Frédéric Bazille, o la Juventud del Impresionismo.

Frédéric Bazille, el pintor que pudo ser un maestro del impresionismo y quedó truncado por una muerte temprana.

Bazille, Autoretrato, Chicago Art Institute, 1865

Tengo que empezar diciendo que no es el impresionismo uno de los movimientos artísticos que más me interesa. Y antes de empezar, me gustaría explicar por qué. Su irrupción en la escena artística y su triunfo clamoroso fue inmediatamente posterior al sangriento episodio de la Comuna de París. La Comuna, aquel paraíso descrito por Courbet en el que no había “nada de policía, nada de tonterías, ninguna imposición, ninguna disputa” y en el que “sería necesario permanecer así para siempre” terminó con la carnicería que se conoce como la Semana Sangrienta. La demolición de la columna Vendôme no mostró la caída de la burguesía sino, muy al contrario, el fin de las  esperanzas del proletariado urbano.

La ciudad fue bombardeada de manera salvaje y constante para sofocar la sublevación. La ventaja del gobierno era tan notoria que se negaron siquiera a negociar. Los miembros de la Comuna empezaron a tomar venganza incendiando los edificios públicos que más claramente simbolizaban al gobierno y a la burguesía. Fueron los pétroleurs, llamados así por acarrear cubos de petróleo con los que provocar los incendios. No solo desaparecería el Palacio de las Tullerías, sino también la biblioteca Richelieu del Louvre, el palacio de Justicia, el Palacio Real, el palacio de Orsay, entre otros muchos palacios, pero también edificios cerca de la Rue Royale, la Rue du Faubourg Saint-Honoré, la Rue de Rivoli,  y otras tantas calles entre ellas la vivienda del dramaturgo Prosper Mérimée, todo fue incendiado. Incluso el mismo ayuntamiento de la capital el Hôtel de Ville.

 

24 mai, Incendio del Hôtel de Ville – Litografía de Léon Sabatier y Albert Adam para Paris et ses ruines publicado en 1873 – Bibliothèque historique de la Ville de Paris

Decenas de miles de communiers murieron en los combates de las barricadas y otros tantas decenas de miles fueron fusilados como represalia en los días posteriores a al entrada del ejército. París estaba conmocionado, abandonado y en ruinas. Aún hoy hablar del episodio de la Comuna resulta incómodo.

 

 

Nunca, desde los días del Terror en la Revolución Francesa, e incluso entonces, París había sufrido un shock semejante. Los cadáveres de los comuneros se alineaban por las calles como se ve en las fotografías de Adolphe Disderi, el fotógrafo de la realeza y la burguesía, o en los goyescos cuadros de Jean-Louis-Ernest Meissonier.

 

 

 

Meissonier: Barricade de la rue Mortellerie juin

Meissonier-The-Ruins-of-the-Tuileries-Palace-after-the-Commune-of-1871

 

Y sin embargo, todo el grupo de los impresionistas, del primero al último, autores que tan cacareadamente presumieron de pintar sólo lo que veían, rehuyeron la visión de esa catástrofe, las ruinas y la muerte que estaba por todas partes en París. Cuando Claude Monet pinta el Jardín de las Tullerías en 1876, modifica el encuadre para que no se vean las ruinas del palacio incendiado por los comuneros.

 

Claude Monet-Le Jardin des Tuileries-1876. Museo Marmottan

 

Los impresionistas niegan la tragedia, y en cierto sentido, lo real. Su  pretendido realismo dice tanto de lo que muestra como de lo que esconde y lo que evita. Nada de política, nada de compromiso. Su pintura es una pintura de burgueses para burgueses: el burgués en las carreras de caballos, el burgués en los prostíbulos, el burgués en el jardín, el burgués paseando el domingo por el Sena, el burgués en la ópera, en el circo, en los merenderos de Montmartre, el burgués en suma en su contínua epifanía. Su deseo, nunca escondido, era limpiar el realismo de sus connotaciones políticas, de su relación con la canaille, como habría dicho Mallarmé.

 

Garden at Sainte Adresse-Claude Monet 1867

 

Probablemente por ese carácter naif y tan burgués es por lo que, aún hoy, sigue siendo uno de los movimientos más apreciados por el público de los museos y por eso mismo, a mí me chirría. Nada feo, nada siniestro, nada bizarro tienen espacio en un cuadro impresionista. Por no haber, no hay ni oscuridad, ni climatología adversas, ni tormentas, ni noches oscuras. Todo es luz y despreocupación, jardínes de flores, niñas al piano, madres con niños, paseos en barca y almuerzos sobre la hierba.

 

LE DÉJEUNER DES CANOTIERS. Renoir. 1881

 

Cuando Monet pintaba en Argenteuil, a las afueras de París, el río, según un informe oficial de la época, presentaba una extraordinaria acumulación de desperdicios, de gatos y perros muertos, y cieno, mucho cieno. Acababa de instalarse un colector que vertía todos los desperdicios de las alcantarillas de París y había constantes epidemias de tifus durante los veranos de Argenteuil. En un famoso poema de Charles Cross de los mismos años titulado El río se decía: Seul, le fleuve ne rit pas. Pero, mirad las pinturas de la época de Monet en Argenteuil. Es la Arcadia porque nada de eso cabe, nada de eso podría entrar enla iconografía de una pintura impresionista. Y ¿es la realidad así de sencilla?

 

Sailing At Argenteuil Painting by Claude Monet

 

Dicho esto, largo excurso por mi parte, hoy quiero hablaros sin embargo, de un autor, casi desconocido fuera de los círculos académicos, a pesar de la desmesurada popularidad del impresionismo, debido sin duda a su temprana muerte en la guerra franco prusiana, cuya derrota precisamente desató el episodio de la Comuna. No vale para él este reproche que he hecho más arriba pues Frédéric Bazille, el más idealista de los pintores, que aún no se llamaban impresionistas, murió sin llegar a ver toda aquella barbarie.

 

Pierre Auguste Renoir_-Frédéric Bazille pintando 1867

Tan solo ocho años duró la carrera artística de Frédéric Bazille (1841- 1870). A su muerte tan solo dejó 55 pinturas propias , junto a otros cuarenta  lienzos de artistas como Delacroix, Courbet, Renoir, Monet, Manet o Sisley que coleccionó. Un personaje carismático, enormemente apreciado por sus colegas, buen amigo, generoso hasta el extremo, un dandy en el vestir, un melómano, una mente brillante, probablemente homosexual, guapo, con unos enormes ojos azules, altísmo, medía casi 1.90, y bastante acomodado, casi un niño rico para sus paupérrimos compañeros de generación.

 

Frédéric nació en Montpellier en el seno de una familia de notables protestantes, bastante ricos y muy cultos. Su padre, terrateniente y vinatero, se convirtió en senador en 1879. Su madre, Camille Vialars, también pertenecía a una familia de terratenientes. Los Bazille se asentaron en Montpellier en el siglo XVII como maestros orfebres aunque sus familiares más recientes se habían convertido en comerciantes o médicos y formaban parte de la burguesía local, siempre vinculados a la evolución de la propia ciudad.  En 2016 se le organizó una gran retrospectiva que se gestó en el Museo Fabre del propio Montpelier y que despues viajó, a lo largo de 2017, al Museo Orsay de París y después, a la National Gallery of Art de Washington. Curioso que esta exposición, titulada Frédéric Bazille, la jeunesse de l’impressionnisme, se organizase precisamente en el Museo Fabre, pues este centro artístico de la Francia mediterránea, renovado en entre 2003 y 2007, fue el lugar donde un jovencísimo Bazille inició su carrera artística  en el estudio de los escultores, Baussan padre e hijo, copiando los viejos maestros como Paolo Veronese

 

Frédéric-Bazille-la-jeunesse-de-l’impressionnisme-au-musée-Fabre-01

Bazille, sin embargo, abandonó su protector hogar paterno a principios de la década de 1860, recién cumplidos los veinte años, para estudiar medicina en París. Pero su pasión por la pintura superó la obligación que sentía de seguir una vocación marcada por sus padres y, para disgusto de éstos, pronto abandonó la escuela para dedicarse al arte. En París se matriculó en el estudio del pintor Charles Gleyre,  entonces el principal taller privado de enseñanza en París, un taller fundamental en la historia del arte francés del XIX y del aún inexistente impresionismo pues a él asistieron no sólo Bazille sino también  a Jean-Léon Gérôme , Jean-Louis Hamon , Auguste Toulmouche , James Whistler y varios de los impresionistas:  Claude Monet ,  Auguste Renoir Alfred Sisley  de los que rápidamente se hizo amigo. Al poco tiempo, ese un grupo se expandió incluyendo a Edgar Degas, Edouard Manet , Berthe Morisot , Paul Cézanne , Camille Pissarro , Emile Zola  y  Paul Verlaine entre otros. París hervía de creatividad mediado el siglo XIX como puede verse en los cuadros de Henri Fantin-Latour

 

Henri Fantin-Latour – “Un taller en Batignolles” (1870)

El grupo se formó en torno a Manet, el artista que había desafiado al Salón con sus cuadros y en aquel momento epítome de la modernidad, que es el que está  en el centro del cuadro pintando un retrato del  pintor, escultor, poeta y crítico de arte Zacharie Astruc, que es el personaje sentado en la butaca, posando con un libro rojo en la mano. Manet tenía un estudio en el barrio parisino de Batignolles, que se convirtió en centro de reunión de estos jóvenes artistas a los que antes que impresionista se le conoció como el Grupo de Batignolles. Bazille es el tipo más alto del grupo a la derecha de Astruc, con las manos cruzadas a la espalda, pero también podemos ver, detrás de Manet y de izquierda a derecha, al pintor alemán Otto Schölderer, a Renoir (el único que lleva sombrero), el escritor Emile Zola, el coleccionista e íntimo amigo de Bazille, el pianista Edmond MaîtreClaude Monet, que poco más y no entra en el cuadro.

El grupo sin embargo no estaba completo. Fantin-Latour pintó otros retratos colectivos, todos hoy en el Museo de Orsay; el  Homenaje a Delacroix (1864), donde también aparecen Jules Champfleury, Charles Baudelaire,  Alphonse Legros o James McNeill Whistler entre otros y otros dos dedicados a los escritores, El rincón de la mesa (1872) donde entre otros aparecen Paul Verlaine y Arthur Rimbaud y otro, ya muy posterior, a los músicos, Alrededor del piano (1885).

Bazille_Studio_in_the_rue_de_Furstenberg

 

Más favorecido económicamente que el resto de sus amigos, alquiló su primer taller en  1864, aunque luego, vistas las dificultades económicas de sus amigos, particularmente de Monet que ya esperaba un hijo, alquilaría otro mayor. No fue fácil convencer a sus padres para que le alquilaran este taller más grande, en lugar de una simple habitación. Si pudiera encontrar un pequeño lugar conveniente cerca de mis amigos, me gustaría tomarlo, creo que sería muy útil para el progreso que puedo hacer más adelante“, le escribió a su madre. Así en 1865 , se trasladó con Monet, a la Rue Fustenberg justo encima del taller que había tenido su admirado  Delacroix cuya presencia aún se sentía en el lugar. Allí también se añadió Renoir, compartiendo modelos o posando los unos para los otros.

Frédéric_Bazille_-_L’Atelier de la rue de la Condamine _-1870

En este cuadro de Bazille, en el que también hay mano del propio Manet, podemos ver el estudio que compartieron en la rue de la Condamine. Bazille. en el centro, enseña su obra a Manet, con sombrero, que está comentando algo, mientras Monet, un paso atrás, los observa. A la derecha toca el piano su inseparable Edmond Maître y en la escalera está Renoir y otro personaje que a veces identifican con Astruc y otras con Zola. Casi todas las obras colgadas en la pared son claramente identificables y algunas saldrán después en estas líneas, como el Pescador de la pared de la izquierda, o el de la Toilette sobre el sofá que aún está sin terminar. Aún así también se identifica un bodegón que compró a Monet, sobre la cabeza del pianista Maître y un Renoir tras la escalera. El padre de Bazille, aunque se había resignado a la elección de su hijo de una carrera en el arte, lo mantuvo siempre en una situación económica muy limitada y Bazille, aunque llegó incluso a exponer en el Salón, en su corta vida, jamás consiguió vender un cuadro. Pero eso no evitó que sus amigos artistas lo consideraran un niño rico y vivieran un poco a sus expensas, sobre todo Monet, que con su personalidad de macho alfa, lo dominaba un poco a su antojo. Una lástima porque si hubiera tenido libre uso de su fortuna, Bazille podría haber desempeñado un doble papel, como artista y como mecenas, como si haría el más joven Gustave Caillebotte. Aún así, a su muerte, tenía unas 40 pinturas en su colección, entre ellas el conocido y gigantesco Mujeres en el jardín que compró a Monet para ayudarle económicamente.

 

Piscis 1865

Bazille se siente listo para participar en el Salón de 1866 y presenta dos cuadros : un tema moderno, Chica al piano y un clásico de la naturaleza muerta, Piscis . Solo el segundo es aceptado. Courbet los visita, admira el Desayuno en la hierba  de Monet y la Chica joven aPiano de Bazille, pero la vida diaria del taller es la de una fiesta perpetua que le hizo buscar un retiro por unos pocos meses en 1866 , solo, en la rue Godot-de-Mauroy, lejos de la vorágine. La soledad no es lo suyo y decide cambiarse a la rue Visconti , donde de nuevo no puede evitar dar la bienvenida a Renoir, y luego a Monet. “Aquí están estos dos pintores necesitados que yo albergo. Esto parece una verdadera enfermería. Estoy encantado . Porque, como le  escribió a MonetUno solo, hay cosas que no puede descifrar: A fin de cuentas,  es una tarea ardua  y difícil” Renoir se aprovecha de las modelos de Bazille y  le ayuda a pagarlas. La hermandad culmina cuando Renoir y él encuentran el estudio de la pintura de la pintura de arriba en Batignolles, un gran taller cercano al de Manet, que Bazille y Manet inmortalizaran en esa pintura L’Atelier de la rue de la Condamine.

 

Bazille_Monet blessé à l’hôtel du Lion d’Or à Chailly-en-Bière. L’Ambulance_improvisée_1865

Bazille como Monet se sentían atraidos por la pintura al aire libre e hicieron muchos viajes juntos: a Chailly, a Honfleur en Normandía, a Fontainebleau… Una de las pinturas más deliciosas de Bazille es esta de arriba “L’Ambulance_improvisée” (El Hospital improvisado) en la que se ve a Monet recuperándose en la cama de una lesión en una pierna que sufrió en el verano de 1865 en Chailly donde había ido a hacer estudios para el Desayuno sobre la hierba.

Bazille que había ido con él para servirle de modelo, con sus estudios de medicina, se hizo cargo de la situación. Apoyó la extremidad enrojecida sobre mantas dobladas y colgó una olla de cerámica encima, tal vez para servir como un contrapeso. Así inmovilizado, Monet le mira hoscamente. Todo en la imagen, desde el orinal, el remolino de la ropa de cama hasta las rápidas anotaciones del papel pintado con motivos arabescos, revela una exultante autosatisfacción. Por una vez, Bazille tuvo a su augusto amigo justo donde lo quería: a su merced.

 

Claude-Monet-The-Coast-at-Sainte-Adresse

JEAN-FREDERIC-BAZILLE-SEASCAPE.-THE-BEACH-AT-SAINTE-ADRESSE 1865

 

Por sus dificultades financieras Monet fingió una ruptura con su amante Camille para acercarse nuevamente a su familia, de la que esperaba ayuda económica. Por esta razón pasó el verano de 1867 con su familia en Sainte-Adresse, mientras que Camille, que se encontraba embarazada, permaneció en París y era cuidada por Bazille. En agosto nació el primer hijo de Monet, Jean. Bazille fue a buscarlo a Saint Adresse y allí pintó la misma vista que Monet.

 

1869_Retrato de Edmond Maitre

 

En París, la pintura no es el único centro de interés de Frédéric Bazille. Es un apasionado de la escritura, del teatro, de la música y la ópera. Tuvo una gran amistad con Edmond Maître con él que solía ir a conciertos. Compartían la pasión por la música de Wagner , de Fauré , de SchumannGabriel Fauré (1845-1924) fue incluso en París el profesor de piano de Bazille con quien hizo importantes progresos.  Con Edmond, asistirá en Bruselas a la primera presentación de Lohengrin. Cuando murió Bazille, uno de los más afectados fue Maître que le escribió una carta a sus padres diciendo: “De todas las personas jóvenes que he conocido, Bazille era el más talentoso, el ser más amable”.

 

Bazille-Nature_morte_au_héron 1867

La falta de dinero, a pesar de ser un niño rico hace que muchos de los cuadros de Bazille sean naturalezas muertas y paisajes puesto que no podía permitirse pagar a los modelos. Son contínuas las quejas a sus padres en sus cartas por este motivo. Eso hacía también que posaran los unos para los otros. Más arriba os puse un cuadro de Renoir que representa a Bazille precisamente pintando esta Naturaleza muerta con garza de aquí arriba. Pero hubo muchos más, como este fantástico retrato de Renoir pintado por Bazille en 1867.

Bazille, Frédéric ~ Portrait of Renoir, 1867,

 

O este otro de Bazille, pintado por Monet en 1868:

 

Bazille, peint par Monet (vers 1868).

O este de Renoir de nuevo por Bazille de 1867.

 

Frédéric Bazille – Portrait de Renoir (1867)

O este de Bazille y Camille, la amante y luego esposa de Monet, que éste pintaría  como un estudio preparatorio para su Desayuno en la hierba en 1865.

 

Monet, Claude (1840-1926) Bazille et Camille, Etude pour “Déjeuner sur l’Herbe” (Bazille and Camille, Study for “Déjeuner sur l’Herbe”) 1865

O este otro retrato de Bazille de otro de los amigos comunes del grupo, un Paul Verlaine jovencito y aún con todo su pelo:

Frédéric_Bazille_-_Paul_Verlaine 1867

 

No podemos olvidarnos unca que Bazille murió con 29 años, por lo que nunca pudo llegar a tener éxito e independencia económica de sus padres. Su vida se escindía en dos: los veranos en la casa familiar y el resto del año con sus amigos pintores en París. Por lo general pasa sus veranos en la propiedad de la familia el dominio Meric  en Montpellier , frente al pueblo de Castelnau-le-Lez , un área que es el escenario de algunos de sus cuadros, como este El vestido rosa (1864)

 

 

La figura representada es Therese des Hours, una prima de Bazille. Las familias Bazille y Hours pasaban los verano en la hermosa hacienda Meric. La casa y su parque están ligeramente elevados y dominan el pueblo. Bazille coloca a Therese en la terraza al final del jardín.

 

 

El verano de 1867 su estancia en Meric fue especialmente prolífica en pinturas. Como este enorme lienzo titulado Reunión familiar en el que reune en la terraza a diez de sus parientes cercanos, así como a él mismo representado de pie, siempre el más alto, en el extremo izquierdo de la pintura. En este cuadro del Museo d’Orsay, según la propia web del museo

cada una de las figuras constituye también un retrato y casi todos los modelos miran al espectador, como si estuvieran posando para un fotógrafo. Por lo cual, y pese a que se trate en este retrato de grupo de la intimidad familiar, las poses son un poco rígidas. Incluso la ejecución parece ser contenida y Bazille retoca una y otra vez el lienzo durante el invierno, antes de volver a cogerlo una vez más un año después, incluso tras haberlo mostrado en el Salón, sustituyendo unos perritos que había en primer plano por un bodegón de flores y sombrero, muy poco natural.

 

 

The Terrace at Meric (Oleander) 1867

De aquel mismo verano es este cuadro inacabado de la terraza de Meric.

 

Thérèse Reading in the Park at Meric by Jean Frederic Bazille

Vue de village, 1868,

O este otro de un año después, actualmente en el Museo Fabre, titulado La vue de village. La modelo es la hija de un agricultor italiano, aparcero de los padres del pintor. Su vestido de muselina blanca contrasta con la vegetación circundante, dando una fuerte impresión de brillo. El árbol en primer plano enmarca el paisaje y permite apreciar su profundidad. Podemos ver abajo el pueblo de Castelnau, cerca de Montpellier, cruzado por un pequeño río costero, el Lez.

 

 

Bazille,_Frédéric___Le_Petit_Jardinier_(The_Little_Gardener),__Museum_of_Fine_Arts,_Houston

O este otro, también inacabado. A Bazille, aún le costaba pintar paisajes puros sin introducir alguna figura humana.

Les Remparts d’Aigues-Mortes, 1867,

Al final de la siguiente primavera de 1867, Bazille visitó la ciudad de Aigues-Mortes cerca de la casa de su familia en Montpellier. Con la esperanza de “al menos ocho días hermosos“, se propuso el desafío de pintar paisajes “absolutamente simples” de la ciudad y las marismas de los alrededores.

Bazille-Les_remparts_d’Aigues-Mortes

 

Les Remparts d’Aigues-Mortes, 1867,

De las cuatro vistas conocidas del artista de la zona, esta, del Metropolitan Museum, es la única terminada del todo (de nuevo sus figuras). Muestra de cerca las enormes murallas medievales de Aigues-Mortes. También muestra los efectos de luz más llamativos de las tres: el sol del sur brilla intensamente en la calle que vemos a través del arco, proyectando su luz sobre este lado de la muralla y contrastando con las sombras de la tarde que envuelven al pony de la Camarga y las figuras del primer plano.

 

Paysage au bord du Lez, 1870

Este que sería el último paisaje que pintaría en el que sería su último verano, muestra cómo iba evolucionando, ya no hay figuras, aunque aún es perceptible la influencia de Corot.

 

 

Bazille,_Frédéric___La_Toilette,_1869-70,_Oil_on_canvas_Musee_Fabre,_Montpelier

Bazille murió demasiado pronto. Aún es un pintor sin encontrar su propio estilo, lo que ha hecho que sus cuadros hayan estado durante casi un siglo, al margen de la historiografía del impresionismo. La influencia de Edouard Manet  y del orientalismo tan en boga en el París de la época, lellevó a pintar una serie de telas con temas orientales, como esta Toilette que ya habíamos visto a medio pintar en el cuadro del estudio. Sin embargo, la representación minuciosa de las telas y las pieles y la de la piel negra de la doncella indican el dominio técnico alcanzado por el pintor al final de su vida.

Femme en costume mauresque, 1869

En este otro, Lise Tréhot, modelo, musa y primera amante de Renoir, está representada con un sabio erotismo por Bazille,vestida con un traje del norte de África.

Jeune-femme-aux-pivoines-1870

La probable influencia de Edouard Manet llevó a Bazille a representar a una mujer negra que reunía un ramo de flores en un jarrón. En 1863, Manet había pintado su famosa Olimpia, que presentaba en el fondo a una mujer negra con un ramo de flores. Al mismo tiempo, la naturaleza muerta y el retrato, la pintura de Bazille permite apreciar las cualidades del colorista del pintor.

 

‘Fleurs’ (1868) by Frédéric Bazille

O este otro bodegón de flores que demuestra cómo iba avanzando en su pintura. Aún así no podemos olvidar nunca que toda la carrera de pintor de Bazille no abarca sino un corto periodo de seis años y que moriría a los 29.

Le Pêcheur à l’épervier, 1868

Quizás los cuadros más personales son aquellos donde acaso Bazille dejó entrever su homoerotismo. Jamás se le conoció una pareja femenina y su mundo, cuanto menos, era un mundo de amigos masculinos. Este Pescador con red y otros cuadros similares han labrado esa suposición de su homosexualidad. De hecho, así como el desnudo femenino era moneda de uso corriente en la pintura, el masculino estaba siempre ligado a temas mitológicos. Esta representación de un desnudo masculino actual no debió dejar de ser chocante en aquel momento, hasta el punto de que fue rechazado por el Salón de 1869 bajo la acusación de “indecencia”.

 

Frédéric Bazille – Jeune homme nu sur l’herbe

En el Museo de Montpellier está este otro inacabado Joven desnudo sobre la hierba en el que la sutil diferencia entre el bronceado de las manos y el rostro con la blancura de la piel parece indicar que se tratase de un campesino o alguien que trabajase al aire libre. Los pantalones de sarga azul deshilachados a un lado lo confirman, asi como la tapia que oculta las miradas.

 

Scène d’été, 1869,

Y por si aún cupieran dudas, esta  Escena de verano que Bazille comenzó  en su estudio de París, pero completó los detalles del paisaje después de viajar al sur de Francia, donde pintó un paisaje similar del río Lez. La pintura, sorprendentemente fue aceptada en el Salón probablemente porque el tema parecía inspirarse en la novela modernista Manette Salomon (1867), una novela sobre la vida de unos pintores en la que los hermanos Goncourt describen una escena de hombres jóvenes bañandose en una luz brillante. A este cuadro, se le ha atacado ferozmente por sus imprecisiones anatómicas pero, en cierto sentido, no sólo prefigura Las bañistas de Cezanne, sino que hay sentidos homenajes en las figuras a los pintores del renacimiento italiano como Andrea Mantegna y Sebastiano del Piombo. ¿Qué otra cosa es sino un San Sebastián laico el joven apoyado en el árbol de la izquierda?

Portrait of Alphonse Tissie – Frederic Bazille

La amplia correspondencia que mantuvo con sus padres y sus amigos que aún a día de hoy se conserva, nos permite conocer mucho de Frédéric, un hombre muy querido por sus colegas, pero cargado de enigmas, como el que rodeará su muerte. “Tan solo tres semanas antes de alistarse había escrito una carta asegurando que nunca querría vivir la guerra“, explica Stanislao Colodiet, del Museo Fabre de Montpellier. “Su decisión sorprendió a sus amigos y familiares porque además entró en un regimiento muy peligrosoAl final de su carrera, su pintura estaba cambiando y es evidente que muchas cosas pasaban por su cabeza, pero su correspondencia no nos aporta luz sobre esto. Nunca tendremos la explicación“. Podría haberlo evitado fácilmente, entonces con dinero se podía comprar un sustituto. Según Renoir, que también estuvo en la guerra, se alistó “porque se veía galopando sobre un hermoso caballo, en medio de una ráfaga de balas ,y portando el mensaje que supondría el fin de la contienda.”  por el contrario, se pasó el tiempo limpiando polainas, peleando patatas, acarreando leña, barriendo los suelos…. “Esta vida endurecida me está hundiendo” escribió sus padres, “pero no durará mucho“.

 

 

Ni siquiera tuvo el honor de morir en el campo de batalla, sino durante la retirada, en una carretera embarrada intentando proteger a unas mujeres y unos niños. La noticia cae como una bomba entre sus amigos. Edmond Maître está desconsolado, Renoir muy afectado, Monet, cabreado con ese patriotismo que ha causado la muerte de su amigo y ante un París cada vez más convulso, decide irse a Londres, como también hará Camille Pissarro. El grupo queda completamente disperso.

 

 

SIn embargo, cuando, pasados los acontecimientos de la Comuna, el grupo volviera reunirse y a celebrar, apenas cuatro años después de la muerte de Bazille, la que sería la Primera exposición de los Impresionistas en el taller del fotógrafo Nadar en el boulevard des Capuchines, nadie se acordaría ya de incluir en ella ninguna obra de Bazille, cuya obra se sumió en un largo olvido. Eran los tiempos ya de los marchantes de Durand-Ruel y de Vollard y el dinero fluía por sus manos.

¿Puede una bala de fusil cambiar el curso de la historia del arte?, se pregunta la wikipedia francesa. ¿Cómo habría sido la obra de Bazille si, como sus compañeros, hubiera logrado alcanzar su madurez artística? Y sobre todo, ¿cuál fue el destino de los sesenta cuadros  que componían la obra de Bazille?Primero un absoluto y largo olvido, luego una tímida resurrección debida al historiador de arte Henri Focillon en 1926  . Pero no sería hasta finales de los 50 cuando se reivindicase su pintura y los ávidos coleccionistas americanos sacasen sus pinturas del ámbito familiar y del círculo local de iniciados de Montpellier para acabar colgadas principalmente en las paredes de los museos estadounidenses.

 

Suzanne Valadon o la Incasta Susana

Qué gusto me va a dar recordar aquí a una mujer extraordinaria, feminista avant l’heure y vanguardista de pro, una de esas mujeres que, en la segunda mitad del siglo XIX, se pusieron literalmente el mundo por montera y abrieron el camino a una liberación de la mujer que ya sería imparable.

Suzanne Valadon (o Marie-Clémentine Valade) nació en 1865, hija natural de una lavandera suiza. Comenzó su extraordinaria peripecia vital a los 11 años trabajando en las más diversas cosas. Fue, entre otras cosas, modistilla, trabajó en una fabrica de coronas fúnebres, camarera y finalmente acróbata de circo, lo que ya habla a las claras de su personalidad inquieta y aventurera. A la edad de 15 años Valadon conoció al Conde Antoine de la Rochefoucauld y a Théo Wagner, dos pintores simbolistas que se dedicaban a la decoración del circo de Medrano. A través de esta conexión comenzó a trabajar en el circo Mollier como acróbata, pero un año más tarde, una caída de un trapecio terminó con su carrera.

El circo era frecuentado por artistas como Toulouse Lautrec, Sescau y Berthe Morisot y se cree que es aquí donde Morisot hizo su pintura de Valadon.

 

En el baile, Berthe Morisot

Así con tan solo 17 años la encontramos ya inmersa en el Montmatre de la bohemia más pura, donde su belleza, su juventud y su extraordinario espíritu de libertad hicieron que se convirtiera en una de las modelos más solicitadas entre los pintores. Fue modelo de Renoir, de Puvis de Chavanne y sobre todo de Toulouse Lautrec al que le unió una ferviente amistad y en cuyo estudio aprendió los rudimentos de la pintura y cuya biblioteca leyó con fruición.

La Danse A Bougival (1883) por Pierre Auguste Renoir en el Museo de Bellas Artes de Boston

 


Pierre-Auguste Renoir
La natte (1887)
Museum Langmatt, Baden, Suiza

 

Pierre Auguste Renoir,
Les parapluies, ca. 1881-86
National Gallery de Londres

 

Pierre Puvis de Chavanne

 

Le Bois sacré (1887-1889),
Óleo sobre tela de Pierre Puvis de Chavannes. Décor du grand amphithéâtre de la Sorbonne, Paris. Aquí la pintó en multiples posturas

Henri Toulouse Lautrec, “Retrato de Madame Valadon, artista y pintora”, 1885
Museo de Bellas Artes de Buenos Aires

 

Henri Toulouse Lautrec
Gueule de bois (La resaca), 1888
Fogg Museum

 

Henri de Toulouse-Lautrec
La Blanchisseuse 1884-1888
Colección Privada

En esta época y con solo 18 años fue madre del que sería su único hijo, de padre desconocido, al que llamó Maurice Valodon pero que años después, fue reconocido por un amigo del que tomó el nombre, y que después sería el conocido pintor Maurice Utrillo  y del que apenas os contaré mucho porque tengo intención de dedicarle un post.

Inquieta como era, comenzó pronto a interesarse por las técnicas de la pintura y alentada fundamentalmente por Degas, para el que paradójicamente nunca posó y al que le unió una estrechísima amistad que duró hasta la muerte del pintor, siendo el primero en comprarle obra. Suzanne o Marie, como en realidad se llamaba (le apodaron Suzanne por hallarse siempre desde tan joven rodeada de viejos), fue una mujer extraordinariamente segura de sí misma, decidida, ambiciosa, rebelde, apasionada y excéntrica. Solía pasear con un ramo de zanahorias y una cabra a la que daba a comer sus malos dibujos y presumía de alimentar los viernes a sus gatos con caviar. Los cuadros para los que posó de modelo así la muestran, bailando y bebiendo hasta altas horas de la madrugada. Ella es la mujer que Toulousse Lautrec pintó en su cuadro titulado La resaca. De su primera época como pintura son una serie de extraordinarios y delicados dibujos que realizó con su hijo como modelo.

 

Libre como era, se sabe que tuvo relaciones con muchos de los artistas de esta época, el propio Renoir, Miguel Utrillo, que dio el apellido a su hijo, y particularmente con Eric Satie que le pidió matrimonio la mañana después de conocerla y al que abandonó, después de más de un año de relación, dejándole completamente destrozado con rien à part une froide solitude qui remplit la tête avec du vide et le cœur avec de la pein. Biqui, como Satie le llamaba, fue la única relación conocida del músico.

Erik Satie y Suzanne Valadon en la época de su relación

 

Retrato de Erik Satie por Suzanne Valadon

 

Dibujo de Suzanne Valadon por Erik Satie

 

Composición Bonjour Biqui de Satie para Valadon

 

 

Con casi 30 años se casó con un banquero, lo que por fin le liberó de las penurias económicas y le permitió dedicarse por completo a la pintura. Sus primeras obras son sobre todo bodegones y retratos de sus seres más cercanos como Satie y su propio hijo,del que realizó, como ya hemos visto, una serie maravillosa de dibujos y al que, desde muy niño, hizo su cómplice artístico . Tenía una técnica cercana a lo que se llamo cloisonismo, tomada del mundo del esmalte e inventada por Lanquetin pero practicada por Gauguin y Emile Bernard.

Autorretrato de 1883

 

autorretrato 1898

Su matrimonio burgués sin embargo no podía durar mucho y trece años después con 44 años abandonó a su marido por un joven pintor de 21 años, amigo de su propio hijo, André Utter. Cuando lo conoció André era electricista en la sub-estación de la avenida  Trudaine. Ella le describía como hermoso como un dios. Los tres formaron lo que ellos mismos llamaron el trío infernal o la Trinité Maudite  yéndose todos a vivir juntos -y la abuela, Madeleine, aquella lavandera suiza del principio de la historia. André no sólo llenaría de amor e inspiración la vida de Suzanne, sino que se convirtió en su  marchante y en el más firme apoyo para lidiar con la complejidad que la vida de su hijo Maurice empezó a cobrar por su adicción al alcohol.

Suzanne-Valadon-Retrato de Maurice Utrillo, André Utter, Suzanne Valadon y la abuela Madelaine 1912

 

Retrato de Maurice y Madeleine 1910

 

Suzanne Valadon, Maurice Utrillo, André Utter en el estudio di avenue Junot (1926 circa)

 

 

Su relación duró más de 24 años y supuso para Valoton una auténtica liberación, produciendo a partir de entonces lo mejor de su obra y concentrándose sobre todo en los desnudos, femeninos sí, pero también masculinos lo que escandalizaba bastante a la sociedad de la época puesto que el modelo solía ser su joven marido André. De hecho, casi como celebración de su nuevo amor, se pintó a ella misma y su marido desnudos representando a Adán y Eva.

 

Adam et Eve 1909
Centro George Pompidou

Suzanne Valadon
Le Lancement du filet 1914 El modelo para el cuadro fue el propio André. Musée des beaux-arts de Nancy

 

 

Juntos se trasladaron a vivir al estudio de  la rue Cortot en Montmatre donde también se alojaron numerosos artistas, como Pierre-Auguste Renoir, los fauves Charles Camoin, Émile-Othon Friesz y Raoul Dufy, Émile Bernard, y luego Suzanne Valadon y Andre Utter , e, intermitentemente, Maurice Utrillo. La vida de Suzanne a partir de esta época estaría muy centrada, siempre apoyada por su marido André, en los problemas de su hijo, Maurice , que contaré en otro post,

Sin embargo, a pesar de los problemas de Maurice la década de 1910-20 fue una época feliz para Suzanne, en la que realizó la mayor parte de su producción. Su vida en el estudio de la rue Cortot con André, donde hoy se ubica el Museo de Montmatre fue una de las más felices de su vida.

 

Paysage à Montmartre (le jardin de la rue Cortot), 1919

 

Ricard Opisso-Suzanne Valadon y Miguel Utrillo
tecnica mixta sobre pape 38×52

La Habitación azul, en el Centro Pompidou, una de sus mejores obras

La echadora de cartas

Suzanne Valadon se coiffant, oleo de su marido André Utter, 1913

andre-utter-suzanne-valadon

Durante la década de los 20 y 30, Valadon pintó menos dedicándose casi por completo a apoyar la carrera de su hijo Maurice que se convirtió en una celebridad y en el sustento de toda la familia, aquella por ellos mismos llamada, Trinité Maudite. Para alejarle de París alquilaron un chateau, el chateau de Saint Bernard el norte de Lyon. Su pintura se vuelve más intimista y se acaba centrando en el bodegón

 

André UTTER (1886-1948) LE CHATEAU DE SAINT-BERNARD

 

André con los perros

Nu au canape : 1929

Jeune Femme assise

 

Naturaleza muerta con arenque

Suzanne Valadon – Raminou and Pitcher of Carnations

 

Suzanne moriría en 1938 rodeada de sus mejores amigos artistas entre los que se encontraban André Derain, Pablo Picasso y George Braque. Hoy sus obras cuelgan en los mejores museos del mundo desde el Centro Pompidou al Museo Metropolitano de Nueva York.