Ne me quitte pas, la historia tras la canción de Jacques Brel

Ne me quitte pas, la historia tras la canción de Jacques Brel

 

 

Es curioso que una canción tan hermosa y tan eterna como esta fuese odiada por su propio creador Jacques Brel. La respuesta a esa situación está en el propio origen de la canción.

 

En 1955  Jacques Brel, que era belga, cosigue tener el dinero suficiente para traer a su familia, su mujer, la compresiva Miche, Therese Michielsen y sus hijas a París. Brel había sido descubierto por el increíble Jacques Canetti que era director artístico de Philips y propietario del teatro parisino Les Trois Baudets, donde se dieron a conocer otros autores como Serge Gainsborough o George Brassens. Fue Canetti el que convenció a Brel a tomar clases de dramatización con una especie de dandy playboy que se llamaba Philippe Clay , -también cantante y que haría duos con Gainsborough- y sin el que no se podría entender está canción y esta actuación.

 

Como sea 1955 fue un año crucial para Brel. No solo consiguió traer a su familia sino que fue el año en que realizó ya 33 bolos. Conoce también en este año al que será su amigo y su manager hasta el final George Pasquier, al que llamaba Jojo como la canción que le dedicó en 1978 en su disco Les marquises.

 

Esos 33 bolos que hizo en 1955 los hizo con un grupo de cantantes cómicas que se llamaban Las niñas de papá, Les filles à papa,  que parodiaban los éxitos de otros cantantes como Aznavour, Brassens, Nino Ferrer etc y que estaba formado por Perrete Souplex –actual actriz fetiche de Xavier Dolan-, Françoise Dorinescritora y autora de letras como Qué triste Venecia de Charles Aznavour– y Suzanne Gabriello. Fue con esta última con la que Brel tendría un affaire que duraría cinco años y a la que dedicaría la canción.

 

Suzanne era una mujer sensual, liberada e inteligente, hija de un actor de Jean Renoir en la famosa Une partie de campagne. Zizou como todos la conocían, fue la responsable de la puesta en escena de Brel en el Olimpia de Paris que sería el punto de inflexión en la carrera del cantante belga. Todo bien, un amor apasionado, prohibido, loco, entre giras, encuentros y desencuentros, mentiras y reconciliaciones en la triunfante intelectualidad del Paris de los últimos años 50.

 

El problema llegó cuando ella se quedó embarazada. Jacques Brel que era católico hasta la médula y realizaba frecuentes conciertos para asociaciones religiosas, lo que hacía que Georges Brassens le llamara el abate Brel, no quería separarse de su mujer

Casi como un cobarde de novela, Jacques intenta por todos los medios evitar a la joven, se esconde bajo las piedras con tal de no encontrarse con Suzanne y cunado se produce el encuentro se niega a reconocer la paternidad del niño. En fin, historia clásica, que no podía sino terminar con el completo desprecio por parte de Zizou y la desesperación del cantante que, en un intento patético de evitar la ruptura, escribió esta canción.

En 1959 graba un disco con dos canciones dedicadas a Suzanne a la que ya hacía unos meses que había perdido definitivamente: esta, Ne me quitte pas y otra  hermosa canción Je t’aime.

Edith Piaf, que haría suya la canción, hablaba pestes de Jacques Brel porque conocía de primera mano la historia que había generado la canción y comprendía cómo la pretendida humillación que recoge la canción no escondía sino un intento machista de manipulación, pero entendía también que era precisamente esa humillación masculina la que hacía que la canción fuese un éxito total entre las mujeres.

Brel siempre odió la canción porque la consideraba una catarsis de su propia cobardía y su éxito, y las numerosísimas versiones que tuvo, fue su penitencia por el dolor causado a Zizou.

Hay miles, literalmente, de versiones de la canción. Os selecciono unas pocas las que os pongo links por no colgar todas.

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