PAJAMA: Un colectivo fotográfico en el Nueva York de los 50.

PAJAMA: Un colectivo fotográfico en el Nueva York de los 40 y los 50.

 

PaJaMa, Paul Cadmus and Margaret French, Provincetown, c. 1947

 

Hoy os quiero hablar de PaJaMa, un colectivo de artistas al que ya os introduje brevemente en mi anterior entrada sobre Paul Cadmus.

 

Margaret French, Goerge Tooker y Jared French

El colectivo PaJaMa estaba formado por las dos primeras letras de los nombre de tres pintores Paul Cadmus, Jared French y su mujer, Margaret Hoening French. Tengo que empezar recordando un poco cómo se gestó este grupo en el que se incluirán, como veréis, muchos más artistas hasta el punto de que A. Hyatt Mayor, conservador en el Museo Metropolitan  llegó a hablar de la “Escuela de Fire Island“.  Durante  casi veinte años, desde alrededor de 1935 hasta mediados de los cincuenta en que el matrimonio de los French se marchó a Europa, Paul Cadmus (nacido en 1904), Jared French (1905-1987), su mujer, Margaret, y, posteriormente, el joven George Tooker (nacido en 1920),  produjeron algunos de los trabajos más fascinantes y deslumbrantes de sus largas y entrelazadas carreras.

Paul Cadmus, retratado en 1928 por su compañero de estudios Luigi Lucioni

Paul Cadmus y Jared French se conocieron siendo estudiantes en la Liga de Estudantes de Arte de Nueva York, una institución fundamental en la historia del arte norteamericano por la que la lista de los que han pasado por allí es interminable desde Jackosn Pollock a Louise BourgeoisAlexander Calder,   Isamu Noguchi , Eva Hesse , Roy Lichtenstein , Donald Judd ,  Robert Rauschenberg y hasta Ivan Zulueta. Paul y Jared fueron colaboradores, camaradas, aliados incondicionales, amigos durante toda su vida y amantes gran parte de ella. Decir que Paul Cadmus era gay y Jared French  bisexual, es simplificar mucho una relación tan intensa que les unió toda la vida y que perduró incluso cuando Jared contrajo matrimonio con Margaret Hoening, una pintora quince años mayor que él y que siempre comprendió la intensidad de una amistad como la suya.

Jerry 1931

De 1931 a 1933 Cadmus y French vivieron en Europa, sobre todo en Mallorca, como os conté en la entrada anterior, principalmente porque eso es lo que hacían los aspirantes a artistas, viajar a Europa a empaparse de arte y porque entonces la vida era tremendamente barata en un lugar como Mallorca, pero también para ganar un poco de libertad relativa y  encontrar una cierta relajación de las costumbres puritanas de la sociedad norteamericana. En los Estados Unidos, los tribunales habían dictaminado que la homosexualidad era ilegal y además el arte, que se consideraba amenazador para la vida familiar, era sometido a censura. Cadmus y French leyeron la literatura moderna que había sido prohibida en los Estados Unidos como el Ulises de James Joyce o  El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence y defendieron con sus actos una libertad de elección sexual que era una parte integral de una lucha mayor por la libertad individual.

Paul Cadmus, ‘Two Boys on a Beach’, 1938

Cuando volvieron a Estados Unidos siguieron trabajando tan codo con codo que algunos de sus cuadros podrían ser atribuidos al otro sin problema. Sin embargo sería Paul Cadmus el que atraería todos los focos de la prensa por un escándalo suscitado por uno de sus cuadros The Fleet’s In ,como ya os conté en mi anterior entrada.

 

PaJaMa, Margaret French, c. 1947

En 1937, French se casó con la artista Margaret Hoening, quince años mayor y dueña de una considerable fortuna.  El matrimonio French compro un edificio en  St. Luke’s Place, en Greenwich Village, donde Paul y Jared compartieron su estudio, un arreglo que duró aproximadamente diez años,y en el que después se quedaría sólo Cadmus hasta que el matrimonio lo vendiera. La pareja también tenía propiedades en Nantucket y en Fire Island Pines, donde comenzaron a pasar los veranos juntos.

Margaret French The Moon by day

Durante la segunda mitad de los años 30, Paul y Jared hicieron bastantes amistades en el convulso Nueva York de la epoca previa a la Segunda Guerra Mundial. Dos personas fueron sobre todo fundamentales.

 

Lincoln Kirstein by Isamu Noguchi

 

Primero Lincoln Kirstein, entonces un intrépido agitador cultural que estaba intentando poner en marcha junto con George Balanchine  la School of American Ballet que sería en embrion del Ballet de Nueva York. Lincoln fue durante décadas una de las personalidades más conocidas e influyentes del mundo cultural neoyorquino. Aunque por entonces mantenía una sólida relación con el bailarín  Jose “Pete” Martínez, pronto se casaría con la hermana de Paul, Fidelma.

Fidelma Cadmus Kirstein, Self Portrait,

Tanto Pete como Fidelma serían miembros importantes del grupo de amigos.  Martínez era de Los Ángeles, donde había recibido su formación de danza, y había ingresado en la Escuela de Ballet estadounidense tan pronto como llegó a Nueva York. Kirstein y él vivieron juntos, y cuando Lincoln Kirstein se casó con Fidelma Cadmus en 1941, los tres vivieron juntos en un apartamento.

Jose Martinez, Fire Island

Quienes conocieron a los dos hombres en la década de 1930 dijeron que era capaz de entretener infinitamente a su amante, y que de todos los hombres en su vida, Martínez era el hombre que Kirstein más amó. Además, Martínez era guapo, y muchos artistas lo pintaron, dibujaron y fotografiaron. Fidelma Cadmus lo dibujó, Paul Cadmus lo dibujó y pintó, y George Platt-Lynes creó una hermosa serie de fotos de él desnudo en una abertura similar a una ventana, con un gran sombrero de paja.

George Platt-Lynes, José Pete Martinez, 1937

Fidelma Cadmus, la hermana de Paul, era una mujer extraordinaria, pintora ella misma. Se casó con Lincoln Kirstein, a pesar de su conocida y rumoreada adicción al sexo fundamentalmente con hombres, porque ambos compartían un complejo mundo psicológico.  Su larga unión estuvo marcada por la atención, el amor y las crisis mentales por ambos lados. Kirstein se sometió a tratamientos de electroshock para controlar sus arrebatos maníacos; también fue presa de la depresión profunda. Hoy, ambos serían diagnosticados como bipolares. El suyo es el tipo de logro que argumenta a favor de este particular desorden como un sombrío siervo de la grandeza creativa.

George Platt Lynes Fidelma Cadmus

Lincoln y Fidelma se habían conocido en una fiesta de otro de los miembros fundamentales del grupo, el fotógrafo George Platt Lynes. George era un fotógrafo entonces bastante exitoso, aunque acabaría con bastantes problemas, que trabajaba no sólo en el mundo de la moda o para estrellas de Hollywood, sino que durante sus viajes a Europa había establecido amistades sólidas con André Gide, Gertrude Stein, Jean Cocteau que posaron para él, o Man Ray, para el que posaría él.

Man Ray, Portrait of George Platt Lynes

A lo largo de esos viajes a Europa había conocido a una pareja de homosexuales, el escritor Glenway Wescott y Monroe Wheeler, con el que formaría un trío amoroso que duraría más de una década.

 

Glenway Wescott y Monroe Wheeler

Juntos, este extraordinario menage a trois pasó el vertiginoso período de entreguerras frecuentando París, Villefranche-sur-Mer y otras ciudades europeas, encontrándose con personalidades  como Thornton Wilder, Jean Cocteau, Katherine Anne Porter, Man Ray, René Crevel y Christian Birard. Inspirado por el estímulo de Gertrude Stein, Alice B. Toklas y Jane Heap, los tres hombres continuaron sus carreras en las artes. Platt Lynes se convirtió en un célebre fotógrafo en 1931; Wheeler, con la cuñada de Wescott, Barbara Harrison, comenzó la extraordinaria pequeña editorial, Harrison of Paris en 1930; y Wescott se convirtió en un escritor de ficción de gran éxito en 1927.

When we were three

Hay un libro de  Anatole Pohorilenko y James Crump, titulado When we were three, que habla de esta historia fantástica y que no he podido leer. Este trío singular sin embargo inspiró mucho tanto a Jared French como a Cadmus que le dedicaron sendos retratos.

Paul Cadmus, Stone Blossom- A Conversation Piece. De izda a derecha: Monroe Wheeler, Glenway Wescott y George Platt Lynes

 

Jared French Tríptico de retratos de Glenway Wescott George Platt Lynes y Monroe Wheeler

 

Paul Cadmus y George Platt Lynes frente al retrato del segundo pintado por el primero

 

George Platt Lynes and Monroe Wheeler by Paul Cadmus, 1940

 

Poco después, en 1944, Cadmus se encontraría con otro miembro fundamental, el extraordinario pintor George Tooker, que estaba estudiando en la Art Students League, y al que presentó inmediatamente a los French. Paul Cadmus y él se hicieron amantes y durante unos años, el trío que formaba con los French, se convirtió en un feliz cuarteto.

 

George Platt Lynes, George Tooker with Paul Cadmus and Jared French in Mirror, 1949

 

George Tooker by Paul Cadmus

George Platt Lynes | [George Tooker]

Desde finales de la década de 1930, Cadmus, Jared y Margaret French – y desde luego George Tooker desde mediados de la década de 1940 – pasaban los veranos en Provincetown, Fire Island y Nantucket. La mayoría de el tiempo lo pasaban en Saltaire, Fire Island, que se convirtió en el escenario de una serie de pinturas que es lo que  A. Hyatt Mayor  calificó como la “Escuela de Fire Island” y que han dado lugar a varias exposiciones últimamente.

 

Jared French Figuras en la playa 1940

La mayoría de las obras de los tres en esa época en la que compartieron estudio representan un mundo cerrado de paisajes elementales e interiores desnudos en los que figuras solitarias o pequeños grupos de ellas están esperando, escuchando en silencio o mirando hacia algún lugar vago.

Cadmus, Tooker, French en su estudio

Las pinturas no representan el mundo de apariencias externas, sino que se centran en un entorno interior. George Tooker se refirió a ello cuando dijo:

“Después de pintar la realidad estoy tan impresionado que la realidad me vuelve a la mente como en un sueño, pero no me sucede igual después de pintar sueños como tales, o fantasías “.

 

George Tooker — Red Carpet, 1953

Las lecturas de Jung fueron fundamentales para los tres en esa época. Las figuras muy estilizadas y de aspecto arcaico en sus pinturas sugieren que son representativas de la memoria ancestral de toda la humanidad, lo que Carl Jung llamó “el inconsciente colectivo”. La influencia de las primeras pinturas del Renacimiento italiano por maestros como Mantegna y Piero della Francesca es evidente en los tres.

Jared French : Washing The White Blood Off Daniel Boone

Algunas de estas características aparecen en la pintura de 1939 Washing the White blood from Daniel Boone. French se inspiró para su organización geométrica, de las figuras de Boone y del indio detrás él en el Bautismo de Cristo de Piero della Francesca de alrededor de 1450. Eligió el momento de las legendarias hazañas de Boone cuando los indios Shawnee lavaban simbólicamente al héroe de su sangre blanca para hacerlo miembro de la tribu. La pintura expresa un deseo de hermandad irónicamente contraria a la tradicional leyenda de macho de Daniel Boone. La musculatura ondulada, las cabezas afeitadas y los contrastes de la piel, junto con el delicado atado rosa de la ropa interior de Boone, constituye una reinterpretación homosexual del mítico   héroe estadounidense.

Washing the White Blood from Daniel Boone es también la primera obra de   French hecha con la técnica de la tempera al huevo. Aprendió esta técnica a finales de los 30 y en seguida se la transmitió a Cadmus, y ambos a Tooker a mediados de los 40. La ténica de la tempera al huevo era un medio escasamente utilizado desde el siglo XV italiano, aunque tampoco desconocido, pero escasamente utilizado en el arte norteamericano.

 

George Tooker, Bird Watchers, 1948. Egg tempera on gessoed board, 26 ¾ x 32 ¾ inches. New Britain Museum of American Art,

En esta titulada Bird Watchers  de George Tooker las rocas de atrás son por ejemplo de clara inspiración el el Trecento italiano.

Paul Cadmus (1904-1999), Aviator, 1941

 

Jared French Final del verano 1938

Las playas desiertas de Fire Island en la década de 1940 proporcionaron la topografía ideal para representar el tema del aislamiento y los estados de ánimo de la melancolía y la nostalgia que lo acompañan. Jared French evoca la tristeza del paso del tiempo en Summer’s Ending de 1939, una pintura que también marca un cambio fundamental en su obra. Describió esto como un cambio de interés desde el mero “aspecto físico ” del hombre en su “universo físico” a una preocupación por “la realidad interna del hombre”. Dos figuras en primer plano, una estática como convertida en una estatua de sal, se ciernen sobre una extensión de playa vacía.

Jared French, The double 1950

El doble tiene connotaciones autobiográficas. Según la interpretación de Lincoln Kirstein, la aterradora figura femenina que sostiene una corona fúnebre simboliza a la madre del artista; el joven desnuda semi enterrado en el hoyo y el joven arrodillado en el suelo simbolizan diferentes personificaciones del artista; la figura en la cerca juega un rol de comentarista o guardián.

jared french The Rope, 1954

O esta otra donde explora las relaciones y los vínculos siempre conflictivos con el padre.

jared french Four Figures 1945 

JARED FRENCH State Park 1946

La crítica de la familia por parte de French tomó un giro diferente en State Park, una pintura  que comenzó en Fire Island en 1944 y terminó en 1946. French usa el ridículo para desahogar su desazón reprimida contra “la familia “, que él creía ser la fuente del prejuicio estadounidense. Las tres figuras ceñudas y erguidas sentadas bajo el paraguas simbólico de una sombrilla de playa representan a “la familia”. French los describió a ellos y a los dos salvavidas como una especie de policía moral absurdamente rígida con justa indignación y miedo a encontrar cualquier idea amenazante.

Homesickness By Jared French, 1942

Jared French dijo

Mi trabajo ha estado relacionado con la representación de diversos aspectos del hombre y su universo. Al principio, se refería principalmente a su aspecto físico y su universo físico. Poco a poco comencé a representar aspectos de su psique, hasta que en The Sea (1946) y Evasion (1947), mostré con bastante claridad mi interés por la realidad interna del hombre

jared French Evasion 1947

George Tooker es quizás de los tres el que más fortuna ha tenido últimamente. Una de sus obras que os cuelgo aquí se ha convertido en icónica, aunque también es de esta época, os la pongo para que ubiquéis quién es.

The subway  1950 Goerge Tooker

Tooker siempre tiene un aire misterioso y mágico que hace que su obra sea muy especial, como en su larga serie de ventanas.

 

George Tooker, Divers, 1952

George Tooker — Window I, 1955

George Tooker Festa

Pero la inspiración clásica nunca desaparece. La mitología religiosa, clásica y erótica se mezclan en Festa, inspirada por un festival religioso callejero en Little Italiy, la sección italiana de Manhattan. Bajo el arco de luces, hay una representación visionaria de dos figuras femeninas frente a una estrella, reminiscencia de la Visitación en la iconografía cristiana. Sin embargo, Tooker transpuso el festival a la mitología clásica: lo concibió como una celebración de Príapo, el dios del poder generativo masculino , a quien él encarnó en forma infantil detrás de la valla de la izquierda. La pareja de la derecha son los “padres” de Príapo , una joven y callejera Afrodita (diosa del amor) y su tipo Dionisio (dios del vino y la fertilidad ), que lleva una chaqueta con la inscripción “Leopards“, pues los leopardos son los animales que tiran del carro de Dionisos.

Architect 1950 by Paul Cadmus,

De Cadmus, como ya os he hecho una entrada, no os voy a poner más, valga este Arquitecto. La figura  desnuda señalando la cabeza aparece con una musa fantasmal como un acompañante reflejado en el cristal que ofrece un himno ambivalente, si no irónico, al genio racional.

Jared French Juego Elemental (1946)

De Raphaelle Peale a Edward Hopper, los pintores realistas americanos produjeron estas representaciones herméticas de figuras y objetos perfectamente ejecutados que se acercan a algo que se ha querido relacionar con lo mágico. Pero los primeros trabajos de Cadmus, French y Tooker, con sus poses enigmáticas, sus perspectivas dislocadas, su aire de calma y sus sensaciones de realidad elevada – tienden más bien hacia lo surrealista, algunos incluso me recuerdan a Maruja Mallo. Y es que aunque tomaron prestados elementos del surrealismo europeo, no abrazaron ni la idea central del inconsciente ni sus imágenes orgánicas o distorsionadas. En cambio, usaron técnicas surrealistas para producir pinturas de una cierta fascinación o  ensueño, haciendo que su trabajo estuviese vinculado a lo que se llamó realismo mágico estadounidense de la década de 1940.

Doors. 1953. George Tooker

Así pues aunque PaJaMa es el acrónimo de los nombres de Paul Cadmus, Jared French  y Margaret French, todos estos personajes que he citado son sus habitantes. De hecho sería George Platt Lynes el que les animara a hacer este trabajo fotográfico. Pero las fotos eran tomadas por cualquiera del grupo.

Paul cadmus

Jared French estaba profundamente influenciado por su uso de la cámara, y las fotografías a menudo eran estudios para sus pinturas. Margaret French salvó las diapositivas de Kodachrome y, con la ayuda de Paul Cadmus que suministra las fechas y lugares, se publicó un libro en 1992 llamado “Colaboración“.

Bernard Perlin, Paul Cadmus and Margaret French, Fire Island, 1935

Sus temas son fundamentalmente una celebración de la amistad y un erotismo, fundamentalmente homosexual, que sobrevuela como la brisa marina.

PaJaMa, George Platt Lynes, 1941

Sin embargo, la naturaleza juega un papel importante, junto con un estilo de improvisación que aprovecha al máximo casi cualquier cosa a mano: extensiones de arena, formaciones rocosas, trozos de madera y luz y sombra.

George-Platt-Lynes-Paul-Cadmus-Fire-Island-1943.1

Las toallas ocasionalmente se convierten en togas; el aislamiento es un tema recurrente, y el cuerpo hermoso, a menudo desnudo, domina las fotografías.

George Tooker, Jared French and Monroe Wheeler, Provincetown, c. 1947

En los últimos años estas fotografías han sido objeto de numerosas exposiciones y hoy en día algunas de las muchas cajas de las que produjeron se conservan en el Whitney.

 

 

La Subasta del siglo: La Colección de Peggy & David Rockefeller dobla el récord de recaudación de una colección privada.

La Colección de Peggy & David Rockefeller alcanza en su subasta en Chirstie’s dobla el récord de recaudación para una colección privada

Cuando murió David Rockefeller, el pasado mes de marzo, a la edad de 101 años, el último eslabón vivo de la Edad Dorada de los multimillonarios neoyorquinos desapareció con él. Era el multimillonario más longevo del mundo, y el nieto más joven y único superviviente del primer multimillonario estadounidense, John D. Rockefeller Sr. (1839-1937), uno de los “barones ladrones” originales.El término Robber Barons (barones ladrones) se acuñó en el s XIX en los Estados Unidos para denominar a los industriales y banqueros que monopolizaron sus respectivas industrias y amasaron gigantescas fortunas mediante prácticas que violaban la libre competencia en los mercados. Los más famosos de entre los conocidos como barones ladrones son John D. Rockefeller con el petróleo, Cornelius Vanderbilt con los ferrocarriles, Andrew Carnegie con el acero, y J.P. Morgan en la banca.

Mientras que el nombre del abuelo se convirtió en sinónimo de capitalismo, el nieto sin embargo se convirtió, en cierto modo, en sinónimo de retribución.El veterano jefe del Chase Manhattan Bank, Rockefeller era tanto un estadista como un banquero. LLegó a reunirse con una docena de presidentes de los Estados Unidos, desde Coolidge hasta Obama, y ​​fue recibido como un jefe de Estado por líderes mundiales como Nikita Khrushchev y Zhou Enlai; ejerció una influencia considerable en los asuntos financieros mundiales, así como en la política exterior de EE. UU. Sus logros cívicos en Nueva York van desde la arquitectura (construyó el One Chase Manhattan Plaza de 60 pisos, diseñado por Skidmore, Owings & Merrill, y ayudó a planear el World Trade Center original y el Battery Park City) hasta lo filantrópico (durante su vida , donó unos  mil millones de dólares a organizaciones benéficas) e incluso lo fiscal (jugó un papel decisivo en salvar a la ciudad entera de la bancarrota en los difíciles años 70).

En privado, con su esposa, Peggy, con la que estuvo casado desde 1940 hasta su muerte, en 1996, vivió a un nivel de refinamiento que probablemente nunca se volverá a repetir, en parte porque ya no es posible y en parte porque no es ni aún siquiera concebible. Connosieurs consumados, coleccionaron obras maestras, gran parte de ellas recibidas en herencia y otras muchas adquiridas por ellos, en un montón de categorías: pinturas europeas y americanas de los siglos XIX y XX, muebles ingleses y estadounidenses, porcelana europea, arte asiático, cerámica precolombina, plata, textiles, arte decorativo, arte popular y arte amerindio.

Todos estos artículos decoraban sus numerosas casas, magníficamente ubicadas, pero curiosamente nunca demasiado ostentosas exteriormente. El vivió sobre todo en una casa adosada de estilo colonial renacentista de  cuatro pisos en East 65th Street en Manhattan, con ocho dormitorios y otras seis habitaciones para el personal. Todavía este mismo año el personal incluía un mayordomo y tres doncellas.  “Funcionó como si fuera 1948 hasta el final de sus días” dice un amigo de la familia.

 

 

Este mes de mayo, siguiendo los deseos del Sr. Rockefeller, este legado – de alrededor de 1.600 lotes- ha salido en una espectacular serie de subastas en Christie’s en Nueva York, celebradas en el Rockefeller Center. La Colección de Peggy y David Rockefeller ha recaudado, según las estimaciones, más de 830 millones de dólares, lo que la ha convertido en la subasta más alta de la historia para una colección privada, doblando de largo el anterior récord establecido por la colección de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, que alcanzó en París los 443 millones. Ha sido, sin duda, la venta del siglo.

 

 

Con los cinco hijos, 10 nietos y 10 bisnietos de la pareja ya bien enriquecidos, según deseos de David Rockefeller, todos los ingresos de la venta se destinarán a una docena de organizaciones sin fines de lucro, incluidas la Universidad Rockefeller, la Universidad de Harvard, el Museo de Arte Moderno MOMA , el Consejo de Asuntos Exteriores y el Maine Coast Heritage Trust. Y aunque escandaliza todo, las cifras que marean y el propio hecho de que alguien pudiera poseer tal tesoro artístico que excede con mucho la colección de numerosos museos, también da cierta envidia sana esa costumbre tan americana de sus megamultimillonarios convertirse en benefactores de museos e instituciones culturales.

 

 

En fin, afortunadamente para mí, la colección ha podido verse en el Rockefeller Center antes de subastarse y os puedo enseñar algunos, que no todos, de los impresionantes tesoros que guardaba. A pesar de que había de todo, una cornucopia inacabable de arte decorativo y artístico que abarcaba muchos siglos y muchos continentes, había hasta una colección de patos y una impresionante sección dedicada a la porcelana de la que os colgaré algunos ejemplos, las joyas de la corona eran las pinturas impresionistas, postimpresionistas y el arte americano. Muchas de estas obras fueron adquiridas en los años 50 y 60, cuando los Rockefeller formaban parte de un círculo de coleccionistas legendarios que también incluían a William S. Paley y John Hay “Jock” Whitney.

El propio David Rockefeller había publicado en privado y distribuido exclusivamente a familiares y amigos un catálogo razonado de su colección. El monumental proyecto abarcó 31 años, y cada uno de los libros encuadernados en lino estaba meticulosamente impreso y bellamente ilustrado. El Volumen I: Obras de arte europeas apareció en 1984. El prefacio autobiográfico de 54 páginas que escribió para él sigue siendo la mejor fuente de información sobre el coleccionismo y la vida privada de la pareja. El Volumen II: Arte del hemisferio occidental, publicado en 1988, fue seguido por el Volumen III: Arte de Asia y culturas vecinas, en 1993, y el Volumen IV: Artes decorativas, en 1992, que, se suponía, iba a ser el último de la serie. Pero la longevidad y las compras incansables exigieron que apareciera, en 2015, el Volumen V: Suplemento.

Pablo Picasso (1881-1973) Fillette à la corbeille fleurie Price realised USD 115,000,000

Su mejor adquisición para su colección llegó en 1968, un año después de la muerte de Alice B. Toklas, la compañera de Gertrude Stein, que había acumulado una de las colecciones más importantes de arte moderno antes de morir, en 1946. Tras la muerte de Toklas, Rockefeller se enteró de que los herederos de Gertrude Stein iban a vender un tesoro de 47 obras de Picasso y Juan Gris que habían pasado a sus manos. Para comprar la colección completa, Rockefeller organizó un grupo con cinco de sus amigos millonarios, incluidos Paley, Whitney y su hermano Nelson. Quizás en la lotería más elitista de la historia, se colocaron seis números en papelitos en un viejo sombrero de fieltro y cada miembro del grupo extrajo un número para determinar el orden en que escogerían las pinturas que podrían quedarse. David Rockefeller extrajo el número 1, lo que le permitió quedarse con la obra más codiciada, esta niña de la época rosa de Picasso con una canasta de flores, pintada en 1905 y uno de los retratos más fascinantes del artista que sin embargo disgustó mucho a Gertrude Stein, cuando su hermano Leonard lo compró porque decía que tenía patas de mono. Fue la primera gran venta de un joven Picasso y la estrella de la subasta, recaudando 115 millones de dólares, aunque no el récord para un Picasso.

 

Picasso manzana

 

El lote de apertura de la subasta fue una pequeña pintura de Picasso de una sola manzana, hecha como regalo también para la escritora Gertrude Stein después de que estaba consternada porque su hermano, Leo, se quedó una naturaleza muerta de Cézanne de cinco manzanas cuando  separaron  la colección de arte que ambos habían reunido. Entonces Picasso le obsequió esta pintura de una sola manzana a Gertrude, una de sus primeras coleccionistas y admiradoras, como regalo de Navidad en 1914, y en la nota manuscrita al dorso que la acompaña muestra la amistad que unía al artista malagueño con Gertrude y su brutal deseo de destronar al maestro mayor: “Te pinto una manzana y será tan buena como todas las de Cézanne “. Alcanzó casi los 4 millones de dólares.

 

Henri Matisse, Odalisque couchée aux magnolias (1923)

Unos pocos lotes más tarde llegó otra de las joyas de la colección, el desnudo de Matisse Odalisque couchée aux magnolias (1923). Christie’s había promocionado mucho la obra en su exuberante catálogo como una de las mejores pinturas de Matisse que pudiera ser subastada, y, sin duda, una de las mejores en manos privadas. Las ofertas comenzaron en $ 58 millones pero   Xin Li, la vicepresidenta para Asia de Christie’s y el “arma secreta en la venta de obras maestras para multimillonarios asiáticos”  en menos de tres minutos ofreció 80.8 millones de dólares, un récord para una obra del artista en una subasta. El récord anterior de una pintura del artista en una subasta era de  40.9 millones, que se estableció en 2009 en Christie’s  París cuando se ofreció una pintura de 1911 del maestro francés con un tema similar, procedente de la colección Yves Saint Laurent y Pierre Bergé .

 

 

Solo dos lotes más tarde llegaba otra de las estrellas, estas Nymphéas en fleur de Monet , que tenía un presupuesto aproximado de $ 50 millones. De nuevo Li ofreció 84.7 millones y de nuevo, esta pintura, en verdad, hermosísima del último Monet se fue para China. Según la directora de Christies para Asia esta pintura era muy atractiva para el mercado asiático porque todos los nenúfares están en flor, lo que para los chinos es signo de buenos auspicios. Además la palabra china para nenúfar implica una unión pacífica y armoniosa. Asi que agua, armonía y buena fortuna inciden en el buen feng shui que tiene esta pintura para un espectador asiático.

Pero están eran las estrellas, no más. La colección era impresionante: Delacroix, Jean-Baptiste-Camille Corot, Claude Monet, Edouard Manet, Honoré Daumier, Odilon Redon, Camille Pisarro, Edouard Vuillard, Pierre Bonard, Pierre Renoir, Alfred  Sisley, Aristide Maillol,  Paul Gauguin, Vicent Van Gogh, Toulouse Lautrec, Paul Signac, George Seurat, André Derain, Ernst Ludwig Kirchner, Henri Matisse, Alexej von Jawlensky, Wasily Kandinsky, Raoul Dufy, Maurice de Vlaminck, Marc Chagall, Emil Nolde, Pablo Picasso, Juan Gris, Fernand Leger, Paul Klee, John Singer Sargent, Giorgio Morandi, Joan Miró, y, entre los americanos, Willem De Kooning, Arthur G. Dove, Georgia O’Keeffe, Milton Avery, Diego Rivera, Edward Hopper o Homer Winslow.

Para no hacerlo eterno os la cuelgo como galería, ordenadas de forma aleatoria. Y podeis verlas pinchando en la primera y avanzando. Saludos.

La Poesía de la Naturaleza: Pinturas del Periodo Edo en el Metropolitan de Nueva York

La Poesía de la Naturaleza: Pinturas del Periodo Edo de la Colección Fishbein-Bender en el Metropolitan Museum de Nueva York

 

El Museo Metropolitano de Nueva York y en general la política fiscal de Estados Unidos permite que la generosidad de coleccionistas privados, ligados de manera vitalicia como benefactores, enriquezcan las colecciones de los museos y otras onstituciones. Tal es el caso de la colección de Mr. Fishbein y la Dra. Bender, un matrimonio de coleccionistas neoyorquinos, patronos del museo neoyorquino, que habían creado una extraordinaria colección de pintura japonesa de artistas poco representados en el museo con las vistas ya puestas en una futura donación que completase los fondos de la institución. Esta exposición estaba inicialmente pensada para coincidir con el octagésimo cumpleaños del donante, un destacado miembro de una firma de inversión de capital privado, pero su muerte hizo que se retrasara un tiempo. La única condición que tenía su donación es que debía ser expuesta como un conjunto, añadiendo además  unas 15 cerámicas japonesas contemporáneas que reflejasen la forma en que los coleccionistas disfrutaron de estas obras en su hogar. Las parejas inesperadas de pinturas y objetos decorativos también son parte de una antigua tradición japonesa llamada tori-awase (disposición de conocedores).

Celadon Jar
Kawase Shinobu (nacido en 1950; activo en Ōiso, Prefectura de Kanagawa)
Fecha: 2001

Yo me confieso, y cualquiera que siga este blog lo sabrá, un ardiente admirador del arte oriental, tan desconocido en Occidente y reducido casi algunas veces a algo meramente ornamental. Ninguna de nuestras universidades dedica atención en sus estudios de historia del arte a nada que seriamente trate sobre este arte tan rico, tan sutil y tan de milenaria historia. Estoy seguro que pocas personas “cultuvadas, serían capaces de nombrar media docena de artistas clásicos orientales, a pesar del creciente interés por el arte oriental contemporáneo en este mundo tan globalizado.

Garzas Blancas-Maruyama Ōkyo (1733–1795)

Pues bien, hoy me propongo y os propongo, utilizando la disculpa de esta magnífica exposición, un recorrido, a pesar de estos hermosos ejemplos de cerámica que os pongo, por la pintura que floreció en Japón durante el período Edo (1615-1868), dos siglos y  medio de historia -y de aislamiento total-, en la que los artistas experimentaron con atrevimiento con los estilos artísticos convencionales. Los nuevos enfoques del arte pictórico llegaron a Japón desde China, y, en menor medida, y siempre de forma indirecta, desde Occidente, y así surgieron nuevas escuelas o estilos cuando los pintores individuales se atrevieron a romper las reglas marcadas por las academias de pintura establecidas.

Contenedor de Incienso (Kōgō) en forma de pájaro.
Miyagawa Chozo ( 1797–1860)

 

La exposición La poesía de la naturaleza: pinturas Edo de la colección Fishbein-Bender , que se inauguró el 27 de febrero en el Museo Metropolitano de Arte y estará hasta el 29 de Enero del 2019, sigue el desarrollo de esas principales escuelas y movimientos de este fascinante periodo Edo. Hay más de 40 ejemplos extraordinarios de kakemonos o pinturas de rollo colgantes del período Edo de la colección de Estelle P. Bender y su difunto esposo, T. Richard Fishbein. Muchas de estas pinturas, además, no se habían exhibido ni publicado en Occidente hasta esta exposición, así que en cierto modo os hago partícipes de un feliz advenimiento.

                          Fudō Myōō amenazando a un Novicio.
                        Tsukioka Yoshitoshi ( 1839–1892). Un novicio rezó por la ayuda de Fudō Myōō para convertirse en un sabio monje. Luego soñó que                            la estatua de Fudō saltaba de su pedestal y le hacía tragar una de sus espadas; al despertar, se convirtió en un excelente clérigo.

 

En esta exposición la celebración del mundo natural sirve como un tema unificador, pero sí hay algo que me ha fascinado de verdad es la peculiar interacción entre la poesía y las artes pictóricas que es fundamental para la tradición japonesa. La Poesía de la Naturaleza arroja nueva luz sobre las formas en que los artistas del período Edo usaron el verso para transformar sus pinturas en un arte híbrido a medio camino entre lo literario y lo visual. Todos los textos en japonés estaban traducidos en la exposición al inglés y yo me he atrevido a traducirlos al castellano porque sólo así se puede de verdad apreciar la interrelación entre la palabra escrita y la imagen pintada.

Bueno pues vamos allá con quien me quiera acompañar. La escuela Kano fue la escuela de pintura más longeva e influyente de la historia japonesa; su prominencia de más de 300 años es única en la historia del arte universal. Funcionó desde el siglo XV hasta nuestros días y logró atraer a numerosos patrocinadores de las clases sociales más ricas desarrollando, dominando y promoviendo una amplia gama de estilos, temas y formatos. 

Pájaros y Flores de las Cuatro estaciones. De la Escuela Kano, Periodo Momoyama (1573-1615)

La escuela comenzó reflejando una influencia renovada de la pintura china , pero desarrolló un estilo de colores brillantes y muy delineado para paneles grandes que decoraban los castillos de la nobleza. Fue apoyado por el shogunato Ashikaga , representando efectivamente un estilo de arte oficial, que “en el siglo XVIII casi monopolizó la enseñanza de la pintura”. La escuela fue fundada por  Kanō Masanobu de la que toman el nombre la escuela y la mayoría de sus seguidores. Aunque no era un monje zen, Masanobu estaba estrechamente asociado con influyentes templos zen y adoptó el estilo de pintura chino que favorecían pues este tipo de pintura fue importada junto con la filosofía y práctica del Zen. Se caracterizó por un fuerte énfasis en la pincelada, el predominio de la tinta con poco o ningún uso de pigmentos y la preferencia por los sujetos chinos, especialmente las imágenes de los patriarcas y paisajes Zen.

Los cuatro Logros.
Kano Motonobu. 1477–1559

Esta pintura de Kano Motonobu, titulada Los cuatro lucimientos (o logros), sería un típico ejemplo. En un paisaje espectacular de imponentes pinos, picos distantes y atronadoras cascadas, hay cuatro escenas de actividad humana, cada una de las cuales hace alusión a una de las cuatro actividades apropiadas para un caballero chino: la música, el juego de mesa Go, la caligrafía y la pintura. En el extremo derecho, apenas visible, un erudito junto al lago está acompañado por un sirviente que lleva su cítara (qin). Se mueven hacia la orilla del río donde tres caballeros son absorbidos en un juego de Go. En la pantalla de la izquierda, dos muchachos que llevan paquetes de libros y pergaminos siguen a un caballero con sombrero que se dirige hacia un pabellón con techo de paja. En el interior, tres sirvientes han desenrollado un pergamino colgante pintado para su maestro, que se para en el parapeto mirando una cascada. Moviéndonos de derecha a izquierda a través de las pantallas, descubrimos que también hemos viajado temporalmente, desde las ramas de ciruelo estériles de principios de primavera, a través de un verano nebuloso, gansos que se posan en un banco de arena en otoño y finalmente a las rocas cubiertas de nieve del invierno.

Kano Shoei (1519–1592)
Bulbul  en una rama de ciruelo, siglo XVI

Kano Shōei, supuestamente el tercer hijo (o discípulo adoptado) de Kano Motonobu (1476-1559), se especializó en kachoga, pinturas de pájaros y flores de inspiración china ejecutadas en una interpretación amable e individual del estilo de Motonobu. Los pinturas chinas de las dinastías Song y Ming eran muy apreciadas por los shogun por lo que se convirtieron en un género en sí mismo. Además, durante los turbulentos años del siglo XVI, los pájaros simbolizaban el valor marcial (el halcón), la longevidad (la grulla), o la elegancia cortesana (el faisán). En esta pintura, un pájaro identificable como un bulbul orejipardo (hiyodori) se posa sobre una rama retorcida de ciruelo que acaba de florecer con la llegada de la primavera. La significación de este pájaro migratorio no está clara, aunque parezca simbolizar la llegada de la primavera, pero cualquier observador de la época lo asociaría también con sus apariciones en el Henki Monogatari,un poema épico clásico de la literatura japonesa.

 

Pajaros y flores. Kano Tan’yū (Japanese, 1602–1674)

 

No hay muchos ejemplos de este tipo de pintura en la exposición del Met, a pesar de su preeminencia durante siglos, porque una colección tan personal privilegia siempre el gusto de los coleccionistas, sin embargo, os puedo poner este Biombo de Pájaros y Flores, también del Metropolitan, de  Kano Tan’yū y dos de sus alumnos más talentosos: su sobrino Kano Naonobu y la pintora Kiyohara Yukinobu, los tres miembros muy destacados de la escuela.  El maestro pintó los dos paneles centrales, Naonobu los de inmediato a la derecha e izquierda de su maestro, y Yukinobu los más externos. A Tan’yū se le atribuye haber revivido la fortuna del estudio Kano, al mudarse de Kyoto a Edo (donde se fundó el Shogunato Tokugawa que duraría hasta la apertura a Occidente en 1868) en 1614. Junto con Tan’yū, Naonobu fue considerado uno de los mejores pintores de la escuela Kano del primer  período Edo.

 

Kiyohara Yukinobu (Japanese, 1643–1682)
Ampelis, Flores de Cerezo y Bambú junto a un arroyo, finales de s. XVII

Precisamente de esa infrecuente pintora que he nombrado antes,  Kiyohara Yukinobu, sobrina, hija y esposa de pintores de la escuela, y conocida a principios del período Edo como una “mujer muy hábil en las artes” o keishū,  hay una hermosa obra en la exposición: Ampelis, Flores de Cerezo y Bambú junto a un arroyo . Su esposo era alumno de Kano Tan’yū,  y ella misma, como sobrina nieta, pudo haber estudiado con él. Aquí, representa tres ampelis (japones: hirenjaku) en varias poses: uno descansa serenamente en la rama de un cerezo envejecido en plena floración, lo que indica un entorno de primavera tardía; otro es capturado en pleno vuelo; y el tercero se posa sobre una roca, buscando insectos en un arroyo. Dado que los ampelis, después del apareamiento, se frotan las cabezas de una manera que sugiere una demostración de afecto mutuo, llegaron a ser un símbolo de la armonía marital y de la prosperidad familiar, por lo que es posible que la pintura se mostrase en ocasiones relacionadas con el matrimonio o el nacimiento de un niño. De hecho son un macho, una hembra y el tercero podría muy bien representar a un niño.

 

 

La escuela Tosa  de la pintura japonesa se fundó e los siglos XIV-XV y se dedicó al yamato-e , pinturas especializadas en temas y técnicas derivadas de la antigua cultura japonesa, como escenas de Los cuentos de Genji, Genji Monogatari o el Ise Monogatari y otros clásicos literarios, a diferencia de las escuelas influenciadas por el arte chino , especialmente la escuela Kanō . Las pinturas de la escuela Tosa se caracterizan por “áreas de color opaco plano delimitadas por contornos simples, donde el dibujo es preciso y convencional”. 

Mariposas (“Kochō”), Capítulo 24 del Genji monogatari. Atribuido a Tosa Mitsuyoshi

Los dos pintores más celebrados de la escuela son  Tosa Mitsuyoshi (1539–1613) y Tosa Mitsuoki (1617–1691). El biombo Mariposas sería una típica pintura de la escuela Tosa. En él se representa los eventos de dos días consecutivos del Genji Monogatari, concretamente del capítulo “Kochō” o “Mariposas”. El festival de primavera se ha organizado en el palacio de Genji. Barcos con mascarones de proa en forma de dragón o de fénix, decorados a la moda china, se desplazan en el lago bajo las nubes  La emperatriz Akikonomu está leyendo sutras a la derecha. Murasaki, la consorte favorita de Genji, disfraza a sus jóvenes sirvientas como pájaros y mariposas y loa envía a bailar frente a la residencia de Akikonomu.

Tosa Mitsuoki (Japanese, 1617–1691)
Herons and Cotton Roses, mid- to late 17th century

Tosa Mitsuoki (1617–1691), uno de los representantes tardíos de la escuela, es, sobre todo famoso por sus obras con codornices con flores o hierbas, lo que refleja un endeudamiento con la pintura china de la dinastía Song de China del Sur. Una pintura de pájaros y flores de Mitsuoki que no represente codornices, como esta representación de Dos garcetas con rosas de algodón, es por lo tanto bastante rara. Este pergamino colgante  o  kakemono muestra al artista pintando en un estilo diferente, algo más suelto, observable en las flores, las hojas, las rocas y las propias garcetas. Las aves están pintadas en el método “sin espinas”, con contornos mínimos, que muestran la influencia de los artistas de la nueva escuela  Rinpa contemporáneos. La pintura demuestra el interés sutil pero definido de Mitsuoki en incorporar las características estilísticas de la escuela Kano, especialmente en la forma en que ejecutó las rocas con pinceladas de tinta más audaces.

 

rises at Yatsuhashi (Eight Bridges) Artist-Ogata Kōrin (Japanese, 1658–1716

Richard Fishbein y Estelle Bender no tienen en su colección muchas obras de las escuelas mencionadas hasta ahora, pues se sentían más atraídos por las escuelas de pintura de fines del siglo XVIII y principios del XIX.

En esta época, apareció una nueva escuela de pintura que se centraba en la glorificación del pasado japonés. Los samurais y mercaderes ricos se acercaban al arte principalmente atraídos por la poesía, la más admirada entre las artes para un japonés tradicional, ya fuera la compuesta por cortesanos y cortesanas del antiguo Japón, o la de los celebrados poetas o de monjes chinos medievales que cualquier persona cultivada sabía citar de memoria. Esta nueva escuela se llamó Escuela Rinpa o la escuela de Ogata Korin, el fundador del estilo que vivió de 1658 a 1716. La Escuela Rinpa o Rimpa prioriza sin dudarlo la poesía y los temas poéticos como la naturaleza o la fauna. Ogata Korin y su hermano Ogata Kenzo, éste más centrado en la cerámica, hicieron muchas pinturas inspiradas en el  Ise Monogatari. Una de las más famosas es la de arriba, basada en el episodio de los Ocho Puentes (Yatsuhashi) . No era necesario ninguna escritura para evocar el conocidísmo episodio en el que un grupo de cortesanos llega a una zona donde  los iris (kakitsubata) están en plena floración. Las formas majestuosas y verticales de los lirios contra un puente angular que se desliza diagonalmente a través de ambas pantallas se refieren a ese episodio preciso del Ise monogatari que cualquier japonés cultivado habría identificado con facilidad. El protagonista de la historia, exiliado de Kyoto después de una aventura amorosa con una dama  de alto rango,  se detiene en Yatsuhashi, un lugar donde una corriente se bifurca en ocho canales, cada uno con su propio puente. La vista de los lirios le impulsa a componer un nostálgico y famoso poema de amor. La primera sílaba de cada línea formaba la palabra japonesa para iris (kakitsubata).

 

Uso túnicas con dobladillos bien gastados,

Recordando a mi querida esposa

En la que siempre pienso con afecto,

Así que a medida que mi estancia se alarga

Siempre tan lejos de casa,

La tristeza llena mis pensamientos

 

Autumn Ivy Artist-Ogata Kenzan (Japanese, 1663–1743)

De su hermano Ogata Kenzan hay un maravilloso ejemplo en la exposición: esta Hiedra de Otoño. Aunque la cerámica fuera su fuerte, Kenzan de vez en cuando puso a prueba sus habilidades como pintor, y sus trabajos sobre papel, que se combinan de manera eficaz con su caligrafía idiosincrásica y expresiva, tienen una gran energía. Esta imagen recuerda un famoso episodio del Ise Monogatari del siglo X en el que el protagonista encuentra a un monje itinerante a lo largo de un sendero cubierto de hiedra en el monte Utsu. El waka (poema japonés de treinta y una sílabas) inscrito de Kenzan  dice:

Aunque todavía no

El viento a través de los pinos

Sopla por todas partes

y me da miedo que disperse

las hojas carmesíes de la hiedra.

 

Sauce y cerezo. de  Sakai Hōitsu (Japanese, 1761–1828)

 

Entre sus seguidores más famosos, Sakai Hōitsu, quizás uno de los pintores más conocidos de Japón. Vástago de una familia de daimyos, los señores de Harima y dueños del castillo de Himeji, es raro que, con su elevado status, se dedicara a la pintura y no a la poesía. Probablemente para escapar a sus obligaciones oficiales, tomó los votos budistas en 1797. Aún así cultivó también la poesía en forma de waka  o de haikus o kyoka, e incluso compuso algún poema para obras de Kitagawa Utamaro.

 

Sakai Hōitsu Maples early 1820s

Este par de biombos de seis paneles, pintados en colores vivos sobre un brillante fondo de pan de oro, se encuentran entre las obras más grandes y espectaculares del mencionado artista Sakai Hōitsu (1761–1828) en cualquier lugar del mundo, incluido en Japón. Presentan un sauce y un cerezo en plena floración y un par de arces en el climax de espectáculo carmesí propio del otoño. Los cambios estacionales eran fundamentales para la cultura japonesa y solían reflejarse en las pinturas que se mostraban e incluso en el estampado y los bordados de los kimonos. Los biombos son muy claros en este sentido por su variedad de plantas y flores relacionadas con la primavera y el otoño, todas con significado poético en los haiku de la época. Mientras abundan las pinturas de Hōitsu en el formato colgante, solo se conocen media docena superviviente de biombos en este formato de seis paneles, y estas en particular destacan por la originalidad de su composición y por su fuerte impacto visual.

 

Moon and Kudzu Vine: Sakai Hōitsu (Japanese, 1761–1828)

Las representaciones de plantas y flores, a menudo de especies no representadas tradicionalmente por los artistas japoneses, se volvieron más naturalistas y más precisas botánicamente en obras posteriores de la escuela Rinpa, como se ve en esta representación atmosférica de hojas y flores de kudzu en una noche iluminada por la luna. En el temprano siglo XIX, tal realismo detallado se reflejaba no solo el estudio de las ciencias naturales en Japón, sino también el advenimiento de la escuela Maruyama-Shijō, fundada por Maruyama Ōkyo, que se especializaba en el dibujo y la pintura naturalistas del que más tarde os pondré alguna obra. En esta obra de  Sakai Hōitsu de la escuela Rinpa,  vemos ramas de kudzu, una de las 50 hierbas fundamentales usadas en la medicina tradicional china, lo que no era un tema frecuente en pinturas japonesas anteriores, pero aquí se convierte en el telón de fondo de un poema del poeta cortesano Toyama Mitsuzane. El poema es un waka tradicional . Sin embargo, el pintor reorganiza las líneas para que el poema comience en la parte inferior izquierda y termine en la derecha, revirtiendo efectivamente el orden tradicional de inscribir el poema colocando la última línea, tsuki zo katabuku (“cuando la luz de la luna se derrama “), justo bajo la luna. La firma de Mitsuzane se encuentra justo debajo de la luna en la esquina superior derecha, en lugar de en el extremo izquierdo, como sería de esperar. Su poema dice:

Al igual que los colores de las flores,

mi amargura por el amor permanece

invisible hasta en las profundidades de la noche,

cuando la luz de la luna se derrama

sobre hojas de las parras de kudzu.

 

Activities of the Twelve Months : (Tsukinami-e) Artist-Sakai Hōitsu (Japanese, 1761–1828)

Todavía de Sakai Hōitsu, sin duda un pintor capital, había también en la exposición esta pintura perteneciente a un grupo de doce, sobre las Actividades de los 12 meses. Esta que era la pintura del primer mes representa el  Shihōhai, una ceremonia en la que, por la mañana temprana del primer día del nuevo año, el emperador y los cortesanos hacen reverencias hacia las cuatro puntos cardinales (shihōhai) en el jardín de la Sala Shinka para orar por el bienestar de la nación.

 

Malvaviscos y amarantos. Sakai Ōho

Muchos pinturas de otro de los pintores de la escuela, Sakai Ōho, incluido éste, están basados o directamente inspirados en el trabajo de Sakai Hōitsu, su padre adoptivo y su maestro. Sin duda, Hōitsu tenía grandes aspiraciones para Ōho, pero murió a los treinta años y dejó un cuerpo de trabajo comparativamente pequeño. Los malvaviscos (tachiaoi) -con su apariencia majestuosa, de tallos altos y arreglos simétricos de hojas y flores- fueron un tema común en los artistas de la Escuela de Rinpa desde el siglo XVII en adelante, pero las pequeñas flores del amaranto silvestre (katade) raramente recibieron tal atención. La adición de una pequeña mariposa, plana y decorativa en su efecto, es un recordatorio de que el artista estaba capturando un momento poético, una instantánea de un jardín imaginario similar a un haiku. La atención a los detalles botánicos nos data la obra en el siglo XIX.

 

Suzuki Kiitsu, Amapolas

Otro alumno de Sakai Hōitsu, fue Suzuki Kiitsu, durante mucho tiempo considerado un miembro menor de la escuela  de Rinpa .  En los últimos años su trabajo ha sido revalorado y últimamente ha estado muy de moda en Japón porque ha habido una serie de grandes exposiciones de su obra entre 2016-2017 en Tokio, Hyogo y Kyoto. Es sobre todo conocido por sus biombos plegables, también llamados byōbu. De él había dos obras en la exposición: estas  Amapolas  (arriba) de mediados del XIX y un biombo de Campánulas (abajo). No todas las flores se pueden encontrar en los coloridos jardines pintados por los artistas del Rinpa. Sin embargo, las amapolas (keshi) claramente deben haber sido las favoritas de sus clientes, ya que algunos ejemplos de pinturas de amapolas sobreviven en cada generación de la escuela. Anteriormente, los artistas, como  Ogata Kōrin y sus seguidores, se inspiraron en las pantallas de amapolas de artistas de Tosa e iniciaron la formalización de hojas y pétalos en un paso más hacia la abstracción. Sin embargo, en la época de Suzuki Kiitsu, la atención al detalle botánico y la tendencia a las representaciones naturalistas de las flores se hicieron más pronunciadas

 

Morning Glories
Artist:Suzuki Kiitsu (Japanese, 1796–1858)

Una de las obras más impactantes era este byōbu  de  Campánulas o en inglés, Morning Glories. En esta exhibición exultante de azul intenso y verde sobre un fondo de pan de oro, Kiitsu se concentró en la proliferación de las flores y las hojas al omitir cualquier indicación de espacio o de contexto. El estallido exuberante se orquesta cuidadosamente en dos movimientos: las flores de la derecha se elevan desde el suelo, mientras que las de la izquierda caen en cascada como si estuvieran soportadas por un enrejado invisible.

 

Crane and Pine Tree with Rising Sun Artist-Suzuki Kiitsu (Japanese, 1796–1858)

También de Suzuki Kiitsu esta Grulla y Pino en el sol naciente. Una grulla vuela sobre el sol, y el pino de hoja perenne complementa la asociación de esta especie aviar con la longevidad. La imagen simple  se puede ver como una representación abreviada del Monte Hōrai, la isla mítica de los inmortales, destinada a ser exhibida al inicio del calendario lunar.

 

Frog on a Lotus Leaf                          Artist-Suzuki Kiitsu (Japanese, 1796–1858)

 

De Suzuki Kiitsu también esta humorística Rana en una hoja de loto. La flor de loto tiene asociaciones milenarias con el budismo, pero el poema inscrito es deliciosamente iconoclasta y refrescante.

Qué bendición es ver, en una hoja de loto,

brillantes gotas de rocío, brillando en la luz de Amida!

Pero justo cuando pensamos eso, aparece una rana,

y nos dice: “¡Oh, eso son solo gotas de mi orina!

 

Bien, pasamos ahora a otra “escuela” bien representada. Se trata del estilo Nanga también conocido como Bunjinga o literario que era un tipo de pintura amateur desarrollada en China en medios literarios que compartían una dedicación a las Tres Perfecciones  (la pintura, la poesía y la caligrafía). He dicho escuela entre comillas porque nunca funcionó como tal. Cada artista Nanga, por definición, fue único e independiente. Se trataba de intelectuales que pintaban  para ejercitar su maestría en las tres artes. Con una diferencia entre Japón y China .Mientras que los chinos eran, en gran medida, académicos que aspiraban a ser pintores, los japoneses eran pintores profesionales que aspiraban a ser intelectuales.En cualquier caso son siempre temas literarios y en su mayoría aguadas de tinta, donde lo importante es el trazo personal del pincel, las sutiles gradaciones de la tinta y el juego ente el vacío y el dibujo. Uno de sus represetantes fue Ike Taiga

Landscape and Couplet of Chinese Verse
Artist:Ike Taiga (Japanese, 1723–1776)

Ike Taiga yuxtapone un paisaje de imponentes montañas de una inclinación casi imposible con un poema de cuatro líneas del poeta de la dinastía Tang Li Bai, que celebra el espíritu de soledad que se encuentra en la naturaleza virgen. Un camino conduce desde cerca del margen inferior hacia el centro de la composición y atrae al espectador hacia el espacio pictórico. Parece que nos invita a imaginarnos en el lugar del vagabundo solitario que se muestra en el centro de la imagen. Es probable que el hombre sea el poeta, ya que el bastón es una convención iconográfica para representar a Li Bai. El poema dice:

Los pájaros se han desvanecido en el cielo.

Ahora la última nube se desvanece.

Nos sentamos juntos, la montaña y yo,

hasta que solo quede la montaña

 

Lush Green Willows and A Solitary Path through Cold Mountains Artist-Yosa Buson (Japanese, 1716–1783)

 

Sin duda, y el más importante entre todos los pintores de este estilo, es Yosa Buson, puesto que a su calidad como pintor, se uno el ser uno de los más celebrados escritores de haikus. Este Exuberantes sauces verdes  y un camino solitario a través de las frías montañas era ciertamente impresionante.  Este conjunto de pinturas de inspiración poética es único en la obra de Buson, ya que no sobrevive ningún otro biombo plegable con pan de oro de su mano. Las pantallas contrastan con una escena de sauces en las pantanosas tierras bajas s con vistas a las empinadas montañas a través de las cuales se levanta un estrecho camino desde un bosque. Buson establece los temas de las pantallas en dos versos de siete caracteres de la poesía china, tomados de una antología de poemas de la dinastía Tang, el Santaishi. El poema de cuatro líneas de Wang Wei (699? -761) que Buson inscribió en la pantalla de la derecha dice:

En la solitaria soledad de las flores caídas

un pájaro se lamenta en las montañas;

Entre exuberantes sauces verdes

un hombre cruza una corriente.

 

 

Yosa Buson | Deer in Moonlight

Otra obra de Buson en la exposición era este Ciervo bajo la luz de la luna. Esta obra que representa a un ciervo solitario,  imagen del amante despechado, bajo una luna creciente evoca un estado de ánimo similar a algunos de sus haikus. Aquí, los detalles del pelaje del ciervo -las pinceladas pequeñas y repetitivas, las manchas en blanco, el prominente trazo oscuro en la parte posterior de la cola- otorgan una calidad rica que contrasta con la vegetación apenas esbozada y el cielo creado tan solo con lavados grises claros. La luna creciente se define a través de un espacio sin pintar. La pintura data de la última fase de su carrera, entre 1778 y 1783, cuando utilizó la firma “Pintado por Shain.

 

Viajes a través de los campos y montañas. Yosa Buson

 

En este otro biombo también de Buson, a pesar de la gran escala de un paisaje dominado por las montañas, los lagos y la niebla, el ojo se ve atraído por las figuras:  un viejo erudito y su sirviente se dirigen hacia un pequeño pueblo, donde un amigo espera; un campesino sale a la izquierda de la aldea, cruzando un puente;.  dos hombres charlando en una choza con techo de paja. Os pongo un haiku de Buson que en este caso no está en al pintura:

Los pasos anhelados
Están lejos,
Sobre las hojas caídas.

 

 

Ganso y Juncos. Sauces en la niebla. Maruyama Ōkyo 1733–1795

 

La Escuela Maruyama–Shijō fue fundada por Maruyama Ōkyo , y su antigua estudiante Matsumura Goshun a fines del siglo XVIII. Esta escuela logró un gran grado de realismo en sus creaciones, enfatizando la observación directa de temas representados que era una contravención directa de las escuelas  Kanō y Tosa , que enfatizaba la decoración con figuras altamente formalizadas y estilizadas que se enseñaban a sus alumnos copiando pinturas de antiguos maestros. En este Ganso y Juncos. Sauces en la niebla,   Maruyama Ōkyo pinta un solitario ganso, con las alas medio abiertas, que se va a posar sobre la inquieta superficie del agua . Los únicos indicios de una orilla son la parte superior de las delgadas cañas que se cimbran bajo el viento y las olas que levantan junto a ellas en la esquina inferior derecha. En la pantalla de la izquierda,  estaban los sauces del título y un ligero rielar de la luna, apenas visibles en la foto de tan sutil que eran.

 

Dos ciervos bajo los arces. Maruyama Ōkyo

Otra pintura de la colección Fishbein-Bender de Maruyama Ōkyo era esta hermosa Dos ciervos bajo los arcesEsta pintura fue realizada en el décimo mes del calendario lunar, al comienzo del invierno, cuando las hojas de los arces empiezan a cambiar hacia un brillante carmesí. Los ciervos en la poesía japonesa están relacionados con el otoño, y estos fueron pintados con mucho detalle; la textura de la piel tiene una cualidad casi táctil. El uso de árboles para enmarcar la imagen hace eco de las convenciones de la escuela de Kano, mientras que los elementos de follaje y el río reflejan la técnica de manchas de tinta  utilizada por los artistas de la escuela Rinpa.

 

Escena de invierno con patos y pinos. Matsumura Goshun. 1752-1811

 

El otro fundador de la escuela fue Matsumura Goshun, discípulo a su vez del pintor y poeta Yosa Buson. Se encontraría con Ōkyo , cuando ambos buscaron refugio en el mismo templo después de que un incendio devastara partes de Kyōto. La composición de Matsumura Goshun en esta Escena de invierno con patos y pinos transmite el ambiente tranquilo y pacífico de un día de invierno. El suave azul del estanque en el que flotan los patos contribuye a la sensación plácida. Mientras conserva elementos de la sensibilidad poética de Yosa Buson, la pintura demuestra cómo Goshun se sintió atraído por el estilo de Maruyama Ōkyo. El paisaje nevado se crea sin ningún énfasis particular en las pinceladas; de hecho, la mayor parte de la superficie de la seda se deja sin pintar. A los pinos se les da tridimensionalidad mediante la aplicación selectiva de un lavado de tinta.

 

Silkies (Ukokkei) Artist-Mori Sosen (Japanese, 1747–1821)

 

Uno de los artistas más conocidos de esta escuela en Occidente es Mori Sosen , conocido por su gran cantidad de pinturas de monos.  Cuando los holandeses llevaron un gibón a Japón en 1809, creando cierta sensación (los gibones habían sido representados por artistas japoneses, basados ​​en las pinturas chinas del animal, pero nadie en Japón había visto un gibón vivo durante siglos), fue Mori quien también creó un registro gráfico de este evento. En la exposición tenemos estas Silkies Morosetas, , una raza de pollo conocida por sus suaves plumas de pelo que impresionó a Marco Polo que comparó su pelaje con el de un gato. Llama la atención la carne azul oscura de sus barbillas y sus crestas, y la presencia de cinco dedos de los pies, en lugar de cuatro, como tienen la mayoría de los pollos. En japonés se los llama ukokkei (chino: wuguji), que literalmente significa “pollos con huesos de cuervo negro”. Se criaban para ser comidos, y en China se cree aún que la sopa hecha de estos pollos posee propiedades curativas. 

 

Mori Sosen. Ciervo entre flores de Otoño. Detalle. 1801

También de Mori Sosen,  este Ciervo entre flores de otoño del que os ofrezco un detalle espléndido, que ha sido escogido como imagen para el cartel de la exposición y que fue el definitivo reclamo que hizo que no pudiera resistirme a visitarla. En la tradición poética japonesa, el waka (verso de corte de treinta y una sílabas) a menudo invoca la imagen de un ciervo solitario que recorre las hojas caídas o las flores otoñales como una metáfora del amor perdido. Aquí, un ciervo de aspecto solitario se detiene en una noche de luna, como para escuchar la llamada de su compañera. Las hierbas, las hojas y las flores blancas de fujibakama (Eupatorium japonicum), asociadas con la mitad del otoño en la poesía japonesa, se presentan en el estilo naturalista pero todavía decorativo de la escuela Maruyama-Shijō .

 

Egrets and Crows Shibata Zeshin

 

Shibata Zeshin también está estrechamente asociado con la escuela Shijō, aunque trabajó en muchos otros estilos y medios, sobre todo objetos de laca. A partir de 1869, Zeshin recibió el encargo de trabajar para el gobierno imperial, y creó muchas obras de arte para ellos que lamentablemente ya no existen. Los dos paneles de este brillante biombo de pan de oro muestran escenas contrastadas de dos garcetas en reposo y tres cuervos en vuelo, con formas blancas y negras que se compensan mutuamente. El color blanco de las garcetas se logró cortando la capa de pan de oro y exponiendo el papel, una técnica que el artista usó en otros ejemplos de pintura aviar y que lo hacía muy especial en directo. Shibata Zeshin era conocido predominantemente como un maestro artesano de la laca, y también incorporó la técnica en sus pinturas. Aquí, la laca empleada en lugar de tinta agrega un rico brillo negro a la superficie de los cuervos. Las garzas como huidas hacia atrás, los cuervos realzados hacia delante. Esta composición, originalmente montada en dos paneles de madera separados enmarcados, combina pictóricamente elementos de la escuela Maruyama-Shijō, en la que Zeshin se formó, con las características del arte Rinpa.

 

Cranes Nagasawa Rosetsu (Japanese, 1754–1799)

 

Otro pintor de la escuela Maruyama-Shijō es Nagasawa Rosetsu (1754–1799). Este era un vistoso díptico de pergaminos colgantes que mostraba tres grullas japonesas de corona roja (tanchōzuru), sin más configuración de paisaje. Con la excepción del parche característico de las plumas carmesíes en la parte superior de la cabeza, que agrega un toque vivificante, las grúas se realizan solo en tinta. Los pies se colocan con cuidado, como sabía que hacía su mentor, Maruyama Ōkyo, en sus propias pinturas de pájaros. El efecto general es  de sorpresa y humor, como si nos topáramos con los pájaros y los sorprendieramos posando. Sobre todo el de la izquierda que parece que nos mira.

 

Cachorros en la nieve Nagasawa Rosetsu (japonés, 1754-1799)

De Nagasawa Rosetsu también había este delicioso Cachorros en la nieve. Parte de la alegría de la pintura proviene de la pincelada animada de las colas curvas y el pelaje silvestre de los perritos. Los únicos puntos de color en esta escena, por lo demás monocromática, son las bayas nandina rojas que crecen cerca de los robustos tallos de bambú. Estas pinturas para paneles de puertas correderas, actualmente articuladas para formar un biombo de dos paneles, originalmente eran los lados opuestos de los paneles (ahora en el Museo de Brooklyn) que representan siete cachorros y un bambú: una referencia cómica al tema antiguo de “Siete sabios de la Arboleda de Bambúes “. Rosetsu se estableció una reputación como un artista excéntrico pero imaginativo y popular.

 

Beauty on Veranda in Snow Artist-Sakai Hōitsu (Japanese, 1761–1828)

Aunque la colección Fishbein-Bender no se centró en los ukiyo-e porque, a su juicio, ya estaban muy bien representados en Occidente, si que había algunos de estos particulares grabados japoneses.  ¿Qué colección de pintura japonesa estaría completa sin incluir algun ejemplo de esta técnica?. El primero es de Sakai Hōitsu (1761–1828)del que hemos hablado como uno de los pintores fundamentales del arte japonés. Esta pintura de una cortesana de aspecto pensativo en una terraza en medio de una ligera nevada es indicativa del entrenamiento temprano de Hōitsu en la pintura de Ukiyo-e. El gesto de la mujer, de alzarse las capas de sus múltiples kimonos, con las manos ocultas, para velar la parte inferior de su rostro, aparece en las pinturas de Ukiyo-e ya a finales del siglo XVII. La firma “Gozosamente pintado por Toryō” y el sello “Teihakushi” sugieren que este trabajo fue creado a mediados de la década de 1790, cuando Hōitsu comenzó a usar este nombre. La pintura se ha unido recientemente con todo un grupo de once pergaminos colgantes de Hōitsu que representan cada uno de los meses del año, por lo que era el duodécimo mes que faltaba en el Museo, motivo por el que estos dos meritorios coleccionistas se empeñaron en buscarla.

Courtesan Holding a Poetry Slip Artist-Chōbunsai Eishi (Japanese, 1756–1829)

Esta elegante cortesana del pintor Chōbunsai Eishi ( 1756–1829), con el cabello sujeto con un lazos color rojo como su kimono y una constelación de horquillas, se da la vuelta para mirar detrás de ella mientras sostiene un trozo de poesía (tanzaku). Su kimono rojo está decorado con flores de cerezo, mientras que su túnica exterior, uchikake, con su diseño de gorros de cortesano y ramas de ciruelo, parece como si estuviera a punto de resbalar de sus hombros. Los motivos de la cereza y la ciruela son referencias a la primavera, mientras que los tanzaku y los gorros cortesanos son alusiones a los poetas aristocráticos de la literatura clásica. Aunque el entrenamiento inicial de Eishi fue en el estilo académico se especializó en pinturas y grabados de cortesanas refinadas de alto rango.

Standing Courtesan Artist-Hishikawa Moronobu (Japanese, died 1694)

En una pose a menudo utilizada por Hishikawa Moronobu (muerto en 1694) y sus sucesores, una cortesana camina con las rodillas dobladas y a pequeños pasos, tal vez haciendo su camino a lo largo de una avenida de los barrios de Yoshiwara, el distrito cercado del placer fuera de Edo (la actual Tokio). Lleva un uchikake con motivos de conchas de mar; las conchas están pintadas con motivos y dibujos, una referencia al juego de emparejamiento de conchas que tuvo su origen en círculos cortesanos.

 

Female Entertainer with a Koto Artist-Utagawa Toyoharu (Japanese, 1735–1814)

Una cortesana de alto rango con una llamativa túnica negra exterior con un motivo de plumas de pavo real sobre una prenda interior multicolor se encuentra delante de un koto (una cítara de trece cuerdas). Su cinturón obi está atado al frente, como era la práctica habitual de las cortesanas, porque representaba la habilidad de desvestirse para un cliente sin armar mucho jaleo. Utagawa Toyoharu, fundador de la escuela Utagawa de Ukiyo-e, produjo tanto pinturas de lujo -como se ve aquí- como diseños para grabados.

 

Hakuin Ekaku (Japanese, 1685–1768)
Virtue, mid-18th century

Tampoco había muchas pinturas caligráficas puras aunque podíamos ver esta fantástica de Hakuin Ekaku que representa el ideograma de la Virtud. Esta interpretación sobredimensionada del ideograma de “virtud” (toku 徳) refleja la energía espiritual exuberante proyectada por Ekaku, quien sería uno de los principales defensores del renacimiento de la secta Rinzai del budismo zen en el último período Edo de Japón. Originalmente compuesto por el historiador chino y erudito confuciano Sima Guang (1018-1086), el poema escrito dice:

Si acumulas dinero para tus hijos y nietos,

no podrán mantenerlo.

Si acumulas libros para tus hijos y nietos,

no leerán ninguno de ellos.

No, lo mejor que puedes hacer es acumular

silenciosamente la virtud,

en el reino del espíritu.

Tal regalo beneficiará a tus descendientes

Por un largo, largo tiempo

 

Outer Robe (Uchikake) with Phoenixes and Paulownia Date- early 20th century

La exposición se complementaba con otros objetos como este impresionante  uchikake de principios del siglo pasado. Un uchikake, como podeis leer en mi entrada sobre los kimonos, es una bata de seda forrada con un dobladillo acolchado con peso que ayuda a preservar sus líneas rectas, que se usa sobre otra prenda sin cinturón, generalmente para ocasiones formales o representaciones teatrales.  Este ejemplo se realizó como una prenda de boda y en consecuencia muestra una gran cantidad de símbolos de buenos auspicios . En China, el ave fénix era un símbolo de longevidad y buena fortuna, que aparecía en tiempos de prosperidad y señalaba el advenimiento del buen gobierno. En Japón, las pinturas de aves fénix que descansaban sobre árboles de peonías eran una especialidad de los artistas de la escuela Kano, y sus diseños también se adaptaron al arte textil.

 

Entre las piezas de arte contemporáneo que coexistían con la exposición estaba este magnífico biombo de Hiroshi Senju, un artista nacido en 1958 titulada Trono del Dios del Agua (Suijingū).. Las pinturas en cascada de Hiroshi Senju, casi abstractas pero que aún crean la impresión de agua en movimiento, se han convertido en sus piezas distintivas. Cada una es una evocación única de un encuentro con la naturaleza. El artista se ve a sí mismo trabajando en la tradición de los pintores de Nihonga que, a partir de fines del siglo XIX, utilizaron pigmentos, materiales y formatos asociados con la pintura tradicional japonesa para crear efectos modernos.

 

Fukami Sueharu , nacido en 1947, cerámica

Entre las piezas de cerámica contemporánea que perteecían a los coleccionistas y que éstos han pedido que se exponga conjutamente, destacaré tres. Esta obra de Sueharu Fukami (nacido en 1947) que se especializa en estas piezas de cerámica con un método único de forzar la arcilla a alta presión en moldes especialmente hechos en las que se esfuerza por no dejar ninguna indicación de la creación humana. Un poco casi como piezas de Isamu Noguchi o de Brancusi, son de una belleza excepcional que completaba perfectamente la exposición.

 

Upright (Kitsu) Fukami Sueharu (Japanese, born 1947)

 

Del mismo autor, esta impresionante pieza en forma de torre de más de metro y medio de altura, que de nuevo evoca a Brancusi y que se titulaba Arriba (Kitsu). Pertenece a la última serie del artista, Upright (Kitsu), que comenzó a producir en 2012. Una característica especial del trabajo de Fukami es la combinación distintiva del clásico esmalte azul claro (japonés: seihakuji) y la tecnología innovadora y moderna. Desde 1980, Fukami ha estado utilizando una técnica exclusiva de colada por deslizamiento a alta presión para evitar deformaciones. La porcelana se vierte en un molde de yeso con aire presurizado para garantizar que la arcilla en toda la pieza esté pareja. El distintivo esmalte recuerda los esmaltes luminiscentes de los vasos celadon de la dinastía Song. Las cualidades reflectantes de las superficies lisas y suaves de sus obras forman parte de la estética, que se basa en la interacción de la luz y la sombra.

 

GEnesis. Miyashita Zenji (Japanese, 1939–2012)

Y la última esta pieza titulada Génesis del ceramista Miyashita Zenji ( 1939–2012). A principios de la década de 1980, Miyashita Zenji había desarrollado su estilo característico, que consistía en aplicar capas finas de arcilla tintada con sutiles gradaciones en los matices del color. Su obra de madurez es una encarnación moderna de un estilo clásico de Kioto asociado con las túnicas cortesanas de varias capas o los papeles decorados hechos para escribir poesía durante el período Heian (794-1185).

 

Mynah Birds Artista no identificado japonés. Principios siglo XVII

Y para terminar este biombo de autor desconocido de principios del s. XVII. Una miríada de pájaros mainá sobre el oro y el azul de la costa quedan detenidos en un momento preciso del tiempo, algunos volando, otros en el suelo. Aunque no son originarios de Japón, dentro de la tradición literaria de Asia oriental, los pájaros mainás sirven como emblemas de honestidad, de pensamiento independiente e incluso de resistencia a la autoridad injusta. Asi que con esta protesta política, me despido, esperando que os haya gustado.

Like Life: La Escultura, el Color, y el Cuerpo,” (2ª parte de la exposición del Met Breuer de NY)

Like Life: La Escultura, el Color, y el Cuerpo,” (2ª parte de la exposición del Met Breuer de NY)

 

Esta segunda parte de la exposición sigue cumpliendo con las mismas premisas que habíamos citado en la entrada anterior que podéis ver pinchando aquí. A saber: una escultura que intenta difuminar los límites entre lo real y lo representado; una estimulante mezcla de obras de diferentes épocas, técnicas, medios y estilos; y una consideración ampliada de las fuentes de lo artístico. Es, de hecho en este segundo piso de la exposición donde quizás mejor se puede ver esa atrevida mezcolanza que sólo permiten los fondos de un museo como el Metropolitan, como por ejemplo con una llamativa obra que directamente proviene de los museos de cera, concretamente del museo de Madame Tussaud, u otras obras que evocan ese tipo de exposiciones comerciales de cadáveres desollados y plastificados, a menudo en poses de acción, que han viajado por el mundo en los últimos años. Aunque, en realidad, cuando uno contempla las obras de artistas como Ron Mueck, Duane Hanson, John de Andrea o el sobrecogedor autorretrato de Paul McCarthy, constata la dificultad de establecer con claridad cuáles  son y cómo operan los límites del arte. ¿O es que el museo es un atolladero? Vivimos en una época en la que el arte, que, como señala Oriol Capdevilla, otrora se proclamó autónomo (el arte por el arte), ha procedido después, a deshacerse en la inflación discursiva de el arte es lo que se dice que es arte. De lo que se trata, en el fondo en la opción escogida por los comisarios, y a mí me parece un acierto, es de desencadenar un efecto diferencial sobre lo establecido.

Y no hay mejor ejemplo que las dos obras yuxtapuestas con las que comienza la exposición de este segundo piso.

 

 

Una es la archiconocida La Petite Danseuse de quatorze ans de Edgard Degas, una escultura creada en 1881 de una joven estudiante de danza llamada Marie van Goethem, hecha originalmente en cera y que sólo se vació en bronce en 1922, cinco años después de la muerte del artista, por decisión de sus herederos. El tutú y la cinta del pelo son de tela y, de hecho, varían mucho entre las distintas copias que pululan por los distintos museos del mundo. La obra que se le yuxtapone es de Yinka Shonibare y de titula Girl Ballerina de 2007.

Yinka Shonibare Girl Ballerina 2007.

Yinka Shonibare es un artista anglonigeriano que reside en Londres ( y que tiene una incapacidad física que le mantiene la mitad del cuerpo paralizado) cuyo trabajo explora las identidades culturales, el  colonialismo y el post-colonialismo en el  contexto de la globalización. Una de sus marcas de estilo es le tejido de batik que, aunque original de Indonesia, se extendió por toda África a resultas de la influencia de los colonizadores holandeses. Aquí replica la conocida bailarina de Degas pero vestida con tejido de batik y a la que le ha quitado la cabeza y sin embargo le ha añadido una pistola de arcabuz que era típicamente usada en los duelos entre caballeros.

Bien entramos ahora en una sala bastante llamativa, con cierto aire de morgue, porque todas las esculturas son cuerpos recostados.

 

Toda la sala es sobrecogedora. La primera obra, que no se ve en la fotografía puesto que esta justo en la pared desde donde la tomé, es de Ron Mueck con el título Old woman in bed de 2000-02. Como si estuviésemos en un viaje de Gulliver, la escultura es de un tamaño aproximado a la mitad, o aún menos, del natural por lo que su realismo resulta aún más conmovedor. Como en otras obras del australiano Mueck todo parece real y familiar pero a una escala equivocada. Los ojos húmedos, las venas justo debajo de la piel, y las mejillas con un ligero rubor acentúan junto con el pelo y la ropa de cama reales, la sensación de realidad. Mueck usa expresiones sutilmente exageradas lo que, unido a su pequeña escala, aumenta el impacto emocional.

Ron Mueck. Old woman in bed. 2000-02

Tras ésta, otra obra espeluznante. Se trata de una de las llamadas Venus anatómicas que se fabricaron en el siglo XVIII en nombre de la ciencia. Como, en aquella época, no era posible preservar los cadáveres por mucho tiempo Felice Fontana, físico, toxicólogo y estudioso de la anatomía, le pidió a Leopoldo,  gran duque de Toscana i hijo de la ilustrada emperatriz austríaca Maria Teresa, si podía ofrecerle apoyo financiero para abrir un taller para crear modelos de cera destinadas al estudio médico. Fruto de esta colaboración nació un taller se convirtió más tarde en La Specola, el Museo de Historia Natural que exhibió varios de los trabajos de Clemente Susini, uno de los principales escultores en cera, y que se hizo muy famoso en la época. Os pongo una fotografía de internet para que veáis la escultura cerrada y abierta.

 

 

Fontana workshop Anatomical venus.(Italian, 1754–1805)

Justo a su lado y muy apropiadamente traída está el autorretrato de Paul McCarthy titulado Horizontal, un vaciado real del propio artista. La silicona muestra cada arruga, cada vello y cada pliegue, el color revela cada detalle de la piel, el cabello es real delpropio artista por lo que presenta todos los indicios de la vida, sin dejar de ser una forma vacía,  un aterrador avatar del provocador artista californiano.

 

Paul McCarthy Horizontal 2012 Platinum silicone, fiberglass, aluminum, stainless steel, natural hair

Y justo detrás el extraordinario Cristo yacente de Gregorio Fernández, obra maestra sin lugar a dudas de nuestra escultura barroca en préstamo para la exposición del Museo de El Prado, realizado para la Casa Profesa de los jesuitas de Madrid (posteriormente San Felipe Neri). Esta pieza, a pesar de su importancia o acaso por eso mismo, ha ido dando tumbos por todas partes desde su destino inicial hacia el desaparecido Museo de la Trinidad, residencia temporal sustituida en 1860 por la de la iglesia de Atocha, cuyo derribo en 1903 obligó a un nuevo traslado al Buen Suceso y desde allí, en 1922, al Prado hasta llegar a su destino definitivo en el Museo Nacional de Escultura cuando éste fue creado por la República en 1933. En esta pieza que, durante años, tuvieron cubierta por una sábana porque la desnudez de Cristo no se podía mostrar, según la página web del museo del Prado

la serenidad que muestra el cuerpo de Cristo es un verdadero trasunto de la muerte como ausencia de vida, provocando una sensación de realidad traducida en la forma de mostrar un cadáver frío, inerte e inmóvil.

 

Gregorio fernández Cristo yacente,1625-30 Madera. Museo Nacional del Prado, Depositado MNColegio de San Gregorio, Valladolid

Una delicia contemplarlo tan de cerca y poder ver en él el pequeño receptáculo abierto en la zona de la herida del pecho para colocar en él la hostia consagrada, y convertir así la escultura en un sagrario. Hay una extraordinaria elegancia en la colocación, con el cuerpo describiendo casi una ese abierta, la cabeza vuelta hacia el que mira y la pierna izquierda elevada para descansar sobre la derecha. Bellísimo.

Frente a él un ataúd abierto con un John F. Kennedy muerto del artista italiano Maurizio Cattelan, que en 2012, en pleno apogeo de su fama, decidió abandonar la práctica artística. La pieza de 2003 paradójicamente se titula Now y pretende algo muy acorde con esta era Trump, reflejar el estado de desilusión de la actual sociedad americana.

Maurizio Cattelan Now, 2004

Luego viene una de las obras más llamativas de la exposición proviniente de la colección del museo londinense de Madame Tussaud. Se trata de la Sleeping Beauty basada en la amante de Louis XV Madame du Barry y que fue una de la primeras obras del escultor Philippe Curtius. Lo extraordinario es que está bellísima pieza respira, Aunque el mecanismo de relojería por el que respiraba se ha cambiado ahora por uno eléctrico. Reclinada, como si estuviese desmayada, con su cuello expuesto y su pecho semi descubierto, es evidentemente el morboso producto de una imaginación masculina, casi un fetiche sin disimular: la más famosa amante del reino, respirando pero inconsciente, expuesta a la imaginación masculina.

 

Philippe Curtius’ Breathing Sleeping Beauty, Madame Tussauds, London-

Podéis ver aquí un vídeo de cómo esta extraordinaria escultura movía el pecho  y llenaba, con el  sutil murmullo de su mecanismo, toda la sala con un rumor extraño.

Para acabar esta macabra sala, terminamos con una maravillosa obra recién adquirida por el Metropolitan, en 2016, de Luisa Roldán, la Roldana que muestra bien a las claras el creciente y elevado aprecio que nuestra escultura barroca despierta en las colecciones de los museos más señeros. El mismo Metropolitan había adquirido un poco antes también una pieza de Pedro de Mena que veremos posteriormente.

Esta magnífica y suntuosa escultura en barro cocido y policromado que representa El entierro de Cristo, mide 66 cm. de ancho y 49,5 cm de alto, por lo que está lejos del tamaño natural del resto de piezas de la sala aunque, sin embargo, es enorme para ser de barro. Obra extraordinaria se incluye, sin duda, en la etapa madrileña de Luisa Roldán, establecida en la corte como primera mujer escultora de cámara ya en tiempos de Carlos II, y que tuvo numerosas dificultades económicas, al comienzo del reinado del primer rey de la nueva dinastía de los Borbones, Felipe V. Precisamente esta obra, que fechan hacia 1701, pudiera tratarse de una obra con la que la escultora sevillana tratase de llamar la atención del nuevo monarca. Maravillosa la Magdalena y maravilloso el Cristo que  invitaba a compararlo con el vecino de Gregorio Fernández. Mucho más teatral esta pieza con esos dos portadores de la lápida que dan el contrapunto vertical a la pieza.

Luisa Roldán.La Roldana. Santo Entierro. 1701

Fantástico también este San Sebastián de la escuela genovesa, del escultor  Anton Maria Maragliano, fechado en 1726, es decir ya en el siglo XVIII, un autor que en Génova y desde su iglesia de San Remo, renueva en clave barroca y casi ya pre-rococó el arte ede la escultura policromada. Magnífica ocasión para ver esta escultura, encargada en 1700 por la Confraternita dei Bianchi di Rapallo donde aún se conserva después da más de tres siglos,  pues ha sido especialmente restaurada para esta exposición a expensas del Metropolitan.

St Sebastian by Anton Maria Maragliano, 1726

En la siguiente semana, vemos otro más de esos parangones que se realizan a lo largo de la muestra, al yuxtaponer el Crucifijo Nellingen del temprano  y prerreformista siglo XV alemán, con varias piezas en terracotta del italiano Lucio Fontana de mediados del siglo XX, maravillosas, por cierto.

Hechas entre 1948 y 1961, y fruto de largos años de trabajo obsesivo, se puede decir sin duda que ningún artista del siglo XX ha trabajado tanto sobre este tema como Fontana, lo que para mí ha sido una sorpresa ya que conocía de él una obra totalmente diferente.

Lucio Fontana Crucifix (1955)

En esta sala, hay otra que está muy impactante y contemporánea. Se trata de esta Pietá de 2008 de una escultora belga llamada Berlinde de Bruyckere  cuya obra, por lo que he visto, trata de cuerpos que, aunque incompletos y desmembrados, forman nuevas y sorprendentes unidades.

 

Berlinde de Bruyckere Piëta 2008

 

Luego viene la pieza Ecce Homo de Pedro de Mena a la que hacía referencia anteriormente, que junto a una Dolorosa, fueron adquiridas por el museo metropolitano en 2013  a la galería española Coll & Cortés. Estos bustos hiperrealistas  (de 63 cm y 64 cm de alto respectivamente), realizados hacia 1670-1680 en madera polícroma son una muestra más del muy reciente interés por la escultura barroca española, sobre todo a partir de la exposición Lo sagrado hecho real organizada por la National Gallery de Londres en 2009-2010.

Pedro de Mena, “Ecce Homo” (1674-85)

Luego venía esta impactante pieza de un tal Master IPS de Alemania, o acaso Austria, dela que lamento no haber tomado más notas, porque no he conseguido averiguar más, pero no podía dejar de ponerla. La obra, al decir de la cartela, venía a ser una ilustración de la Transustanciación en un momento en que la Reforma ponía en duda ese dogma de la Iglesia Católica. Los huecos que aparecen así en el Cristo se corresponderían con los trozos del cuerpo de Cristo que él nos da de comer  en la Eucaristía transformando su carne en alimento de la vida eterna.

Master IPS

Entramos  así en las últimas dos salas donde vamos a ver obras más contemporáneas y quizás donde se abandona un poco, aunque nunca del todo, ese hiperrealismo que hemos venido viendo hasta ahora. Comenzamos por esta pieza sin título de la neoyorquina Kiki Smith  de 1992.

 

>Kiki Smith Untitled 1992

Esta que sigue es una obra que no recuerdo bien dónde estaba ubicada, pero sí que era un retrato hecho a escala 1:1 de Raj Kissen Mitter, de alrededor de 1840,que proviene del Peabody Essex Museum. Se trata de un empresario baniano de la zona de Calcuta que lo mandó como regalo a sus clientes norteamericanos. No es el único caso, existen otros como el Rajinder Dutt y que al parecer no eran del todo extraños a los artesanos indios del estilo Krishnanagar y para los que las Ferias mundiales del siglo XIX tanto de Europa como de América crearon una auténtica demanda hasta el punto de que se considera que estos escultores fueron los instigadores de la transformación hacia el modernismo de la práctica escultórica del sudeste asiático.

Attributed-to-Sri-Ram-Pal-Indian-flourished-mid-19th-century-22Raj-Kissen-Mitter22-circa-1840

Este es una obra de la interesantísima escultora, ya fallecida, Greer Lankton con el título Rachel (1985), hecha en  papel mâché, y destinada a ser maniquí en un escaparate neoyorquino.  Greer Lankton es una artista estadounidense conocida sobre todo por crear muñecas reales, a veces en papel, otras cosidas, que a menudo representaban amigos y celebridades y que se mostraban en elaborados escenarios teatrales. Conocida de David Wojnarowicz y Nan Goldin, fue, como éstos, una figura clave en la escena artística de East Village de la década de 1980 en Nueva YorkNan Goldin dijo de su trabajo: “Greer fue una de las pioneras que desdibujó la línea entre el arte popular y las bellas artes “. Aquí represnta a Rachel Rosenthal, una artista interdisciplinaria y de performance,  y activista de los derechos de los animales. Esta escultura es, junto con el Hércules de van Tetrode, la otra mitad del cartel anunciador de la exposición.

Rachel, Greer Lankton (1985), Papier-mâché,

A su lado este San Pablo ermitaño de Juan Alonso Villabrille y Ron, un escultor barroco español de fines del XVII y principios del S. XVIII , de Asturias  y tempranamente establecido en Madrid. De Juan Alonso Villabrille y Ron únicamente se conoce firmada con ese nombre y fechada en 1707 una Cabeza cortada de San Pablo en el Museo Nacional de Escultura , en madera policromada. En esta pieza atribuida que se conserva en el Meadows Museum de Dallas, Villabrille modela al santo con increíble verismo anatómico que resalta su edad avanzada, en  terracota y siguiendo el modelo de la Magdalena penitente que Pedro de Mena realizara en 1664 de la que toma la indumentaria de palma trenzada y el alarde naturalista como exaltación de la ascética propugnada por la Contrarreforma.

Juan Alonso Villabrille y Ron (c. 1663-1732), Saint Paul anchorite, c. 1715 Terracotta Dallas, Meadows Museum

Frente a ellos, esta obra, que es la que más recordaba a esas exposiciones que pululan por el mundo de cuerpos reales embalsamados en posturas anatómicas, que representa a un cavador, L’Écorché (Despellejado) de Alphonse Lami  de 1857-58. Alphonse Lami, nieto ilegítimo del príncipe Francesco Borghese, primer escudero de Napoleón, fue un escultor francés, aventurero, egiptólogo y expedicionario a México también, del siglo XIX. Esta pieza se conserva en  La Specola,  el Museo de Historia Natural fundado entre 1780 y 1789 en el Palazzo Torrigiani de Florencia por el duque de Toscana, de donde también provenía la Venus Anatómica.

The Digger (L’Écorché) de Alphonse Lami (1857-58)

Del omnipresente y para mi sobrevalorado Damien Hirst está esta pequeña pieza titulada Virgin (Exposed) de 2005, de los fondos del propio Met, del que dice en su web:

Virgin (Exposed) vuelve a imaginar provocativamente La Bailarina de Catorce Años de Edgar Degas como un espécimen preñado, mientras que su título hace referencia a la Virgen María y la Inmaculada Concepción. Sus llamativos colores recuerdan los modelos anatómicos y las ilustraciones que se encuentran en las oficinas de los médicos. Parcialmente desollado y seccionado transversalmente, el trabajo también evoca figuras históricas anatómicas femeninas cuyos abdómenes se pueden abrir.

Forma parte de toda una serie de obras de este mismo estilo “anatómico forense” y tiene una réplica gigantesca realizada en bronce en  el exterior del edificio Lever House, de New York.

Damien Hirst. Virgin (Exposed) 2005

De mi admirado Paul Thek, un artista que aún necesita mayor reivindicación y al que conocí en una impresionante exposición en la Fundación Tapies de Barcelona hace ya la friolera de 22 años,  hay una obrita de su serie Relicarios tecnológicos de finales de los sesenta (ya quisiera Damien Hirst) y que eran una reinterpretación de esos relicarios católicos de las iglesias para los que Thek creó cajas de plexiglas con replicas naturalísticas realizadas en cera de trozos de carne o partes del cuerpo. Thek dijo de ellas:

“Dentro de estas cajas brillantes y ostentosas. . .de fórmica, de vidrio y de plástico, hay algo muy desagradable, muy atemorizador y absolutamente real. . .el asunto más candente conocido por el hombre: el cuerpo humano “.

Para Paul Thek, pareja durante años de Peter Hujar, esta serie era una respuesta a la carnicería de la Guerra de Vietnam y una expresión del temor de que la tecnología científica que alimentó la guerra suprimiera el espíritu humano. Y es cierto que al ver esta en concreto, en seguida pensé en aquel brazo de la película Terminator.

Paul Thek Untitled (from the series ‘Technological Reliquaries’), ca 1966-67. Acrylic paint, hair and collage on plaster in Plexiglas vitrine

Y no podía faltar Robert Gober, uno de los artistas que más ha trabajado con trozos del cuerpo humano y, al que no hace mucho, en 2014, el MoMA dedicó una gran retrospectiva en la ciudad. Esta obra titulada Untitled (Torso). Body Politics es de 1992. Como siempre en su obra evocando la idea de fragmento y con el aire siniestro que le caracteriza, tirado por el suelo y doblado por su propio peso.

ROBERT GOBER Untitled(torso) Body Politics, 1990

Muy interesante esta obra del joven,- bueno, tiene mi misma edad-, escultor alemán, radicado en Brooklyn, Oliver Herring, titulada Patrick (2004). Herring que comenzó siendo pintor, y fue después  fundamentalmente artista de performance,  también realiza estas  Styrofoam Photosculptures. Para ello, comienza con una base de poliestireno y pega miles de fotografías del propio modelo, cortadas con una delicadeza sorprendente, y después adheridas a la base. Para este retrato de Patrick usó la postura de El pensador de Rodin.

Oliver Herring, Patrick (2004)

Instalados, como veis desde hace rato, en el arte más contemporáneo, en esta sala hay muchas obras que abandonan por completo ese hiperrealismo que caracterizaba el resto de la exposición. Como ejemplo las tres próximas obras, curiosamente todas obras de mujeres escultoras. La primera está de Dorothea Tanning de 1970, titulada Emma. Dorothea Tanning, eclipsada un poco a la sombra de su marido, el proteico Max Ernst, es no sólo una interesante escultora sino también poeta y pintora que le sobrevivió casi 35 años, muriendo a la sorprendente edad de 101 años y justo después de haber publicado su segundo libro de poemas, Coming to That  (Graywolf Press, 2011).  Emma pertenece a grupo de esculturas blandas realizadas por Tanning a fines de los sesenta que evocan el cuerpo femenino. Aquí la tela rosa, las formas enfáticas e incluso escandalosamente redondeadas,  y las extrusiones de las extremidades que, al doblarse sobre sí mismas, ayudan a equilibrar la escultura horizontal, se combinan para crea este ‘desnudo’ metamórfico de una mujer embarazada.

 

Dorothea Tanning. Emma. 1970

Muy bien emparejada con la escultura anterior, esta pieza de mi admiradísima Louise Bourgeois titulada Three Horizontals de 1998. Estas esculturas hechas de tela fueron las obras que siguieron a sus famosas jaulas o células.: cuerpos a la  Bourgeois. muchos heridos, mutilados, suspendidos. En estos Three Horizontals (1998), montados uno encima del otro, el cuerpo parece irse condensándose, reconcentrando, como si fueran versiones más esenciales de una misma persona, a la vez que las heridas, por las que el relleno desbordaba y salía hacia el exterior, se van desvaneciendo. Una genia, inigualable.

Louise Bourgeois. three Horizontals. 1998

Homenajeando seguramente esta tendencia, la más joven Sarah Lucas, perteneciente, como su colega Damien Hirst, a la así llamada YBA Generation (Young British Artist) que florecieron en torno al galerista   Charles Saatchi y las exposiciones  Freeze (1988) y Sensation  (1997). La misma Sarah Lucas, que representó a su país en al Bienal de Venecia de 2015, reconoce la influencia de Louise Bourgois en la elaboración de estas piezas, titulada Nud Cycladic, así como las de Barbara Hepworth, Henry Moore y Hans Bellmer. Para realizarlas uso medias de mujer vulgares y corrientes, lo que le da esa textura rara y familiar a estas formas casi alienígenas que transcienden los géneros y expanden los limites de lo que consideramos humano.

 

Sarah Lucas. Nud cycladic 2009

Estrictamente contemporánea de Lucas, Janine Antoni, una artista nacida en Bahamas pero residente en Nueva York, y esta pieza titulada Saddle o Silla de montar, del año 2000, realizada superponiendo a su propio cuerpo la piel de una vaca aún húmeda. La escultura,  casi translúcida ahora, reproduce con fidelidad todo el proceso físico descrito, impresionantes los pies, y, según la propia artista, puede ser interpretada como una demostración de humillación y opresión, pero también como una demostración de la fuerza y el coraje de la mujer.

Janine Antoni, Saddle (2000)

Y aunque nos habíamos ido casi al arte conceptual y abandonado por completo el hiperrealismo que caracterizaba toda la exposición, uno se queda con ganas de que los comisarios hubieran seguido por ahí. Sin embargo volvemos de nuevo a lo más figurativo, no sin cierto fastidio, al menos por mi parte, a pesar de esta hermosa Mujer Sentada de Jean Leon Gerome, del que vimos aquel cuadro de Pygmalion y Galatea.

Jean Leon Gerome (1824-1904) Seated Woman ca. 1895

Más curiosos y fascinantes me resultaron estos toreros de Juan Chaez que, como he descubierto,  forman parte de un nutrido conjunto conservado en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid . El conjunto, según el museo:

…se contaba entre los bienes pertenecientes al Infante Carlos María Isidro, hijo de Carlos IV y hermano de Fernando VII, embargados en 1833 y luego subastados, aunque seguramente su propietario original y comitente fue el propio rey Carlos IV, de quién los heredaría el infante; adquiridos por el duque de Osuna para su conocida residencia madrileña de la Alameda, a finales del XIX pasaron a manos del duque del Infantado hasta su adquisición por el Estado.

En 1999 ingresó en el museo la que se consideraba como la había descrito el erudito Sánchez de Neira hacía ya más de un siglo, “la más original, acabada e inmejorable colección de figuras de talla” de temática taurina, compuesta originalmente de “cinco grupos de a tres toreros en diferentes actitudes, o sea, en tres suertes de matar y dos de varas, con un grupo además de mulillas arrastrando al toro y un alguacil a caballo”. Si bien se desconoce cuántas componían en origen la colección, no debían ser muchas más de las 27 esculturas en madera policromada que han llegado hasta nosotros. De ellas 18 corresponden a personajes de la lidia, de unos 60 cm. de altura, y vestidos con ricos trajes que reproducen al detalle los atuendos toreros de finales del siglo XVIII; las 9 restantes son los animales (4 toros, 3 caballos y 2 mulillas) que participan en las diversas escenas, representados con un sorprendente conocimiento de la anatomía animal y que en el caso de las caballerías están ricamente enjaezados con adornos ejecutados al gusto de la época.
Este conjunto sin parangón en el panorama escultórico español, que responde a la corriente costumbrista desarrollada en el arte hispano a finales del siglo XVIII e inicios del XIX a cuya cabeza se sitúa Goya, es además, un documento histórico inigualable.

Podéis  verlo entero pinchando aquí 

Juan Chaez. Toreros.1776=1800 (Finales del siglo XVIII)

En esta misma onda, esta muñeca anónima que se solía utilizar para mostrar las nuevas modas venidas de Europa en los escaparates de finales del siglo XVIII.. El antiguo propietario la había mimado tanto que se exponía junto a su caja, forrada con un papel de loros que timidamente se intuye a la izquierda de la foto.

Frenta a ella esta impresionante obra de Mary Sibande,  titulada ‘Rubber Soul, Monument of Aspiration’.  de 2013. La pieza pertence al Toledo Museun of Art. Según la propia web de ese museo;

[Mi] trabajo aborda las ideas de los opuestos binarios de ‘poder y debilidad’, ‘esfuerzo y la falta de eso’, pero también complicado por las formas de representar este enigma. dice la propia  Sibande

En su trabajo, Mary Sibande investiga cuestiones de raza, clase y poder en la Sudáfrica posterior al Apartheid. Rubber Soul es el último de una serie que representa al personaje semi-autobiográfico de Sibande, Sophie, una criada sudafricana. Sophie suele aparecer como un maniquí negro mate con los ojos cerrados, vestida aparentemente como una doncella y una señora victoriana. La ambigüedad del vestuario es una forma a través de la cual Sibande cuestiona las dicotomías excesivamente simplistas de la sirviente contra la amante y de lo negro contra lo blanco, al mismo tiempo que afirma el poder de la fantasía y la identidad autodidacta.

La tela caqui y los botones de latón del vestido de Sophie están asociados con los trajes característicos de los miembros masculinos de la Iglesia Cristiana Sionista de Sudáfrica, al igual que los zapatos blancos con suela de goma. La acción de saltar de Sophie, era parte de los rituales de alabanza de los fieles varones. Al usar esta ropa y participar en esta actividad prohibida, Sophie está desafiando directa y poderosamente las normas de género.

Mary Sibande, ‘Rubber Soul, Monument of Aspiration’. 2013

Seguimos de nuevo con otro parangón, el formado por las dos siguientes obras, muy cercanas en su forma, pero muy distantes en su contenido. La primera es Sarah en el espejo (1996) uno de los seres diferentes de Juan Muñoz, que no necesita mayor presentación.

Sarah en el espejo. Juan Muñoz 1996

Y el otro es  El experimento  de Elmgreen & Dragset. El danés Michael Elgreen (1961) y la noruega Ingar Dragset (1968) vienen desarrollando su trayectoria artística en colaboración desde que se conocieran en 1995. Aunque sus trabajos iniciales se desarrollaron sobre el formato performance, según la galería Helga de Alvear que los representa, la mayor parte de su obra transita por el lenguaje de la escultura. El desarrollo natural de su trabajo les ha llevado a realizar obras cada vez mayores y más complejas hasta recrear espacios que, a primera vista, pueden parecer reales: En 2009 el dúo diseñó los pabellones de Dinamarca y Noruega de la 53ª Bienal de Venecia convirtiéndolos en las casas de coleccionistas de arte con su aclamada exposición The Collectors, y en 2013 convirtieron las antiguas galerías de textiles del Victoria and Albert Museum en la gran casa de un desilusionado arquitecto con la exposición Tomorrow. La pieza aquí presentada creo que no necesita ninguna explicación pormi parte.

Elmgreen & Dragset, The Experiment, 2012, polyester resin, glass fiber, acrylic

Bueno, y vamos acabando. En la última sala, dedicada a los maniquíes, o así lo parecía, encontramos esta imagen de vestir de San Rocco del escultor, Romano Alberti, conocido como Nero Alberti da Sansepolcro, perteneciente a la  iglesia de San Francesco en San Sepolcro cerca de Arezzo (Toscana), y es del siglo XVI, concretamente de alrededor de 1527, es decir del Renacimiento más canónico lo que se advierte en su elegante contraposto. San Roque era especialmente venerado por ser el protector contra la peste. San Roque, peregrino francés cuya devoción se extendió por toda Europa como protector de epidemias. suele aparecer representado en las artes plásticas vestido de peregrino con bordón, sombrero y capa, herido en una pierna, siendo la más habitual la izquierda, y acompañado de un perro llamado Rouna o un ángel, aunque a veces son representados ambos. Aunque Nero Alberti realizó maniquíes de vestir con los miembros móviles, en este caso se trata de una escultura completa,lo que no era óbice para que se le vistiese con la capa y el sombrero de peregrino para procesionar. El hueco en la peana, sugiere que se debía adicionar el perro también.

Nero Alberti da Sansepolcro.San Roque. Iglesia de San Sepolcro. Umbertide

Aunque ya se la veía al fondo de la anterior fotografía, tenemos aquí la obra titulada Media Muñeca o la Demi Poupée del incalificable Hans Bellmer. Aunque fue un miembro destacado del grupo surrealista en los primeros años 30, continuó dibujando y creando esculturas hasta bien entrados  los setenta  incluyendo esta obra que se terminó en 1971, apenas cuatro años antes de morir y cuando ya era septuagenario. El tema de su arte parece que puede rastrearse hasta su infancia cuando tenía fantasías eróticas con su prima más joven llamada Úrsula. Sus temas clara y evidentemente eróticos eran demasiado incluso para la Francia de la época y solo pudo exponer dentro de las publicaciones experimentales y de los happenings surrealistas.  Sin embargo muchos escritores como  Paul Eluard y notablemente Georges Bataille  (Historia del ojo) le pidieron  ilustraciones para sus libros. Tuvo una relación con la fascinante Unica Zurn, aunque los problemas de salud mental de la artista alemanano ayudaron mucho.

La demie poupée’ tiene solo una pierna, un brazo y un pecho, pero como sus más tempranas muñecas, lleva un enorme lazo detrás de su cabeza calva y un calcetín blanco y zapato de los llamados Mary Jane. Posiblemente el rasgo más bizarro, ahora que se puede usar este adjetivo con este sentido, sea la cabeza con una forma que recuerda un pene o a la hendidura entre las nalgas – Solo la pequeña boca nos da pistas de que es una cabeza humana.

Hans Bellmer. La demi poupée. 1971

Después tenemos un maniquí femenino del más importante y conocido artífice de maniquíes para artistas que fue el francés Paul Huot. En el siglo XIX, los artesanos más sofisticados fabricaban los maniquíes más buscados y apreciados por los artistas, y no sólo artistas, parisinos. Entre los más grandes, sin duda, estaba Paul Huot, cuyas creaciones con crin de caballo, seda, cera y papel maché se construían en torno a “esqueletos” de madera y metal, de modo que las extremidades se movían con la fluidez de un cuerpo real. No es de extrañar que estas muñecas increíblemente reales inspiraran las historias cortas de E.T.A. Hoffmann, que a su vez sirvieron de inspiración a Los cuentos de Hoffmann de Offenbach.

‘Female Mannequin’, by Paul Huot, c1816

Menos sofisticado, al ser solo de madera, pero también articulado, otro maniquí de artista, el del escultor neoclasicista danés Berthel Thorvaldsen.

 

Maniquí del escultor Berthel Thorvaldsen

También había una urna con un busto de cera del holandés Pierre Imans que se describía a sí mismo como “escultor and ceroplástico,” y era propietario de una de las dos compañías francesas más importantes de maniquíes (la otra era  Stockman y acabrían fusionándose en Imans & Stockman hasta hoy en día) en el primer cuarto del siglo XX. Con los ojos esmaltados y pelo humano real, que falta aquí, sus figuras de cera increíblemente realistas. No hace mucho se le vendió un homenaje en la exposición Silent Partners: Artist and Mannequin from Function to Fetish en el Fitzwilliam Museum, en 2015 que fue galardonada como exposición del año y que tel vez algún día cubra aquí retrospectivamente. El otro, de reminiscencias surrealistas, es el Sex-Paralysappeal de Wilhelm Freddie, un artista danés muy influido por Salvador Dalí. Esta pieza es de 1936. Sus obras muy a menudo se consideraron, por razones evidentes, como pornográficas.

Wax bust by Pierre Imans, 1910s–20s y Sex-Paralysappeal de Wilhelm Freddie  1936.

Había también en un maniquí una obra muy divertida de Meret Oppenheim titulada Evening dress with Bra-strap Necklace, ya de 1968, de la que os cuelgo un detalle del llamado collar-sujetador. No apto para cualquier mujer. ¿O sí?

Meret Oppenheim.Evening dress with a bra-strap necklace. 1968

En fin, a estas alturas, entonces, como ahora, ya no podía más. Espero que os haya gustado tanto, como yo me divertí viéndola. A pesar del ambiente de gabinete de curiosidades, a pesar de las, para mi, innecesarias y eruditas explicaciones, a pesar de sus constantes altibajos “Like Life” finalmente triunfa espectacularmente, y nunca mejor dicho, como un replanteamiento radical de cómo un museo como el Metropolitan puede presentar el arte contemporáneo en el contexto de su extraordinaria y enciclopédica colección y conseguir, al mismo tiempo, algo tan buscado por los museos actuales, un rotundo éxito de asistencia de público de toda clase y condición. Muy recomendable si queréis pasar un rato divertido en Nueva York.

 

 

 

 

Like Life: La Escultura, el Color, y el Cuerpo,” (1ª parte) en el Met Breuer de NY o el éxito de visitantes del eclecticismo

Like Life: La Escultura, el Color, y el Cuerpo,” en el Met Breuer de NY o el éxito de visitantes del eclecticismo

Esta exposición se llama Like Life: Sculpture, Color, and the Body (1300–Now), y podrá verse desde el pasado 21 de marzo hasta el 22 de julio en el Met Breuer de Nueva York, el que antes era el edificio del museo Whitney. Según Luke Sysson secretario del departamento de escultura europea y artes decorativas del museo y uno de sus comisarios,

se trata de 700 años de extraordinarias esculturas que fueron, en su momento, hechas para persuadir al que las contemplaba de que algo humano merodeaba en el corazón de una escultura inanimada.

Ocupa los dos pisos superiores del complicado edificio, que,  los montadores de la exposición han solventado con auténtica maestría e incluso elegancia, puesto que la visita es de lo más fluida y elegante a pesar de la escasez de iluminación natural. Hablamos, por tanto, de una exposición de grandes dimensiones con un enorme grupo de obras, más de 120, que reflejan esa urgencia extraña de los artistas en crear simulacros de nosotros mismos. Por ello, he decidido dividir esta entrada en dos, cada una dedicada a un piso, puesto que, gracias a esa costumbre, extraña en España, de permitir tomar fotografías, os podré mostrar algo más de la mitad de las obras,

Los comisarios según confiesan en el video promocional, intentaron abarcar todos los tipos de tácticas que los artistas usan para convencer al espectador de que lo que contemplan es un ser humano vivo (o en ocasiones un cadáver). Se incluyen muchos trabajos con cera, un material cuya blandura y suavidad evoca la carne humana, pero también en mármol, en piedra, en madera, en bronce, en barro, cuero e incluso en materiales más modernos como el latex o el polivinilo. Encontramos además, para acentuar ese realismo, -algo que no es ajeno a nuestra escultura barroca, excelentemente representada- partes del cuerpo como puede ser pelo humano, real o en pelucas, dientes, huesos o vestiduras auténticas que acentúan aún más esa vocación hiperrealista. Aunque también encontramos, sobre todo en la última parte, obras que abandonan esa actitud  de imitación de lo real como en el caso de Louise Bourgeois, Dorothea Tanning o Sarah Lucas que, no sólo no desmerecen, sino que nos dejan con ganas de más y de que la exposición no fuese tan literal.

 

 

La exposición, y así se muestra en las cartelas, pretende además ser una reivindicación del color en la escultura, cosa que a los españoles amantes de nuestra incomparable escultura barroca nos parece una excelente noticia. Como no podía ser de otra manera, Alonso Berruguete, Martínez Montañés, Gregorio Fernández, Luisa Roldán, la Roldana, Pedro de Mena y otros, están presentes en la muestra, con obras de altísima calidad, como veréis más adelante. Como dice en su página web de la exposición:

¿Cuán perfectamente debería la escultura figurativa parecerse al cuerpo humano? Las historias y las teorías de la escultura occidental típicamente han favorecido las representaciones idealizadas, como lo ejemplifica la estatuaria austera de mármol blanco de la tradición clásica. Tales obras crean la ficción de cuerpos que existen fuera del tiempo, el espacio y la experiencia personal o cultural. Como la vida, por el contrario, coloca esculturas clave de diferentes épocas en una conversación entre ellas, para examinar el viejo problema del realismo y las diferentes estrategias desplegadas por los artistas para difuminar las distinciones entre el original y la copia, entre la vida y el arte.

 

 

Los comisarios, dirigidos por Sheena Wagstaff y Luke Syson del Metropolitan Museum (es una exposición exclusiva que no viajará a otros sitios, dado que la mayoría de las piezas pertenecen a los fondos del museo), desarrollan la tesis de que la escultura figurativa coloreada ha sido injustamente despreciada desde que el Renacimiento canonizó un error de apreciación cometido durante su sobrexcitado revival de la antigüedad. La creencia de que la blancura de los mármoles griegos y romanos supervivientes era un rasgo estilístico fundamental, mientras que ahora sabemos que se debía únicamente a que habían perdido su policromía original. Este blanco, o mejor esta ausencia de color, puesto que el bronce sí se permitía, se convirtió en un una imposición y un tributo hacia el arte clásico que fue de riguroso seguimiento para la figuración occidental en tres dimensiones durante los siguientes siglos. La exposición, cuya primera sección se llama La presunción del blancocomienza por tanto con un grupo de obras deudoras de esa exigencia estilística, como podéis ver en la imagen de arriba.

 

.-Hiram Powers detalle de la escultura California

La escultura pintada, como señalan en el catálogo, que había sido común en las iglesias medievales, se redujo a los márgenes de un uso considerado decididamente como vulgar, como en los carnavales y en las procesiones religiosas, así como en los adornos decorativos, como las figurillas de cerámica. El error fue reconocido ya en el siglo XVIII, pero la regla del pudoroso monocromo persistió hasta bien entrados los tiempos modernos, incluso cuando las vanguardias suprimieron las imágenes figurativas. De esa consideración y no otra, emana la poca atención que ha tenido la escultura barroca española en la literatura artística hasta tiempos bien recientes, a pesar de que a mi juicio, cuenta entre sus artífices con algunos de los mejores escultores de la historia del arte. Este desprecio por el color en la escultura ha pervivido hasta hace bien poco. Peter Schjeldahl, en su crítica de la exposición el el New Yorker, cuenta la anécdota de que todavía en los años sesenta, el crítico Clement Greenberg, en calidad de albacea de la herencia del escultor David Smith, con la enorme presunción que le caracterizaba, eliminó la pintura de algunas de las obras abstractas, pensando que así las  mejoraba.

Bharti Kher Mother.2015

Otra de las características de la exposición, que debe contarse entre sus mayores éxitos, consiste en mezclar obras de diferentes épocas, sin seguir nunca, en ninguna sala,  nada parecido a un criterio cronológico. De hecho, en esta primera sala, conviven obras de inspiración clásica con obras contemporáneas que mantienen ese rigor monocromo.Así, podemos ver obras como Madre de la artista india Bharti Kher (1969) de 2015, la impresionante e indescifrable Aluminium girl del artista californiano Charles Ray, de 2003

Charles Ray – ALUMINUM GIRL; Creation Date: 2003; Medium: aluminum and paint;

o la obra de 2006 del artista conceptual afro-amerindio Fred Wilson  The Mete and the Muse, que les sirve a los comisarios como sustento de su discurso sobre el blanco, al oponer dos tradiciones, a decir del propio artista, la africana y la europea.

fred wilson – the mete and the muse, 2006

La exposición, como veréis, también tiene otra peculiaridad y es que mezcla obras maestras, sin duda, de la escultura, – particularmente ese busto maravillosísimo de Donatello, procedente del museo del Bargello, del que hablaré más tarde- con otras obras que podríamos decir exceden el campo tradicionalmente considerado como artístico. Entre las primeras, y una de las contribuciones a la exposición que hace el Museo del Prado, esta esta maravillosa Pandora de El Greco.

 

El Greco. Pandora 1610 Museo de El Prado

o el vecino Hercules, de 1568–75, del holandés Willem Danielsz van Tetrode, que es una de las imágenes escogidas para el cartel de la exposición.

Willem Danielsz van Tetrode, Netherlandish, Hercules, 1568–75

Junto a ellos, una impresionante escultura de tamaño natural de Frank Benson de 2005, que, a pesar de que, según la cartela, pretende representar a uno de esos maniquíes callejeros, mantiene un clásico contraposto.

Human Statue by Frank Benson (2005) fiberglass, acrylic and oil paint

Justo frente a esta pieza, una de las obras más impresionantes de la serie Banalidades de Jeff Koons. Se trata de la monumental Michael Jackson y Bubbles, su chimpancé domesticado. La obra, según Koons, reproduce la forma piramidal de  la Pietà de Miguel Ángel y se inspira en las figuras kitsch de santos católicos producidos en masa que generalmente se fabrican en porcelana y pan de oro.

Jeff Koons Michael Jackson y Bubbles 1988 de la Serie Banalities

Esta pieza está, inteligentemente, colocada junto a una enorme e impactante porcelana de Meissen que reproduce El juicio de Paris, de mediados del siglo XVIII y atribuida al escultor Johann Joachim Kaendler

The Judgment of Paris, Johann Joachim Kaendler, Meissen Porcelain Factory, c. 1762

No me resisto a colgaros algunos detalles de esta impresionante pieza de “arte menor” procedente del Wadsworth Atheneum de la ciudad de Hartford, Connecticut.

 

Otra obra excepcional es la escultura en madera de tilo del escultor del Rococó bávaro, Franz Ignaz Günther, que representa a Cristo atado a la Columna, de 1754.

Franz Ignaz Günther. Christ at the Column, 1754. Lindenwood with polychrome decoration

Una de esas piezas que exceden el campo de lo estrictamente artístico y al mismo tiempo una de las más reproducidas de la exposición es este espeluznante Autoicono realizado por Thomas Southwood Smith y Jacques Talrichque contiene en su interior el esqueleto real del filósofo del utilitarismo inglés Jeremy Bentham. Al parecer el filósofo deseaba esta aberración y, para ello, después de ser diseccionado, su cuerpo  fue enviado a Southwood Smith para la auto-iconización, quien intentó preservar la cabeza de Bentham colocándola bajo una bomba de aire sobre ácido sulfúrico, pero el experimento falló. Por ello, Smith  le pidió a Jacques Talrich, un artista francés que hacía modelos para escuelas de medicina y museos anatómicos, que modelase una cabeza de cera de Bentham. Esta estrambótica chaladura taxidérmica, sólo concebible por un temperamento como el inglés, se conserva en el University College de Londres,

 

Thomas Southwood Smith and Jacques Talrich, Auto-Icon of Jeremy Bentham,1832

 

No es la única pieza espeluznante de esta sala. Junto a ella encontramos una obra de Marc Quinn de 2012 que es un autorretrato del artista realizado con diez pintas (4,7 l.) de su propia sangre metido en silicona congelada. Según la propia web del artista:

El trabajo se realizó en un momento en que Quinn era alcohólico y la noción de dependencia, de cosas que necesitan ser conectadas  a algo para sobrevivir, es evidente ya que el trabajo necesita electricidad para conservar su apariencia congelada.

 

Self’ (2011) by Marc Quinn

Junto a ellos, la no menos macabra máscara mortuoria en cera del dogo veneciano del siglo XVIII, Alvise III Mocenigo.

Efigie funeraria del dogo Alvise III Mocenigo. 1732

 

Menos macabra resulta la también máscara en cera de la bailarina nacida en Rusia Anna Pavlova realizada por la escultora Malvina Cornell Hoffman. Esta imagen retrata a Pavlova como un santo. La idea es respaldada por la aparición de Pavlova como un ícono viviente en una espléndida fiesta de cumpleaños que Hoffman le hizo, donde la bailarina fue fotografiada bajo un marco dorado con un tocado decorativo similar al que se ve en la máscara del Museo.

Malvina Cornell Hoffman. Máscara de la Pavlova. 1924. Cera

LLegamos ahora a mi obra favorita, y es difícil entre tantas. Se trata del impresioante Busto de Niccolò de Uzzano de Donatello procedente del Museo florentino del Bargello y que data, y es impresionante siquiera concebirlo, de 1432. Una obra extraordinaria, a la que no hace justicia mi fotografía, que parece casi a punto de hablar y que demuestra, como en el Quattrocento italiano, aún no se había consolidado ese horror al color en la escultura que vendría después. Puede haberse basado en una máscara mortuoria del político epónimo florentino, pero no existe, sin embargo, nada menos muerto. De tamaño natural, el sujeto gira su cabeza hacia arriba con una mirada lánguida, ligeramente altanera, y que parece a punto de decir algo. Los colores de la cara, que eran aún más reales por la fantástica iluminación que caía sobre ella, son tan inusuales en la obra conocida de Donatello que algunos hasta han cuestionado la atribución. Pero, como dice Peter Schjeldahl conoceríamos, y veneraríamos, el nombre de alguien tan dotado; y Donatello es conocido precisamente  por ejercitar sin restricciones su propia y muy personal coherencia estilística.

 

Donatello. Retrato de Niccolò da Uzzano. 1432

Entramos en la sección titulada Likeness -o Parecido- que empieza con una impresionante obre de George Segal que retrata y rinde sentido homenaje a su mentor, el historiador del arte estadounidense, experto en arte cristiano primitivo y medieval, Meyer Schapiro. Otra vez mi fotografía no está a la altura del intenso azul ultramar de la obra realizada en yeso pintado en 1977.

 

George Segal Meyer Schapiro. 1977

 

Sigue después una pequeña obra maestra de Auguste Rodin, la máscara de la actriz japonesa Hisa Ōta, más conocida como Hanako. Fascinado por la fuerza de su expresión en la representación de las escenas en las que interpretaba el hara-kiri, el escultor le suplicó que posara para él. Rodin la conoció  durante la Exposición Colonial en Marsella, en 1906 y realizaría de ella varias máscaras y un busto.

 

Auguste Rodin Máscara de la actris japonesa Hanako. 1911. Pasta de vidrio

Otra de las obras más reproducidas en los medios es este doble autorretrato de la artista Tip Toland titulado The Whistlers, donde vemos una representación no idealizada de la mujer mayor.

 

Tip Toland The Whistlers . 2005. Piedra, pintura, pastel, pelo sintético

También un impresionante Retrato de un monje realizado en cera y con pelo y ropas reales en el siglo XVIII por Angelo Piò

 

Portrait of a Monk, Angelo Piò, 18th century

O el preciosísimo autorretrato en madera policromada realizado en 1573 por el holandés Johann Gregor van der Schardt , un escultor de Nijmegen, asentado en Nuremberg como escultor de corte del Emperador Maximiliano II de Austria, el primo hermano de Felipe II.

Johann Gregor van der Schardt Autorretrato

Hay también dos obras del escultor portorriqueño Rigoberto Torres que se hizo famoso por los retratos en yeso y fibra de vidrio que realizó de sus vecinos en el Bronx. El de la izquierda es su colaborador más frecuente, John Ahearn, que Torres conoció mientras trabajaban en una fábrica de estatuas religiosas, como aquí se le representa. La de la derecha  es un amigo Raúl, sosteniendo el busto de la cantante Ruth Fernández, una auténtica diva para la comunidad de la isla caribeña. A sus esculturas a veces se les conoce  como el Salón de la fama del sur del Bronx ,  monumentos de la gente común como respuesta a la práctica de consagrar personajes famosos y heroicos en lugares públicos.

 

Rigoberto Torres. John Ahearn trabajando, a la izda. A la dcha, Raul with Bust of Ruth Fernandez de 1998.

 

Comienza después la sección titulada Desire for Life con una obra del siempre impactante Duane Hanson, artista pop desaparecido ya hace casi dos décadas, cuyo Pintor III, como vimos más arriba, abría la exposición. Está se llama Housewife, Ama de casa, y es de 1979 y, como de costumbre, mezcla mucha parafenalia real con la propia escultura lo que acentúa la sensación de realismo, Si soltara una bocanada de humo o pasara una página de la revista, a nadie le sorprendería.

 

Duane Hanson Housewife, 1970.

Después hay dos bustos del escultor francés del XIX Charles Cordier que trabajó como escultor etnográfico para el Museo de Historia Natural y se hizo conocido sobre todo por sus retratos étnicos en los que a menudo combinaba varios materiales y aleaciones,  aunando bronce y el mármol o el ónice.

Charles-Henri-Joseph Cordier. The_Jewish_Woman_of_Algiers_

Charles-Henri-Joseph Cordier, Capresse of colonies, 1861, Onyx and Bronze

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Junto a ella, una de las pocas pinturas de la muestra. El fantástico lienzo de Pigmalión y Galatea de Jean Leon Gerome del que también veremos una escultura en la segunda parte. Aquí la blancura del mármol de las piernas de va difuminando hasta cobrar vida.

Jean Leon Gerome Pigmalion y Galatea_1890

En el centro de la sala está la pieza Autorretrato de John de Andrea, un escultor estadounidense, asociado con la escuela de arte fotorrealista, en conexión con el trabajo de Duane Hanson  y George Segal .

John de Andrea Self portrait 1980 Polivinilo pintado al óleo

A un lado, hay una urna con dos piezas muy interesantes del escultor de la generación Beaux Arts que mejor representó los ideales del Renacimiento americano, Auguste Saint-Gaudens, autor del el colosal Lincoln del Parque Lincoln de Chicago, de la Diana que antaño coronaba el Madison Square Garden y hoy está en el Met y de muchas de las esculturas más emblemáticas de Nueva York. Aquí tenemos dos retratos de  Louise Adele Gould. Primero realizó un relieve de la Sra. Gould que la representaba  en su vestido de novia  y , después de que Louise muriera trágicamente en 1883 después de solo dos años de matrimonio. el viudo le pidió primero dos bustos en mármol. El segundo, que es el que está aquí, es el que más le gustó y ordenó una réplica en cera.

Auguste Saint-Gaudens. Louise Adele Gould 1894-95.Mármol y cera

Llegamos así a la primera obra del Barroco español, este San Juan Bautista de Juan Martínez Montañés que custodia el Metropolitan. Los documentos conectan la estatua con el convento sevillano de la Virgen de la Concepción, que fue suprimido en 1837. Lo asignan a la década de 1620 o principios de 1630. José Hernández Díaz prefirió fechar la figura a la primera década del siglo, antes del retablo de San Isidoro en Santiponce. El gesto tan marcado seguramente se hacía hacia un Cordero de Dios desaparecido en el altar de la iglesia  o hacia  una banderola con el mensaje “He aquí el Cordero de Dios” clavado en el suelo en el pie izquierdo del santo donde existe un agujero.

San Juan Bautista de Juan Martinez Montañés. Principios del s. XVII

Al lado hay una magnífica Santa barbara, obra anónima procedente de Alsacia, probablemente Lorena, fechada en 1495.

Santa barbara. Alsacia, probablemente Lorena, 1495

En la última sala de este piso, una de las más eróticas de la exposición, encontramos el fabuloso retrato de San Sebastián titulado Exvoto de 1912 y del mexicano Angel Zárraga, una obra maestra del erotismo y uno de mis cuadros favoritos del santo y que está normalmente en el Museo Nacional de Arte de México D.F.

Angel Zarraga_exvoto 1912

Junto a él y para reforzar una sala de marcado carácter homoerótico esta esta obra de Nancy Grossman de 1971, glorificación del fetichismo más leatherón  y de la que os tengo que ofrecer una imagen de internet no muy buena porque era la única obra para la que estaban prohibidas las fotografías. Era mucho mayor del tamaño natural por lo que resultaba muy impresionante. Fascinante la obra de esta escultora de casi ochenta años cuyas figuras están esculpidas en madera blanda y luego cubiertas de cuero. A pesar de que las figuras, como esta, su más icónica obra Male Figure, tienen genitales masculinos, ella dice que sus esculturas son siempre autorretratos. 

Nancy Grossman, Male Figure, 1971,

 

Para redondear el erotismo de la sala  este parangón entre el serpentinato cuerpo del San Sebastián de Alonso Berruguete, menos hermoso que el del  Museo Nacional de Escultura de Valladolid, pero igualmente inspirado por el Esclavo moribundo de Miguel Ángel (1513-1516) y una obra de Reza Aramesh titulada Action 105.

Alonso Berruguete San Sebastian y Reza Aramesh Action 105

La recientísima, del 2017, obra una de las obras de la serie de Acciones del británico-iraní  Reza Aramesh  que son recreaciones en escultura y cine de episodios de violencia y humillación perpetrados por hombres sobre otros hombres en zonas de conflicto desde Corea y Vietnam hasta Argelia y Palestina. Este representa a un joven palestino desnudado por la fuerza en un control israelí. Al hacer referencia a las representaciones  de mártires cristianos, como San Sebastián, el joven tiene una presencia tensa, mientras que el zócalo de hormigón es un recordatorio revelador de las barreras  reales que dividen los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania.

 

Reza Aramesh Action 105 2017

La Única imagen femenina de esta sala está delicada y misteriosa Salomé del siempre fascinante Max Klinger,  no sólo escultor, sino también pintor y artista gráfico simbolista alemán y si no, no hay más que ver la serie de diez grabados titulada Paraphrase on the Finding of a Glove (impresa 1881) basadas en sus propios sueños. Esta escultura en mármol policromado en acuarela y con ojos de obsidiana hace referencia a esa femme fatale tan reverenciada por los simbolistas.

Salome Max Klinger

Depués hay otro parangón entre un Palmesel alemán del siglo XV y la escultura de Buster Keaton de Jeff Koons. La palabra alemana Palmesel (burro de palma) se refiere a una estatua de Jesucristo montada en un burro sobre en una plataforma con ruedas, que era parte de las procesiones del Domingo de Ramos en muchas regiones de habla alemana hasta la Reforma. Estas procesiones, que recreaban la entrada de Cristo en Jerusalén, eran animados desfiles en los que se cantaban himnos, se plantaban las palmas y se extendían las ropas por el suelo al paso del Palmesel. Con esas posibles influencias y acercándose mucho a una fotografía usada en la publicidad de su película de 1923, Our Hospitality, una de las películas más populares de Buster Keaton durante su época más popular, la escultura de Koons mide casi como el tamaño natural del actor / director más destacado de la era del cine mudo.

Palmesel Alemán del S. XV y Buster Keaton de Jeff Koons

Y para terminar mi selección de este primer piso de la exposición, como si de Blade Runner se tratase, este autómata que habla y gesticula con las manos,  de Goshka Macuga, una artista polaca residente en Londres. La pieza es de 2016 y se titula To the Son of Man Who Ate the Scroll, algo así como “Dedicada al hijo del hombre que se comió el pergamino”. El autómata hace reflexiones sobre cuestiones fundamentales como el tiempo, los comienzos y los finales, el colapso y la renovación. Macuga, según sus palabras,  plantea una pregunta fundamental: ¿cuán importante es abordar la cuestión del “fin” en el contexto de la práctica artística contemporánea?

To the Son of Man Who Ate the Scroll” (2016) by Goshka Macuga, a speaking and moving android, who waxes on life and death

Y bien, si os ha gustado, os convoco para la segunda parte que escribiré en unos días.

 

Los Piers de Nueva York en los 70: Arte y Sexo Libres

Los Muelles de Nueva York en los 70: Arte y Sexo Libres

Fotografía de Peter Hujar

 

Para la gente joven de Nueva York y para las hordas de turistas que solo conocen un Manhattan limpio y aparentemente bien ordenado, con unos precios inmobiliarios que rozan el auténtico disparate, va a ser difícil imaginarse la vida homosexual descaradamente exhibicionista y provocativamente disidente que se mantenía en los muelles del río Hudson en el Bajo Manhattan en la década de 1970 y que tenía su correlato heterosexual en la zona conocida como The deuce, un espacio entre Times Square y la calle 42 entre las avenidas Sexta y Octava en el Nueva York de los 70, y a la que recientemente ha dedicado una serie la cadena HBO .

 

Sunbathing on the Edge, Pier 52 1977 (Foto de Shelley Seccombe)

 

Ni yo mismo, que he visitado la ciudad muchas veces, podía imaginar que en el ordenado espacio burgués que hoy ocupan bien ordenados parques por donde pasean amas de casa, hacen footing los ejecutivos de la city y se descansan los ojos mirando al río los amantes de las prohibitivas galerías de arte de Chelsea, fue, en su momento, un lugar orgiástico y libertino donde la sociedad abdicaba de la coerción de sus normas y de la marginación de las diferencias. Como no podía ser de otra forma, ese oasis de inapelable y contundente evasión de cualquier orden o normativa, esa liberación de cualquier intento represivo, tenía que atraer inevitablemente a los artistas.

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Allí nacieron los Village People, y por allí pasaron artistas de la talla de Robert Mapplethorpe, Jean Michel Basquiat, Peter Hujar, David Wojnarowicz, Mike Bidlo, Paul Thek, el graffitero Tava, los fotógrafos Alvin Baltrop, Leonard Fink, Selly Seccombe,  las artistas Judy Glantzman, Ruth Kligman  e incluso fue lugar de happenings de vanguardia de Joan Jonas, de Vito Acconci  y de intervenciones tan conocidas como Days End  de Gordon Matta-Clark.

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Alvin-Baltrop_Untitled_(DAYS-END- de Gordon Matta Clark

 

Vito Acconci. Project for Pier 17

Hace unos años, en 2012, hubo una exposición en el Leslie / Lohman Museum of Gay and Lesbian Art comisariada por uno de sus antiguos visitantes, Jonathan David Katz, director del programa de doctorado de Estudios Visuales en SUNY, Buffalo con el título The Piers: Art and Sex along the New York Waterfront que sirvió para colocar de nuevo en el centro de la práctica artística la obra de toda una serie de fotógrafos que dejaron constancia y testimonio de lo que allí sucedió. Pocos años después, el propio  nuevo Museo Whitney, situado precisamente en el lugar donde estuvieron los muelles, publicó Cruising at the waterfront del artista y escritor Jonathan Weinberg  como una forma de recordar el pasado de la zona. Otra exposición interesante fue la del fotógrafo Efrain John Gonzalez en el Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender Community Center de la calle 13 en 2015, aunque esta retrataba más la realidad de la zona durante los finales de los años 80, años en que triunfaban los bailes de travestís donde se alumbró el estilo de baile conocido como Vogue.

 

Efrain John Gonzalez

 

“BROTHERS”, 1969-1972 © THE ESTATE OF ALVIN BALTROP.

 

Existe pues hoy en día una corriente de fuerte nostalgia por ese Nueva York de finales de los 70 y principios de los 80, incluso entre aquellos que nunca lo conocieron: una época en que la ciudad era extremadamente peligrosa y arriesgada, cuando las mujeres llevaban una porra y un silbato en el bolso, cuando incluso los hombres pedían a los taxistas que esperaran hasta que entraran en el portal de su edificio, el Nueva York de Taxi Driver, la ciudad a la que un apagón sumió en un auténtico caos que acabó en saqueos frenéticos por todos los barrios, un tiempo en que los vagones del metro estaban llenos de graffiti y John Lennon era asesinado en plena calle por un lector de Salinger.

 

42nd Street Foto de Nick Dewolf

 

New York – Blackout 1977

David Wojnarowicz In Front Of Pier 46 1979 (Leonard Fink)

Sin embargo, a pesar de todo, este revival del interés por esa época expresa un anhelo por una ciudad eminentemente libre que,  en el peor de los casos, también era, sin lugar a dudas, mucho más democrática: un lugar y un tiempo en el que, ricos o pobres, estaban atrapados en la miseria (y en la libertad) del lugar, donde ni siquiera el dinero podía aislarte o ponerte a salvo.

 

 

Una ciudad, sin embargo, henchida de libertad, donde los artistas se conocían e interrelacionaban entre sí constantemente y todos eran accesibles. En el East Village tambíen nació en esos años lo que se llamó la Downtown Scene, un movimiento multidisciplinario y simultáneo que se caracterizó por el nacimiento de la música punk, el periodismo gonzo de Hunter S. Thompson o la revista  Rolling Stone, la pintura desechable, el arte corporal y las travesuras teatrales desordenadas de La MaMa. En su apogeo a mediados de los años 70, era el hogar de las New York Dolls, los Ramones, Blondie, Klaus Nomi, Sid Vicious o  Patti Smith.

 

Joan Jett (Runaways), Debbie Harry (Blondie), David Johansen (New York Dolls), and Joey Ramone (Ramones) | photo by Roberta Bayley:Getty

 

Pier 34-1215 Luis Frangella Mural 1983 (Andreas Sterzing)

Fue el último suspiro de un modernismo tardío y de un extremo radicalismo que venía de la década de los sesenta: una combinación paradójica de elitismo en estética y de igualitarismo social que rozaba la anarquía y el utopismo en la política. Las figuras representativas de esta Nueva York fueron Susan Sontag, Jasper Johns, George Balanchine, Robert Wilson, Robert Mapplethorpe, Richard Sennett, Richard Howard, John Ashbery y muchos otros árbitros culturales.

 

 

 

Aquel tiempo cuando los alquileres eran ridículamente bajos, y los aspirantes a artistas de cualquier género encontraban acomodo en  Manhattan. Era el período anterior al SIDA, la época del apogeo de Studio 54 y de  Mineshaft, el infame club BDSM lleno de jaulas y de slings que era la segunda casa de Mapplethorpe, pero por donde pasaban Vicente Minelli, Fassbinder, Rock Hudson o Michel Foucault hasta que fue clausurado por el departamento de Salud Pública.

Freddy Mercury con camiseta del Mineshaft

 

Dockside Interview 1977 (Arthur Tress)

 

Pero en 1981 cambió todo . De repente, los chicos llenos de glamour, con sus cuerpos de gimnasio y sus trabajos bien remunerados, eran esqueletos andantes cubiertos de manchas negras, como salidos de Auswitch y nadie quería acercarse a los homosexuales cuando aún no se sabía la forma de contagio. Y la delicada ecología de aquel oasis de libertad quedó de una vez por todas destrozada. La  fulgurante hoguera cultural que pasó a Nueva York desde Europa con todos los refugiados en la Segunda Guerra Mundial y brilló intensamente en los años 50 con los expresionistas abstractos y los poetas de la Escuela de Nueva York, y continuó brillando en múltiples espacios de libertad hasta finales de los 70, desapareció de una vez por todas en la ola de neoconservadurismo que trajo la época de las presidencias de Ronald  Reagan.

 

Leonard Fink: Self-portrait__cat_walk__pier_46__1979

 

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© The Alvin Baltrop Trust

Pues bien, en aquel efímero paréntesis de libertad para la comunidad gay que va desde los sucesos de Stonewall en junio del 69 hasta la llegada del SIDA a primeros de los 80, la decadencia de los  muelles proporcionó una sorprendente, vista desde ahora, eclosión de sexualidad desenfrenada. Toda una generación de hombres homosexuales que habían pasado la mayor parte de sus vidas sintiéndose aislados y oprimidos encontraron en los muelles  su particular y clandestino patio de recreo.

 

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Christopher Street Piers, 1970s.

 

Eran los muelles de Chelsea, unos muelles sobre el río Hudson que llegaban desde la calle Christopher y hasta la calle 14, justo donde hoy se alza el nuevo museo Whitney, y que estaban abandonados desde el declive del tráfico marítimo en la década de 1960 cuando las navieras se trasladaron a New Jersey. Se trataba de enormes edificios abandonados, algunos incluso quemados, donde nadie podía garantizar la seguridad ni la ciudad tenía entonces dinero para expropiarlos y demolerlos.

 

Fire On Pier 46 (Black Smoke and WTC) 1980 (Shelley Seccombe)

 

“RIVER RATS II”, c1977, COPYRIGHT THE ESTATE OF ALVIN BALTROP.

La cosa venía de atrás. Ya a principios del siglo XX, el muelle del río Hudson situado en Greenwich Village y los numerosos muelles con terminales de estilo modernista eran sin lugar a dudas la parte más transitada y activa del puerto de Nueva York tanto para pasajeros transatlánticos como para la llegada de mercancías, con un continuo pulular de buques mercantes, buques de vapor, barcazas y transbordadores de cercanías. El área era frecuentada entonces por miles de marineros de todas las nacionalidades y más de medio millón de trabajadores solteros y de paso entraban por el puerto cada año.

 

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Ya en la Primera Guerra Mundial, el área se convirtió, como casi todos los puertos, en un área popular de ligoteo furtivo para homosexuales, pero fue con la apertura de la autopista elevada de Miller (West Side Highway) (ahora demolida) en la década de 1930 cuando la zona quedó aún mas aislada y acabó por convertirse en en un remanso escondido y a espaldas de la ciudad. A partir de ese momento, la concentración de hombres, los numerosos bares y almacenes undergroud, y el aislamiento nocturno hicieron que ese recóndito paseo marítimo fuese uno de los principales lugares de encuentro entre homosexuales que  aún prosperó más después de la Segunda Guerra Mundial. En realidad, nada distinto a cualquier ciudad portuaria de la época.

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Kenneth, 1977 Fotografie/ Leonard Fink

Pero a finales de los 60, los cambios en la industria marítima y sobre todo el crecimiento de las líneas aéreas hicieron que los muelles y las grandes terminales de carga se quedaran obsoletas, lo que los llevó a su completo abandono en un tiempo record. Sin embargo, ese abandono, lejos de acabar con su popularidad entre los hombres gay, multiplicó exponencialmente su clandestinidad lo que hizo que se convirtiera en en el lugar  perfecto, lejos de cualquier mirada, para ligar y tener sexo furtivo en espacios públicos sobre todo por la noche. Alrededor de la época del levantamiento de Stonewall en junio de 1969 , Christopher Street se convirtió en la calle gay por excelencia y, por lo tanto, en el corredor principal de entrada a aquellos muelles. Las estructuras destartaladas, incluido el Pier 45 (conocido como el Pier de Christopher Street) frente a la calle 10 Oeste, y los Piers 46, 48 y 51, fueron reapropiados como un destino para que los hombres homosexuales tomaran el sol desnudos, o tuvieran contactos furtivos de sexo en el interior de los almacenes.

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En aquel entonces, a mediados de los 70, aquellos espacios del tamaño de un campo de fútbol, estaban en un completo abandono, algunos semiderruidos, otros con las paredes devoradas por los incendios, los techos y los suelos llenos de agujeros por los que se veía pasar el río, las gigantescas salas de pasajeros de los edificios art nouveau servían de refugio a un montón de homeless, sobre todo de jóvenes gay afroamericanos, un paisaje de decadencia reclamado por una población entre hedonista y disidente.

 

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Peter Hujar. ‘Mural at Piers’ 1983

 

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Los almacenes, según cuentan testigos de la época, apestaban a pis y a mierda; los asesinatos por apuñalamiento eran frecuentes. Sin embargo era un mundo sin inhibiciones, donde la gente que en otras partes despertaba hostilidad profunda podría encontrarse en plena libertad, entre los escombros, donde florecían inesperados momentos de intimidad. Los gays deambulaban por pasillos y escaleras hasta habitaciones alfombradas por la hierba repletas de cajas y papeles abandonados, impregnados del olor a sal que llegaba del río, entre el ruido de los aviones que se perdían a lo lejos. Lo que allí se practicaba era un baile completamente desinhibido que se deslizaba entre el voyerismo de unos y el exhibicionismo de otros.

 

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La pandemia del SIDA y la planificación municipal de mejoras en los muelles comenzaron a afectar el área en los años ochenta. Cuando la terminal de Christopher Street Pier fue derribada a mediados de la década de los 80, era ya el primer o segundo hogar para muchos jóvenes marginales de color, que aún hoy constituyen la mayoría de la población joven de homeless en Nueva York. La película Paris is burning un documental rodado a mediados de los ochenta por Jennie Livingston describe perfectamente el  microcosmos de estos jóvenes afroamericanos y latinos, y sus drag balls, algunos de ellos, prostitutos, como Venus Xtravaganza, y otros simplemente expulsados de sus casas por la actitud homófoba de sus familias. Su estilo de baile saltó a la fama a raiz de la canción Vogue de Madonna en la que se apropió de muchos de sus gestos.

 

Peter Hujar, ‘Canal Street Piers- Fake Men on the Stairs’, 1983

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Peter Hujar autoretrato

Las activistas trans de color  Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera , fundadoras de Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR) en 1970, establecieron una presencia activa en la zona para proporcionar comida y ropa a los jóvenes homosexuales sin hogar que viven y se congregan allí. De hecho, en 2005, la intersección de las calles Christopher y Hudson, a tres manzanas del muelle, pasó a llamarse Sylvia Rivera Way en honor a esta activista.

 

Allan Tannenbaum Black and White Photograph – The Cure gets caught on Columbus Ave.,

 

Christopher Street Pier, NYC | Peter Hujar

Ya en los 90, el Christopher Street Pier fue demolido y se creó lo que hoy se conoce como el Hudson River Park que va desde Battery hasta Chelsea, por supuesto sin tener en cuenta a esos jóvenes a pesar de una lucha contínua hasta 1998 por salvar el Queer Pier para convertirlo en un centro social para la comunidad LGTB. Todavía en el 2000 se fundó FIERCE (Fabulosos Radicales Independientes Educados para el Empoderamiento Comunitario, Fabulous Independent Educated Radicals for Community Empowerment)) que lucharon por salvar de la gentrificación esa herencia del Village y cuyos esfuerzos están recogidos en una película documental, un movimiento por cierto aún muy activo y reivindicativo.

Stanley Stellar, Peter Gets His Dick Sucked, 1981

 

 

Frank Hallam’s “Tava (Gustav von Will) Painting (Pier 46),” 1980: 2011, archival digital print from slide, 18.5 x 12.5 in. | COURTESY OF ARTIST

 

Frank Hallam’s “Tava (Gustav von Will) Painting (Pier 46),” 1980: 2011, archival digital print from slide, 18.5 x 12.5 in. | 1COURTESY OF ARTIST

Las imágenes que os he seleccionado pertenecen a un grupo de artistas y fotógrafos que dejaron constancia de esta realidad: David Wojnarowicz, Peter Hujar, Alvin Baltrop, Leonard Fink, Allan Tannenbaum, Stanley Stellar y Tava artista graffitero alemán de nombre Gustav von Will. De alguno de ellos os volveré a hablar.

 

Under The Piers- Alvin Baltrop’

 

Alvin Baltrop,

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Sunners, Pier 51 (Exterior from Interior) 1977 (Frank Hallam )

 

La baronesa Elsa von Freitag-Loringhoven, la mujer que inspiró a Marcel Duchamp, Djuna Barnes, Mina Loy o Man Ray

Siento la tardanza a quien siga este blog, pero la entrada que hoy os ofrezco, larga y prolija, me ha ocupado mucho más de lo normal. Fascinado como estaba, hoy os quiero hablar de una  mujer fascinante, la baronesa ELSA VON FREITAG-LORINGHOVEN sobre la que la historia ha mantenido un estruendoso silencio, roto tan solo en años recientes cuando alguna historiadora feminista, -en concreto, la canadiense Irene Grammel, sobre todo, con su libro Baroness Elsa: Gender, Dada, and Everyday Modernity–A Cultural Biography Mitt Press, 2002– le ha atribuido la pa(ma)ternidad de una de las obras icónicas del arte del siglo XX, el urinario que Duchamp tituló Fuente y que firmó bajo el seudónimo de Richard Mutt, atribución que levantó una auténtica polvareda entre los historiadores de arte.

 

 

En la actualidad, y después de algunos estudios y exposiciones antológicas, se la vuelve a considerar como una artista independiente, fuente de inspiración para muchos otros artistas (hasta Lady Gaga reconoce su influencia), sobre todo dentro del ámbito del dadá neoyorquino, y en absoluto  un epígono de sus compañeros masculinos: lo demuestra, entre otras cosas, la voluntad de hacer de su cuerpo una obra de arte anticipando, al menos en cuarenta años, el arte de la performance o el body art con una relectura radical del concepto de femineidad, que tiene esa faceta gamberra del movimiento dadaísta casi cercano al punk.

 

 

Berenice Abbott, la pioniera de la fotografía estadounidense, dijo de ella:

«La baronesa era como Jesucristo y Shakespeare fundidos en uno solo».

 

 

Elsa, nacida Elsa Plötz, fue poeta, pintora, performer, novelista, dominatrix, cometa, escultora, corista, pionera, prostituta,  secreta, pansexual y , casi siempre, escandalosa.

 

 

Elsa nació alemana en 1874 en Swinemünde (Świnoujście), ciudad sobre el mar Báltico que actualmente es parte de Polonia pero que en ese entonces pertenecía a Alemania. Creció en el seno de una familia acaudalada, con una madre pianista y bastante independiente pero bajo el terrible yugo de un padre masón y extremadamente autoritario, con cinto suelto y modales de mula que chocó pronto con el ánimo independiente de Elsa.

Apenas muerta la madre, quizás su único eslabón familiar, escapó de la tiranía paterna, yéndose a Berlín con tan solo 19 años, asilada en casa de una de sus tías maternas, Elise Francisca Kleist. Meses antes su madre había dicho de ella:

He malcriado a Elsa a propósito, para que siempre sepa a qué tiene derecho”.

 

 

 

Allí, gracias a su fascinante ambigüedad -siempre fue muy alta y masculina- y a la falta absoluta de prejuicios por su parte, descubrió el mundo de la noche trabajando en el espectáculo de tableaux-vivants de Henry de Vry  en el Wintergarten Theatre, en una especie de números de pornografía en vivo disfrazados de arte clásico edificante en el que hacía de estatua griega, y donde Elsa se inclinó por el papel de artista erótica, según sus propias palabras, con el orgullo de una prima donna.

Comenzó así una época de enorme voracidad sexual que le condujo a lo que su mejor biógrafa, la ya citada Irene Gammel, llamó un “priápico festín de autoindulgencia”  (a priapic feast of overindulgence) . La misma Gammel titula el capitulo que abarca esta época de  líbido eufórica como Sexcapadas en Berlín y describe a Elsa como una proteica sexmachine cuyas aventuras eróticas abarcan todo el caleidoscopio de la noche berlinesa de aquel tiempo.

Estos caminos del exceso acabaron por contagiarle primero de gonorrea, y de sífilis después, lo que llenó su cuerpo de las características ronchas sifilíticas y le obligó a un doloroso tratamiento con mercurio que quizás, como señala Gammel, acaso le volvió infértil, pues a pesar de su dilatada vida sexual nunca estuvo embarazada. Tenía entonces apenas cumplidos 20 años.

Sin embargo nada más lejos que la derrota; lo que para cualquier otro habría sido devastador, a ella le otorgaba un aura de autoblindaje dotándole aún de mayor fortaleza y de autoinmunidad psicológica. Elsa nunca fue una víctima sino castigadora, más agresiva y provocadora que seducida, ni  aun siquiera seductora. En realidad, después de leer su biografía, a pesar de los muchos y muy brillantes hombres de su vida, Elsa nunca hallaría un hombre que estuviese a su altura. Ni de su libertad ni de su líbido.

 

Elsa por Man Ray

 

Tras su enfermedad, hubo una tentativa de dedicarse seriamente a la carrera de teatro subvencionada por su tía Elise, en un último intento por alejarla de la noche y de evitar su completa ruptura con el ámbito familiar. Eso le hizo estudiar a Ibsen, a Goethe, Hauptmann, Schiller o Richard Voss, pero al parecer era incapaz de recordar los textos. Sin embargo sirvió para descubrir por primera vez su afición a travestirse de hombre, una generación antes que la reina del travestismo berlinés Marlene Dietrich que nacería poco después. Curiosamente fue vestida de hombre como tuvo sus únicas buenas críticas como actor. Años después, durante su estancia en América, sería detenida por vestirse de hombre, aunque la pondrían en libertad al descubrir el juez que iba acompañada por su propio marido (!!!).

 

La Baronesa fotografiada por Man Ray

 

Como fuera, Elsa ya había descubierto su libertad y una fuerte discusión con su tía por su activa vida sexual hizo que no sólo no se graduase en la escuela de teatro, sino que rompiese definitivamente con su entorno familiar. Falta de fondos,  en otoño de 1895 entró como corista en el Zentral Theater de Alte Jacobstrasse, una especie de Ziegfeld Folies berlinesas donde duró poco debido a su mala salud y a la imposibilidad de esconder los clavos sifilíticos.

 

Tras su penoso paso por el Hospital público , conoció a Melchior Lechter, su primer amigo/amante artista, al que le unió una extraña relación productiva para ambos. Melchior Lechter era un diseñador gráfico, de portadas de libros o vidrieras, así como pintor del entonces movimiento en boga conocido como  Jugendstil  o estilo Joven que es como se conoció al Art Nouveau Alemán.

 

Vidriera de Melchior Lechter

Melchior, al que se describe como un hombre sin cuerpo, -como podeis ver en la fotografía- mantuvo una extraña relación con la proteica Elsa a la que introdujo en el círculo del carismático poeta Stefan George del que hablaré algo más aunque se merecería por sí solo un post. La novela Fanny Eschler, escrita en gran parte por Elsa en 1905 y firmada por Felix Greve, uno de sus maridos, aunque es una critica satírica de ese círculo de artistas es al mismo tiempo la fuente más fiable de sus propias andanzas durante estos años.

Melchior Lechter

 

 

Orpheus de Melchior Lechter

 

 

La relación con Lechter, una figura central en el nuevo movimiento de vanguardia , introdujo  a Elsa, como hemos dicho, en ese particular nuevo mundo de artistas y amantes del arte donde descubriría su auténtica vocación y su hogar espiritual, en particular en  el circulo esotérico de vanguardistas que rodeaba al  poeta Stefan George, su reconocido y así llamado, casi como si de una secta se tratase, Meister.   Se les conocía como el George-kreis  y el grupo generó una notoriedad que alcanzaría su punto más álgido con la muerte de uno de los miembros del círculo, un joven de 14 años al que George dedicó su obra Maximin (1906), en la que lo presentaba como una divinidad de la que el poeta era, a la vez, profeta y discípulo.

 

 

Stefan George como Dante con Maximin

 

Stefan George, un prodigio lingüístico que hizo más por la lengua alemana que nadie desde Goethe y Heine, sostenía que la poesía debía carecer de propósito, tener como único objeto el lenguaje y dar la espalda a los hechos de su época. Resultado de esta visión de un “arte por el arte” fueron los primeros libros del autor (inusuales en su intensidad emocional y rigor formal) y la creación en 1892 de Blätter für die Kunst, la publicación en torno a la cual se conformaría su círculo de admiradores.

 

 

El círcu­lo supuso la realización de la que fue su única utopía política, al margen de las interpretaciones nacionalsocialistas: una visión aristocrática y esteticista de la vida defendida por un pequeño grupo de jóvenes (Hugo von Hofmannsthal, Ernst Kantorowicz y Friedrich Gundolf, entre otros) reunidos en torno a un homoerotismo platónico y a la admiración por la obra del poeta.

 

 

Hoy sin duda le habrían colocado la etiqueta correspondiente, pero, aunque ciertamente escandaloso en su época, Stefen George cambiaba a menudo  de ciudad y de domicilio. Siempre fue un invitado sin casa propia, aunque, paradójicamente, contaba con una estrecha y estable red de amigos que enseguida tuvo numerosos discípulos llegando a crear un verdadero círculo de vanguardistas, muy cohesionados, fieramente antiteutónicos y antiburgueses, muy internacionalistas y ambiguos sexualmente, cercanos, -salvando las distancias entre el ámbito británico y el teutón-   al circulo de Oscar Wilde,  también muy restringido a miembros del sexo masculino.

En este extraño círculo sería donde con solo 22 años Elsa Plotter tendría su bautismo con las artes.

 

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Como representante de la Nueva Mujer, dueña y señora de su sexualidad, Elsa, que siempre fue, como ya hemos dicho extraordinariamente ambigua, activa sexualmente y marcadamente masculina, se convirtió, alentada y apoyada por Melchior, en su musa y su Medusa, idealizada y demonizada a la vez, Judit y Salomé, elevada y degradada, temida y ridiculizada por ese circulo de hombres donde el homoerotismo, el fetichismo, el voyerismo, el sadomasoquismo y la bisexualidad flotaban en el aire. Ella no solo fue su colaboradora, sino alguien dispuesta a canalizar la vanguardia a través de su propio poder sexual, alguien dispuesta a forzar críticamente sus límites, mientras presentaba su propia vida como arte.

 

 

A partir de este momento los amantes y los amores de Elsa se sucederán con rapidez pero serán ya siempre artistas, casi todos de este grupo entorno a George. Ernst Hardt, dramaturgo, sería su primer gran amor de verdad.

Opuesto por completo al melifluo Melchior Lechter, Ernst, con el que tendría una relación tormentosa que duró más de dos años, era un hombre hipermasculino, atlético, de ojos grandes de gacela y, como empezó a ser habitual , más joven que ella. Elsa, curtida en relaciones sexuales, se enamoró sin embargo por vez primera, aunque su relación fue, al parecer y como se suele decir ahora, muy tóxica pues se tiñó de un cierto sadomasoquismo por el que ambos pagaron un fuerte peaje.

 

Ernst Hardt

 


La novela Fanny Essler,  de la que hemos hablado a menudo, será sobre todo un ajuste de cuentas personal con Ernst que, a su vez, escribió una obra de teatro bastante misógina denigrando a Elsa y a las mujeres de su temple, Der kampf um der Rosenrot (La Lucha por el rojo rojizo).

Y todo porque Elsa, al revés que su madre, sí supo dejar atrás un hombre abusivo, infiriéndole además  una herida indeleble a su hombría al escaparse con uno de sus mejores amigos, Richard Schmitz, al que, demasiado sumiso para estar a su altura, abandonaría, a su vez en poco tiempo, por su propio hermano mayor, el influyente escritor Oscar A. H. Schmitz.

 

Oscar A.H. Schmitz

Con Oscar A.H. Schmidt  mantuvo una relación completamente abierta. Él fue uno de los más conocidos escritores de la vanguardia muniquesa. Entre sus obras está el libro titulado Haschish y fue tan influyente que el propio Walter Benjamin escribió un texto titulado una Replica a Oscar A. H. Schmidt (Traducción española de Jorge Navarro Pérez en Obras, II, 2, pp. 367-371, Madrid, Abada, 2009)

 

 

 

Festival antiguo en 22/02/1903 en la casa de Hannah y Karl Wolfskehl, Leopoldstr. 51, primera fila: Franziska zu Reventlow, centro de Stefan George, de nuevo centro de fila: Karl Wolfskehl como Dionisio.

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on Oscar A. H. Schmitz, y tras una temporada en el sur de Italia que tanto fascinaba a los alemanes de la época , se iría a vivir a Munich. Munich, y sobre todo el famoso barrio de Schwabing eran por entonces el epicentro de la vanguardia alemana. Alrededor del cambio de siglo, Munich contaba con una poderosa bohemia entre la que se encontraban  los pintores Vasily Kandinsky y Gabriele Münter, Paul Klee y Franz Marc, los escritores Thomas Mann y su esposa Katia, Heinrich Mann, Ricarda Huch, los poetas, ya citados, Stefan George y Karl Wolfskehl e incluso Vladimir Ilyich,  que sería después conocido como Lenin.

Elsa, decidida a dedicarse a la pintura, se trasladó, gracias al apoyo de Schmitz, a vivir a un estudio en Dachau que, aunque hoy es infaustamente conocido por ser  el lugar del primer campo de concentración, era entonces, Dachau antes de Dachau, una fértil colonia de artistas, sobre todo de pintores. Poco avanzó Elsa en la pintura embarcada, sin embargo, en una intensa vida social e intelectual de primer orden. Es difícil saber con quién se relacionó y con quién no, pero si parece que tuvo una cierta y segura relación con otra mujer poderosa, que ejercía también, con procacidad y provocación,  su novedosa  y pertubadora emancipación sexual: la escritora Francisca von Reventlow

Franziska von Reventlow

 

Fue en el círculo de Franziska donde conocería a dos hombres fundamentales para ella, amigos íntimos entre si, y con los que mantuvo una intensa relación que, durante algún tiempo, implicaría a los tres en un apasionado menage á trois. Se trata de August Endell y de Felix Paul Greve.

 

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August Endell (1871–1925) fue un arquitecto modernista, exponente de un Jugendstil muy personal rico en referencias espirituales que se caracterizó por el intento de reflejar la flora y fauna marinas, como vemos en la fachada de su taller, además de ser escritor y profesor. August se convertiría en el primer marido de Elsa entre 1901 y 1903. Él sería además su profesor de pintura. Mantuvieron una relación abierta, como Elsa parece siempre haber preferido,  que, al poco, como hemos dicho, incluyó al amigo de August, el poeta y traductor Felix Paul Greve.

 

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El trio viajó a Palermo en el verano de 1903, a Sicilia, donde el matrimonio se desintegró finalmente  divorciándose tres años después. Aunque su separación fue dura y se dedicaron varios poemas  satíricos, la relación entre August y Elsa fue sin embargo fundamental para ambas carreras.

De Palermo no obstante volvieron juntos solo Elsa y el joven y ambiguo Felix Greve que a la sazón tenía solo 22 años.

 

FPG: Felix Paul Greve o Frederick Philip Grove

 

Felix Paul Greve era, y sería por un tiempo, un prolífico  traductor de literatura y, hasta ese momento, un miembro destacado del grupo homoerótico formado entorno del ya citado  Stefan George, el George-Kreis. Durante esos años en Munich, se relacionó con Karl Wolfskehl, e incluso vivió una temporada con el mismo Thomas Mann en 1902.

A principios de 1903,  y con cierto escándalo, pues el jovencito Greve era tomado por homosexual,  se emparejó con nuestra Elsa Plötz Endell. En su autobiografía de 1946 In Search of Myself, Grove sugiere que a pesar del contexto homoerótico de su trabajo hasta finales de 1902, su primer encuentro sexual con Elsa determinó para siempre su heterosexualidad.

Sin embargo la relación con Elsa le acabaría costando cara porque su hasta entonces benefactor Herman Kilian, trastornado por los celos, exigió el pago de todos los créditos con que le había sostenido hasta entonces, lo que, dada la improductividad económica de la joven pareja, acabó llevando a Felix a la cárcel acusado de fraude. Fue una humillación en toda regla, provocada por el despecho, que le costaría un año de reclusión en la penitenciaría de Bonn.

Sin embargo  la naciente relación entre Elsa y Felix salió reforzada, siendo durante esta época cuando escribieron a cuatro manos la ya tantas veces citada novela de Fanny Essler donde se relatan todas las peripecias sexuales de Elsa, incluido su matrimonio con Endell. La novela, aunque causó gran diversión en el circulo de Stefan George, supuso sin embargo la fulminante exclusión de ambos de los círculos en que hasta entonces se habían movido. Ello les llevó a un cierto exilio voluntario, primero en Suiza y después en París para finalmente volver a Berlín donde se casaron en 1907.

En seguida, nuevos problemas económicos provocados por la venta por parte de Felix a dos fuentes de la misma traducción de Jonathan Swift, les llevaron a fingir el suicidio de él y escaparse, con algunos meses de diferencia, a Norteamérica donde intentaron crearse una nueva vida comprando una granja en Kentucky.  El sueño americano no funcionó y  después de 9 años juntos, el matrimonio se disolvió.

 

 

Felix desapareció definitivamente en Manitoba (Canada) en 1912 cuando cambió su nombre por el de Frederick Philip Grove, manteniendo sus iniciales,y escribiendo novelas que hablan de la conquista del Oeste canadiense – In Search of America (1927), Over Prairie Trails (1922)  o Setters of the Marshs (1925)…- y que se caracterizan por su marcado naturalismo. En realidad, al parecer no se divorciaron nunca. Felix simplemente desapareció, o más bien se reencarnó en una nueva identidad.

 

 

Elsa en su época de granjera

 

Elsa también abandonaría la granja para cambiarla por la ciudad, primero por  Cincinnati donde ocasionalmente trabajó como modelo y finalmente Nueva York, donde escribiría sus primeros poemas fonéticos y se dedicaría por entero a prácticas artísticas. Sólo le faltaba un ingrediente para reencarnarse también, que llegará en 1913: el barón Leopold von Freytag-Loringhoven, un delicado vástago de una familia bien alemana con algunos posibles con el que comparte una temporada chispeante de lujos y excesos viviendo en el Ritz de Nueva York y llevando una intensa vida mundana.

Camino del Ayuntamiento de Nueva York para contraer matrimonio con el barón , Elsa tiene una intuición crucial: se detiene ante una desgastada y sucia argolla metálica que inmediatamente recoge como obra de arte y que más tarde titulará Enduring ornament. Con un solo gesto Elsa Greve, pre Freytag-Lorinhoven, se adelanta al object trouvé del surrealismo, al junk-art y, sobre todo, al ready-made.

Cuando estalla la guerra mundial, Leo vuelve a Alemania para no regresar, pues, arruinado, se suicidaría poco después, ejecutando lo que Elsa definirá como «el gesto con más coraje de su vida». A Elsa  apenas le queda de él más que el nombre y el título por el que se la conocerá desde entonces.

A partir de ese momento, reencarnada,  ejerce como artista, entregada por completo al movimiento Dadá y se exhibe con una embriaguez de vanguardia por las calles y tugurios del Greenwich Village. Todo en ella tiene algo de acontecimiento. Con sus cinco perros callejeros arrastrados detrás de ella con una correa dorada, caminaba con regocijo por Washington Square, vestida con una falda escocesa muy corta, un sostén hecho de dos latas de tomate atadas con una cuerda verde y colgando de su cuello una jaula de madera  con un canario vivo que trinaba.

 

 

 

A finales de la década de 1910 y principios de 1920, la baronesa reinaba entre las vanguardias intelectuales de Nueva York que se reían de los tabúes sexuales y hacían del arte su revolución. Ella tenía una estructura ósea  ligera, “muy gótica”, y “un paso maravilloso”, según la fotógrafa Berenice Abbott. Su belleza feroz y extraña y su predilección por sacarse la ropa la convirtieron en un modelo favorito para artistas como Robert Henri, William Glackens y Man Ray.

Man Ray y Duchamp se le entregan como cómplices. Uno desde la sobriedad y el otro compartiendo una fascinación común por el sexo explícito. Los tres establecen una jurisdicción artística que sangra talento. Con sus disfraces cubistas, Elsa von Freytag usa su cuerpo como superficie artística y su sexualidad como arma revolucionaria

Ella misma delira hasta convertirse en pieza, en creación, en artefacto. Es un ‘ready made‘ de antes de los ‘ready made’. Se pasa cualquier traba moral por el arco del triunfo de su sexo. Ready-made, object trouve avant la lettre, pre-arte povera o junk art, proto body art o performance, poesía  fonética, verso libre; todo esto ocupará la tarea artística de Elsa desde 1913 hasta su muerte en 1927. Catorce años de intensa actividad vanguardista junto a Duchamp y Man Ray, Morton Livingston Schamberg, Berenice Abbott, Jane Heap, Mary Reynols, William Carlos Williams, James Joyce, la Little Review  y el salón de los Arensberg, entre otros muchos lugares, y personas que Gammel documenta y relaciona cuidadosamente.

 

André RaffrayChez Arensberg (2001). Museo de bellas Artes de Rouen. De izda a dcha: Beatrice Wood, Joseph Stella (con guitarra), Edgard Varèse, Arthur Craven (al fondo), Mina Loy, Elmer Ernst Southard (de pie), Albert Gleizes, Juliette Roche, Louise Arensberg, Walter Arensberg, Marcel Duchamp, Francis Picabia (jugando al ajedrez), John Covert (de pie) Gabrielle Buffet Picabia, Man Ray (detrás), Herni-Pierre Roché, y, en el extremo derecho, desnuda,con falda de paja, la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven.

 

 

Little Review, Winter 1924 issue. Cover by Max Ernst, photographs by Man Ray

 

 

Su escasa y dispersa producción podría ser una razón  para el olvido, aunque en ningún «frente dadá» -ni en Zürich, ni en  Berlín– la producción fue un asunto principal, sino el escándalo y la provocación que, sin embargo, Elsa generó con considerable repercusión y el apoyo incondicional de la revista vanguardista Little  Review de Nueva York, editada por Margaret Anderson y Jane Heap, que, por ejemplo, publicó por entregas el Ulises de James Joyce junto con los poemas de Elsa von Freytag-Loringhoven. Según las noticias y crónicas de la época, el dadaísmo de la ciudad estaba indisolublemente ligado a sus poemas, obras y actitudes, siempre sorprendentes. Irene Gammel lo detalla en su amplio estudio.

 

Margaret Anderson and Jane Heap in 1922. Ambas editaban The Little Review. Heap fue anteriormente amante de la novelista Djuna Barnes

 

Resulta evidente que también el dadaísmo minusvaloró el rol artístico de las mujeres, diluyendo su trabajo a meros gestos de acompañamiento. En este sentido resulta muy revelador el conjunto de ensayos editados por Naomi Sawelson-Gore bajo el título de Women in dada. (También Suzanne Duchamp siempre aparece reseñada en el rol de «hermana de Duchamp o esposa de Crotti», a pesar de que ya en 1916 fue una de las pioneras mundiales en el collage-assamblage y las pinturas mecaniformes)

 

 

Dadaglobe por Suzanne Duchamp 1920

 

La relación conMarcel Duchamp fue bastante estrecha pues en 1916  convivirán en el mismo edificio de apartamentos y no sería extraño que dada la naturaleza de la obra de la baronesa discutiese con él sobre la idea del ready-made. El pintor Louis Bouché relató en sus memorias que un día llegó al departamento con un recorte de diario que mostraba el Desnudo bajando una escalera . La baronesa le arrancó el recorte de la mano y, luego de desnudarse, empezó a frotarse el cuerpo con él mientras recitaba su poema: “Marcel-Marcel/ I Love You like Hell / Marcel”.

 

 

 

Tanto Duchamp como la baronesa hicieron objetos encontrados en el arte. La diferencia era que la baronesa vestía lo que encontraba, transformándose en una escultura de Dadá ambulante: llevaba 20 aros de cortina de ducha como brazaletes, un sello de dos centavos pegado a su mejilla como una marca de belleza y cajas de cerillas o cucharillas colgando de sus orejas… Uno puede imaginar la alegría de Duchamp por la la cesta de carbón que llevaba colgada bajo su barbilla como un casco, o cómo su hermoso rostro se volvía rosa al resplandor de una de esas luces traseras rojas de las bicicletas que a veces se colgaba del bullicio de cosas  que había entre sus faldas.

 

 

Elsa no sólo diseñaba la mayoría de sus trajes, sino que a menudo  recurría a robar en las tiendas. El artista George Biddle la describió después de haberla visto hacer “una limpia de la tienda de juguetes de Schwartz”, llevándose  “unos sesenta u ochenta juguetes de plomo, estaño o hierro fundido como muñecas, soldaditos, cochecitos, motos, locomotoras, y cajitas de música ” que después se colgaba del vestido. A menudo era detenida por robo, pero tenía un porte tan regio y aristocrático, amén de su título real, que cuando la sacaban del furgón  la policía generalmente no salía del asombro y acababa por dejarla ir sin más.

 

 

La única obra famosa de Elsa von Freytag-Loringhoven, largamente atribuida a Morton Livingston Schamberg, pintor mecanicista del salón de los Arensberg (por el simple hecho de ser el primero en fotografiarla) es God (Dios), un sifón de hierro para desagües montado sobre una guía de carpintero para cortar ángulos. Esta obra de 1917 es adquirida y conservada por Walter Arnsberg y dialogaba evidentemente con la Fontaine de Duchamp del mismo año, supuestamente también adquirida por Arensberg, pero sorprendentemente nunca vista en su colección y extraviada de inmediato…

 

 

God de Elsa von Freytag-Loringhoven

 

Fontaine, un urinario de porcelana masculino dispuesto como un reluciente Buda sobre un pedestal, es una de las obras más famosas y aún polémicas de Duchamp y una de las principales obras del siglo XX según la Tate Modern de Londres. Las ocho réplicas autorizadas por él en 1964 rozan los tres millones de euros la pieza. Pero Duchamp no firmó Fontaine hasta 1964, ni siquiera en el artículo en su defensa que publicó en su revista Dadá The blind man, y en la práctica solo asumió implícitamente su autoría al incorporarla miniaturizada en su Boîte en Valise, el año 1939 (doce años después de la muerte de la baronesa). Existen diversos testimonios contemporáneos a Duchamp que rememoran el mismo momento en que Duchamp compra el urinario, pero también existe una carta de Duchamp a su hermana Suzanne donde afirma que la Fuente fue mandada por una amiga suya al Salón de los Independientes (¿la baronesa?)

 

 

Como Irene Gammel señala, ¿por qué mentiría Duchamp a su hermana sobre este asunto ?

 Gammel y los comisarios Julian Spalding y Glyn Thompson, que montaron la reciente muestra en Edimburgo A Lady’s Not a Gent’s (juego de palabras que significa a la vez “hecho por una dama, no por un caballero” y “donde mean los hombres no mean las mujeres”), sostienen que el mingitorio y el caño oxidado eran en realidad un díptico: un retrato dialogaba con el otro, Duchamp era Dios y la baronesa era el mingitorio acostado. Se basan en un poema de ella que decía:

El llegó protegido por la fama a este país

a usar sus cañerías o divertirse con ellas.

Y yo soy un útero teutónico

que aún no ha recibido sus jugos.

Sea como sea y más allá de la posible autoría o coautoría de Elsa von Freytag-Loringhoven en relación con el urinario, es plausible pensar que sí participaría en el desarrollo de la idea del ready-made en la época en la que convivían como vecinos en el Lincoln Arcade Building. Particularmente relevante es el Retrato de Marcel Duchamp construido con plumas, ramas vegetales, un muelle metálico y dos copas de champán publicado en la Little Review el año 1920, pionero assamblage efímero sin parangón en la época.

Charles Sheeler
The Baroness’s Portrait of Marcel Duchamp, ca. 1920
Gelatin silver print
9 5/8 x 7 5/8 inches

 

El título, Retrato de Marcel Duchamp, y los prejuicios han hecho que durante mucho tiempo esta obra fuese sobre todo un ejemplo de la gran popularidad de Duchamp en Nueva York más que la muestra de una obra vanguardista de primer orden de Elsa von Freytag-Loringhoven. Aun antes, desde 1916, con sus assamblage de basuras y restos de mecánicos, se adelanta a las construcciones objetuales dadá en general y, particularmente, a los assamblages de Man Ray y Leandre Cristofol.

 

Shaving the Baroness is a video-projection with Dunja Eckert-Jakobi and Leander Djønne. It was first shown at Manifesta 8, Murcia, Spain 2010

En Nueva York esa visión dinámica de modelo proactivo la impulsa hacia una nueva forma vibrante de arte que décadas después se llamará body-art o performace. Se rasura la cabeza y se la pinta de rojo. Adelantándose al punk, se maquilla los labios de negro y, tal cual, se exhibe desnuda en la redacción de Little Review posando con plena intención artística contra las paredes pintadas de negro de esa redacción que tan bien conoce. Elsa se pasea semidesnuda por las calles de Nueva york y es detenida por escándalo público, mucho antes que Dalí, otro protoperformer.

Con Duchamp y Man Ray participa en la filmación estereoscópica del rasurado de su pubis, una pieza llamada  The Baroness shaves Her Public Hair, precedente remoto de Ètant donnés, donde Elsa debería figurar junto a Mary Reynolds, la escultora brasileña Maria Martins y Tenny Duchamp, que fue esposa sucesivamente de Matisse y de Duchamp ademas de agente de Brancusi y de Miró, todas mujeres interesantísimas obviadas por la historia del arte oficial. Como señala Gammel, de los escasos fotogramas salvados del filme se deduce que Elsa no se ofrece ni mucho menos pasiva a los deseos erótico-artísticos de Duchamp y Man Ray, sino que impone su pose y personalidad al nivel de coautora. La imagen que pongo aquí no es ella obviamente, sino que es de un homenaje de la artista Dunja Eckert-Jakobi en la Manifesta 8.

 

 

 

La Baronesa con Djuna Barnes

 

Ezra Pound menciona a la Baronesa en sus Cantos, William Carlos Williams aprendió a boxear tras recibir una paliza a sus manos, Djuna Barnes quiso escribir, durante casi un lustro, su biografía, Man Ray y Duchamp fueron sus cómplices en mil y una aventuras, Georgia O’Keefe le insistió en vano a su pareja el fotógrafo Stieglitz que Elsa era alguien a tener en cuenta, André Gide y George Bernard Shaw temblaban cuando recibían cartas de ella pero, sin embargo, con todo, Elsa,  la Baronesa dadá , había ido a parar al basurero de la historia hasta su reciente recuperación.

 

 

 

 

 

Cleptómana y punk avant-la-lettre, como decía la revista Little Review: “(La baronesa) Es la única persona viviente en el mundo que se viste Dadá, ama Dadá y vive Dadá”.

 

Facing, 1924
Ink and pastel on foil, 7 1/2 x 4 1/4 inches

 

 

En 1923 rompe con todo y con todos. Viaja de nuevo a Berlín donde, desheredada por el padre y reducida a una extrema pobreza, termina por vender periódicos en la calle Kurfűstendamm llegando a pasar un periodo en una clínica psiquiátrica, y siempre implorando préstamos de sus viejos conocidos como la gran benefactora Peggy Guggenheim. En 1926, solicita un visado para viajar a París que. Al serle denegado, provoca que ella, más Elsa que nunca, se presente en la oficina de extranjeros con un pastel a modo de sombrero para pedir una vez más el permiso de salida.

 

Djuna Barnes, una de sus amigas más fieles, le paga el alquier del apartamento parisino. Sin embargo está cada vez más cansada. En la segunda mitad de los años veinte Duchamp y Man Ray son aclamados como los viejos Dadá que insuflan energía al surrealismo parisino. Es una aclamación en petit comitè, pero de vasta influencia. y sin embargo Elsa es ignorada como un fetiche desechable por aquellos mismos hombres con los que había colaborado tanto. No así con las mujeres. Djuna, a pesar de sus escasos medios, la ayudará hasta el final,  trabará amistad con Mary Reynols (compañera y benefactora de Duchamp), verá a su gran protectora Jane Heap y llamará a muchas puertas, pero ya sin éxito.

 

El abandono y el olvido, pero principalmente la soledad de quien había hecho de su vida un hervidero de gente propiciaron que adelantara la despedida. Elegirá una muerte moderna, el gas del que tanto se habló en la Gran Guerra. Una día, sin más, apareció muerta, junto a su perro Pinky,en su apartamento de París.¿Descuido o suicidio? Djuna Barnes nunca creyó en su suicidio: Jamás le habría hecho eso a Pinky, decía, estoy segura.

 

 

 

Con el gas, el olvido de los colegas que no recuerdan y los estudiosos que no quieren saber, hasta que por reiteración de revisiones y más revisiones del dadaísmo y, sobre todo, por la progresiva mirada feminista sobre la cultura y la historia, se ha puesto luz sobre su obra, convirtiéndose la biografía de Irene Gammel en el definitivo punto de inflexión sobre el asunto, que son muchos asuntos a la vez.

Larga vida a la Baronesa. De ella dijo Duchamp:

La Baronesa no es futurista. Es el futuro.