Fotografía de Peter Hujar

 

Para la gente joven de Nueva York y para las hordas de turistas que solo conocen un Manhattan limpio y aparentemente bien ordenado, con unos precios inmobiliarios que rozan el auténtico disparate, va a ser difícil imaginarse la vida homosexual descaradamente exhibicionista y provocativamente disidente que se mantenía en los muelles del río Hudson en el Bajo Manhattan en la década de 1970 y que tenía su correlato heterosexual en la zona conocida como The deuce, un espacio entre Times Square y la calle 42 entre las avenidas Sexta y Octava en el Nueva York de los 70, y a la que recientemente ha dedicado una serie la cadena HBO .

 

Sunbathing on the Edge, Pier 52 1977 (Foto de Shelley Seccombe)

 

Ni yo mismo, que he visitado la ciudad muchas veces, podía imaginar que en el ordenado espacio burgués que hoy ocupan bien ordenados parques por donde pasean amas de casa, hacen footing los ejecutivos de la city y se descansan los ojos mirando al río los amantes de las prohibitivas galerías de arte de Chelsea, fue, en su momento, un lugar orgiástico y libertino donde la sociedad abdicaba de la coerción de sus normas y de la marginación de las diferencias. Como no podía ser de otra forma, ese oasis de inapelable y contundente evasión de cualquier orden o normativa, esa liberación de cualquier intento represivo, tenía que atraer inevitablemente a los artistas.

Sterzing-Pier34-Mike-Bildo-and-David-Wojnarowicz-

Allí nacieron los Village People, y por allí pasaron artistas de la talla de Robert Mapplethorpe, Jean Michel Basquiat, Peter Hujar, David Wojnarowicz, Mike Bidlo, Paul Thek, el graffitero Tava, los fotógrafos Alvin Baltrop, Leonard Fink, Selly Seccombe,  las artistas Judy Glantzman, Ruth Kligman  e incluso fue lugar de happenings de vanguardia de Joan Jonas, de Vito Acconci  y de intervenciones tan conocidas como Days End  de Gordon Matta-Clark.

alvin baltrop village people

 

Alvin-Baltrop_Untitled_(DAYS-END- de Gordon Matta Clark

 

Vito Acconci. Project for Pier 17

Hace unos años, en 2012, hubo una exposición en el Leslie / Lohman Museum of Gay and Lesbian Art comisariada por uno de sus antiguos visitantes, Jonathan David Katz, director del programa de doctorado de Estudios Visuales en SUNY, Buffalo con el título The Piers: Art and Sex along the New York Waterfront que sirvió para colocar de nuevo en el centro de la práctica artística la obra de toda una serie de fotógrafos que dejaron constancia y testimonio de lo que allí sucedió. Pocos años después, el propio  nuevo Museo Whitney, situado precisamente en el lugar donde estuvieron los muelles, publicó Cruising at the waterfront del artista y escritor Jonathan Weinberg  como una forma de recordar el pasado de la zona. Otra exposición interesante fue la del fotógrafo Efrain John Gonzalez en el Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender Community Center de la calle 13 en 2015, aunque esta retrataba más la realidad de la zona durante los finales de los años 80, años en que triunfaban los bailes de travestís donde se alumbró el estilo de baile conocido como Vogue.

 

Efrain John Gonzalez

 

“BROTHERS”, 1969-1972 © THE ESTATE OF ALVIN BALTROP.

 

Existe pues hoy en día una corriente de fuerte nostalgia por ese Nueva York de finales de los 70 y principios de los 80, incluso entre aquellos que nunca lo conocieron: una época en que la ciudad era extremadamente peligrosa y arriesgada, cuando las mujeres llevaban una porra y un silbato en el bolso, cuando incluso los hombres pedían a los taxistas que esperaran hasta que entraran en el portal de su edificio, el Nueva York de Taxi Driver, la ciudad a la que un apagón sumió en un auténtico caos que acabó en saqueos frenéticos por todos los barrios, un tiempo en que los vagones del metro estaban llenos de graffiti y John Lennon era asesinado en plena calle por un lector de Salinger.

 

42nd Street Foto de Nick Dewolf

 

New York – Blackout 1977

David Wojnarowicz In Front Of Pier 46 1979 (Leonard Fink)

Sin embargo, a pesar de todo, este revival del interés por esa época expresa un anhelo por una ciudad eminentemente libre que,  en el peor de los casos, también era, sin lugar a dudas, mucho más democrática: un lugar y un tiempo en el que, ricos o pobres, estaban atrapados en la miseria (y en la libertad) del lugar, donde ni siquiera el dinero podía aislarte o ponerte a salvo.

 

 

Una ciudad, sin embargo, henchida de libertad, donde los artistas se conocían e interrelacionaban entre sí constantemente y todos eran accesibles. En el East Village tambíen nació en esos años lo que se llamó la Downtown Scene, un movimiento multidisciplinario y simultáneo que se caracterizó por el nacimiento de la música punk, el periodismo gonzo de Hunter S. Thompson o la revista  Rolling Stone, la pintura desechable, el arte corporal y las travesuras teatrales desordenadas de La MaMa. En su apogeo a mediados de los años 70, era el hogar de las New York Dolls, los Ramones, Blondie, Klaus Nomi, Sid Vicious o  Patti Smith.

 

Joan Jett (Runaways), Debbie Harry (Blondie), David Johansen (New York Dolls), and Joey Ramone (Ramones) | photo by Roberta Bayley:Getty

 

Pier 34-1215 Luis Frangella Mural 1983 (Andreas Sterzing)

Fue el último suspiro de un modernismo tardío y de un extremo radicalismo que venía de la década de los sesenta: una combinación paradójica de elitismo en estética y de igualitarismo social que rozaba la anarquía y el utopismo en la política. Las figuras representativas de esta Nueva York fueron Susan Sontag, Jasper Johns, George Balanchine, Robert Wilson, Robert Mapplethorpe, Richard Sennett, Richard Howard, John Ashbery y muchos otros árbitros culturales.

 

 

 

Aquel tiempo cuando los alquileres eran ridículamente bajos, y los aspirantes a artistas de cualquier género encontraban acomodo en  Manhattan. Era el período anterior al SIDA, la época del apogeo de Studio 54 y de  Mineshaft, el infame club BDSM lleno de jaulas y de slings que era la segunda casa de Mapplethorpe, pero por donde pasaban Vicente Minelli, Fassbinder, Rock Hudson o Michel Foucault hasta que fue clausurado por el departamento de Salud Pública.

Freddy Mercury con camiseta del Mineshaft

 

Dockside Interview 1977 (Arthur Tress)

 

Pero en 1981 cambió todo . De repente, los chicos llenos de glamour, con sus cuerpos de gimnasio y sus trabajos bien remunerados, eran esqueletos andantes cubiertos de manchas negras, como salidos de Auswitch y nadie quería acercarse a los homosexuales cuando aún no se sabía la forma de contagio. Y la delicada ecología de aquel oasis de libertad quedó de una vez por todas destrozada. La  fulgurante hoguera cultural que pasó a Nueva York desde Europa con todos los refugiados en la Segunda Guerra Mundial y brilló intensamente en los años 50 con los expresionistas abstractos y los poetas de la Escuela de Nueva York, y continuó brillando en múltiples espacios de libertad hasta finales de los 70, desapareció de una vez por todas en la ola de neoconservadurismo que trajo la época de las presidencias de Ronald  Reagan.

 

Leonard Fink: Self-portrait__cat_walk__pier_46__1979

 

Baltrop-Untitled_Panorama2_

 

© The Alvin Baltrop Trust

Pues bien, en aquel efímero paréntesis de libertad para la comunidad gay que va desde los sucesos de Stonewall en junio del 69 hasta la llegada del SIDA a primeros de los 80, la decadencia de los  muelles proporcionó una sorprendente, vista desde ahora, eclosión de sexualidad desenfrenada. Toda una generación de hombres homosexuales que habían pasado la mayor parte de sus vidas sintiéndose aislados y oprimidos encontraron en los muelles  su particular y clandestino patio de recreo.

 

Christopher-Street-Pier

 

Christopher Street Piers, 1970s.

 

Eran los muelles de Chelsea, unos muelles sobre el río Hudson que llegaban desde la calle Christopher y hasta la calle 14, justo donde hoy se alza el nuevo museo Whitney, y que estaban abandonados desde el declive del tráfico marítimo en la década de 1960 cuando las navieras se trasladaron a New Jersey. Se trataba de enormes edificios abandonados, algunos incluso quemados, donde nadie podía garantizar la seguridad ni la ciudad tenía entonces dinero para expropiarlos y demolerlos.

 

Fire On Pier 46 (Black Smoke and WTC) 1980 (Shelley Seccombe)

 

“RIVER RATS II”, c1977, COPYRIGHT THE ESTATE OF ALVIN BALTROP.

La cosa venía de atrás. Ya a principios del siglo XX, el muelle del río Hudson situado en Greenwich Village y los numerosos muelles con terminales de estilo modernista eran sin lugar a dudas la parte más transitada y activa del puerto de Nueva York tanto para pasajeros transatlánticos como para la llegada de mercancías, con un continuo pulular de buques mercantes, buques de vapor, barcazas y transbordadores de cercanías. El área era frecuentada entonces por miles de marineros de todas las nacionalidades y más de medio millón de trabajadores solteros y de paso entraban por el puerto cada año.

 

Image-by-Leonard-Fink-Courtesy-of-The-Center-111_01

 

Image-by-Leonard-Fink-Courtesy-of-The-Center-2-670×447

Ya en la Primera Guerra Mundial, el área se convirtió, como casi todos los puertos, en un área popular de ligoteo furtivo para homosexuales, pero fue con la apertura de la autopista elevada de Miller (West Side Highway) (ahora demolida) en la década de 1930 cuando la zona quedó aún mas aislada y acabó por convertirse en en un remanso escondido y a espaldas de la ciudad. A partir de ese momento, la concentración de hombres, los numerosos bares y almacenes undergroud, y el aislamiento nocturno hicieron que ese recóndito paseo marítimo fuese uno de los principales lugares de encuentro entre homosexuales que  aún prosperó más después de la Segunda Guerra Mundial. En realidad, nada distinto a cualquier ciudad portuaria de la época.

courtesy_alvin_baltrop_trust_third_streaming_new_york-1366×2009

 

Kenneth, 1977 Fotografie/ Leonard Fink

Pero a finales de los 60, los cambios en la industria marítima y sobre todo el crecimiento de las líneas aéreas hicieron que los muelles y las grandes terminales de carga se quedaran obsoletas, lo que los llevó a su completo abandono en un tiempo record. Sin embargo, ese abandono, lejos de acabar con su popularidad entre los hombres gay, multiplicó exponencialmente su clandestinidad lo que hizo que se convirtiera en en el lugar  perfecto, lejos de cualquier mirada, para ligar y tener sexo furtivo en espacios públicos sobre todo por la noche. Alrededor de la época del levantamiento de Stonewall en junio de 1969 , Christopher Street se convirtió en la calle gay por excelencia y, por lo tanto, en el corredor principal de entrada a aquellos muelles. Las estructuras destartaladas, incluido el Pier 45 (conocido como el Pier de Christopher Street) frente a la calle 10 Oeste, y los Piers 46, 48 y 51, fueron reapropiados como un destino para que los hombres homosexuales tomaran el sol desnudos, o tuvieran contactos furtivos de sexo en el interior de los almacenes.

allan tanenbaum

 

Selly Seccombe 9.-Sunday-Afternoon-on-Pier-49

En aquel entonces, a mediados de los 70, aquellos espacios del tamaño de un campo de fútbol, estaban en un completo abandono, algunos semiderruidos, otros con las paredes devoradas por los incendios, los techos y los suelos llenos de agujeros por los que se veía pasar el río, las gigantescas salas de pasajeros de los edificios art nouveau servían de refugio a un montón de homeless, sobre todo de jóvenes gay afroamericanos, un paisaje de decadencia reclamado por una población entre hedonista y disidente.

 

Peter Hujar-Hallway-Canal-Street-Pier

 

Peter Hujar. ‘Mural at Piers’ 1983

 

Leonard-Fink_Folder101_21-1080×722

 

Image-by-Leonard-Fink-Courtesy-of-The-Center-123_01

Los almacenes, según cuentan testigos de la época, apestaban a pis y a mierda; los asesinatos por apuñalamiento eran frecuentes. Sin embargo era un mundo sin inhibiciones, donde la gente que en otras partes despertaba hostilidad profunda podría encontrarse en plena libertad, entre los escombros, donde florecían inesperados momentos de intimidad. Los gays deambulaban por pasillos y escaleras hasta habitaciones alfombradas por la hierba repletas de cajas y papeles abandonados, impregnados del olor a sal que llegaba del río, entre el ruido de los aviones que se perdían a lo lejos. Lo que allí se practicaba era un baile completamente desinhibido que se deslizaba entre el voyerismo de unos y el exhibicionismo de otros.

 

Image-by-Leonard-Fink-Courtesy-of-The-Center-117_01-670×446

Image-by-Leonard-Fink-Courtesy-of-The-Center-133_04

Image-by-Leonard-Fink-Courtesy-of-The-Center-117_11

 

Image-by-Leonard-Fink-Courtesy-of-The-Center-536×670

La pandemia del SIDA y la planificación municipal de mejoras en los muelles comenzaron a afectar el área en los años ochenta. Cuando la terminal de Christopher Street Pier fue derribada a mediados de la década de los 80, era ya el primer o segundo hogar para muchos jóvenes marginales de color, que aún hoy constituyen la mayoría de la población joven de homeless en Nueva York. La película Paris is burning un documental rodado a mediados de los ochenta por Jennie Livingston describe perfectamente el  microcosmos de estos jóvenes afroamericanos y latinos, y sus drag balls, algunos de ellos, prostitutos, como Venus Xtravaganza, y otros simplemente expulsados de sus casas por la actitud homófoba de sus familias. Su estilo de baile saltó a la fama a raiz de la canción Vogue de Madonna en la que se apropió de muchos de sus gestos.

 

Peter Hujar, ‘Canal Street Piers- Fake Men on the Stairs’, 1983

EPeterHujar_1353-1-633×635

Peter Hujar autoretrato

Las activistas trans de color  Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera , fundadoras de Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR) en 1970, establecieron una presencia activa en la zona para proporcionar comida y ropa a los jóvenes homosexuales sin hogar que viven y se congregan allí. De hecho, en 2005, la intersección de las calles Christopher y Hudson, a tres manzanas del muelle, pasó a llamarse Sylvia Rivera Way en honor a esta activista.

 

Allan Tannenbaum Black and White Photograph – The Cure gets caught on Columbus Ave.,

 

Christopher Street Pier, NYC | Peter Hujar

Ya en los 90, el Christopher Street Pier fue demolido y se creó lo que hoy se conoce como el Hudson River Park que va desde Battery hasta Chelsea, por supuesto sin tener en cuenta a esos jóvenes a pesar de una lucha contínua hasta 1998 por salvar el Queer Pier para convertirlo en un centro social para la comunidad LGTB. Todavía en el 2000 se fundó FIERCE (Fabulosos Radicales Independientes Educados para el Empoderamiento Comunitario, Fabulous Independent Educated Radicals for Community Empowerment)) que lucharon por salvar de la gentrificación esa herencia del Village y cuyos esfuerzos están recogidos en una película documental, un movimiento por cierto aún muy activo y reivindicativo.

Stanley Stellar, Peter Gets His Dick Sucked, 1981

 

 

Frank Hallam’s “Tava (Gustav von Will) Painting (Pier 46),” 1980: 2011, archival digital print from slide, 18.5 x 12.5 in. | COURTESY OF ARTIST

 

Frank Hallam’s “Tava (Gustav von Will) Painting (Pier 46),” 1980: 2011, archival digital print from slide, 18.5 x 12.5 in. | 1COURTESY OF ARTIST

Las imágenes que os he seleccionado pertenecen a un grupo de artistas y fotógrafos que dejaron constancia de esta realidad: David Wojnarowicz, Peter Hujar, Alvin Baltrop, Leonard Fink, Allan Tannenbaum, Stanley Stellar y Tava artista graffitero alemán de nombre Gustav von Will. De alguno de ellos os volveré a hablar.

 

Under The Piers- Alvin Baltrop’

 

Alvin Baltrop,

alvin baltrop

 

Sunners, Pier 51 (Exterior from Interior) 1977 (Frank Hallam )

 

Publicado en fotografia y etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , .

2 Comentarios

  1. Pingback: Peter Hujar, un extraordinario fotógrafo del underground neoyorkino de los 70-80 – Raras Artes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

16 − 9 =