El paisaje romántico de Dresde: Friedrich, Runge, Carus, Dahl, Oehme, Fernley y Richter.

El paisaje romántico de Dresde: Caspar David Friedrich, Philip Otto Runge, Carl Gustav Carus, Johan Christian Dahl, Ernst Ferdinand Oehme, Thomas Fernley y Adrian Ludwig Richter.

 

Las vistas distantes, amplias y sin limites son una característica inconfundible de muchas de las pinturas alemanas de paisaje de la época romántica. Sobre la superficie pictórica bidimensional se crea un efecto de profundidad, una suerte de abismo espacial que parece arrastrar al observador hacia el interior de la pintura.

 

Caspar David Friedrich -Riesengebirge (Montañas gigantes antes del amanecer) 1830-5. Alte Nationalgalerie, Berlin

 

Las colinas suelen perpetuarse hacia ambos lados de la tela como si se intentara anunciar los posteriores desarrollos de la pintura panorama.

 

Friedrich, Caspar David- Morning in the Mountains 1823 Museo Hermitage, San Petersburgo

El cielo vasto se arquea sobre la escena, llenando la mayor parte del lienzo, con sus colores de intensidad gradual como una evocación del infinito. La manera de expandirse de estos paisajes refleja la noción filosófica de la omnipresente transcendencia .

 

Caspar David Friedrich- Neubrangenburg a la luz de la mañana. 1816-17. Pomeranian State Museum

 

Sin embargo esa mirada que se dirige hacia la distancia es al mismo tiempo conducida de vuelta hasta el interior del propio sujeto, hacia el espectador que mira la pintura y que reconoce sus propias emociones en el paisaje. Por eso es tan frecuente la presencia de figuras estáticas, contempladas desde atrás, extasiadas ante la inmensidad, espectadores como nosotros que nos permiten  y nos facilitan un alto grado de empatía, pues resulta casi inevitable ocupar emocionalmente el lugar de estas figuras sin rostro que parecen embargadas y embriagadas por el espectáculo que la naturaleza despliega ante sí.

Quizás pueda paracer baladí o superficial pero este sentimiento de comunicación extática con la Naturaleza que hoy forma casi parte esencial del acervo de las emociones más singularmente humanas tiene su origen en la época romántica y tuvo sus más reputados creadores residiendo en la ciudad de Dresde allá por los primerísimos comienzos del siglo XIX.

 

Caspar David Friedrich Mujer ante el sol de la mañana. 1818

 

No estoy descubriendo nada nuevo. Sobre todo entre los más fervientes admiradores de Caspar David Friedrich, entre los que me quisiera contar. Lo que yo no sabía, era precisamente eso,  que esta pintura de paisaje de tanta importancia e influencia en la historia del arte, se gestó  en la ciudad de Dresde y entre un reducido número de pintores que, aunque nacidos en tierras más al Norte, fijaron su residencia en la ciudad del Elba durante las décadas que van de 1808 a 1838. Treinta años gloriosos de este paisajismo romántico que tuvo sus más importantes maestros, Caspar David Friedrich, Philip Otto Runge, Johan Christian Dahl, Carl Gustav Carus, Ernst Ferdinand Oehme, Carl Blechen, August Heinrich y Adrian Ludwig Richter, todos viviendo la ciudad de Dresde y manteniendo entre sí una intensa fraternidad artística. Carus era el médico de Friedrich y éste vivía en el mismo edificio que Dahl. Y el resto fueron alumnos o de Friedrich o de Dahl e incluso a veces de ambos. A menudo incluso pintaron los mismos lugares y realizaron los mismos viajes.

 

Mother and Child by the Sea, 1840 (oil on canvas) by Johan Christian Dahl (1788-1857); The Barber Institute of Fine Arts, University of Birmingham;

Pero intentemos contar la historia. Tanto Caspar David Friedrich como Philip Otto Runge, naturales de Pomerania, un estado al norte de Alemania entonces perteneciente a Suecia, como Johan Christian Dahl, de Noruega, habían estudiado en la academia de arte de Copenhague donde habían sido influidos por la tradición nórdica de la pintura del paisaje que enfatizaba las grandes extensiones naturales de los territorios del Báltico. Los cielos sin límites de las obras de Jens Juel , uno de los profesores de aquella escuela, fueron particularmente importantes en la formación de Caspar Friedrich Philip Otto Runge.

 

Jens Juel- Landscape with Northern Lights 1790

Jens Juel fue un pintor danés de fines del siglo XVIII conocido tanto por sus retratos como por sus extraordinarios paisajes precursores del paisajismo del romanticismo alemán precisamente a través de su docencia en Copenhague

 

Jens Juel.-Una pieza de luz de luna.-El cruce de Lillebælt en Snoghøj.-1787.-Museo-Nacional-de-Arte de Copenhague

 

Friedrich, decepcionado con la educación académica, fue el primero que se mudó desde Copenhague a Dresde por recomendación de su maestro de dibujo Quistorp. En la ciudad de Dresde había ya una nutrida y afamada colección  de pinturas del mejor paisaje holandés del XVII,  así como de representantes del clasicismo francés como Claude Lorrain y además tenía una reputada escuela de bellas artes. Dos de sus miembros Adrian Zingg y Johann Christian Klengel eran cultivadores del género paisajístico, considerándolo ya como un género con identidad propia.

 

Adrian Zingg, ‘The cowshed in Saxon Switzerland’, 1786

Adrian Zingg era un grabador de origen suizo en la recién fundada Academia de Bellas Artes de Dresde , donde trabajó como profesor desde 1766.

 

Klengel, Johann Christian 1751-1824.”Stormy Landscape”, 1777. Dresden, Gemaeldegalerie, Alte Meister.

Y Johann Christian Klengel se convirtió en 1802 en profesor en la Academia de Arte de Dresde . Pintó paisajes ideales y composiciones idílicas, principalmente en la luz de la mañana o de la tarde, pero también paisajes como este de tormenta. En 1812 publicó una colección de doce hojas de folio para paisajistas bajo la inscripción “Principes de desins pour les paysages”.

 

El joven Caspar David Friedrich por Johann Ludwig Lund (1800)

 

En esa primera época en Dresde, Friedrich realizaba dibujos a pluma con tinta sepia y acuarelas.  Friedrich fue uno de los primeros artistas independientes que se ganó su sustento a partir de 1800 sin recibir encargos de ningún mecenas. Durante esos años de juventud realizó largos viajes a pie hasta Neubrandenburg, Breesen, GreifswaldRügen, que serían, desde entonces, lugares protagonistas en sus lienzos y, a través de su influencia, en el de toda una generación de pintores.

 

Georg Friedrich Kersting- Caspar Friedrich en su viaje a traves del Riesengebirge

 

El compañero y mentor más importante de Caspar David Friedrich durante su tiempo en Greifswald fue, como ya hemos dicho,  su instructor de dibujo Johann Gottfried Quistorp (1755 – 1835). En 1788, Quistorp recibió el puesto de instructor de dibujo académico en la Universidad de Greifswald. Los métodos de enseñanza de Quistorp, como llevar a sus alumnos a excursiones de dibujo al aire libre, tuvieron un impacto importante en el desarrollo de Friedrich como artista.

A través de Quistorp, además, Friedrich se encontró y fue posteriormente muy influenciado por el poeta y teólogo Ludwig Gotthard Theobul Kosegarten (1758 – 1818).

 

 

Después de su ordenación en 1792, Kosegarten había recibido el rectorado de una iglesia parroquial  en la isla de Rügen . En esa localidad dio los famosos Sermones de la orilla (Strandpredigt) en los acantilados cerca de Vitt . Acudían a ellas a los pescadores de arenques, que durante el tiempo de la pesca  no podían ir a la iglesia  debido a su trabajo. Estos sermones, en los que se evocaba la Revelación divina de la Naturaleza, fueron un gran éxito tras su publicación, por lo que se erigió una Capilla  en 1806 cuyos planos dibujó el propio Friedrich y para el que se encargaron retablos al mismo Friedrich y a Philip Otto Runge que planearon toda la obra y un viaje en común que nunca se llegó a producir. Sólo se pintó el retablo de Runge con San Pedro en el mar, un tema muy de pescadores, pero la invasión napoleónica de los estados alemanes dio un poco al traste con los planes de la capilla.

 

Philipp Otto Runge San pedro sobre el mar. 1806. Hamburger Kunsthalle

 

 

En la isla de Rügen, de todas formas, Friedrich encontraría una gran cantidad de motivos. Las descripciones poéticas de Kosegarten de la belleza del paisaje de la isla y su dimensión espiritual como forma de acercarse a la divinidad ciertamente tuvieron un impacto extraordinario en el primer trabajo de Friedrich.

 

Paisaje en la isla de Rügen co una bahía 1803

 

Friedrich, Caspar David- Chalk Cliffs at Ruegen Museum der bildenden Künste Leipzig.

 

Durante aquellos viajes Friedrich también se quedó fascinado   con el  monasterio de Eldena en Greifswald, del que hizo un estudio intensivo y que sería un tema central de toda su obra, como un símbolo de la decadencia y la destrucción de una antigua fe.

 

Caspar_David_Friedrich_-_Klosterruine_Eldena_(ca.1825).

Precisamente fueron los numerosos cuadros que Friedrich dedicó al monasterio de Eldena, (muy influyente en la cristianización de Pomerania Occidental, y responsable de la fundación a principios del siglo XIII de la ciudad de Greifswald, que comenzó precisamente como asentamiento comercial del monasterio), los que centraron la atención de los ciudadanos   sobre estas ruinas.

 

Ruinas del monasterio de Eldena ante el macizo de los Gigantes. 1830 Museo regional de Pomerania

 

El renovado interés público llevó al comienzo de los trabajos de restauración en fecha tan temprana como 1828, y sobre la base de los diseños del jardinero paisajista prusiano Peter Joseph Lenné, se instaló un parque en el recinto de la abadía. Esa actuación logró que, hoy en día, como veréis, se conserven perfectamente, declaradas  como un sitio cultural de la “Eurorregión de Pomerania” .

 

Abadía de Eldena hoy

Pero volvamos a nuestra ciudad del Elba. También crucial en esta historia fue la llegada a  Dresde de gran parte del grupo de jóvenes escritores de Jena y que conformaban el círculo de los primeros románticos entre los que se encontraban los hermanos Friedrich y August Schlegel, el poeta Novalis, Friedrich Schelling y Ludwig Tieck. Todos ellos personalidades de primera fila que ya venían poniendo el acento sobre una renovada atención por la naturaleza.

Según Schelling  la naturaleza tiene vida e inteligibilidad, es espíritu adormecido. De él es la famosa frase: “la naturaleza es ‘espíritu visible, y el espíritu, naturaleza invisible’’. Por su parte Tieck acababa de publicar su novela de artista  Las peregrinaciones de Franz Sternbald cuya resonancia fue muy grande. Lo que la novela ofrece — más que un conjunto de bien indi­vidualizados personajes o el desarrollo ce­rrado de una acción — es la descripción lírica de un modo de sentir y de vivir, la sugestiva evocación de una atmósfera poé­tica donde se daba una especial importancia a la relación con la naturaleza

Por fin cesó la tormenta, y un arco iris precioso se despliega por el cielo, el bosque era fresco y verde y en todas las hojas brillaban las gotas de la lluvia, acabando con el bochorno del día, por toda la naturaleza soplaba una brisa fresca  y todos los árboles y todas las flores eran felices…Si fuera un pintor, amigo Sternbald, estudiaría y retrataría hermosas escenas de bosques.

 

Gerhard von Kügelgen- Retrato de Johann Wolfgang Goethe

 

Dos fueron los lugares de reunión de todo este círculo de literatos, artistas, músicos y filósofos de aquel primer Romanticismo alemán. Por un lado, la casa del artista Gerhard von Kugelgen (1772-1820), especializado en retratos . Cuando se mudó allí con su familia en 1805, su casa Gottessegen en Hauptstrasse 13, pronto se convirtió en un lugar de reunión. Los huéspedes frecuentes incluyeron amantes del arte como el propio Caspar David Friedrich, Friedrich Kind y Johann Gottfried Seume, y celebridades como Wolfgang von Goethe y Carl Maria von Weber, el creador de la escuela romántica de ópera alemana que pasaba los veranos en la ciudad.

 

El pintor Caspar David Friedrich (1774-1840) (oil on canvas) retratado por Franz Gerhard von Kugelgen,  (1772-1820); 53.3×41.5 cm; Hamburger Kunsthalle, Hamburg, Germany;

Hoy en día, los turistas pueden visitar esta casa, que se convirtió en un museo, el Museo del Romanticismo de Dresde, y se abrió al público en 1981.

 


Kügelgenhaus-Museum EStudio

Particularmente influyente, sobre todo para Philip Otto Runge, fue tembién el salón creado en la casa del escritor Johann Ludwig Tieck, en la plaza del Altmarkt. Cuando Runge llegó a Dresde en 1801, este Salón era uno de los principales puntos de encuentro de la intelectualidad de la ciudad. A través de su relación con Tieck, Runge desarrolló su idea de un “nuevo arte del paisaje”, que dio lugar a la serie de cuatro grabados representando las  Horas del día, en las que combinaba símbolos cristianos con símbolos personales.

 

Philipp Otto Runge autorretrato de 1804-1805

Runge rechazó la tradición del arte académico en favor de una visión radical y altamente personal que expresaba simbólicamente la armonía esencial de la naturaleza, la humanidad y lo divino. La idea detrás de la iconografía compleja de Las horas del Día es la llegada y salida de la luz durante cuatro etapas del día, mientras que al mismo tiempo representa el proceso orgánico de la concepción, el crecimiento, la decadencia y la muerte.

 

Morning from Times of Day, 1805, Philipp Otto Runge. Printmaker- J.G. Seyfert. Etching and Engraving. The Getty Research Institute, 2013

 

La elegancia y la pureza de estos grabados fueron elogiados nada menos que por la imponente figura de la  cultura alemana del siglo XVIII, Johann Wolfgang von Goethe, quien tenía un conjunto de los Tiempos del día en su sala de música, regalo del mismo Runge. Al hablar con un visitante sobre la suite en 1811, Goethe exclamó: “Solo míralo: es suficiente para volverte loco, hermoso y loco al mismo tiempo”.

 

Evening from Times of Day, 1805, Philipp Otto Runge. Printmaker- J.G. Seyfert. The Getty Research Institute, 2013

Desde 1802 hasta su prematura muerte  en 1810, Runge trabajó obsesivamente en estas imágenes, articulando cuidadosamente todos los aspectos de sus composiciones. Al principio , hizo cuatro dibujos grandes en  para la carpeta de grabados cuya primera edición compartió con este grupo de artistas y escritores para hacer circular sus nuevas ideas y anunciar sus planes para crear un ciclo de grandes pinturas  basado en aquellos diseños. El ciclo pintado que debía ser expuesto en un edificio especial y con acompañamiento de música y poesía nunca se completó. En Dresde, Runge conoció a  Pauline Bassenge, hija de un fabricante de guantes, con la que se casó cuando apenas cumplió los 18 años. La pareja tuvo cuatro hijos. El niño más pequeño nació el día después de la muerte de Runge por tuberculosis con solo 33 años.

 

Der Morgen Philipp Otto Runge. 1808

 

Tan sólo llegó a pintar esta Pequeña Mañana de 1808 que se conserva en el Hamburger Kunsthalle.

De 1808 sería también la primera gran obra que catapultó a la fama a Caspar David Friedrich levantado una encendida polémica. Se trata de la archiconocida obra Cruz en las montañas, considerada a lo largo de la historia como una de las obras más representativas del romanticismo alemán y que aún se conserva en la Galerie Neue Meister de la propia ciudad de Dresde.

 

 

Apesar de la mucha literatura vertida sobre el origen de este cuadro, la historia más reciente acepta que el cuadro no fue ningún encargo sino que fue pintado por  Friedrich con la intención de regalárselo a Gustavo IV, rey de Suecia, que entonces no sólo era un defensor de la idea de una nación alemana, sino que era un hombre piadoso influenciado por la Iglesia de Moravia , una denominación protestante que buscaba una “devoción radicalmente interna”. Además uno de los uno de los símbolos de Gustav IV, era el sol de medianoche. Así que al parecer, como otras obras del pintor, subsistía un contenido político.

 

Diseño de Friedrich de 1807 para el retablo. Kupferstichkabinett, Dresde

 

Como sea, en algún momento cambió de parecer, y  acabó vendiéndoselo al conde católico Antón von Thun-Hohenstein y su prometida, que decían quererlo colocar en la capilla privada de su castillo de Schloss Tetschen. Cuando el cuadro se finalizó, y por petición de sus amigos, Friedrich lo expuso en su taller el día de Navidad de 1808. Friedrich intentó recrear las condiciones de una capilla en su estudio: bajó la iluminación y colocó la pieza sobre una mesa cubierta con tela negra. Marie Helene von Kügelgen, la mujer del pintor Kügelgen que ya hemos citado y amiga cercana  del propio Friedrich, escribió que los que visitaron el estudio de Friedrich en aquella ocasión se sentían sobrecogidos como si pisasen un templo.

No obstante la obra no produjo esa misma reacción en todas las personas. Uno de los mayores críticos fue Basilius von Ramdohr,  que había asistido a la exposición de estudio de Friedrich, y que desató  la denominada “querella Ramdohr” en la que no se atacaba la obra de Friedrich en sí sino toda una nueva ideología y una nueva forma de hacer arte. “Mi crítica -insistía- no está dirigida contra el cuadro del Sr. Friedrich, sino en contra del sistema que de ahí trasluce”. Ramdohr llegó a acusar al cuadro de sacrílego  por pretender que un paisaje se convirtiera en altar y afirmó que “sería una verdadera presunción dejar que un cuadro paisajista se arrastrara como una serpiente en una iglesia y trepara hasta el altar”.

El debate sobre la pintura, denominado Ramdohrstreit y llevado a cabo principalmente en la revista Zeitung für die elegante Welt ( Revista para el mundo elegante ), se transformó en una encendida polémica sobre el desafío a la estética de la Ilustración que planteaba el naciente Romanticismo y puso en primera línea toda una serie de cuestiones que, en realidad, dieron el aldabonazo de salida a esa pintura de la que habla todo este post.

Una de las críticas que se vertían contra la obra de Friedrich era que este había renegado de todas las reglas del paisajismo por su estilo compositivo; su empleo de la luz y la sombra y su ignorancia de la perspectiva aérea o su renuncia a usarla. Técnicamente  Ramdohr tenía razón, pero este cuadro marca el inicio de un nuevo arte, el Romanticismo, que no está sujeto a las mismas normas que el arte que le precedía.

 

Caspar David Friedrich – Cross At The Baltic Sea, 1815

Otra de las grandes novedades presentes en el cuadro, y que se le escapó a Ramdohr, es  que lo que se representaba no era una Crucifixión  sino un crucifijo dorado, es decir, un cruz artificial como las que podían encontrarse en algunas rutas de peregrinación, un objeto venerado por hombres sencillos, campesinos, caminantes, peregrinos… En realidad, por tanto, era un cuadro de paisaje totalmente profano visto contra una puesta de sol. Ese desplazamiento de los temas tradicionales cristianos a sus elementos subordinados tendría desde entonces enormes consecuencias para el arte posterior. Friedrich fue perfectamente consciente de ello y repitió el tema en más de una ocasión como en la Cruz en el Mar Báltico de 1815 reproducida más arriba o en la Mañana en el Riesengebirge de 1810 que os reproduzco a continuación y que, ya superada la polémica, fue adquirido por la casa real prusiana y se conserva hoy en Berlín.

 

Mañana en el Riensengebirge. 1810-1811. Berlin Nationalgalerie

 

Lo importante era esa traducción de lo sagrado a lo profano, en la que los poderes de la divinidad dejaron en cierto modo la iconografía de los estigmas y las llagas del arte cristiano convencional para penetrar en los dominios del paisaje más puro. Como expresaría su discípulo Carl Gustav Carus

Cuando el hombre, persiguiendo la inmensa magnificencia de la naturaleza, nota su propia insignificancia y, sintiéndose a si mismo en Dios, penetra en ese infinito y abandona su existencia individual, entonces su rendición es más una ganancia  que una perdida. Lo que de otra manera solo ven los ojos del espíritu, aquí se hace casi literalmente visible: la unidad con el infinito del universo.

 

Caspar David Friedrich- Abadía en Eichwald (1809-10)

 

Pero si La cruz en la montaña había puesto a Friedrich en el foco de la opinión pública, en ningún otro momento de su vida volvería despertar tanta admiración como los años en torno a 1810, debido fundamentalmente a dos paisajes complementarios que se presentaron   en  la exposición de arte de Berlín de aquel año y fueron adquiridos por el propio rey de Prusia, Federico Guillermo III. Goethe que había visitado a Friedrich en su estudio de Dresde consideraba ambos cuadros como dos extraordinarias obras de arte, aunque como muchos quedó desconcertado por el vacío que albergaban. Nos referimos a una de sus visiones del monasterio de Eldena, Abadía en el robledal,  reproducido más arriba y  a su pendant, el que quizás sea el cuadro más osado de todo el romanticismo alemán, el conocidísimo Monje frente al mar, ambos en Berlín.

 

 

La composición de El Monje frente al mar muestra evidencias de que Friedrich eliminó elementos del lienzo después de haberlos pintado. Recientes investigaciones científicas han revelado que inicialmente había pintado dos pequeños veleros en el horizonte, que luego eliminó. En esa audaz decisión, muchos han querido ver uno de los gestos más audaces de la historia del arte. Sólo un hombre empequeñecido frente a la inmensidad del Universo.

Cuando se expuso, Clemens Brentano envió un artículo sobre la pintura al Berliner Abendblätter , una nueva revista editada por el malogrado  Heinrich von Kleist . El artículo, titulada “Distintos sentimientos sobre un paisaje marino de Friedrich sobre el cual aparece monje capuchino“, criticaba el trabajo, pero Kleist revisó sustancialmente el texto de Brentano para convertirlo en un artículo que simpatizara con la pintura . Kleist escribió

Qué maravilloso es sentarse completamente solo junto al mar bajo un cielo nublado, mirando la interminable extensión del agua. Es esencial que uno haya venido solo por esta razón, y que tenga que volver después. Que a uno le gustaría cruzar el mar pero que no puede; que uno echa en falta cualquier signo de vida, y sin embargo,  siente la voz de la vida en la agitación del agua, en el soplo del viento, en la deriva de las nubes, en el llanto solitario de los pájaros … Ninguna situación en el mundo podría ser más triste y espeluznante que esto, como la única chispa de vida en el amplio reino de la muerte, un centro solitario en un círculo solitario … Sin embargo, esto definitivamente marca un punto de partida totalmente nuevo en el arte de Friedrich …

Evidentemente los cuadros de Friedrich no pueden considerarse sólo como simples cuadros de género, sean paisajes o marinas. La relación de las figuras con el paisaje tienen ahora una intensidad que se imbrica con la meditación protestante sobre los misterios del más allá.

El excursionista sobre el mar de niebla Caspar David Friedrich , alrededor de 1818 Kunsthalle Hamburgo

 

En torno a Friedrich pues se formó un pequeño círculo de acólitos y seguidores como Johann August Heinrich y, sobre todo, Carl Gustav Carus.

 

Carl Gustav Carus Retrato de Johann Carl Rössler

Carl Gustav Carus era un hombre multifacético: médico, naturalista, científico, psicólogo y, para lo que nos interesa, pintor de paisajes. El superdotado Carus tenía a la edad de 22 años dos doctorados en medicina y filosofía. Como médico fue nombrado profesor de obstetricia y director de la clínica de maternidad en  Dresde, cofundó la Academia de Medicina Quirúrgica y fue médico personal de los reyes Antonio I y Federico Augusto II de Sajonia, además de atender al propio Caspar Friedrich. Es considerado además el predecesor filosófico de la psicología profunda, de la medicina holística y el que acuñó el término “inconsciencia”. Trabajó también sobre la magia, el hipnotismo, los sueños predictivos, la clarividencia y el éxtasis. También escribió tres textos sobre “Efectos mágicos en la vida, en la ciencia, en la poesía y el arte“. Su nombre figura en la Facultad de Medicina y el Hospital Universitario de Dresde.

 

Carl Gustav Carus – Noche de luna junto a la isla de Rügen 1819

Goethe lo valoraba como un pensador original y un hombre creativo de primera línea. El pintor Caspar David Friedrich fue su mayor influencia artística, y emuló su estilo durante algunos años.

Friedrich llevó a Carus en 1819 a viajar con él a la isla de Rügen, donde el propio Friedrich había sentido al llamada de la Naturaleza. Carus recorrió  la isla y quedó muy impresionado por su “naturaleza virgen”. Motivos como la Noche de luna en Rügen , los Robles junto al mar o Edad de piedra en Nobbin, Rugen Island, de 1820, atestiguan las impresiones que la isla le había dejado. Él mismo lo escribió en su informe Eine Rügenreise im Jahre 1819 . El objetivo del viaje, según sus propias palabras, era ganar un sentimiento más profundo del elemento romántico alemán del norte. La pintura de arriba está claramente inspirada en una pintura de Friedrich titulada Luz de luna con barcos y pintada en 1818.

 

Carl Gustav Carus, Stone age stronghold at Nobbin, Rugen Island, c.1820

Carl Gustav Carus – Oaks at the Sea Shore 1819

 

Los robles del cuadro más arriba pertenecían a la isla de Vilm, lejos de cualquier asentamiento humano y cuya naturaleza virgen impresionó de tal manera a Carus que aún le seguía fascinando años después.

Puedo decir que casi nunca desde entonces he tenido el sentimiento de una vida natural tan completamente pura, hermosa y solitaria como la tuve en esa pequeña isla, que nadie más tiende a ver cuando visita Rügen. Con qué sentido tan pintoresco el sotobosque se derramaba sobre las rocas de la costa; con qué dignidad y compostura habían crecido las hayas y los robles hasta un tamaño gigantesco… En resumen, todo a nuestro alrededor reflejaba la poderosa naturaleza primigenia del Norte.

 

Carl Gustav Carus – Wanderer on the Mountaintop 1818

El estilo de Carus en esta época está tan cercano a su maestro Friedrich que en ocasiones ha dado pábulo a atribuciones cruzadas.

 

Woman on the Balcony – Carl Gustav Carus 1811

Sus temas pictóricos fueron sobre todo las composiciones ideales, la noche de la luna, las montañas, el bosque, la arquitectura gótica y el espectáculo de las ruinas, donde a menudo recurría a los motivos de Friedrich, como el monasterio de Eldena.

 

Carl Gustav Carus (1789 – 1869) – Ruins of the Eldena Monastery with cottage 1820

 

Carus combinó una concepción romántica de la naturaleza con el ideal clásico de la belleza: “La interpenetración uniforme de la razón y la naturaleza” constituye la esencia de su pintura. Entendió lo bello en el sentido de Goethe como una tríada de Dios, la naturaleza y el hombre. También pintó vistas de Dresde y sus alrededores, siguiendo ese hallazgo tan de Friedrich del espectador dandónos la espalda para provocar nuestra empatía.

 

Carl Gustav Carus Vista de Dresde al atardecer 1822

Otro de los grandes maestros paisajistas del Romanticismo alemán en Dresde fue Johan Christian Dahl. Hijo de un pescador noruego, sólo con 23 años pudo empezar en la Academia de Arte de Copenhague. En 1818 se mudó a Dresde donde se casó dos veces y sería profesor en la Academia de Artes desde 1824. En Dresde se instaló en Elbstrasse 33, en la misma casa de las afueras de la ciudad en la que vivía su amigo y colega Caspar David Friedrich. En el verano de 1826 viajó a través del sur de Noruega. La impresión del viaje fue abrumadora y le dio motivos para el resto de su vida.

 

Johan Christian Dahl – View of Dresden by Moonlight, 1839, Galerie Neue Meisters Dresde

 

Dahl fue, por así decirlo,  el otro gran maestro del paisajismo romántico de Dresde. . Esta pintura, homenaje a su ciudad de adopción, que comparte la vista de la ciudad prácticamente desde el mismo punto que la de Canaletto de un siglo antes que os pongo a continuación, muestra bien claro la preferencia romántica por las luces que confieren un carácter misterioso y poético al entorno

 

Bernardo Bellotto, il Canaletto-Vista de Dresde desde el puente de Augusto (National_Gallery_of_Ireland)

 

A pesar de que Dahl comparte algunos temas con Friedrich, sin embargo su pintura carece del significado simbólico que tenía la de aquel, aunque en ocasiones se aproximen mucho como en esta Tumba megalítica en invierno.

 

Johan Christian Dahl – Megalith Grave in Winter 1824-1825

 Sin embargo el carácter político reivindicativo de las raíces germánicas de la pintura de Friedrich de las ruinas de Cairn, en Dahl se convierte más bien en una observación precisa y minuciosa de la realidad.

 

Caspar David Friedrich (1774-1840), The Prehistoric Tomb in Autumn, ca. 1820. Dresda, Gemäldegalerie Alte Meister

 

Como ya dijimos anteriormente, algunas de las mejores pinturas de Johan Christian Dahl tienen su origen en la impresión que causaron en el los paisajes contemplados durante el viaje que realizó a su tierra natal de Noruega en 1826. Todos estos pintores,en realidad, aunque realizaron frecuentes viajes y tomaron apuntes del natural, no son sin embargo pintores plenairistas pues recreaban después la realidad de la naturaleza en el interior de sus estudios.

 

Johan Christian Dahl – Winter at the Sognefjord 1827

 

Slindebirken,_Vinter_(I.C._Dahl). Johan Christian Dahl’

 

Otro motivo habitual en todos estos pintores es lo que se podría llamar según expresión de John Ruskin en Moderns Painters, la falacia sentimental (pathetic fallacy). Ruskin se refería, en ejemplos literarios, a la atribución de sentimientos humanos a sujetos  no humanos, especialmente a elementos del paisaje; pero podría perfectamente haber estado definiendo la nueva actitud hacia la naturaleza en general y hacia los árboles en particular. Muy a menudo, en estos cuadros del paisaje, sentimos una empatía intensa del artista con la vida de un árbol determinado, como si pintaran un retrato.

 

Abedul en la tormente 1849 Johan Christian Dahl

Esto es particularmente dramático en este cuadro de Johan Christian Dahl de un abedul en una tormenta que nos muestra al arbol literalmente colgado del borde de un peligroso precipicio y resistiendo los embates del viento.

 

Dahl, Johan Christian TITLE Hellefossen ved Hokksund 1838

Johan Christian Dahl además de sentirse inspirado por lo que podríamos llamar lo sublime matemático, según la propia definición de Inmanuel Kant en la Crítica del Juicio, es decir, lo infinitamente grande rodeado de esa quietud y sosiego desusado que caracterizan muchos de los cuadros de Friedrich, también se interesaría por ese otro sublime llamado dinámico. Me explico. Segun Kant lo sublime matemático ocurre cuando en la naturaleza nos enfrentamos a algo vasto en extremo, algo que lleva a nuestra imaginación hasta sus límites, haciéndola desfallecer en el intento de abarcarlo. Lo sublime matemático ocurre cuando la razón tiene que enfrentarse a grandes magnitudes acerca de la naturaleza cuyos límites tiene que forzar.

 

Måbødalen, Norway’ by Johan Christian Dahl, 1854, Bergen Kunstmuseum.

Lo sublime dinámico, sin embargo, nos muestra el destino moral del hombre. La naturaleza tiene fuerzas superiores al ser humano, ante las cuales no podemos más que sentirnos abrumados. Asi pues, lo sublime dinámico seria más que lo enormemente grande,  lo enormemente poderoso.

 

Johan Christian Claussen Dahl – Morning after a Stormy Night 1819

 

Por ejemplo, Kant pensaba que un fenómeno natural como un volcán en erupción o una tormenta provocan, por un lado, miedo y por otro valor, en el sentido de capacidad de resistir. De modo que Kant entiende lo sublime dinámico como un duelo entre el hombre y la naturaleza.

 

Johan Christian Dahl Erupción del Vesubio 1820

Dahl, como muchos otros románticos, se sintió atraído por este poder de la naturaleza desatada.

 

Naufragio en la costa de Finnmark Johan Christian Dahl

 

Y bueno, no puedo terminar esta entrada sin hacer mención, aunque sea breve a los alumnos que pasaron bajo la enseñanza de Dahl  en la Academia de Bellas Artes de Dresde. Entre ellos sus compatriotas Thomas Fearnley y Jacob Mathias Calmeyer.

 

Thomas Fearnley – El glaciar Grindelwald 1838

Thomas Fearnley (1802-1842) fue el gran introductor de la pintura romántica en Noruega. Como romántico, tenía una especial predilección por los motivos de poderosas montañas y cascadas, especialmente en sus obras monumentales. “Labrofossen” de 1837, “El Glaciar Grindelwald ” de 1838 y ” Slindebirken ” de 1839 que se considera una de sus obras principales.

 

Slindebirken, Viejo abedul en el fiordo de Sogne 1839

Otro de sus principales discípulos fue Ernst Ferdinand Oehme (1797-1855), nacido en la propia ciudad de Dresde. Junto con Johann August Heinrich (1794-1822), un estudiante de Friedrich, se familiarizó con el campo de los alrededores, especialmente la Suiza sajona , y practicó lo que más tarde se conocería como pintura al aire libre . Tuvo su primera exposición en la Academia en 1821 con “Catedral en invierno“, una obra que muestra la influencia de Friedrich.

 

Cathedral in Winter’ by Ernst Ferdinand Oehme 1812

Desde la década de 1830, Oehme se separó del modelo de Friedrich y se dedicó a una representación del paisaje que es más realista y menos simbólica.

 

Ernst Ferdinand Oehme-Dentro del Bosque 1822

Y finalmente la lista no estaría completa sin mencionar a otro pintor nacido en Dresde, Adrian Ludwig Richter, 1803 – 1884. Para vivir su inclinación artística, también estudió con una beca en la Academia de Arte de Dresde . De 1820 a 1821 acompañó como dibujante al príncipe ruso Narischkin en un viaje al sur de Francia y París. Durante sus años en Dresde fue compañero de otros tantos pintores que no voy a cubrir  como Adolf Schaubach,  Ernst Ferdinand OehmeCarl Wagner.

 

Crossing The Elbe At Aussig by Adrian Ludwig Richter 1837

Por su larga vida, Richter supera con mucho el período que tratamos pues no sólo fue uno de los pintores romáticos de Dresde, sino que trabajó como diseñador para la fábrica de porcelana de Meissen , y en 1841 se convirtió en profesor y director del taller de paisaje en la Academia de Dresde. Además fue  el ilustrador alemán más típico y más popular de mediados del siglo XIX.  De especial encanto son sus ilustraciones para The Vicar of Wakefield (1841),  y para muchos otros cuentos de hadas, como el Goethe Album (1855).

Karl Ludwig Richter – Lago en Riesengebirge 1839

Como sea, lo que me interesaba contaros es cómo todos estos pintores vivieron  en la ciudad de Dresde en el breve periodo de tiempo que abarca desde 1810 a 1840. Unas décadas, políticamente muy convulsas por la invasión napoleónica y las consecuencias posteriores del Congreso de Viena, pero que al mismo tiempo fueron de una creatividad extraordinaria en una ciudad relativamente pequeña que por entonces rondaba los 60.000 habitantes, una población similar a la que hoy cuentan ciudades españolas como Ciudad Real o Zamora. Algo que deja bien claro que no se trata de una ciudad cualquiera, como os vengo contando en una serie de entradas que aún tendrá continuación.

Unas palabras de Friedrich Hölderlin

Unas palabras del Hyperion de Friedrich Hölderlin

 

Hölderlin en 1792

 

Johann Christian Friedrich Hölderlin, destinado a la carrera eclesiástica, ingresó en el seminario de Tubinga a la edad de 18 años para terminar sus estudios de Teología. Allí conoció y compartió habitación, en un célebre cuarto en el que, según dicen, nunca se apagaban las luces, con los futuros filósofos Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich Schelling. Los tres Friedrich sintieron un profundo interés por la filosofía y leían a Spinoza, a Leibniz, a Platón y, sobre todo, al gran reformador de la filosofía alemana, el gran Inmanuel Kant. Hegel, Schelling y Hölderlin, los tres  Friedrich, se influyeron tanto mutuamente que incluso algunas de las obras que produjeron en aquel entonces parecen ser obras a seis manos. Todos se formaban para ser clérigos, sin embargo ninguno de ellos llegó a ejercer como tal. Eran los días de la Revolución Francesa, de la entusiasta proclamación de la libertad, de la igualdad  y de  la fraternidad entre los hombres, que despertaron por toda Europa la conciencia y, sobre todo, la esperanza de un nuevo tiempo para la Humanidad. Juntos, los tres Friedrich para conmemorar ese nuevo tiempo plantarían en la plaza del Mercado un árbol de la libertad.

 


‘The Liberty Tree.’ (Dance around the Liberty Tree: probably during the French occupation of the Rhineland, October 1792-March 1793).

Después de un tiempo en un cargo como preceptor poco exitoso de un niño con difícil temperamento que le consiguió el dramaturgo Friedrich Schiller, Hölderlin se instaló en Jena, donde se encontraba  en pleno apogeo el círculo de los hermanos Schlegel, la interesantísma Caroline Michaelis, (de la que ya os hablé en otro post), su amigo Schelling (Hegel estaba entonces de preceptor en Berna) y donde tuvo encuentros con personalidades extraordinarias como Goethe, Herder o el también poeta  Novalis y donde acudiría a las clases impartidas por Fitche en la universidad de la ciudad que estaba entonces, y con razón, en la cúspide de su fama. Casi nada. Hay quien afirma que desde Atenas, nunca se había dado históricamente un ambiente de tal profundidad y hondura filosófica. Fue en esos años donde escribió la mayor parte de Hiperión, la novela epistolar de la que surge la cita del final que, aunque breve, ha sido lo que ha dado razón última a este post.

Falto de recursos, volvió a vivir con su madre hasta que un amigo le encontró un trabajo en Franfurkt en casa del banquero Gontard, de cuya esposa, Susette Gontard, madre de cuatro hijos, se enamoró perdidamente siendo, a la sazón, correspondido por ella. Su correspondencia es uno de los hitos del romanticismo alemán. Susette es la Diótima de Hiperión y el gran amor del poeta. Hölderlin la llamó Diótima como el personaje de El banquete de Platón, aquella mujer que fue capaz de enseñar la filosofía del amor al mismo Sócrates.

 

Susette Gontard y Friedrich Hölderlin

 

Dos años después y tras pasar por un penoso altercado con el marido de Susette, tuvo que abandonar la casa de los Gontard en Frankfurt, aunque siguió manteniendo con ella una relación clandestina y, a pesar de algunos encuentros furtivos, mayormente desde la distancia. Susette le escribiría poco después de su partida:

Es como si mi vida hubiera perdido todo significado; solo por el dolor sigo notando su existencia”.

Un par de años después, cuando consiguió publicar el segundo tomo de su Hiperión, le envió un ejemplar a Susette con la dedicatoria: “¿A quién sino a ti?”

Te copio ahora cartas que Diótima y yo nos escribimos tras mi despedida… Son lo más precioso que puedo confiarte. Son la imagen más cálida de aquellos días de mi vida…¡Ah!, Y verás en ellas también con cuánto amor fui amado. Esto no te lo hubiera podido decir yo nunca; es solo Diótima quien lo dice. (Hiperión a Belarmino. L.II. 1)

 

Comienzan entonces sus problemas mentales severos que, desde su época de estudiante, habían ido apareciendo en forma de periódicas depresiones y que se desatan provocando una importante y severa primera crisis . Poco después, se traslada a Francia para trabajar para el cónsul alemán en Burdeos y visita  París. Es allí donde recibirá una carta de un amigo comunicándole la muerte de  Susette. Hölderlin tardará casi un mes en llegar, caminando, hasta la casa de su madre. Cuando ésta le abrió la puerta, se espantó al ver que su aspecto era casi irreconocible. El explicaba que había sido golpeado por Apolo.

 

 

 

Desde aquel momento, sus crisis mentales se suceden. En 1805, un médico que le visita declara: “Su locura se está convirtiendo en frenesí, y es imposible comprender su lenguaje, que parece una mezcla de alemán, griego y latín“. Finalmente es internado en una clínica de Tubinga, pero su estado no mejora.

Pero en el verano de 1807 sucede algo imprevisto, un ebanista de esa ciudad, llamado Ernst Friedrich  Zimmer, entusiasta  lector de  Hyperion, le visita en la clínica y decide llevárselo a vivir con su familia  a una casa que compra a tal efecto junto al río Neckar. Sobre su taller de la planta baja, tenía una modesta vivienda en la que, ese mismo año, acogió a Friedrich Hölderlin. Allí permaneció el poeta, en su cuarto circular, durante 36 años, hasta su muerte, que no llegó hasta 1843, siempre apreciado y cuidado por la familia del ebanista, incluso tras la muerte de éste, y en un estado de locura pacifica que no le impedirá seguir escribiendo poemas, los famosos poemas de la locura, con un una cierta incoherencia pero no exentos de un fuerte hálito poético. Hoy en día el lugar es sede del Museo Hölderlin

 

 

La torre de Hölderlin en Tubinga, lugar en el que se hospedó hasta su muerte.

 

Allí, al cuidado de Zimmer y su familia, Hölderlin  componía música de piano -cuenta Bettina von Armim que cuando la princesa von Homburg le regaló un piano,  cortó casi todas las cuerdas, dejando sólo algunas, y sobre ellas improvisaba- , daba largos paseos a enormes zancadas por los parques y los alrededores de la ciudad, con un aspecto infantil de niño grande, lo que le hacía con frecuencia ser objeto de mofas y persecuciones por parte de los estudiantes.  De vez en cuando recibía visitas de viejos amigos y admiradores a los que se dirigía adoptando la nueva personalidad de Scardanelli,  voluntariamente olvidado de su identidad, y siempre actuando con una mezcla de extrema lucidez y repentina locura que desconcertaba por completo a sus visitantes. Fecha poemas con cien años de adelanto o de atraso. Permanecerá, sin embargo, siempre fiel a su Hyperion, que recitaba a menudo en voz alta y del que leía pasajes a sus visitantes. Para él ya no existirá sino aquel recinto, el papel sobre el que escribe sus últimos poemas, su piano y las visitas a quienes ya no reconoce.   El 7 de junio de 1843, después de contemplar desde su ventana los campos infinitos, murió en paz. Aquí os cuelgo dos de esos “poemas de la locura”:

 

NO TODOS LOS DÍAS

No todos los días alcanzan la belleza

Para aquel que añora las alegrías

De los amigos que le amaron, de los hombres

Demorándose con afecto junto al adolescente.

(Ernst Zimmer, en su carta del 22 de diciembre 1835 a un desconocido, incluye este poema diciendo que lo escribió un par de años antes)

VISION (fragmento)

¡Oscura, cerrada, parece a menudo la interioridad del mundo,

Sin esperanza, lleno de dudas el sentido de los hombres,

Mas el esplendor de la Naturaleza alegra sus días

Y lejana yace la oscura pregunta de la duda.

Humildemente Scardanelli. 24 de Marzo de 1671.

 

Luis Cernuda, que siempre le admiró, dijo de él: Hölderlin, con fidelidad admirable, no fue sino aquello a que su destino le llamaba: un poeta. Pero ahí nadie le ha superado en su país, ni en otro país cualquiera. Era esta fidelidad lo que admiraba Cernuda, esa entrega incondicional del poeta a no se sabe qué fuerzas que hablan por su boca, esas fuerzas ocultas cuyos productos solemos denominar arte. Como Van Gogh, como Antonin Artaud, como Leopoldo María Panero, como tantos alucinados a los que una tensión infinita les ha llevado a la locura.

 

 

En el verano de 1979, cuando yo solo contaba 15 años, y quizás llevado por mi pasión por Luis Cernuda, compré este Hiperión que fue uno de los primeros libros de mi biblioteca y el primero de la editorial del mismo nombre, fundamental en mi educación poética. Aún recuerdo, pocos años después,  los ahora tan distantes días en el edificio de filosofía B de la Universidad Complutense de Madrid, en el jardín de la cafetería, en aquellas tardes robadas de sol tibio en las que mi amiga, la dulce Julia- asidua fiel, después de tantos años, de este blog y a quien hoy quiero dedicar este post-, me leía, en el más dulce alemán que jamás he oído, los versos de Hölderlin.

 

 

Hoy tantos años después,mis lecturas han vuelto a ese libro que. amarillento y algo desencuadernado, tengo ahora encima demi mesa. Y dice así:

 

 

Sagrada naturaleza. Siempre eres igual, en mí y fuera de mí, a lo divino que hay en mí. Ser uno con el todo, este es el vivir de los dioses; esto es el cielo para el hombre. Ser uno con todo lo que vive, y volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, tal es el punto más elevado del pensamiento y de la alegría, es la sagrada cumbre de la montaña, es el lugar de la eterna calma, donde el mediodía pierde su bochorno, se desvanece de la voz del trueno, y el mar que se agita y se llena de espuma recuerda las ondas de un campo de trigo.

Las Universtitätsmamsellen, cinco mujeres intelectuales del Romanticismo alemán

Hoy quiero dedicar mi entrada no a una exposición sino a una serie de mujeres pioneras. Al que siga mi blog ya sabrás que tengo especial afecto y predilección por la búsqueda de estas mujeres pioneras que supieron rescatar su libertad de un mundo eminentemente patriarcal y masculino. Hoy hablaré de un grupo de mujeres que acabo de descubrir. Se trata de cinco mujeres intelectuales del romanticismo alemán en concreto en torno a la Universidad de Gotinga y a las que se conoce como Universitätsmamsellen que deduzco es una mezcla del término universidad y mademoiselles. Las cinco jóvenes, nacidas entre 1750 y 1770, comparten además el ser todas hijas de eminentes profesores de aquella ilustre universidad de la baja Sajonia, recientemente fundada, en el año 1734 por el entonces príncipe elector de Hanóver y que sería posteriormente Jorge II rey de Gran Bretaña.

 

The historical premises of Göttingen University (pen drawing with water colours, by Friedrich Besemann (1796–1854); Städtisches Museum Göttingen)

 

Estas cinco mujeres son Caroline Schelling, Philippine Engelhard, Meta Forkel-Liebeskind, Therese Huber y Dorothea Schlözer.

 

De todas ellas la más conocida fue Caroline Schelling, nacida Michaelis, viuda de Böhmer, y casada después sucesivamente con August Willhelm Schlegel y Friedrich Schelling. Caroline es mejor conocida por haber estado en el centro del primer círculo romántico alemán en Jena sin ninguna exageración, el primer grupo vanguardista de la historia.

Goethe, Schiller, Wieland, Klopstock, Lessing y Herder

 

El grupo incluía, entre otros, a su segundo marido, Wilhelm Schlegel; su hermano Friedrich; la futura esposa de este último, Dorothea Veit (hija del filósofo Moses Mendelssohn); los escritores Novalis, Tieck y Hülsen; los científicos Steffens y Ritter; el teólogo Schleiermacher (en Berlín); y su esposo posterior, el filósofo Schelling. El círculo tenía además contacto regular con el filósofo Fichte, con Goethe y Schiller, y, aún de mayor significado cultural, con una asombrosa y casi desconcertante gama de destacados académicos, periodistas, libreros, artistas y personalidades del teatro. Prácticamente todas las figuras asociadas con este estudiadísimo período literario de Weimar-Jena, así como muchas del Berlín de finales del siglo XVIII, o la conocían personalmente o de lo contrario aparecen en sus cartas que son sin duda su principal obra literaria.

 

Los dos hermanos Schlegel con sus respectivas esposas

 

Su casa de Jena fue siempre uno de los másimportantes centros de reunión de los escritores y pensadores del Romanticismo,y en muchos sentidos la considera como una de las primeras mujeres intelectuales que se situaba de igual a igual con sus padres masculinos provocando una verdadera emancipación intelectual de un nuevo tipo de mujer, que, lejos de ser un objeto, comenzaba entonces a influir decisivamente en la vida cultural. Sus puntos de vista siempre razonados y sus opiniones a veces contundentes y con una cierta y refinada malicia le hicieron ser muy temida por sus adversarios, debido a lo tajante de sus juicios y le valieron el apodo de Madame Lucifer, al parecer puesto por el dramaturgo Schiller.

 

La casa azul era la casa familiar de Caroline en gottinga

Hija del renombrado orientalista Johann David Michaelis y criada en el medio profesoral de esa ciudad universitaria, se casó con el médico Franz Wilhelm Böhmer, de quien enviudó después de cuatro años: fue una época aunque tranquila, personalmente no muy satisfactoriapara ella, aunque tuvo una hija Auguste Böhmer cuya historia trágica marcaría el destino de su madre.

 

JORGE FEDERICO FELIPE DE HARDENBERG (NOVALIS)

Tras su muerte en 1788, regresó a Gotinga, donde frecuentaba personalidades como el poeta Gottfried August Burger o el crítico romántico August Wilhelm Schlegel. En 1791, se mudó a Maguncia, donde participó activamente en el club jacobino partidario de la Revolución francesa, que desembocó en la proclamación de la breve República de Maguncia y cuyo activismo le supuso una breve encarcelación por sus ideas políticas revolucionarias que la estigmatizó a ojos de la sociedad bien pensante.

 

Auguste Böhmer, la hija de Caroline

Era Caroline, según noticias de sus contemporáneos, una mujer extraordinariamente atractiva, que poseía ese elemento cautivador de la gracia y suavidad, con una peculiar mezcla de inteligencia, animación, ingenio y sentimiento. Esa particular disposición armoniosa general que, como dicen las fuentes, parecía respirar amor y demandar amor, aunque no fuera su intención, ni aún su cálculo, sino simplemente fruto de su naturaleza más íntima; Caroline, a decir de Goethe, no podía ser de otra manera; ella no se veía afectada, era ingenua, abierta, sincera y poseía algo de ese abandono que nace de la inocencia cualidades todas ellas por las que ejercía un poder irresistible sobre los corazones masculinos.

 

Goethe en la campiña romana (1787), por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.

En realidad esta era una situación compartida por todas estas mujeres poderosas que se veían invariablemente rodeadas por un círculo de hombres distinguidos que caían seducidos por su atractiva emancipación queles hacía situarse a la misma altura de sus congéneres masculinos. Lo cual, dicho sea de paso, era por otro lado razón suficiente para que esas mujeres fueran odiadas con ferocidad por otros hombres y, sobre todo, otras mujeres

 

Friedrich Wilhelm Schelling

 

Caroline lo tenía claro. Ella quería ser profundamente feliz Y, aunque no lo lograse, lo que sí tenía claro es que jamás sería desgraciada:

El destino no decide mi suerte, no me sirvo de las ocasiones favorables que me ofrece y tampoco tengo en cuenta sus malas jugadas… a pesar de los dioses y de los hombres, seré feliz; no daré lugar a que me dominen la amargura y la pena; seré siempre dueña de mis fuerzas y no perderé el dominio que poseo… cuando no puedas lograr lo que desees, busca otra cosa, y si tampoco puedes lograrla, entonces no profieras quejas serviles, sino ahógalas en tu orgullo…. No sé si alguna vez llegaré a ser feliz;, lo que sí sé con certeza es que jamás seré desgraciada… Nada me perdono menos que no estar alegre. nunca llegará el día en que no disfrute una alegría por pequeña que sea…

 

Friedrich Wilhelm Schelling, Retrato de Joseph Karl Stieler, de 1835

Caroline tuvo una larga lista de relaciones amorosas, se casó, como hemos visto,  con uno de los hermanos Schlegel, que la adoraba profundamente desde niña.  pero hallaría finalmente el amor que, a pesar de que llegó una manera trágica e intensa, le proporcionó una felicidad tardía pero profunda y agradecidamente reconocida en los brazos de Friedrich Schelling, un hombre doce años menor que ella y al que ayudó en la redacción de lo mejor de su obra y con cuyo nombre ha pasado a la historia.

 

Copia del busto de Auguste Böhmer por Friedrich Tieck

Y digo que fue trágica e intensa porque Schelling fue primeramente pretendiente de su hija Auguste, con la que llegó a estar prometido y que murió en extrañas circunstancias por la aplicación de ciertas terapias médicas sugeridas por el propio Schelling. O al menos así lo quiere la hagiografía romántica. Pues recientemente Robert Richards afirma en su libro The Romantic Conception of Life que las intervenciones de Schelling no solo fueron apropiadas sino sobre todo irrelevantes dada la inevitable enfermedad fatal de Auguste. , Como sea, fue su muerte lo que acerco a Schelling y Caroline en un momento en que Schlegel se había desplazado a Berlin, realmente el divorcio fue arreglado con la  ayuda e intermediación del propio Goethe. De Auguste se conserva un busto encargado al escultor Friedrich Tieck y un monumento funerario diseñado por el escultor danes Berthel Thorvaldsen.

 

Su obra literaria incluye un ensayo sobre Romeo y Julieta, de 1797, y un diálogo sobre La pintura de 1798, ambos escritos mientras aún seguía casada con Schlegel. Pero a partir de su matrimonio con Schelling se dedicó principalmente a editar y corregir las obras de este y de sus amigos de Jena, con los que mantuvo un cuantioso epistolario que es una de las mejores fuentes de información del Romanticismo alemán y que se puede consultar en inglés en esta web.

 

Meta Forkel Liebeskind

 

Meta Forkel-Liebeskind fue siempre amiga íntima de Caroline, de hecho fue ella quien le presentó al que seríasu segundo marido, Schlegel. Madame Meta Forkel nació como Sophie Margarethe Dorothea Wedekind, hija y hermana de profesores universitarios de Gotinga, lo que facilitó su educación, y aunque su familia la llamaba Gretgen, ella prefería llamarse Meta. Aunque se casó muy pronto, a los 16 años, con un musicólogo, Johann Nikolaus Forkel, inquieta como era, también se separó a los dos años con un hijo.

 

 

Meta fue fundamentalmente una escritora y traductora. Su obra más conocida, aunque en el momento de su publicación fue editada anónimamente, es la novela en dos volúmenes María. Posteriormente meta se casaría una segunda vez con el juez de la Corte de Apelación Johann Heinrich Liebeskind,

 

 

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Therese Huber nacida Marie Therese Heyne fue hija del profesor de filología clásica de laUniversidad de Gotinga Christian Gottlob Heyne. Las tres, Therese, Meta y Caroline se llevaban menos de dos años y eran todas hijas de profesores con lo que es fácil presumir que se influirían mutuamente. Therese se casaría con un tipo muy interesante, el viajero y etnólogo Georg Forster que había viajado  con James Cook en su segunda expedición alrededor del mundo.  acompañando a su padre que, como naturalista, elaboró el informe científico del viaje para publicarlo a su regreso.

 

Georg_Forster

 

La pareja se trasladó a vivir a Lituania, entonces en la órbita germánica, y luego volvió a Gotinga con tres niños y un matrimoio que como a todas sus amigas tampoco le funcionó. Afortunadamente  Forster se implicó muy activamente en el episodio de la República de Maguncia, y a su fracaso, se trasladó a París, lo que permitió a Therese y su amante, Ludwig Ferdinand Huber, que ya vivía con ellos en Maguncia, arreglar su relación e incluso tener siete hijos más. Aún así, Therese jamás dejó de escribir cuentos, relatos de viajes, ensayos y novelas cortas que al principio se publicaba bajo el nombre de su marido. Después trabajaría como redactora en un periódico y escribiría más de 4500 cartas con los intelectuales más importantes de su tiempo. Luise Una contribución a la historia de la conveniencia, Ellen Percy o la educación a través de los destinos, Las Aventuras de un viaje a Nueva Holanda son algunas de sus novelas más conocidas, siempre con un tono para la época bastante feminista.

 

Dorothea Schlšzer (1770 bis 1825), GemŠlde von Benita Seeburger See (?), Foto: Frank Stefan Kimmel (MŠrz 2009)

Dorothea von Rodde-Schlözer, la más joven de las cinco, era seis años menor que Caroline, era igualmente  hija de un profesor de la universidad de Gotinga, August Ludwig Schlözer, un historiador y pedagogo y de una madre artista y pintora.

 

Silueta del Profesor Schlözer con su familia su mujer y sus cinco hijos, la primogénita Dorothea con un Globo terraqueo en el regazo

 

Su padre, que como ya hemos dicho estaba muy interesado en la pedagogía de Johann Bernhard Basedow, afirmaba, revolucionariamente para la época,  que no había ninguna diferencia a priori ni en la naturaleza entre la inteligencia de las mujeres y la de los hombres. A consecuecia de una disputa con otro catedrático sobre las ideas de Basedow, acordaron   educar a sus hijos primogénitos siguiendo métodos distintos y resultó que los dos primeros hijos de ambos profesores fueron niñas. Como consecuencia, Dorothea tuvo a los mejores tutores que pudieron encontrar y un plan de estudios muy sistematizado que le llevó a dominar 9 idiomas con 16 años. Estudió matemáticas, óptica,  zoología y botánica,  religión, minería y mineralogía.

 

la primera mujer en obtener un doctorado en Dorothea Exleben la primera mujer en conseguir un titulo de medicina en Alemania, en la Universidad de Halle en 1754.

 

Junto con Dorothea Erxleben, sería la primera mujer admitida en la Universidad después de superar unos exámenes tremendamente exigentes y que le permitió graduarse antes de cumplir los 20 años. Se casó con un rico senador pero, aún así, no quiso perder su apellido y sería ella la primera mujer que en Alemania introduciría el apellido doble.

 

Jean-Antoine Houdon: Busto de Dorothea von Rodde-Schlözer

Organizaba tertulias con los principales intelectuales de la época y destacó incluso como pintora llegando a pintar un retrato del Káiser Francisco II. Mantuvo además una relación de tres incluyendo en su matrimonio al escritor francés Charles de Villers, el traductor al francés de la filosofía de Inmanuel Kant

 

PORTRAeT-VON-PHILIPPINE-ENGELHARD-GEB-GATTERER

 

La última y la mayor de las cinco es Philippine Engelhard unos diez años mayor que las otras. Hika también de un profesor de historia de Gotinga. Recibió importantes influencias de sus contínuos contactos con estudiantes universitarios y de las visitas de eminentes científicos y personalidades a la casa de sus padres.  Fue muy amigade Therese Huber y su primer marido Georg Foster. Se casó con Johann Philipp Engelhard, consejero privado del principe de Hesse-Kassel, y director de la Escuela de Guerra de Hesse por lo que llevó una vida cortesana,sin dejar por ello de escribir. Tuvo bastantes amistades literarias con los Hermanos Grimm, Bettina von Armin y su hermano Clemens Brentano, Elisa von der Recke. Philippine es fundamentalmente poeta en la órbita del Sturm und Drag con  una característica expresión de un fuerte sentido del yo, propia del romanticismo. La vivacidad, el humor y el ingenio, la franqueza y la imaginación, y  la insistencia en la sensación  ya fueron  enfatizadas en los juicios contemporáneos.

 

Madame de Stael retratada como Corrine en el Cabo Miseno, la protagonista de su novela homónima. Oleo de François Gerard pintado póstumamente

 

Y bueno eso es todo. Vale la pena llamar la atención en que fue el Romanticismo el primer movimiento en el que la mujer halló un mejor y más perfecto acomodo, apareciendo los primeros grupos de mujeres escritoras en casi todas las lenguas baste llamar la atención sobre Anne-Louise Germaine Necker, Madame de Staël, Sophie de Condorcet, George Sand en Francia, Anna Laetitia Barbauld, Jane Austen, Hermanas Bronte, Elizabeth Barrett Browning, Felicia Hemans, Mary  Shelley, Charlotte Turner Smith, Emily Dickinson, Christina Rosetti en la órbita anglosajona o en España, aunque más tardíamente, Rosalia de Castro, Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero), Carolina Coronado o Concepción Arenal.