Picasso y Toulouse Lautrec en el Museo Thyssen: ¡¡¡últimos días!!!

Picasso y Toulouse Lautrec en el Museo Thyssen: ¡¡¡últimos días!!!

 

Tengo que reconocer que me he resistido y he remoloneado en ver esta exposición Picasso/Lautrec porque a priori no me gustan demasiado los parangones y, porque, por otro lado, no estaba tan convencido de la tesis que el título implicaba. Sin embargo, una vez vista, y a pesar de que puede haber una media docena de cuadros de Picasso de otras épocas, en realidad es más bien una comparativa entre el arte del último Lautrec y  un jovencísimo Picasso, de entre 19 y 20 años.

 

 

De hecho la gran mayoría de los cuadros del malagueño en la exposición son de entre 1900 y 1902, por tanto pertenecientes a su primera estancia en París, en la que se instaló en el antiguo estudio del pintor Isidre Nonell, su otra gran influencia de la época, y del período justo antes del suicidio con veinte años de su gran amigo Carles Casagemas que tan fuertemente impactaría en Picasso, hasta el punto de dedicarle varios cuadros, algunos  de ellos realizados ante el mismo cadáver y uno de los cuales está también presente en esta exposición.A partir de entonces, como es sabido, Picasso volvería temporalmente a Barcelona y empezaría su época azul.

 

Pablo Picasso, Le suicide de Casagemas, 1901

Quizá el título de la exposición habria debido incidir más en esa acotación temporal tan precisa pues no cabe duda que para el jovencísimo y noctámbulo Picasso, el ya afamado Lautrec debió ser una referencia fundamental. Sin embargo y, aunque compartieron los mismos escenarios vitales e incluso las mismas modelos, como es el caso de Jane Avril, no llegaron a coincidir físicamente, pues, aunque Lautrec murió en septiembre de 1901, apenas unos meses después de Casagemas y de la vuelta de Picasso a Barcelona,  desde 1897, en que sufrió un episodio de delirium tremens y particularmente desde 1899 cuando que fue internado en un sanatorio mental -donde realizaría la hermosa serie del Circo- el pequeño Henri ya no era un personaje habitual de las noches parisinas.

 

Sin embargo, es indudable la influencia de Toulouse Lautrec sobre Picasso, no solo por la propia evidencia de los cuadros, a veces tan cercanos en tema y en modo que uno podría intercambiar cartelas, sino porque el mismo Picasso lo confesó a lo largo de su vida e incluso atesoró ese pequeño retrato de Paul Sescau de 1894 que 60 años después aún seguía presidiendo su estudio de La Californie  como muestra una fotografía de Edward Quinn de 1960 que está en la exposición y que os cuelgo también aquí. Curiosamente, me ha encantado descubrir que estos dos genios bajitos se llevaban entre sí 17 años pero ¡¡ sólo 9 centímetros!!

 

Picasso en La Californie, foto de Edward quin 1960, La flecha roja indica el retrato de Lautrec

 

Henri de Toulouse-Lautrec por Paul Sescau 1892

Comisariada por Francisco Calvo Serraller, y Paloma  Alarcó,  la jefa  de  conservación  de  Pintura  Moderna  del  Museo Thyssen, la exposición cuenta con un impactante centenar largo de obras de ambos artistas, muchas procedentes de  colecciones públicas, pero también gran parte de ellas de colecciones privadas, y, por tanto, difíciles de ver.

 

 La serenata uno de los pocos cuadros posteriores de Picasso que forma parte de la exposicion del Museo Thyssen 

La exposición está organizada en torno a una serie de temas que interesaron a ambos artistas: Una parte titulada Bohemios dedicado a los retratos caricaturescos de personajes singulares; Bajos Fondos  dedicada al mundo nocturno de los cafés, cabarets, teatros, los carteles; Vagabundos dedicada a la cruda realidad de los seres marginales, desde el espectáculo del circo a los almuerzos frugales de los clochard callejeros:  Ellas que recoge el universo erótico de los burdeles y los antros marginales con prostitutas enfermas de sífilis: Eros recóndito igualmente dedicado al erotismo pero, esta vez, desde una órbita más cercana y privada.

 

Una visitante frente al tapiz de René y Jacqueline Dürrbach, según la obra de  Pablo Picasso Les Demoiselles d’Avignon,  titulado Cavalaire, de 1958 (según la pintura original de 1907) Tapiz de lana, 272 x 206 cm. Este tapiz también salía en la foto del estudio de La Californie que está mças arriba.

No voy a escribir más texto por la urgencia que me lleva a colgar esta entrada pues son los últimos días en que es posible verla en Madrid dado que termina el domingo 21 de Enero. Los que aun no la hayáis visto, no lo dudéis, como veréis en la galería de obras que os cuelgo a continuación, la calidad es extraordinaria y la ocasión, única.

 

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Un comentario

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