La Subasta del siglo: La Colección de Peggy & David Rockefeller dobla el récord de recaudación de una colección privada.

La Colección de Peggy & David Rockefeller alcanza en su subasta en Chirstie’s dobla el récord de recaudación para una colección privada

Cuando murió David Rockefeller, el pasado mes de marzo, a la edad de 101 años, el último eslabón vivo de la Edad Dorada de los multimillonarios neoyorquinos desapareció con él. Era el multimillonario más longevo del mundo, y el nieto más joven y único superviviente del primer multimillonario estadounidense, John D. Rockefeller Sr. (1839-1937), uno de los “barones ladrones” originales.El término Robber Barons (barones ladrones) se acuñó en el s XIX en los Estados Unidos para denominar a los industriales y banqueros que monopolizaron sus respectivas industrias y amasaron gigantescas fortunas mediante prácticas que violaban la libre competencia en los mercados. Los más famosos de entre los conocidos como barones ladrones son John D. Rockefeller con el petróleo, Cornelius Vanderbilt con los ferrocarriles, Andrew Carnegie con el acero, y J.P. Morgan en la banca.

Mientras que el nombre del abuelo se convirtió en sinónimo de capitalismo, el nieto sin embargo se convirtió, en cierto modo, en sinónimo de retribución.El veterano jefe del Chase Manhattan Bank, Rockefeller era tanto un estadista como un banquero. LLegó a reunirse con una docena de presidentes de los Estados Unidos, desde Coolidge hasta Obama, y ​​fue recibido como un jefe de Estado por líderes mundiales como Nikita Khrushchev y Zhou Enlai; ejerció una influencia considerable en los asuntos financieros mundiales, así como en la política exterior de EE. UU. Sus logros cívicos en Nueva York van desde la arquitectura (construyó el One Chase Manhattan Plaza de 60 pisos, diseñado por Skidmore, Owings & Merrill, y ayudó a planear el World Trade Center original y el Battery Park City) hasta lo filantrópico (durante su vida , donó unos  mil millones de dólares a organizaciones benéficas) e incluso lo fiscal (jugó un papel decisivo en salvar a la ciudad entera de la bancarrota en los difíciles años 70).

En privado, con su esposa, Peggy, con la que estuvo casado desde 1940 hasta su muerte, en 1996, vivió a un nivel de refinamiento que probablemente nunca se volverá a repetir, en parte porque ya no es posible y en parte porque no es ni aún siquiera concebible. Connosieurs consumados, coleccionaron obras maestras, gran parte de ellas recibidas en herencia y otras muchas adquiridas por ellos, en un montón de categorías: pinturas europeas y americanas de los siglos XIX y XX, muebles ingleses y estadounidenses, porcelana europea, arte asiático, cerámica precolombina, plata, textiles, arte decorativo, arte popular y arte amerindio.

Todos estos artículos decoraban sus numerosas casas, magníficamente ubicadas, pero curiosamente nunca demasiado ostentosas exteriormente. El vivió sobre todo en una casa adosada de estilo colonial renacentista de  cuatro pisos en East 65th Street en Manhattan, con ocho dormitorios y otras seis habitaciones para el personal. Todavía este mismo año el personal incluía un mayordomo y tres doncellas.  “Funcionó como si fuera 1948 hasta el final de sus días” dice un amigo de la familia.

 

 

Este mes de mayo, siguiendo los deseos del Sr. Rockefeller, este legado – de alrededor de 1.600 lotes- ha salido en una espectacular serie de subastas en Christie’s en Nueva York, celebradas en el Rockefeller Center. La Colección de Peggy y David Rockefeller ha recaudado, según las estimaciones, más de 830 millones de dólares, lo que la ha convertido en la subasta más alta de la historia para una colección privada, doblando de largo el anterior récord establecido por la colección de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, que alcanzó en París los 443 millones. Ha sido, sin duda, la venta del siglo.

 

 

Con los cinco hijos, 10 nietos y 10 bisnietos de la pareja ya bien enriquecidos, según deseos de David Rockefeller, todos los ingresos de la venta se destinarán a una docena de organizaciones sin fines de lucro, incluidas la Universidad Rockefeller, la Universidad de Harvard, el Museo de Arte Moderno MOMA , el Consejo de Asuntos Exteriores y el Maine Coast Heritage Trust. Y aunque escandaliza todo, las cifras que marean y el propio hecho de que alguien pudiera poseer tal tesoro artístico que excede con mucho la colección de numerosos museos, también da cierta envidia sana esa costumbre tan americana de sus megamultimillonarios convertirse en benefactores de museos e instituciones culturales.

 

 

En fin, afortunadamente para mí, la colección ha podido verse en el Rockefeller Center antes de subastarse y os puedo enseñar algunos, que no todos, de los impresionantes tesoros que guardaba. A pesar de que había de todo, una cornucopia inacabable de arte decorativo y artístico que abarcaba muchos siglos y muchos continentes, había hasta una colección de patos y una impresionante sección dedicada a la porcelana de la que os colgaré algunos ejemplos, las joyas de la corona eran las pinturas impresionistas, postimpresionistas y el arte americano. Muchas de estas obras fueron adquiridas en los años 50 y 60, cuando los Rockefeller formaban parte de un círculo de coleccionistas legendarios que también incluían a William S. Paley y John Hay “Jock” Whitney.

El propio David Rockefeller había publicado en privado y distribuido exclusivamente a familiares y amigos un catálogo razonado de su colección. El monumental proyecto abarcó 31 años, y cada uno de los libros encuadernados en lino estaba meticulosamente impreso y bellamente ilustrado. El Volumen I: Obras de arte europeas apareció en 1984. El prefacio autobiográfico de 54 páginas que escribió para él sigue siendo la mejor fuente de información sobre el coleccionismo y la vida privada de la pareja. El Volumen II: Arte del hemisferio occidental, publicado en 1988, fue seguido por el Volumen III: Arte de Asia y culturas vecinas, en 1993, y el Volumen IV: Artes decorativas, en 1992, que, se suponía, iba a ser el último de la serie. Pero la longevidad y las compras incansables exigieron que apareciera, en 2015, el Volumen V: Suplemento.

Pablo Picasso (1881-1973) Fillette à la corbeille fleurie Price realised USD 115,000,000

Su mejor adquisición para su colección llegó en 1968, un año después de la muerte de Alice B. Toklas, la compañera de Gertrude Stein, que había acumulado una de las colecciones más importantes de arte moderno antes de morir, en 1946. Tras la muerte de Toklas, Rockefeller se enteró de que los herederos de Gertrude Stein iban a vender un tesoro de 47 obras de Picasso y Juan Gris que habían pasado a sus manos. Para comprar la colección completa, Rockefeller organizó un grupo con cinco de sus amigos millonarios, incluidos Paley, Whitney y su hermano Nelson. Quizás en la lotería más elitista de la historia, se colocaron seis números en papelitos en un viejo sombrero de fieltro y cada miembro del grupo extrajo un número para determinar el orden en que escogerían las pinturas que podrían quedarse. David Rockefeller extrajo el número 1, lo que le permitió quedarse con la obra más codiciada, esta niña de la época rosa de Picasso con una canasta de flores, pintada en 1905 y uno de los retratos más fascinantes del artista que sin embargo disgustó mucho a Gertrude Stein, cuando su hermano Leonard lo compró porque decía que tenía patas de mono. Fue la primera gran venta de un joven Picasso y la estrella de la subasta, recaudando 115 millones de dólares, aunque no el récord para un Picasso.

 

Picasso manzana

 

El lote de apertura de la subasta fue una pequeña pintura de Picasso de una sola manzana, hecha como regalo también para la escritora Gertrude Stein después de que estaba consternada porque su hermano, Leo, se quedó una naturaleza muerta de Cézanne de cinco manzanas cuando  separaron  la colección de arte que ambos habían reunido. Entonces Picasso le obsequió esta pintura de una sola manzana a Gertrude, una de sus primeras coleccionistas y admiradoras, como regalo de Navidad en 1914, y en la nota manuscrita al dorso que la acompaña muestra la amistad que unía al artista malagueño con Gertrude y su brutal deseo de destronar al maestro mayor: “Te pinto una manzana y será tan buena como todas las de Cézanne “. Alcanzó casi los 4 millones de dólares.

 

Henri Matisse, Odalisque couchée aux magnolias (1923)

Unos pocos lotes más tarde llegó otra de las joyas de la colección, el desnudo de Matisse Odalisque couchée aux magnolias (1923). Christie’s había promocionado mucho la obra en su exuberante catálogo como una de las mejores pinturas de Matisse que pudiera ser subastada, y, sin duda, una de las mejores en manos privadas. Las ofertas comenzaron en $ 58 millones pero   Xin Li, la vicepresidenta para Asia de Christie’s y el “arma secreta en la venta de obras maestras para multimillonarios asiáticos”  en menos de tres minutos ofreció 80.8 millones de dólares, un récord para una obra del artista en una subasta. El récord anterior de una pintura del artista en una subasta era de  40.9 millones, que se estableció en 2009 en Christie’s  París cuando se ofreció una pintura de 1911 del maestro francés con un tema similar, procedente de la colección Yves Saint Laurent y Pierre Bergé .

 

 

Solo dos lotes más tarde llegaba otra de las estrellas, estas Nymphéas en fleur de Monet , que tenía un presupuesto aproximado de $ 50 millones. De nuevo Li ofreció 84.7 millones y de nuevo, esta pintura, en verdad, hermosísima del último Monet se fue para China. Según la directora de Christies para Asia esta pintura era muy atractiva para el mercado asiático porque todos los nenúfares están en flor, lo que para los chinos es signo de buenos auspicios. Además la palabra china para nenúfar implica una unión pacífica y armoniosa. Asi que agua, armonía y buena fortuna inciden en el buen feng shui que tiene esta pintura para un espectador asiático.

Pero están eran las estrellas, no más. La colección era impresionante: Delacroix, Jean-Baptiste-Camille Corot, Claude Monet, Edouard Manet, Honoré Daumier, Odilon Redon, Camille Pisarro, Edouard Vuillard, Pierre Bonard, Pierre Renoir, Alfred  Sisley, Aristide Maillol,  Paul Gauguin, Vicent Van Gogh, Toulouse Lautrec, Paul Signac, George Seurat, André Derain, Ernst Ludwig Kirchner, Henri Matisse, Alexej von Jawlensky, Wasily Kandinsky, Raoul Dufy, Maurice de Vlaminck, Marc Chagall, Emil Nolde, Pablo Picasso, Juan Gris, Fernand Leger, Paul Klee, John Singer Sargent, Giorgio Morandi, Joan Miró, y, entre los americanos, Willem De Kooning, Arthur G. Dove, Georgia O’Keeffe, Milton Avery, Diego Rivera, Edward Hopper o Homer Winslow.

Para no hacerlo eterno os la cuelgo como galería, ordenadas de forma aleatoria. Y podeis verlas pinchando en la primera y avanzando. Saludos.

Los murales de John Singer Sargent en el Museo de Boston

En mi auténtica obsesión por ese magnífico museo que es el Museum of Fine Arts de Boston, hoy os traigo las pinturas de John Singer Sargent para la escalera de acceso y la Rotonda que es lo primero a lo que se accede según entras.

 

 

Nacido en Florencia de padres estadounidenses, formado en París y residente de Londres, John Singer Sargent se convirtió en el pintor favorito de Boston en la década de 1880. Aclamado a ambos lados del Atlántico por sus brillantes retratos al oleo, tras el cambio de siglo dedicó su talento a otras formas y medios de comunicación, incluyendo proyectos de mural público.

 

Las comisiones del Museo de Bellas Artes de Boston para decorar los espacios públicos más importantes de su nuevo edificio -la gran escalera y la rotonda- dieron lugar a una de las últimas y más ambiciosas obras de Sargent, culminación de su carrera como creador de grandes esquemas decorativos . Sargent consideraba todo el espacio como un lienzo gigante y reunía todos los elementos pictóricos, decorativos y arquitectónicos con la habilidad y la visión de un pintor.

 

 

El encargo original de Sargent en el nuevo museo de Bellas Artes especificaba que pintaría solamente los tres lunetos sobre las puertas de la rotonda del museo, que él había pensado rellenar con bajorrelieves Enseguida pensó que los espacios eran demasiado pequeños -y que los bajorrelieve eran un medio insatisfactorio- para sus ambiciosos diseños. A continuación, propuso cubrir las arcas del techo en la cúpula de la rotonda.

La Rotonda antes de las modificaciones

 

 

El aumento de superficie que produjo permitió a Sargent crear un programa más complejo que incluía ocho pinturas, doce relieves, y una gran cantidad de adornos arquitectónicos. En lugar de realizar frescos -esto es, aplicar la pintura directamente a las paredes húmedas de yeso-, Sargent produjo pinturas al óleo monumentales en sus estudios de Londres y de Boston. Los lienzos terminados fueron entonces adheridos a las paredes del Museo. Sargent también creó relieves de yeso, los marcos de sus pinturas y esculturas, los ornamentos que adornan las spandrel esporas e incluso las urnas y esfinges de estilo clásico en los balcones sobre las tres puertas de la rotonda.

 

 

El museo dio a conocer el elaborado trabajo de Sargent con gran fanfarria en octubre de 1921. Para complementar la arquitectura de influencia clásica del edificio, Sargent representó escenas de la mitología antigua. También inventó temas usando figuras mitológicas para ilustrar el papel del Museo como guardián de las artes.

 

La pintura clave -la primera obra de arte que los visitantes ven al ascender a la gran escalera- representa a Atenea, la diosa griega de la sabiduría, alejando una figura que representa el Tiempo y sus reveses, al mismo tiempo que alberga con su capa tres personificaciones de las artes visuales: La Escultura , La Pintura (derecha), y, en la pose de la Madonna de Brujas de Miguel Ángel (una de las muchas citas de Sargent del gran arte del pasado), la Arquitectura. Los marcos y los  ignudi que sujetan la cartela eran relieves en estuco.

 

Apolo y las Nueve Musas

 

El arte Clásico y el Romántico: A la izquierda están Pan y Orfeo, en el centro Apolo, como dios del sol, y a sus pies Leda, el cisne, que fue su madre. A la derecha Afrodita, diosa de la belleza, y Atenea, diosa de la sabiduría, que aparta de sí los atuendos guerreros.

 

La esfinge y la quimera.Mi favorito,en ese beso que está a puntito. No sabía explicar está relación y he descubierto que la esfinge era hija de Tifón y Quimera. aunque no parece un beso maternal

 

Vista general de la cúpula. Los tondos os los cuento ahora

 

Zeus y Ganimedes. Debajo en estuco, La Fama

 

La Musica-Por debajo, en estuco, Ménade y Sátiro

 

astronomia

 

Prometeo encadenado con un buitre comiéndole las entrañas. Debajo, en estuco, asoma el centauro Quirón y Aquiles

 

Eros y Psique

 

Centro. Atenea protegiendo las artes. A la izquierda y de arriba a abajo: La música, Sátiro y ménade y Las tres Gracias. A la derecha: La Astronomía, Arión y los delfines y las tres Gracias 

 

Los curadores del Museo, satisfechos con el éxito de los murales de la rotonda, invitaron a Sargent a expandir su obra en los espacios alrededor de la gran escalera. Sargent pidió de nuevo cambios arquitectónicos elaborados: pidió que las columnas que flanquean la escalera se movieran, y parte de la claraboya cubierta. Hizo doce pinturas y seis relieves para el nuevo proyecto, que tardó cuatro años en completarse. Los nuevos murales fueron revelados unos meses después de su muerte en 1925.

 

Para los espacios alrededor de la magnífica escalera, Sargent dibujó otra vez sus temas de la antigüedad clásica, representando Hércules, Orestes, y otros héroes. Apolo y su carro volar por encima, y las representaciones de la Ciencia, la Filosofía y la Presentación de la Verdad rodean la entrada de la biblioteca.

Apolo conduciedo su carro. En un extremo Selene que representa la luna saliendo de escena. El resto de las figuras representan a las Horas. Esta basado en un cuadro de Guido Reni,representando la Aurora. La figura desnuda  central está tomada de una foto de periódico cuyo boceto os cuelgo más abajo.

 

Los vientos. El viento del oeste llama alasnubes, en el centro en oscuro Septentrión el viento del norte. Ostro, el viento del sur que trae la lluvia, y el del este, Céfiro, que trae la primavera

 

Las Danaides que son las 50 hijas de Danao que están condenadas eternamente a verter agua en un recipiente con un agujero que constantemente la pierde

 

Frente sobre la escalera

 

En el centro La Verdad desvelada. A la ida. la Filosofía y a la dcha. la Ciencia

 

Atlas sosteniendo al mundo entre las Hespérides dormidas en su Jardín. Al fondo, el sol del atardecer y  las dos columnas de Hercules

 

Faetón cayendo de su carro en llamas.Detrás, encima, los signos zodiacales de Escorpio, Sagitario y Capricornio

 

Hercules luchando con  la Hidra de Lena

 

Orestes perseguido por las Erinias tras matar a su madre Clitemnestra que aparece a la derecha con una herida en el pecho

 

detalle

 

Perseo montando a Pegaso entrega la cabeza de Medusa a Atenea sin mirarla

 

El centauro Quirón enseñando a Aquiles el uso del arco y la flecha, bajo la supervisión de Zeus en forma de águila

 

 

Estos murales y los de la rotonda fueron restaurados por primera vez en 1999. La remoción de la acumulación de la suciedad de casi setenta y cinco años y el redescubrimiento de los colores de las paredes y otros rasgos decorativos originalmente planeados para los espacios, volvió a sacar a su esplendor original uno de los interiores de museo más hermosos en América.

 

En el piso bajo del Museo bajo la rotonda, se exponen algunos de las decenas de esbozos y dibujos preparatorios que hizo para esta obra.

El juicio de Paris que al final no usó

 

Y bueno, espero que os haya gustado. Otro de los centenares de tesoros que alberga este museo que es de mis favoritos. Y del que aún me queda mucho que contar

 

 

Esta foto es mía y es del gran salón del Museo. A la derecha, un San Francisco de Zurbarán, el retrato de Felix Hortensio Paravicino de El Greco y después Cristo tras la flagelación de Murillo. A la izda. una Inmaculada de José de Ribera, Retrato de Felipe IV (arriba) y de la Infanta Maria Teresa (abajo) y bajo un enorme cuadro de Rubens, La entrega de la cabeza de Ciro a la reina Tomiris, el maravilloso Retrato del príncipe Baltasar Carlos con un enano