Henry Darger y la fascinante historia de las hermanas Vivian en los Reinos de los Irreal

Henry Darger y la fascinante historia de las hermanas Vivian en los Reinos de los Irreal

Henry Darger 1892-1973

Hace rato que quería hacer esta entrada sobre el fascinante y enigmático universo de uno de los artistas marginales (Art brut o Outsiders art)  más aclamados del mundo. Henry Darger, a los ojos de sus vecinos, era poco menos que un homeless, alguien del que todos sospechaban que tenía problemas mentales, y que trabajó durante más de cincuenta años de bedel en un hospital católico de Chicago regentado por monjas que le despreciaban. Durante cuarenta años vivió en la misma habitación de alquiler de un barrio marginal de la ciudad, sin relacionarse apenas con nadie, hasta que, demasiado enfermo para valerse por sí mismo, ingresó de mala gana en la misión católica de San Agustín. Cuando dejó su habitación, el casero, Nathan Lerner, empezó a limpiar la basura que había acumulado durante 40 años. Alquiló un contenedor y le pidió a otro inquilino que le ayudara a sacar los montones de periódicos, zapatos viejos, ovillos de cordel, gafas rotas y botellas vacías: todos los desechos coleccionados por un hombre que se había pasado la vida hurgando en la basura.

La habitación de Henry Darger

Pero sin embargo lo que su casero descubrió no fue exactamente basura sino varios centenares de obras de arte de una extrañísima cualidad, casi sobrenatural: delicadas y desconcertantes pinturas de miles de niñas primorosamente vestidas o desnudas, con pequeños penes, que jugaban en paisajes de colinas ondulantes. Algunas eran imágenes propias de cuentos infantiles con llanuras llenas de flores, mariposas y  nubes con caras. Otras, sin embargo, eran escenas de batalla o de torturas en masa llenas de charcos de sangre roja y de mutilaciones de miembros. Y su casero, que era artista, supo enseguida reconocer el valor de aquellas pinturas.

 

Henry Darger, Illustration from The Story of the Vivian Girls

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Pero, no solo eso, además delos centenares de dibujos, había miles de folios escritos dela que hasta hoy es la novela más larga jamás escrita, de 15.145 páginas, además de una autobiografía y de otras obras terminadas, todo meticulosamente ordenado en carpetas y en libros primorosamente cosidos y encuadernados  a mano.

 

Henry Darger. Volumen I de The Story of the Vivian Girls y volumen VIII de su Historia de mi vida

 

A lo largo de las siguientes semanas, fueron descubriendo más y más de una obra extraordinaria y colosal que abarcaba más de 300 cuadros, algunos de más de 4 m de largo, y pintados por ambas caras, además de miles y miles de páginas escritas. Además, todo este trabajo monumental, estaba ambientado en un único universo completamente coherente: lo que llamaba The Realms of the Unreal,  los reinos de lo irreal, un mundo en el que este hombre extraordinario vivía secretamente con muchísimo más entusiasmo y pasión con que lo hacía en su solitaria vida cotidiana.

 

 

El manuscrito principal que había empezado a escribir desde su adolescencia, recien escapado de un asilo para niños con problemas mentales,  se titulaba La Historia de las Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la guerra-tormenta glandeco-angeliana causada por la rebelión de las niñas esclavas.

 

Las siete hermanas Vivian huyendo del ataque de los Glandelians

La historia narra el proceso de una cruel guerra civil que tiene lugar en un planeta imaginario, alrededor del cual gira nuestro planeta Tierra como si fuera su luna. La trama describe el levantamiento, tras 43 años de esclavitud,  de los niños esclavizados, liderados por las hijas de Robert Vivian- Violet, Head, Daisy, Joyce, Jenny, Angeline y Catherine-  siete princesas, santas vivientes,  de la nación cristiana de Abbieannia que alientan una audaz rebelión contra la esclavitud infantil impuesta por John Manley y los Glandelinians. Los niños toman las armas en su propia defensa y a menudo son asesinados en la batalla o brutalmente torturados por los señores Glandelinians que visten de traje militar y llevan un birrete de profesor.

 

 

Pero ¿quién era este Henry Dagger? Hay un estupendísimo documental de  2004 dirigido por Jessica Yu, In the Realms of the Unreal, que detalla la vida y pone en movimiento las obras de Darger y que podeis ver subtitulado en este link (. Existe otro documental, que no he podido ver , Revolutions of the Night, de Mark Stokes, que se centra más en la vida temprana de Darger y examina obras menos conocidas del artista. Pero,para la elaboración de esta entrada, he seguido elcapítulo que le dedica Olivia Lang, en su magnífico libro sobre el arte de estar solo titulado La ciudad solitaria.

 

 

En el documental, Henry es descrito por sus vecinos como un hombre hosco y esquivo, fervientemente religioso, y que no hablaba apenas con nadie, eludiendo esforzadamente cualquier contacto con la gente. Su casera al describirlo opina que  era incapaz de relacionarse, que jamás establecía una conversación y que ante  una pregunta directa respondía habitualmente hablando de tormentas que se desplazaban desde California o de tornados en el Medio Oeste. Sólo hablaba del tiempo, aunque en la soledad de su habitación, se oían animadas conversaciones, e incluso acaloradas discusiones, en las que él interpretaba con distintas voces, y a veces en leguas desconocidas, todos los papeles. Pero en público, Henry era una presencia espectral , huidizo e intratable, esquivo y cincunspecto que no solo no hablaba con nadie, sino que incluso evitaba cruzar su mirada.

Hombre menudo, de pequeña estatura, apenas de 1,64, vestía como un clásico vagabundo, con un chaquetón que le llegaba casi a los talones, y que remendaba contínua y cuidadosamente, y cuando le veían solía ser rebuscando entre los cubos de basura. Era la viva imagen de un homeless. Sólo se conservan de él apenas un par de fotografías desvahídas.

 

 

Darger nació en Chicago en 1892. Su madre, Rosa, murió de fiebres puerperales cuando él tenía cuatro años, unos días después del parto de su hermana menor , a la que entregaron directamente en adopción sin que Henry llegara a conocerla. Según el propio relato de Darger, su padre, que era sastre, fue amable y atento con él mientras vivieron juntos  hasta los ocho años. En ese año, su padre, que estaba ya por entonces estaba inválido y hacía un café de puchero riquísimo, demasiado enfermo  para valerse por sí mismo y para cuidar a su hijo. fue internado en el Hogar de ancianos de San Agustín.A Henry le mandaron interno a un colegio católico, la Misión de Nuestra Señora de la Misericordia.

 

Era un niño muy inteligente y terco que ponía constantemente en cuestionamiento las enseñanzas que recibía. No tenía muchos amigos en el colegio porque tenía la costumbre, según sus propias palabras, de hacer ruidos extraños con la nariz, la boca y la garganta. Según cuenta él mismo, lo que quería era hacer reír a sus compañeros, pero lo que conseguía era todo lo contrario: le llamaban loco e imbécil y a veces incluso intentaban pegarle.

 

 

Aunque su padre y su madrina le realizaban esporádicas visitas, no parece que consideraran  nunca la posibilidad de sacarle de allí y volver a llevarlo a su casa. Durante esta época, le llevaron al médico en muchas ocasiones por su extraño comportamiento. Al final, un médico le dijo que no tenía el corazón en su sitio. “¿Dónde lo tenía supuestamente? ¿En la tripa? Pero no me dieron ningún medicamento ni tratamiento alguno.

 

Institution for Feeble Minded Children

Muy al contrario, decidieron internarle en una institución estatal a más de 200 kilómetros de los únicos seres que le quedaban y que describe como una especie de asilo  para niños con problemas mentales. Algunos de los que han estudiado su biografía, hablan de las brutales condiciones de vida en esa institución, donde a los niños se les clasificaba  en categorías como sordos, imbéciles, ciegos, epilépticos, parapléjicos,  paranoicos, hidrocefálicos, idiotas, etc.

Unidentified boy at the Slipshod Home for Feeble Minded Children.

Existen testimonios reales de prácticas de pederastia prácticamente diarias, de ahogamiento y de contínuas palizas  e incluso de que llegaba a  usar las partes del cuerpo de los que morían para dar clases de anatomía. Sin embargo, Henry en sus memorias, lo recuerda como su hogar . A veces era agradable y otras no tanto, dice. Al final llego a gustarme el sitio.

 

 

A los 12 o 13 años, le anunciaron que su padre había muerto y que estaba, definitivamente, en manos de las instituciones del Estado porque ya no tenía ni familia ni hogar al que volver. Aquel fue un golpe muy duro. Sus esperanzas de salir se desvanecieron.

Pero no grite. Tenía una pena enorme y me sentía mal porque no podía llorar. Lo habría pasado mejor si hubiera llorado. Estuve varias semanas en ese estado, y por culpa de eso me encontraba en un estado de fealdad que hacía que todos me esquivaran y me tuvieran miedo. Apenas comía y no era amigo de nadie.

 

 

Durante los veranos, les llevaban a trabajar en una granja. A Henry le horrorizaba salir del asilo que era donde quería estar. No quería más cambios en su vida. Aborrecía las novedades. Porque el asilo era ya su única casa. Fueron aquellos veranos en la granja, los que le empujaron a intentar escaparse varias veces.

 

 

El primer intento acabó cuando el vaquero de la granja les sorprendió escapando, le ato las manos con una cuerda y le hizo volver corriendo detrás del caballo. Pero no se arredró y volvió intentarlo. Al final se subió en marcha un tren de mercancías y volvió a Chicago. Pero después de una tormenta aterradora, se entregó a la policía.

 

 

Ya en Chicago, con sólo 17 años, encontró trabajo como conserje en uno de los hospitales católicos de la ciudad. El empleo de conserje era muy duro en esa época, una especie de chico para todo, y no tenía un momento de descanso. Una larga jornada de trabajo de más de diez horas, sin tener nunca vacaciones, y librando tan solo  las tardes del domingo para acudir a la misa semanal. Si embargo, Henry, que aborrecía los cambios, mantuvo este trabajo como conserje durante 54 años, sin contar el breve intervalo en que intentaron reclutarle como soldado para la Primera Guerra Mundial aunque quedó exento por problemas de visión que él mismo exageró. Sus tareas consistían en fregar los suelos de rodillas, pelar sacos de patatas,  lavar las ollas de la cocina y lo que más odiaba que era quemar las basuras. Sin embargo, su relación con las monjas nunca fue ni mucho menos idílica, sino que fue, según él mismo cuenta, eran despóticas y le despreciaban por estúpido, vejándolo en público frecuentemente.  Pero Henry eludía el conflicto y jamás se les enfrentaba. Solo cuando llegaba casa mantendría con ellas en voz alta las discusiones que había eludido tener durante el día.

 

Fue en esta época, al parecer, cuando comenzó con su trabajo artístico completamente a escondidas del mundo. La única amistad que tengo  fue con n vigilante nocturno y su “amigo especial”, Whillie, como él lo escribía

 

William Schloeder y Henry Darger

En realidad era William Schloeder al que iba a visitar todas las noches y con el que llegó a tener una estrecha amistad porque conocía a toda su familia. Juntos fundaron el club secreto al que llamaron la Sociedad Geminiana dedicada por completo a la protección de los niños.

 

 

En 1956, cuando murió la madre de Willy, éste se fue a vivir con su hermana a San Antonio, donde murió de gripe asiática tres años después. Desde entonces, estoy completamente solo. Nadie me ha aceptado desde entonces… Era como un hermano para mí. Ahora ya todo me da igual y viviré siempre la misma vida. Y efectivamente nunca volvió a tener otro amigo. Su mundo se despobló radicalmente. Se jubiló unos años más tarde, en noviembre del 63, a los 71 años.

 

 

Se podría pensar, dadas sus malas condiciones de trabajo, que la jubilación habría sido una alegría para Henry, pero, después de 54 años, para alguien que adoraba las rutinas, fue más bien un calvario. No soportaba la vida ociosa, y que no sabía con qué llenar el vacío de los días. Empezó a ir a misa a diario, a veces incluso dos o tres veces, a pesar de sus frecuentes crisis de fe de las que hablaré más adelante,  y se pasaba las horas dando vueltas por el barrio, hurgando en las papeleras y en los cubos de basura, en busca de cosas que a él le parecían útiles, sobre todo tapones de botella, carpetas, periódicos viejos, cuerdas y zapatos de hombre. .

 

 

La falta de la rutina laboral le volvió cada vez más insociable  y maniático. Se pasaba los días enclaustrado en su habitación, donde se le escuchaba hablar solo o mantener conversaciones con personas del pasado, o largas discusiones en las que interpretaba todos los papeles. En su diario las entradas, se vuelven cada vez más repetitivas. Domingo 27 de abril de 1969. Dos misas y comunión. Me como un perrito caliente. Estaba muerto de frío y me fui a la cama por la tarde. Miercóles 30 de abril. De día frío y de noche mucho más. Ni misa ni comunión. Sin pataletas ni historia vital. Los contornos de su vida se van haciendo cada vez más estrechos y limitados

 

Siempre quiso adoptar un niño, pero sus deseos nunca se cumplieron. En unos de los muchos papeles mecanografiados de sus legajos había una entrevista consigo mismo de alrededor de 1930 en la que habla sobre sus deseos de adopción, pero de lo escrito se infiere que jamás hizo nada práctico por lograrlo salvo intentar doblegar la voluntad divina rezando para que sucediese durante 13 años seguidos.  Una de sus escasas felicidades era la relación con Yuki, el perro de sus caseros. Llegó incluso a preguntar a su casera cuanto gasto suponía tener un perro y cuando esta le dijo que unos cinco dólares al mes, sacudió su cabeza y dijo que era demasiado para él. En el archivo hay algunas cartas en las que pide pequeños favores a sus caseros, como que le ayuden con una escalera o que le regalen por Navidad una pastilla de jabón Ivory y un tubo de crema de afeitar Palmolive sin brocha, regalos que agradece  con unas tarjetas en las que escribe unos versos sentimentales.

 

DAvid y Betsy Berglund

 

Cuando cayó enfermo, su vecinos hippies Henry Berglund y su mujer,  Betsy,  cuidaron de él. Pero aparte de estas relaciones de buena vecindad, había una total escasez de contacto humano. Al final tuvo que dejar de escribir, impedido por una infección de los ojos. Ya no se atrevía a salir de casa. En su última entrada del diario dice, asustado. He pasado una navidad malísima. Nunca en la vida he tenido unas Navidades buenas. Estoy muy amargado, aunque afortunadamente no soy vengativo. 

 

 

Cuando, ya muy enfermo e interno en la misión de San Agustín, su vecino Berglund fue a visitarlo anonadado por el descubrimiento de su obra, Henry se vió de pronto completamente expuesto y contrariado y le contestó con un enigmático “Ya es demasiado tarde”  y le pidió que por favor destruyera todo. Afortunadamente cambió de opinión antes de morir el 13 abril 1973 y autorizó a su casero Lerner a custodiar su obra. Nathan y Kyoko Lerner  se convirtieron, a falta de familiares, en albaceas de su legado y en los auténticos promotores de la obra de Henry hasta que ésta fue adquirida, en su mayor parte por el American Folk Art Museum en la década de los 90.  También se conserva una réplica de su habitación, inaugurada en el 2008, en el INTUIT, The Center for Intuitive and Outsider Art en Chicago que incluye incluye restos, recortes de periódicos, revistas, cómics, dibujos animados, libros para niños, libros para colorear, documentos personales y elementos arquitectónicos, accesorios y muebles de la habitación original de Darger que podeis ver aqui.

 

Henry Darger  fue un artista completamente autodidacta, sin ninguna formación. Aunque le encantaba colorear desde pequeño, estaba convencido de que no sabía dibujar y eso le desesperaba. Para suplir esa incapacidad, desarrolló complicados procedimientos para evitar el dibujo. Primero empezó usando las imágenes que encontraba. Las recortaba toscamente y  las pegaba en un cartón o los trataba de manera muy sutil, pintando encima, o poniéndole sombreros o trajes, o simplemente perforándoles los ojos, o creando marcos usando para ello sellos de correos.

 

 

De ahí pasó a una técnica más cercana al collage con imágenes de periódicos, revistas, o tebeos, en composiciones cada vez más complicadas. Pero el problema de esta técnica era que solo lo podía hacer una vez y que le obligaba a buscar constantemente nuevas materias primas, ya fuese en el hospital o en los cubos de basura. Además, era un desperdicio de recursos y una fuente de frustración porque tenía que renunciar algunas imágenes que eran sus favoritas para delimitarlas a un solo escenario.

Darger Archival Material

 

Por todas esas razones, empezó a utilizar papel de calco, porque se dio cuenta de que calcándolas, no solo podía liberar las figuras de sus contextos originales, sino  que podía usarlas docenas o cientos de veces, tantas veces como quisiera, con pequeñas variaciones y en escenas muy diversas. Y además era muy barato.

 

 

 

Una de sus favoritas era una niña con un cubo en la mano que se lleva un dedo a la boca que una vez que la ves, aparece por todas partes. Lo mismo que la niña del famoso anuncio de Coppertone que a veces transformaba en una blenia, unas niñas con cuernos y alas. Darger, a pesar de la aparencia de síndrome de Diógenes, no era tal en absoluto. Era muy pobre y tenía muy poco espacio pero sin embargo era tremendamente meticuloso en ordenar sus materiales, cuidadosamente agrupados por temas como “Nubes”, “Niñas”, “Guerra Civil Americana”, “Mariposas”, “Flores”, “Catástrofes”, etc. Los metía en sobres y escribía su contenido como “Nubes para dibujar” o “Foto especial de niña que amenaza con un palo y otra que huye aterrorizada” o “Niña para dibujar tal vez sí o tal vez no“o “para dibujar sólo una vez“.

T310 PL 92-93

 

Usaba los lápices hasta que apenas quedaba una punta de ellos e ideaba formas complejas para utilizarlos hasta el final utilizando jeringas y así aprovechar hasta el último centímetro. Acumulaba cientos de gomas y elaboraba sus pinturas vertiendo pigmentos en tapas de botes y tapones. Sus colores estaban pulcramente etiquetados en cajas de puros. Azul turquesa oriental, cadmio rojo medio, malva, pero también, púrpura nube de tormenta o siete verdes oscuros no celestiales. Un alarde de abundancia y de riqueza para alguien tan pobre. Nada que ver con la imagen de  homeless rebuscando en la basura que todo el mundo pensaba, sino más bien la de un artista paupérrimo en busca de sus preciados materiales.

 

 

En 1944, aún complicó más su técnica cuando descubrió que podía hacer ampliaciones de sus imágenes favoritas usando la fotografía, lo que le permitía ajustar y jugar con las escalas y las perspectivas, componiendo escenas cada vez más elaboradas. Entre sus posesiones, había una caja llena de negativos y ampliaciones y sus correspondientes recibos. Sólo comía perritos calientes y no podía permitirse tener un perro y sin embargo su habitación estaba llena de colores y de más de 200 ampliaciones en las que gastó cientos de dólares. Nada ilustra mejor cuáles eran sus prioridades.

 

 

En su imaginación, los niños vivían en los Reinos de lo irreal, en un mundo idílico lleno de enormes flores y fantásticas criaturas como los Blendegomenianos, los  Roverinos o los Tuskahorianos que, a pesar de su aspecto fiero, eran seres bondadosos y aliados de los niños en la guerra.

 

 

Gigantic-Roverine-With-Young-All-Poisonous-All-Islands-of-Universan-Seas-and-Oceans.-Also-in-Calverina-Angelinia-and-Abbiennia

 

Attack of the Tuskahorians

En cuanto a sus desnudos infantiles, y esas enigmáticas niñas con pene, que en la puritana sociedad americana le han supuesto numerosas acusaciones de pedofilia y de sadismo, hay que hacer algunas precisiones. Primero que todo, Henry Darger siempre se vio a sí mismo como un protector de la infancia frente a los abusos cometidos por los adultos. Él mismo dice en sus diarios que ojalá pudiese haber sido siempre un niño. Con su único amigo, William Schloeder, fundó un club secreto con la única finalidad de proteger a los niños. La misma trama de su extensa novela no es otra que esa: liberar a los niños de la esclavitud de los adultos. Además representaba niñas porque las consideraba más fuertes. En cuanto a los penes, en el documental de Jessica Yu, se sugiere que, con bastante probabilidad, Henry nunca habría visto a una niña desnuda por lo que podría haberles supuesto genitales masculinos. Además los desnudos y las torturas no son hechos descontextualizados sino que aparecen en momentos concretos de la guerra en las que se producía alguna masacre.

 

Henry llevaba una prolija relación de los costes de la guerra, del número de víctimas, de los nombres de los generales y de las traiciones y deserciones. Incluso componía los himnos militares que se cantaban o diseñaba las banderas de ambos bandos: la nación cristiana de Abbieannia y la de los “malos”, Glandelinia.

The main National flag of Abbieannia,

 

Los nombres de los generales también son muy indicativos de los bandos. Los buenos; General Delight, General GreatHeart o, por el contrario. General Bignose, General Libertine o General Smashinthehead o el Coronel Jack F. Evans, que era su propio alter ego en la historia.

 

 

 

Aún asi todos los adultos del lado de los “buenos” sirven a los niños. Las auténticas heroinas son las hermanas Vivian.

 

Henry Darger hizo incluso una declaración de independencia infantil que recogía los siguientes derechos:

Jugar, ser felices, soñar, derecho dormir bien por las noches, derecho a la educación, que podamos tener igualdad de oportunidades para desarrollar lo que llevamos en la cabeza y en el corazón.

De todas formas, a lo largo de casi cincuenta años, Henry Darger como autor cambió de bando varias veces en un intento de ajustar cuentas con Dios. A veces, creía que podía forzarle a hacer realidad algunos de sus deseos bajo la amenaza de hacer que se desencadenase una masacre entre las fuerzas cristianas de los angelianos en los Reinos de lo Irreal.

 

El episodio más claro comenzó cuando Darger perdió la foto que había publicado un periódico de una niña asesinada, Elsie Paroubek. Henry rezó durante tres meses para que la foto apareciera pero no lo hizo. Esta pérdida, catastrófica para él, le hizo desconfiar de que pudiese lograr algo en el mundo real a través de todo su poder en el Reino de lo Irreal y entonces emprendió una batalla personal con Dios. Durante años había realizado novenas, comprado rosarios, hecho sacrificios y, a cambio, no había recibido respuesta alguna.

La foto de Elsie Paroubek desaparecida

 

Henry, enfadado con Dios, dejó de ir a misa durante cuatro años seguidos, aunque su mayor lucha contra Él la libró en el mundo de los Reinos.Hizo que su avatar y alter ego, el coronel Henry Joseph Darger cambiara de bando para pasarse al de los malvados glandelianos e hizo que éstos ganaran una batalla tras otra, torturando y asesinando a cientos de niños esclavos y arrancándoles los órganos. ¿Cómo podría Dios permitir que esto sucediera?

 

 

Darger llegó a poner en boca de una de las niñas el miedo que poblaba sus pesadillas: la idea de llegar a un cielo vacío y a un universo deshabitado Da la sensación de que Darger quería construir un universo compensatorio en el que liberar todo el tumulto de sentimientos de frustración que albergaba, creando personajes poderosos en los que podía dar rienda suelta a sus impulsos violentos de una manera creativa y artística. ¿No es acaso una manera sana, e incluso bastante cuerda, de limitar y dominar el desorden de los sentimientos más oscuros? Esto es en realidad lo que Melanie Klein llama el impulso reparador.

 

 

En fin, Henry Darger es hoy una de las figuras más famosas en la historia del Outsider Art . En la feria Outsider Art Fair, que se celebra cada enero en la ciudad de Nueva York , su obra se encuentra entre las más caras de cualquier artista autodidacta pagándose precios que superan los 750.000 dólares. El poeta John Ashberry le ha dedicado poemas, existe un grupo musical ,un trío indie / punk de Brooklyn, que se llama las Vivian Girls,”Las chicas de Vivian son visitadas en la noche por San Dargarius y su escuadrón de mariposas benévolas” es una canción de Sufjan Stevens, etcétera, etcétera. Las obras de Darger están incluidas en las colecciones permanentes del MoMA y el Museo de Arte Popular Americano en Nueva York, el Intuit: El Centro de Arte Intuitivo y Outsider , el  Chicago Art Institute , el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago ,  el  Smithsonian… ¿Quién le habría dicho a este hombre solitario que sus mundos interiores alcanzarían tamaña difusión?

 

Jean Conner, como su marido Bruce Conner, también artista del collage.

Jean Conner, como su marido Bruce, también artista del collage.

Como resultado de mi investigación para mi anterior entrada sobre Bruce Conner que podes ver aquí, me he interesado por la figura de su mujer Jean. Como me ha sido mucho más dificultoso encontrar información sobre ella os traduzco la nota de prensa que la Galería Anglim Gilbert realizó para su exposición del año 2015 y os adjunto otro link donde podes ver más obra suya

Jean Conner llegó a San Francisco en el otoño de 1957, una joven artista que había estudiado en su Nebraska natal, y acababa de graduarse con un MFA de la Universidad de Colorado. Con Bruce Conner su marido se integró en el grupo de artistas, escritores y músicos con nexos con el movimiento Beat. A través de su amigo, el poeta Michael McClure, entablaron fuertes amistades creativas con Wally Hedrick, Jay DeFeo, Sonia Getchoff, Joan Brown, Bill Brown y otros artistas experimentales. Jean Conner continúa toda su vida explorando collages de papel, dibujos y otras formas con convicción tranquila y firme.

Trabajando inicialmente con imágenes en blanco y negro, se trasladó al nuevo reino del color de las páginas de revistas de los años 60 y 70. A través de la proliferación de publicaciones de gran formato de la posguerra, mezclando imágenes de color de culturas exóticas y de especies animales inusuales en los hogares estadounidenses, Jean Conner formuló su propio lenguaje visual. Trayendo como contrapunto las imágenes de la nuevos suburbios y la cultura popular americana, añadió elementos de anuncios que describían nuevos tonos de lápiz de labios o una variedad de alargadas y provocativas poses femeninas . Equilibrando drama y humor con finura, forma y color, sus collages están cuidadosamente concebidos y tejen asociaciones que son delicadas y chocantes.





 

 

 

Los Collages de BRUCE CONNER en el MNCARS

Los Collages de BRUCE CONNER en el Museo Reina Sofía

Es todo cierto (It’s all true)

22 febrero – 22 mayo, 2017 / Edificio Sabatini, Planta 1

 

La obra de Bruce Conner (1933-2008) es tan proteica, feraz e inagotable que, con toda honestidad, me encuentro francamente incompetente para realizar una entrada del blog que sea capaz de englobar y contener, y ni aún siquiera rodear, la plétora creativa de un artista tan seminal como Conner. En otra entrada de este blog he dejado una pizca de su obra audiovisual y no puedo hacer otra cosa que recomendar encarecidamente a aquellos que tengáis la venturosa fortuna de residir o de pasar por Madrid durante los próximos dos meses no dejar de visitar la portentosa prodigalidad creativa de Bruce Conner en el Museo Reina Sofía.

Yo me voy únicamente a centrar en una de sus múltiples facetas artísticas, que por afinidades, casi diría electivas, me toca especialmente de cerca.

Bruce Conner, como también lo hará su mujer Jean ( a la que también dedico un post que podeis ver pinchando aquí), se dedicó a los collages durante toda su vida. Es más, en cierto sentido toda su obra se genera a partir de procedimientos creativos muy cercanos a las técnicas del collage, tanto en su obra audiovisual como en sus assemblages e, incluso visto de una manera más orgánica, en la totalidad de su producción. Bruce Conner no oculta su admiración por la figura de Max Ernst al que no es difícil atisbar en muchos de estos collages.

Sin embargo, y a pesar de que, como decía, toda la obra de Conner puede ser vista a través de esta óptica del collage, la exposición del Reina, -procedente del MoMA de San Francisco-, It’s all true, se concentra en este aspecto en dos momentos productivos más bien precisos.

El primero se remonta a los primeros años de la obra del artista a fines de los años 50. El propio Conner consciente de que esta faceta de su obra parecía “de la mano de otro artista” e interesado en la fecunda idea de subvertir las nociones tradicionales de autoría, quiso atribuir este trabajo a su amigo y paisano de Kansas, el actor Dennis Hopper, -por cierto con obra artística propia- y, así, organizar una exposición que se llamara DENNIS HOPPER ONE MAN SHOW. La idea era que Hopper entrara en la galería durante su exhibición y montara un escándalo revelando la falsedad de la atribución. Pero la travesura artística de Conner se topó, ya a mediados de la década de 1960, con la falta de voluntad de su distribuidor de Los Ángeles,  Nicholas Wilder, que rechazó la propuesta de exhibir el trabajo bajo el nombre de otro, y por su parte Conner tampoco estaba dispuesto a exponerla revelando su propia identidad, así que el proyecto quedó aparcado hasta que una década más tarde, Conner encontrara producción.

Fue así como, a principios de los 70, estos collages se convirtieron en el material que sirvió de fuente para una serie de grabados fotográficos producidos por Kathan Brown en Crown Point Press en Oakland, California, publicados en tres volúmenes entre 1971-73 y expuestos en la James Willis Gallery de San Francisco en 1973. Conner devolvió los collages a su estado impreso original, produciendo veintiséis aguafuertes encuadernados en tres volúmenes de cuero negro y titulados colectivamente DENNIS HOPPER ONE MAN SHOW VOLUMES I-III. Estos volúmenes podes verlos en la exposición del Reina. Por otro lado, Conner aprovechó el impulso para imprimir también un número limitado de grabados no enlazados con este proyecto, alguno de los cuales también incluyo en el post.

Muchos años más tarde, a mediados de los años 80, Bruce Conner fue diagnosticado de colangitis esclerosante, una extraña y severa enfermedad congénita y degenerativa que marcaría el ritmo de su última obra, sobre todo a partir de mediados de los 90, porque le forzaba a seguir un estricto régimen de sueño y trabajo.

Los sueños ocupan un lugar más importante en mi vida ahora que la enfermedad hepática que padezco me ha recompensado con la obligación de guardar entre nueve y once horas de sueño, cada día, sin excepción” le confesó en cierta ocasión al poeta John Yau.

Eso hizo que en esta época tan rica en mundos oníricos, como él mismo contaba, trajese de nuevo la técnica del collage al centro de su tarea artística. De esta forma, desde fines de los 80,comenzó a realizar numerosísimos collages, además de sus dibujos de tinta, una hazaña titánica si tenemos en cuenta sus limitaciones físicas.

Por otro lado, la organización de una exposición antológica en 1999 con el Walker Art Center de Minneapolis con el título 2000 BC: The Bruce Conner Story, Part III con su obsesiva atención a los detalles y los viajes que supuso, le dejaron exhausto y tuvo graves repercusiones para su salud. Así que cuando al poco de inaugurarse le informaron de que se le había concedido una cátedra honoraria en la Universidad de Georgia rechazó amablemente la invitación argumentando que se acababa de apuntar a Anonymous Artists.

“Uno de los doce pasos necesarios para lograr la curación – añadió- es la total abstinencia del posado artístico.”

Así a partir de entonces firmó con diferentes seudónimos primero Emily Feather, después Anonymous o Anon o Anonymouse o Justin Kase, heterónimos que le brindaron nuevas e inesperadas posibilidades creativas. A esta época pertenecen algunos de los más hermosos collages de su obra como el titulado El Artista o esa obrita que título The Psychedelicatessen Owner. También produjo una serie de tapices inspirados en algunos collages alegóricos de iconografía religiosa realizados a finales de los años 80.

 

 

 

 





 

Toshiko Okanoue, una artista japonesa del collage

Toshiko Okanoue, una artista japonesa del collage

Toshiko Okanoue nació en 1928, la prefectura de Kochi, aunque se crió en Tokio. Estudió diseño de moda en Bunka Fashion College de donde han salido otros talentos como Kenzo Takada, el fundador de Kenzo, o Yohji Yamamoto, cuando, ante su dificultad para dibujar, comenzó a hacer collages de fotos con las revistas occidentales de las que disponía en clase. Asi usando imágenes de publicaciones como LIFE, VOGUE y Harper’s Bazaar combinaba diferentes caras, partes del cuerpo o animales. Ella misma afirma que su primera aproximación al collage vino, no tanto de influencia occidental como de una técnica tradicional japonesa llamada Hari-e (Hari significa pegar y “-e” imagen) que consistía en crear imágenes pegando trozos de papel coloreado. Pero sus collage no pasaron inadvertidos y en 1952 el artista surrealista japonés Shuzo Takiguchi le introdujo en el mundo de Max Ernst cuya influencia es perceptible en sus collares. Takiguchi también utilizaba técnicas de Max Ernst en lo que el llamaba Decalcomanias.

A partir de entonces y durante un periodo de 6 años Okanoue produjo más de 100 obras y realizó varias exposiciones con excelente acogida, pero su carrera se vió truncada por su matrimonio con el pintor Fujino Kazutomo -del que no he conseguido averiguar nada- y que, como a muchas jóvenes  supuso su completo abandono de la escena artística durante los siguientes 40 años.

Sin embargo a mediados de los años 90 su trabajo fue redescubierto por el comisario del Museo Metropolitano de Fotografía de Tokyo iniciando un proceso de rehabilitación de su obra que acabo con una exposición enel MOMA de Nueva York y la edición de un libro titulado Drops of Dreams en 2002 por Nazraeli Press. En la primavera de 2015 se publicó en Japón su primera monografía titulada “A long Journey”