La exposición del Bicentenario: Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria.

La exposición del Bicentenario:

Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria.

Museo Nacional del Prado. 

19/11/2018 – 10/03/2019

 

Una de los dos objetivos de este blog, más allá de rescatar algunos nombres alejados del mainstrean de la historiografía del arte que sirvió para darle título, es también cubrir, o más bien, salvar para mi frágil memoria, aquellas exposiciones que de una u otra manera me impactan, me intrigan o me incomodan. Es por eso, y porque el Museo del Prado es también para mí, como para Ramón Gaya, una roca y un querido contenedor de memoria  que no puedo dejar de hablar de la exposición con que el Museo en su Bicentenario se celebra a sí mismo.

 

El Museo con los andamios “vestidos” por trozos de cuadros de Van der Weyden, Ribalta, Veronés, Velázquez,  o hasta Alma Tadema, con que celebra su bicentenario.

 

Y quiere celebrarse a sí mismo en opinión de Javier Portús, comisario de la exposición y Jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1700) del Museo del Prado, en un doble sentido. Primero con la reivindicación de sí mismo como un organismo vivo, un organismo que nace en un momento, que crece muy rápido, que pasa por las dificultades propias de la juventud y otras catástrofes históricas, que se enriquece y aumenta, que encuentra su camino y sirve de encuentro para muchos diálogos, diálogos entre artistas, entre literatos, entre visitantes, entre políticos.

 

 

Joan Miró (izquierda) y Josep Llúis Sert, en el Museo del Prado.

Por eso,el segundo sentido al que se refiere Portús, es al del Museo del Prado como lugar de memoria. Para eso recuerda el ensayo de Ramón Gaya, del que hablaba antes, ya en el exilio, sobre el Museo del Prado que tituló Roca española, en el que afirmaba:

Desde lejos El Prado se presenta nunca como un museo sino como una especie de patria.

Dando a la palabra patria el sentido de aquello que provoca sentimientos de pertenencia. El Museo como la sociedad es también reflejo de una memoria histórica, propicia en algunos tiempos y convulsa y hasta catastrófica en otras. Una exposición sin prestar atención  a esa memoria histórica tampoco habría tenido sentido.

 

Traslado de las obras del Museo del Prado durante la Guerra Civil

 

La exposición se divide en ocho salas, siete de las cuales son cronológicas, con una sala especial metafóricamente situada en el centro, dedicada a Donaciones y legados. Los fondos, para dejarlo claro pronto, son en buena medida los fondos del propio museo. De 168 obras originales, 134, entre ellas las joyas de la exposición, forman parte de las colecciones propias y solo 34 son préstamos de otras instituciones nacionales e internacionales. Es pues una exposición autocelebratoria.

 

La Infanta Margarita de Martínez del Mazo, y La niña María Figueroa vestida de menina de Joaquín Sorolla

No obstante, una de las acontecimientos más interesantes de esta exposición es la descontextualización de las propias obras del museo, esas que ya conocemos, para armar un discurso otro, el del Museo. Ello ha provocado felicísimos encuentros, algunos esperados e incluso provocados, como el de La Infanta Margarita de Martínez del Mazo, y La niña María Figueroa vestida de menina de Joaquín Sorolla, ambas piezas del Museo que ocasionalmente podemos ver juntas,

 

El cuadro de Sorolla más Alicia ante el espejo de William Merritt Chase y el Retrato de Mrs Leopold Hirsch. 1902 de John Singer Sargent.

 

Y que se continúa en la velada alusión a las Meninas en Alicia ante el espejo de William Merritt Chase o en ese rosa velazqueño, que es el rosa en verdad de Martínez del Mazo, su yerno, y es el rosa del hermoso Retrato de Mrs Leopold Hirsch (1902) de John Singer Sargent que está prestado por la Tate Gallery

 

Maja desnuda de Goya, Desnudo recostado Pablo Picasso 1964

O el de la Maja Desnuda de Goya con el Desnudo femenino recostado de Pablo Picasso de 1964. O este esperado encuentro del San Andrés de José de Ribera con la copia extraordinaria y parcial que probablemente en el verano de 1867 hizo Mariano Fortuny de este cuadro  y de cómo ese aprendizaje tuvo después cabida en su propia obra como muestra el Viejo desnudo al sol que pintaría en 1870 o 71 durante una estancia en Granada.

 

Viejo desnudo al sol de Joaquín Sorolla, San Andrés de José Ribera, Y copia de San Andres por Joaquín Sorolla.

Pero también han aparecido encuentros inesperados y de gran magnetismo como el encuentro del Estudio para cabeza llorando (I). Dibujo preparatorio para ‘Guernica’, de Pablo Picasso con el Cristo muerto sostenido por un ángel de Antonello da Messina, un cuadro por el que siento especial debilidad desde mi tierna infancia.

 

‘Estudio para cabeza llorando (I). Dibujo preparatorio para ‘Guernica’, Picasso (1937) (Museo Reina Sofía)

Cristo_muerto,_sostenido_por_un_ángel_(Antonello_da_Messina)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

o este estupendo encuentro entre el Retrato de la Condesa de Chinchón de Goya con el retrato de su mujer, Josette, de Juan Gris

Goya. La condesa de Chinchón 1800

 

 

Portrait de Madame Josette Gris (Retrato de Madame Josette Gris)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bueno, hablemos un poco de la exposición en sí. La primera sala se dedica a los años que median entre la fundación del Museo en 1819 y la muerte de aquel rey nefasto que fue Fernando VII, a cuyo reinado sin embargo y fruto de las convulsiones también patrimoniales que supuso la Guerra de la independencia, pertenece la fundación del Museo, Uno de los cuadros emblemas de esta exposición es ese retrato del la Reina María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado de Bernardo López Piquer. Pedro de Madrazo, en el catálogo de los cuadros del Real Museo de 1854, llega a decir que fue la reina quien sugirió la idea [al rey], por escitacion [sic] de algunos personajes aficionados a las nobles artes, y el Rey la acogió con verdadero entusiasmo.

 

María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado

El Prado nació como colección real y por la pulsión ya gestada durante la ilustración española de hacer cada vez más visibles las colecciones y reivindicar la pintura de la Escuela Española. De hecho, el Prado abrió mostrando sólo pinturas de la Escuela Española.

Por esa razón, las primeras adquisiciones se dirigieron a paliar las lagunas existentes  de la colección real, lo que hizo que entonces entraran en ella algunos de sus mejores cuadros:  el Cristo Crucificado de Velázquez que entró en la colección en 1828 procedente de la dispersión de la colección de Godoy; los dos Zurbaranes del ciclo de San Pedro Nolasco intercambiados por otros cuadros con el deán de la Catedral de Sevilla, López Cepero, en 1821 ; o la adquisición de algunas de las obras cumbre de la Escuela Madrileña, poco representada hasta entonces, como La Ascensión de la Magdalena de José Antolinez o EL triunfo de San Hermenegildo de Herrera el Mozo.

Cristo-Velazquez-Vision-Nolasco-Zurbaran

 

José Antolínez La asunción de la Magdalena 1670 – 1675

 

La segunda sala está dedicada al siguiente periodo comprendido pues desde la muerte de Fernando VII a la caida de la monarquía de su hija, Isabel II,  una época convulsa de enormes pérdidas de patrimonio artístico causadas por la adopción de medidas liberalizadoras como la Desamortización de Mendizabal  en 1835 o las dificultades generales de la economía que se tradujeron en el cambio de manos y la diseminación masiva de muchísimas obras de arte, cuando no de su destrucción, sobre todo en lo que toca al patrimonio arquitectónico.

 

Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas Genaro Pérez ViIllamil

 

Para evitar esa dispersión aparecieron por toda España muchos museos provinciales, algunos extraordinarios como el Museo de Bellas Artes de Sevilla o el de Valencia, el museo de Valladolid o el madrileño Museo de la Trinidad, abierto en Madrid en 1838 con fondos procedentes de la desamortización en la capital y provincias limítrofes como Ávila o Segovia. Actuó el Museo de la Trinidad como museo independiente durante casi treinta años hasta que en 1872 se fusione con el Prado, al que aportó más de mil obras de desigual calidad.

 

Resurrección de Cristo. La resurrección de Cristo El Greco, h. 1597 1604 Óleo sobre lienzo

Algunos de los autores que estaban especialmente mal representados, como El Greco, entraron entonces a formar parte del acerbo del Museo hasta convertirse por pleno derecho en algunos de los nombres capitales de la pinacoteca. Tal es el origen de los cuadros pertenecientes al Colegio de Doña María de Aragón en Madrid, como La resurrección de Cristo o la magnífica  Trinidad del monasterio de  Santo Domingo el Antiguo que se encuentran entre lo mejor de la producción del cretense.

 

Juan Bautista Maino Resurrección de Cristo. Museo del Prado

De la Trinidad proceden también , por ejemplo, el grueso de la colección de obras de Pedro Berruguete, Vicente Carducho o Juan Bautista Maíno del que se puede ver esta otra  Resurrección de Cristo perteneciente al célebre Retablo de las Cuatro Pascuas de la Iglesia Conventual de San Pedro Mártir que normalmente no está expuesto en el Prado, aunque sí están La adoración de los pastores y La adoración de los reyes magos.

 

Karl Louis Preusser (1845 – 1902) En la galeria española de Dresde

 

Como explica la web de la exposición:

Paradójicamente, esta dispersión patrimonial actuó activamente en favor de uno de los efectos buscados cuando se creó el Museo: dar visibilidad a los artistas españoles, y promover su estudio y aprecio. Las galerías públicas europeas empezaron a contar con “salas españolas”, como se verá en la exposición.

Así ocurrió con la celebre Galerie Espagnole de Luis Felipe inaugurada en 1838 en las salas de la Colonnade en el Museo del Louvre.

Vista del Grand Salon Carré del Louvre de Giuseppe Castiglione

Desgraciadamente, la Revolución de 1848, que arrebata el trono al rey Luis Felipe e instaura la Segunda República, trae como consecuencia restituir, «estúpidamente» dirá Baudelaire, la Galería Española al rey destronado, que se la llevará a Inglaterra, y tras su muerte será vendida en Londres en 1853 para ir a parar posteriormente, en su mayor parte, a manos de coleccionistas ingleses.

 

La Virgen del Lucero con el Niño ( Alonso Cano)

 

En 1865, siendo director del Museo Federico de Madrazo, se decidió que la colección del museo se organizara por escuelas, ya no tan solo de la Escuela Española, sino también de la Flamenca y de la Italiana, sobre todo, y que pasase a denominarse oficialmente Museo del Prado. Muchas de las pinturas de El Escorial fueron entonces trasladadas al Prado, y también el Tesoro del Delfín, (tan atractivamente expuesto hoy en día con la apertura de una sala específica) con lo que el museo se abriría también a las artes decorativas.

La sala 12 (Las meninas) tenía 2 pisos y exhibía obras maestras del Prado. A esta sala con dos pisos se la conocía como Sala Isabel II.

Tras el destronamiento en 1868 de Isabel II, el museo pasó a formar parte de los «bienes de la Nación»​ mediante la Ley de 18 de diciembre de 1869, que abolió el patrimonio de la Corona y pasó a ser  Museo Nacional en vez de Real y por tanto, Patrimonio del Estado.

Otro hecho que marcó la historia del museo sucedió en 1872, cuando Amadeo I anexó el ya citado Museo de la Trinidad, con sus respectivos fondos de pintura y escultura al Museo del Prado. Sin embargo sólo cien obras de La Trinidad fueron seleccionadas para ingresar al recinto del Prado, mientras que el resto se dispersó por todo el país. Eso le hizo convertirse verdaderamente en un Museo nacional pues ante la falta de capacidad del propio museo, 3200 obras se repartieron y se hallan aún repartidas en depósito por todas las provincias españolas en diferentes organismos oficiales e incluso embajadas extranjeras.

 

La Sagrada Familia de EL Greco, La magdalena penitente de Pedro de Mena y La Virgen del Lucero de Alonso Cano

 

Por esa razón se han juntado estas tres extraordinarias obras: La Sagrada Familia de El Greco, La magdalena penitente de Pedro de Mena y La Virgen del Lucero de Alonso Cano. Porque con ellas se quiere representar ese carácter de institución nacional que tiene el Museo del Prado pues aunque las tres pertenecen a sus fondos  sin embargo sólo ahora es posible verlas “de vuelta en casa” ya que las tres se encuentran en distintas sedes:  La Sagrada Familia en la Biblioteca Museu Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrù, La magdalena penitente que es una de las joyas del Museo de Escultura de Valladolid o La Virgen del Lucero de Alonso Cano que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Granada.

 

Miguel Jadraque y Sanchez Ocaña Visita del cura y el barbero a don Quijote– Museo del Prado, 1880

 

No fue tampoco hasta la incorporación del Museo de la Trinidad que el Museo se abrió también al arte de su tiempo con adquisiciones muy importantes de pintura española del siglo XIX realizadas en las Exposiciones Nacionales, como esta deliciosa y costumbrista  Visita del cura y el barbero a don Quijote de Jadraque y Sanchez Ocaña. O la tan celebérrima obra en su época de Eduardo RosalesEl testamento de Isabel la Católica del que la exposición nos brinda no ya el orginal, que puede verse en otro rincón del museo, sino un poco visto boceto.

 

Eduardo Rosales. Doña Isabel la Católica dictando su testamento (Boceto) – Colección – Museo Nacional del Prado

 

El éxito de la pintura de la Escuela Española, sobre todo barroca, en la época tuvo mucho que ver con su naturalismo que era entonces una tendencia en boga. La nómina de pintores que visitaron el museo fue inmensa. En la exposición está el libro de visitas del Prado con la firma de Gustave Courbet. Pero no fue un caso aislado, muchos fueron los artistas internacionales que peregrinaron al Prado como Singer Sargent o el mismo Edouard Manet quien sería otro de los grandes apologetas del museo.

En la exposición se muestran dos cuadros de él, Angelina Amazona, que muestran cómo cambió su libertad de ejecución en el periodo que abarca desde justo antes de su viaje, con esa Amazona que ya debe mucho a Velázquez, y ese otro retrato de Angelina en que el cromatismo dramático y la pincelada suelta reflejan su conocimiento de Goya.

 

Amazona de Edouard Manet y Angelina

 

O la contraposición de una copia fantástica de un jovencísimo Pablo Picasso, entonces un jovenzuelo de unos 16 años, de un retrato de Felipe IV de Velázquez que aquí han puesto frente a su modelo.

 

Retrato de Felipe IV de Diego Velázquez

 

Pablo Picasso. Portrait of Philip IV (Velаzquez), 1897

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Sección o Sala 4 ve desde 1898 a la Segunda República. !898 también fue un año importante para el Museo. En 1898 se inauguró el Museo de Arte Moderno al que se fué toda la pintura después de Goya y, a raíz de esta separación el Prado,  durante el largo período que va hasta 1971,  se especializó en arte más antiguo.

Fueron estas primeras décadas del siglo XX increiblemente fructíferas para el Museo. Se formó el Patronato, se amplió por primera vez el espacio del Museo, se siguieron criterios museográficos pioneros en su género y se implementó una auténtica política de adquisiciones,  favorecida además por frecuentes y notabilísmas donaciones o legados.

 

Museo del Prado, vista de la sala de Velázquez 1907 – 1915.

 

La nueva sala exclusiva dedicada a Velázquez cuya organización derivaba de criterios estrictamente científicos y daba mucho aire a los cuadros fue muy alabada internacionalmente. Ese ejemplo fue seguido en poco tiempo por sucesivas salas monográficas dedicadas a los grandes maestros españoles, que fueron  a veces acompasadas y/o alentadas por las primeras grandes exposiciones dedicadas a El Greco, Francisco de Zurbarán, José de Ribera, el divino Morales o Bartolomé Esteban Murillo.

 

Doña Antonia de Ipeñarrieta. Diego Velázquez. Legado la duquesa de Villahermosa, 1905

 

Además en esa época se produjo la disolución de algunas de las grandes colecciones aristocráticas que se habían formado durante el Siglo de Oro. Muchos de esos cuadros acabaron en el Museo del Prado, como los procedentes de la venta de la colección del Duque de Osuna a finales de Siglo, o los legados por los duques de Pastrana en esa misma época.

Esto nos lleva a hablar de la sala dedicada a las donaciones y legados, que los comisarios han querido colocar en el corazón y centro de la exposición. Una sala magnífica que ya soñara para sí cualquier gran museo del mundo.

Los legados han sido fundamentales en el Prado y algunos llegaron sobre todo en esta época generosa como pocas en mecenas, tanto a nivel nacional como local. Recordemos que en este momento se forma el Museo Cerralbo, el Lazaro Galdiano, el Museo de Valencia de Don Juan, Felix Bois crea el embrión del Museo de Historia de Madrid, o el Marqués de la Vega Inclán  crea el Museo del Greco en Toledo y el Museo  Romántico en Madrid. Nunca en la historia de este país se vio mayor interés entre los privilegiados e incluso entre los corruptos en contribuir tan generosamente a la creación del extraordinario patrimonio artístico de todos estos museos.

 

Legados y donaciones: En el centro, Escena de la vida de Nastasio deglio Onesti de Botiticelli (donación de Francesc Cambó, y a los lados Descanso el la huida a Egipto de Gerard David, donación de Pablo Bosch y La virgen entre dos ángeles de Hans Memling, donación marquesa de Cabriñana

 

Los legados fueron decisivos para rellenar las lagunas del museo en pintura de la escuela flamenca y holandesa o de los primitivos italianos. Algunos de los cuadros que se muestran aquí llegaron de la mano de grandes legados como el del catalanista Fransesc Cambó con sus tres paneles de Botticelli y el Bodegón con cacharros de Zurbarán. O el la colección Pablo Bosch, reunida en su casa de Madrid, que constaba de alrededor de trescientas pinturas, entre las que el Patronato seleccionó para el Museo cerca de noventa. Se trataba de obras italianas, francesas, flamencas y españolas de los siglos XV al XVIII, casi todas de tema religioso, como el   Descanso el la huida a Egipto de Gerard David que puede verse abajo a la izquierda.

 

 

Hay una abrumadora mayoría de pintura, sobre todo española, entre las obras ingresadas por donaciones, seguida por dibujos y grabados. Ejemplar es también la donación de Ramón de Errazu, cuyo elegantísimo retrato de cuerpo entero realizado por Federico Madrazo podemos ver en la pared de la derecha. Errazu legó 25 obras del siglo XIX de extraordinaria calidad que constituyen la base de la colección de cuadros de Fortuny y Raimundo de Madrazo que tiene el Prado. Incluida esa maravillosa Condea de Vilches de Federico de Madrazo que es, sin duda, una joya del Museo.

 

Madrazo y Kuntz, Federico de, Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches Fecha 1853

 

En la otra pared de la sala de los legados hasta siete obras de Goya. La colección de Goya, que es sin dudarlo una de las más emblemáticas del Museo del Prado, ha sido la que probablemente se ha visto más favorecida por las donaciones y por los legados. En la foto de arriba vemos el extraordinario retrato de José Alvárez de Toledo, Duque de Alba donado por el Marqués de los Velez, el retrato del General Antonio Ricardos, y la importantísima donación de las pinturas negras por el barón Frédéric Emile d’Erlanger tras el fiasco de su posible venta en París, donde no encontraron compradores.

Goya tardó mucho en ser lo que es ahora y, aunque aceptado el legado por parte del Museo, quince años después seguían estas pinturas negras sin ser expuestas lo que motivo una queja del hijo del barón cuando realizó una visita al Museo.

 

francisco de goya dos viejos comiendo sopa

La sala se cierra con el monumental Retrato de los Duques de Osuna con sus hijos, una obra capital de la primera época de Goya, retirado de la venta de la colección del duque de Osuna por sus herederos en 1882 y entregado al Ministerio de Fomento, para que figurase entre las obras de Goya del Museo del Prado, donde ingresaría ese mismo año.

 

Los Duques de Osuna con sus hijos. Francisco de Goya

 

De 1931 a 39, es decir de la época de la República,  se ocupa la sala sexta presidida por el cuadro de El Greco de San Andrés y san Francisco entre fotografías del desalojo de las obras del Museo durante la guerra con el que metafóricamente se quiere resumir esta etapa.

 

San Andrés y San Francisco de El Greco

 

Y es que el cuadro del Greco se compró al monasterio de La Encarnación de Madrid  para el Museo del Prado en  1942 con los fondos recaudados por la exposición de las obras del museo en su forzado exilio ginebrino .

 

 

Son fascinantes las fotografías de todo ese periplo de las obras maestras del Prado durante la guerra civil que en la exposición se compara con el viaje que realizó Antonio Machado, pues ambos coinciden en tiempo y en espacio en Valencia, en Barcelona e incluso en Colliure, por donde pasaron los tesoros del Prado en su camino de Ginebra. Veintidós días duró la revisión del inventario de las 1868 cajas que llegaron en tren a la Sociedad de Naciones de Ginebra acompañadas tanto por delegados franquistas como republicanos. Podría poneros muchas de esas fotografías pero he querido escoger esta que os pongo abajo porque no hay más silencio sonoro como el que proclaman el desolado vacío de las salas y la huella de la ausencia en los muros deshabitados-

 

 

Se presta también atención, como no podía ser de otra manera, a aquella utópica idea republicana del  Museo Circulante que formaba parte de las extraordinarias Misiones Pedagógicas, que acercó el Prado a numerosos, y en ocasiones recónditos, lugares del país, a través de copias de algunas de sus obras.

 

Grupo de espectadoras ante copia de Las hilanderas de Velázquez en Cebreros -Ávila- noviembre de 1932-Madrid Archivo de la Residencia de Estudiantes.

Pueden verse imágenes también como esta de la pieza Estampas. 1932 del siempre inquietante y extraordinario cineasta José Val del Omar

 

Val del Omar. Estampas, 1932. Documental

 

La sección 7 está dedicada a la época del régimen franquista. Una de las grandes y publicitadas adquisiciones del franquismo fue la negociación con el régimen de Vichy para la repatriación de una auténtica obsesión del mismísimo General Franco: La Inmaculada de los Venerables, hasta entonces conocida como Inmaculada Soult, pues fue el mariscal Soult el que, en la Guerra de la Independencia la sacó de España. Al parecer, las negociaciones con Pétain no fueron en absoluto sencillas pero la posible participación de España para apoyar a la Alemania Nazi en la II Guerra Mundial, le dio a Franco margen de maniobra para presionar y lo usó a su favor. Franco realizó un ventajosísimo intercambio por la que era entonces una de las joyas del Louvre a la que se añadió la dama de Elche, el archivo de Simancas y algunas coronas visigóticas del Tesoro de Guarrazar a cambio de algunos cuadros de Velázquez o El Greco de los que existían copias en las colecciones españolas. “El robo” de Scoult, había sido resarcido por aquella “nueva España” comandada por Franco.

 

inmaculada concepción de los venerables bartolomé esteban murillo

 

A pesar del aislacionismo del régimen en sus primeros años, el Museo continuó siemdo un referente del arte de la cultura universal. Artistas como Jackson Pollock, Robert Motherwell, Jorge Oteiza, Avigdor Arikha o Richard Hamilton tomaron el testigo de Manet, Renoir, Fortuny o Sargent. De todos ellos hay obras en la exposición como este extaordinario cuadro de Robert Motherwell que nos hubiera gustado ver con El perro de Goya en el que se inspira.

 

 

El Perro de Goya, 1975. Robert Motherwell

 

Es un tiempo en que también los literatos se fijan en el museo y la exposición da fe de ello recogiendo textos de Eugenio D’Ors, Juan Gil-Albert, Maria Zambrano, Michel Foucault, Buero Vallejo, Rafael Alberti, Ramón Gaya, Manuel Mujica Lainez, etc.

 

 

También los artistas de la época tomaron referencias de cuadros de Goya o El Greco para establecer diálogos artísticos con indudables referencias políticas como fue el caso del Equipo Crónica o Antonio Saura o de la confrontación entre la Maja desnuda de Goya y el Desnudo femenino acostado de Pablo Picasso del que ya os hice referencia antes.

 

Equipo crónica. La antesala, 1968, Colección Juan March

 

Y donde no podía faltar esa obsesión por Las Meninas que se ha acabado por convertir en un icono del arte universal.

 

Pablo Picasso. Las Meninas. Cannes, 18 de septiembre del 1957.

Las meninas de Picasso, de Richard Hamilton

 

La última sala dedicada al periodo democrático recoge hitos como la vuelta del Guernica o el retorno al Prado de la pintura española del XIX. La aprobación de la Ley de Patrimonio de 1985 ha permitido que permanezcan en el Prado obras maestras como el Antonello de Messina al que hicimos referencia más arriba, la Condesa de Chinchón de Goya y otras tantas de Rubens, Fra Angelico o Pieter Brueghel.

 

La Ley de Patrimonio establecía como su principal objetivo:

el acceso a los bienes que constituyen nuestro Patrimonio Histórico. Todas las medidas de protección y fomento que la Ley establece sólo cobran sentido si, al final, conducen a que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda contemplar y disfrutar las obras que son herencia de la capacidad colectiva de un pueblo.

Para visualizar esta vocación de apertura la exposición acaba con toda una pared con posters de diferentes exposiciones celebradas durante estos años, una reproducción táctil para ciegos del Noli me tangere de Corregio y toda una serie de fotos del proyecto en vídeo de Francesco Jodice, Spectaculum Spectatoris con el que el Museo parece querer representarnos.

Francesco Jodice Spectalulum Spectatoris, 2011

Néstor Martín-Fernández de la Torre, un artista a reivindicar

 

Néstor Martín-Fernández de la Torre, un artista simbolista a reivindicar

 

Nestor_Martin_Fernandez_de_la_Torre_1910

Néstor Martín-Fernández de la Torre nació en 1887 en Las Palmas de Gran Canaria, en una casa de la calle de Lentini, que linda con el Barranco Guiniguada, frontera entre el antiguo y señorial barrio de Vegueta y el nuevo, burgués y progresista de Triana. Desde muy pequeño, mostró su interés por el dibujo. El pintor catalán Eliseo Meifrén que visitó las Palmas lo tomó como discípulo a los 13 años y en pocos meses, vio cómo adelantaba asombrosamente y asimilaba las lecciones que recibía, hasta el punto de identificarse con su estilo.

 

Retrato de Eliseo Meifrén por Ramón Casas Carbó. 59 x 28 cm. MNAC.

 

Gracias a la influencia del pintor catalán, que sería su amigo y su gran valedor, y a instancias de la madre, Néstor, con sólo 15 años, se tralada a la Península con una beca de estudios del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para ayudarle en su formación en Madrid. La madre del pintor, según algunas referencias, se dedicaba a la confección de sombreros de señora para algunas elegantes damas de Las Palmas y, con los beneficios que obtenía, ayudaba a sufragar los gastos de Néstor en Madrid ante la total oposición de su padre a sus ambiciones artísticas.

 

Calle Mayor de Madrid 1904, pintada con solo 16 años

Nestor, a lo largo de su vida, como veremos, se moverá fundamentalmente en el triángulo Madrid-Barcelona-Las Palmas, pero también realizó algunos viajes por Europa a partir de 1904 (Paris, Londres, donde vivía su hermanastro, Bruselas, Gante, Brujas…) que terminarían por definir, muy tempranamente, su estilo y dotarle de ese carácter ornamental que le llevó a realizar frecuentes trabajos decorativos, no sólo para Instituciones, sino también para comitentes privados, así como frecuentes decorados para eventos teatrales y fiestas populares.

 

Adagio 1904

 

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904,  Néstor, con 17 años, participa con la obra Adagio con la que logra una mención especial. En la exposición además participan Vázquez Díaz, Darío de Regoyos, Solana, Francisco Gimeno e Isidro Nonell, entre los más célebres actualmente. Néstor concurre con dos obras y es casi como la despedida de su época de estudiante en Madrid, donde no volverá a exponer hasta diez años después. Adagio es una interpretación del mito de Leda y el cisne.

 

autoretrato 1904

 

En noviembre de 1904 Nestor embarca rumbo a Londres donde residia su hermanastro Bernardo que se dedicaba a relaciones comerciales relacionadas con la exportación de frutas canarias, por lo que esta primera estancia del pintor en Londres no fue muy gravosa para su economía. El objetivo fue conocer «in situ» el movimiento prerrafaelita inglés que, aunque su esplendor ya estaba periclitado, constituía para Néstor, en ese momento, la escuela y la tendencia estética preferida por él. Al fin se ha decidido a romper radicalmente con los convencionalismos académicos y realistas

 

 

Néstor en Barcelona

En 1907, participó en la V Exposición Internacional de Bellas Artes de Barcelona en el palacio de Bellas Artes, en pleno apogeo del Modernismo en Barcelona, una exposición que fue decisiva para el desarrollo del tardío simbolismo español. Entre las grandes figuras internacionales representativas del Simbolismo y del Modernismo encontramos a James Whistler, Edmond Aman-Jean, Fernand Khnopff,  Puvis de Chavannes, Gaetano Previati, von Stuck , Hodler, Burne Jones, Rodin, Ensor, Bourdelle, etc. Entre los españoles destacan los nombres de Meifrén, Nonell, Regoyos, Casas, Opisso, Rusiñol, Zuloaga y Joan Llimona que realizó el cartel.

 

Retrato de Enrique Granados 1908-9

Como Néstor pensaba ya trasladar su residencia y taller a Barcelona, aprovechó esta estancia para reforzar los lazos familiares e introducirse en los círculos literarios y artísticos. Según relata su hermano Miguel, fue su antiguo maestro y siempre amigo Eliseo Meifrén, quien ayudó al artista grancanario a conseguir este objetivo; él fue quien le introdujo en la tertulia artístico-literaria del «Café Continental» en la Plaza de Cataluña a la que eran asiduos asistentes además del mencionado Meifrén, personalidades tales como Santiago Rusiñol, Alejandro de Riquer, José María Sert, el compositor Isaac Albéniz y su hija Laura -que era pintora-, Enrique Granados, y los literatos y críticos Miguel Utrillo, Eugenio d’Ors, Francisco Sitjá y otros. A Granados le unió una profunda amistad y admiración que cristalizó en el retrato de arriba.

 

Boceto para los cuadros del Tibidabo

 

En el último trimestre de 1908, con 20 años, consigue su primer encargo decorativo importante: la realización de unos plafones para una sala de la sociedad «El Tibidabo», que fueron exhibidos en la Sala Parés a finales del primer trimestre de 1909. El encargo consistía en realizar cuatro grandes plafones de casi tres metros de altura por otros tantos, o más de largo, cada uno de ellos, tomando como motivo de inspiración los poemas de Jacinto Verdaguer:. «L’Atlàntida» (1877) y «Canigó» (1885)

 

El Jardín de las Hespérides (detalle)

 

Evidentemente era consciente de la importancia del encargo, tanto por la galería donde ha de realizar la exposición -la prestigiosa Sala Parés, establecimiento clave en el mundo del arte catalán- como por el lugar al que estaban destinados los plafones, y también por las posibles consecuencias de dicho encargo en su faceta como decorador ymuralista, pues estos lienzos ocupan una superficie aproximada de 36 metros cuadrados

 

NÉSTOR MARTÍN FERNÁNDEZ DE LA TORRE (Las Palmas de Gran Canaria, 1887-1938) “Gentil llevado por las aguas encantadas y adormecido por las caricias de Flordenieve”, c.1908-1909

 

En estas obras tempranas se percibe la influencia prerrafaelita, en particular de Burne Jones. Al mismo tiempo marcará con estos cuadros una tendencia literaria-decorativa-musical basada en el color y en la composición; si su línea curva va a representar su militancia modernista, el color, lo será de su simbolismo; ambas serán dos grandes constantes en su obra.

Los catalanes no se portaron muy espléndidamente con Néstor. Que el precio que le pagaron era inferior al trabajo realizado y al valor artístico parece corroborarlo el hecho de que, dado el éxito obtenido por la exposición, tanto de público como de crítica, el pintor acudió al Dr. Andreu para que, si era posible, intercediera ante la Junta a fin de mejorar las condiciones económicas de dicho encargo, pero esta petición fue mal interpretada y pensaron que Néstor era un oportunista. Este sería el primer conflicto del pintor con las autoridades artísticas de Barcelona que se fue enconando hasta que el artista cerrara su estudio en la ciudad condal.

 

Hermana de las rosas

 

Aún así todavía participaría en alguna exposición colectiva de retratos en el Palacio de Bellas Artes pero Néstor se encuentra en un momento, 22 años, en el que dará un empuje fundamental a su obra pintando la que él mismo consideró su primera obra importante y, como algún crítico ha señalado, el manifiesto plástico de la estética nestoriana. Al principio titula este cuadro «El Príncipe Néstor». Aunque  se suele señalar dicha obra  como «la obra capital de la prolongada estancia de Néstor en Barcelona», el lienzo fue realizado en su, totalidad en Las Palmas de Gran Canaria. La pintura se presentó en Barcelona en La Sala Parés entre las candidatas para representar a España en la Exposition Universelle et Internationale de Bruxelles 1910. Tras largos avatares de censura y polémica en la prensa que acabaron por decidir al pintor a abandonar Cataluña, la obra que tomó el título final de Epitalamio: Las bodas del Príncipe Nestor fue expuesta en la Sala de Honor del pabellón español de dicha exposición y abrió el camino internacional al pintor

 

Epitalamio 1909

 

Su «Epitalamio», un autorretrato simbólico en el que el artista recibe una cornucopia llevada por tres angelotes, causa un gran revuelo entre los medios artísticos de Barcelona al convertirse en piedra de escándalo entre tanto cuadro burgués de paisajes y soterrados simbolismos románticos. La fuerte polémica levantada se acentuó más cuando el Jurado tomó la decisión de rechazarlo para su envío a Bruselas por el pecado imperdonable de ser massa gros de tamanyParecía que desde la exposición de los plafones de «El Tibidabo» se había creado una atmósfera hostil a este arte decorativista o decadentista que él representaba y, con ello, al grupo de artistas modernistas, que cada vez iba siendo más fuerte sobre todo por parte de los recién aparecidos «noucentistas» o novecentistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De esta época también es una serie de dibujos que titulo Mujeres España, muy en la onda del coetáneo Rafael de Penagos

Néstor en Londres

Como sea, Nestor, tras su acostumbrada estancia estival en Canarias, decide marcharse a Londres. En el mes de febrero de 1911, a sus 24 años, Néstor llegaba a Londres en compañía de su íntimo amigo Mariano Andreu, ambos portaban muy ilusionados una breve carta de recomendación de Riquer para el crítico Konody y otra de Eliseo Meifrén para el pintor Sargent a fin de que les pudieran orientar en la búsqueda de maestro y taller artístico. Néstor, fiel a su afán de perfección, estudió en Brighton la técnica del aguafuerte. La realización y venta de algunos de ellos le permitió ganar algún dinero para ayudar a sufragar los gastos de su estancia londinense;  A mediados de junio de la11 tenía realizadas sus obras maestras en el aguafuerte: «El garrofin» y «La macarena».

 

la Macarena

El Garrofín

 

Néstor en Madrid

Una vez vuelto de Londres a Canarias, por manifestaciones del propio Néstor a la prensa deducimos que hasta 1913 debió salir muy poco de sn Isla. Tal vez, entre 1911 y 1913, sólo hiciera un viaje a París en el mes de octubre de 1912 para ingresar como miembro de la agrupación «Unión Internacional de las Bellas Artes y de las Letras». El nombramiento le fue comunicado por una carta firmada por M. Henry-Breuil, secretario de la misma. Esta asociación fue fundada en 1890 por Puvis de Chavannes, Meissonnier, Rodin y Carrière; a ella pertenecieron Paul Adam, Huyssmans, D’Annunzio, Anatole France, Kipling, Monet, Renoir y otros.

Néstor está sin embargo, mayormente centrado en la exposición que significará su vuelta a Madrid y que se realizará el día 5 de febrero de 1914 en la Casa Lissárraga y Sobrinos, en la calle Mayor numero 16. La exposición sumaba un total de cuarenta y tres cuadros. Veinte óleos, de los que once se exhiben por primera vez, entre ellos «El niño arquero»,«Posesión»  y «Joselito» (el pintor José Hurtado de Mendoza).

 

El niño arquero 1912

 

 

El éxito de crítica de la exposición de 1914 en Madrid fue apoteósico a juzgar por los ecos que siguió teniendo en la prensa a lo largo de 1914 e incluso en 1915, Supuso, realmente, pasar de ser de entre los pintores jóvenes más desconocidos en Madrid a ser uno de los grandes maestros de la pintura española, colocando su nombre al lado de maestros mayores en edad como Sorolla, Anglada Camarasa, Romero de Torres o Zuloaga. Por cierto, que la suerte del pintor canario y la de Anglada Camarasa caminan paralelas: los dos se cotizaban a sí mismos muy altos dado el carácter de su pintura concebida como museable pero paradójicamente, aunque los museos apetecían estas obras, no las adquirían por razones de economía y eso hace que no estén debidamente representados en las colecciones estatales.

La vida de Néstor en Madrid era polifacética, transcurría entre la investigación intelectual y el trabajo en su estudio. Aparte de estas labores profesionales le apasionaba frecuentar tertulias. Así se le ve acudir al Café de Castilla donde iban su amigo y paisano Unamuno y Pérez de Ayala; pero la más célebre de las tertulias a las que asiste es la de «El Gato negro», en la calle del Principe. Este cenáculo de Benavente era muchas veces punto de localizacion del pintor canario e incluso su dirección postal en Madrid.

 

 

Joselito 1912

 

La Guerra Mundial trunca sus planes de exposiciones en Londres y París y se queda en Madrid donde abre estudio. Néstor participa en el concurso de carteles que organiza el Círculo de Bellas Artes de Madrid para anunciar el tradicional baile de máscaras en el Teatro Real. Obtuvo el segundo premio dotado con 600 pesetas. Y es entonces cuando empieza a acompañarle en una de sus pasiones vitales: el teatro. Se estrena en el Teatro Lara de Madrid «El amor brujo» con música de Manuel de Falla sobre un libreto de Martínez Sierra y con decorados y escenografía dc Néstor.

 

el_amor_brujo_decorado_de_nestor_1915

 

Fue un éxito apoteósico, más del pintor que del músico y sobre todo de la bailaora gaditana Pastora Imperio que se consagró como primera figura desde entonces.

 

En diciembre de 1916, vía Málaga, regresa a Gran Canaria para trabajar en «El Poema de los Elementos». Su gran amigo el Marqués de Montesa le aconseja que trabaje mucho, más de lo que hacía en Madrid, donde Néstor no encuentra la concentración que requieren sus cuadros de imaginación pues cuando no era la vida madrileña la que le seducía y le hacía salir de su estudio, eran los amigos los que iban a conversar a su casa. Este consejo va orientado a que al terminar la guerra pueda promocionarse en Madrid, Barcelona, París,  Roma, Venecia, Nueva York, … y así podrá desquitarse del paro forzoso que le impuso la guerra mundial en su consagración internacional.

 

Posesión 1914

 

 

El Poema Atlántico 1917-1923

Durante los siguientes años y hasta 1923, Nestor se ocuparía en la realización de su magna obra que sería EL Poema de los Elementos, de los cuales solo llegó a realizar por completo la serie del Poema del Mar o Poema del Atlántico y casi terminó la serie del Poema de la Tierra quedando sin realizar los proyectados Poema del Aire y Poema del fuego. La primera de las series que realizó fue la de los Poemas del Mar.

 

Se trata de ocho lienzos que actualmente se conservan el el Museo Néstor de El Pueblo Canario, un proyecto pensado y largamente acariciado por el propio Néstor que no pudo ver realizado en vida, pero que sí llegó realizar su hermano, el arquitecto  Miguel Martín-Fernández de la Torre.
En la playa de Las Canteras, donde abrió su estudio, se dedicó a una afanosa investigación plástica de aguas, fondos marinos, costas, peces del Atlántico, etc. Dibujos, acuarelas y bocetos se sucedían incansablemente, génesis creativa que compartía con familiares y amigos.

Poema-del-atlántico-Amanecer

 

Con una barca y una cubeta de cristal observaba el fondo del mar, los pescadores de las cercanías, generosamente pagados por el pintor, le traían todo tipo de peces que estudiaba minuciosamente, y que a veces empezaban a descomponerse colgados de la liña o en una pecera, por lo que los amigos y familiares al visitarle tenían que proveerse de un pañuelo con colonia o alcohol.

 

Poema-del-atlántico- Mediodia

Se trata de 8 lienzos que recogen simbólicamente los diferentes estados del mar según las horas del día-  Amanecer, Mediodía, Tarde, Noche– , la meteorología – Borrasca y Mar en reposo–  o las mareas- Bajamar y Pleamar-.

Poema Atlántico,La Tarde

Los ocho cuadros se exhiben en una sala circular que casi parece un templo consagrado al artista. Y “exhibir” es el verbo más exacto, ya que somos testigos de una desbordante explosión de colores puros, del movimiento sensual de unos cuerpos viriles y poderosos. Pero sobre todo, vemos el mar.

 

Poema-del-atlántico-La Noche

 

En palabras de Daniel Montesdeoca, “es casi musical, y evoca vívidamente en la memoria a Debussy”.

 

Poema-del-atlántico-Bajamar

 

Constituyen una representación casi alegórica, cargada de elementos esotéricos y filosóficos, es la síntesis perfecta entre el bagage modernista y el carácter simbolista  de Néstor

 

Poema del Atlántico-Pleamar

 

Por fin el 20 de marzo, a las 4 de la tarde, se inauguró la exposición en la Sociedad de «Amigos del Arte», en el Palacio de Bellas Artes (actual edificio de la Biblioteca Nacional). Amenizó el acto un concierto a cargo del trío Gassent, Martínez y del Castillo. Según la crónica de Rafael Marquina había tanto público que se hizo imposible la contemplación de las obras. Montaje, iluminación, instalación y ambientación se realizaron con el mayor esmero bajo la supervisión del artista, llegando a extremos tales que, según contó el escultor Francisco Borges Salas, «en determinados momentos llegaba a la sala un olor de marisma», algún exótico perfume buscado por el artista para esta ocasión.

 

Poema-del-atlántico-Borrasca

Entre los visitantes a la exposición hemos de destacar al Rey y, días después, al Infante Don Fernando y a la Reina Madre con otros miembros de la Familia Real. Es indudable que allí acudió Salvador Dalí, por aquel entonces estudiante en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (había ingresado en 1921), y que probablemente ya había entablado amistad con Néstor. Pepín Bello -compañero de la Residencia de Estudiantes– contaba que la obsesión de Dalí llegó a tal extremo que visitaba la exposición todos los días.

De la amistad con miembros de la generación del 27», con los que entra en contacto en esta época, conservará libros dedicados por Federico García Lorca, Rafael Alberti, Benjamín Palencia, dibujos de Lorca y Palencia, y fotografías.  Federico García Lorca llamaba «Durero» a Néstor, no sólo por su extraordinario dibujo sino porque le proporcionaba monedas de 5 pesetas (duros) para pasar algunos difíciles momentos de la bohemia.

 

Poema del Atlántico. El mar en reposo.

 

Gustavo Durán, el amor de su vida

Es probablemente a través del contacto con este grupo como conocerá al que será el gran amor de su vida, el joven compositor Gustavo Durán que sirvió de modelo para el cuadro El mar en reposo. Cuenta Luis Antonio de Villena que al visitar el Museo Néstor con Rafael Alberti, éste al ver este cuadro exclamó: “¡Andá, el capitán Durán!”. Gustavo Durán que apenas tenía 17 años cuando inició su relación con Nestor que duraría más de 10 años, era entonces un joven compositor de música que estudiaba en el Real Conservatorio de Madrid y vivía en la Residencia de Estudiantes, donde perteneció al grupo de amigos entre los que estaban Federico García Lorca, para el que tocaba el piano, Luis Buñuel, al que le unió una estrecha amistad, Pepín Bello y Salvador Dalí.

 

Gustavo Durán

 

Gustavo que acompañaría a Néstor durante sus años en París, de los que hablaré luego, acabó por ser el famoso coronel Durán, jefe de Estado Mayor del general Kleber, en la XI Brigada Internacional. A finales de 1936 participó en la Defensa de Madrid, donde se logró detener a los militares sublevados. Allí volvió a encontrar a Ernest Hemingway, quien lo cita por su nombre en su novela ¿Por quién doblan las campanas?. El escritor André Malraux también se inspiró en él para el personaje “Manuel García” en su novela L’espoir (“La esperanza”).

Desde el verano de 1937 estuvo al frente del Servicio de Información Militar (SIM) en Madrid y la zona central, . En esta función estuvo apoyado por el jefe de la inteligencia soviética en España.

 

Gustavo Durán y André Malraux

 

Un personaje fascinante -se dice que también fue amante de Anaïs Nin– que también trabajo para el departamento de Estado de Roosevelt, siendo objeto de las purgas del senador McCarthy que le incluyó en 1950 en la lista de los 57 supuestos comunistas que trabajaban para el Departamento de Estado con ayuda de información del régimen franquista.

Entre sus últimas amistades en la década de 1960, figuró Jaime Gil de Biedma que le dedicó un hermoso poema. Durán falleció como alto representante de la ONU en Atenas; está enterrado en Creta. Su archivo fue donado al Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes.

 

 

 

El Poema de La Tierra (1932-38)

Volviendo a Néstor, El Poema del Atlántico era sólo una parte de un ambicioso proyecto que la prematura muerte del pintor le impidió terminar, el Poema de los Elementales, que, además del mar, incluía representaciones alegóricas de La Tierra, El Aire y El Fuego. Néstor dejó bocetos de los Poemas del Aire y del Fuego, y algo más avanzado el Poema de La Tierra, conjunto que inició en 1934 y que encontramos reunido en una de las salas más notables del museo Néstor, en distintos estadios de ejecución, desde meros bocetos a obras acabadas.

 

Poema de la Tierra. Capas de la Reina

Otra vez a través de los distintos momentos del día (Orto, Mediodía, Vespero y Noche), o a través de las estaciones del año (Primavera, Verano, Otoño e Invierno), Néstor realiza un pormenorizado estudio de la flora canaria, usando sobre todo plantas específicas de las islas como homenaje a su tierra.

 

Poema de la Tierra. Primavera. Filodendro

 

Si la voluptuosidad ya resultaba evidente en el Poema del Atlántico, sobre todo en los últimos cuadros, aquí las carnaciones en tonos terrosos, el escorzo casi imposible y acrobático de las figuras, y la evidente sensualidad de unos cuerpos musculosos que se entrelazan en múltiples posturas, aluden simbólicamente a la exuberante fecundidad  de la Tierra, y de su tierra, las islas Canarias.

 

Poema de La Tierra. Otoño. Higuera del Himalaya

 

Luis Antonio de Villena señala a partir de esta obra inacabada:

El revuelto amasijo de cuerpos eróticos y desnudos, besándose y casi copulando, son hombres y mujeres, aunque como ya anticipé, lo femenino salvo leves rasgos (insinuaciones de pechos) quede subsumido en la potente anatomía viril, joven y andrógina.

 

Poema de La Tierra. Cactus

 

Es imposible decir en un cuadro como “Drago” –las plantas titulan las obras- que no estemos presenciando el voluptuoso abrazo de dos hombres desnudos entre las ramas del milenario árbol, que asimismo les sirve de cúpula. ¡Extraordinario Néstor que los españoles no hemos sabido reivindicar todavía hasta el punto que se merece!

 

Poema-de-la-tierra-Drago

 

Néstor en Las Palmas de Gran Canaria

En esta época el nuevo Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria es José Mesa y López, que pretende encargar el proyecto de reforma de la ciudad a los hermanos Martín-Fernández de la Torre. Gracias a esta colaboración hoy aún se conservan -hay otras perdidas- los enormes lienzos realizados para El Casino

 

 

 

Y la decoración de varias salas del Teatro Perez Galdós que tras un incendió fue reconstruido por Miguel Martín Fernández de la Torre, su hermano, entre 1925 y 1928. Miguel Martín solicitó ayuda a su hermano Néstor, artista y pintor, para decorar el edificio. Éste se ocuparía de realizar las pinturas en lienzo del salón Saint-Saëns, del techo de la platea, de la boca del escenario y de diseñar los vitrales y el telón. Tras las obras, el 28 de mayo de 1928 se llevó a cabo la primera reinauguración.

 

 

 

También juntos idearían algo que Néstor no llegaría a ver: El Pueblo Canario. Las primeras trazas de su diseño, realizado por  Néstor , datan de 1937. Su construcción fue encomendada a su hermano, el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre, a quien el ayuntamiento de la ciudad encargó la redacción del proyecto técnico y la delimitación del conjunto. Las obras darían comienzo en el año 1939.

 

 

El Pueblo Canario constituye la plasmación del ingenio artístico de ambos hermanos. Está conformado por una plaza irregular cerrada por varias edificaciones que ambientan un rincón típico.

 

Años más tarde, en 1956, en este espacio,se inauguraría el Museo Néstor, con parte del fondo del artista donado por algunos miembros de su familia, patrimonio que posteriormente se ha venido enriqueciendo con donaciones particulares y adquisiciones.

 

 

 

En sus últimos años, siguió haciendo colaboraciones para el teatro como la que realizó para el ballet El Fandango del candil con música de su amado Gustavo Durán y que fue el primer gran ballet de absoluto nuevo cuño que estrenó Antonia Mercé, La Argentina, para su compañía Ballets Españoles en París. A pesar del gran éxito, Gustavo no volvería a componer música y abandonó a Néstor en Paris en 1934 no volviendo a verle nunca e incluso ocultando en su biografía esa relación, (ni siquiera se hace mención a ella en wikipedia)  olvidando por completo a quien le había ayudado a ser quien era y con quien mantuvo una larga relación en torno a una década. El prometedor músico convivía con Néstor en París llevando un tren de vida que jamás hubiera podido costearse por sus propios medios.

Néstor creó unos figurines y escenografías que son una verdadera obra maestra, donde logra incardinar a la perfección los motivos de inspiración folklórica con la más innovadora vanguardia. Han trascurrido doce años desde su trabajo en “El amor brujo”, y la vertiente escenográfica de Néstor ha madurado y absorbido todo el devenir de las corrientes artísticas en el período de entreguerras.

 

 

El Fandango del Candil” es estrenado por la compañía de los Ballets Españoles de Antonia Mercé, La Argentina, en el Teatro Volskoper de Hamburgo en noviembre de 1927. Inician una gira que recorrerá Alemania (Bielefeld, Bremen, Colonia, Berlín…); cosechará triunfos en Italia (Sala Humberto de Roma); para finalizar en el Teatro Femina de los Campos Elíseos (del 18 de junio al 12 julio 1928).

 

 

 

En sus últimos años, Néstor fue sorprendido por la Guerra Civil en las Islas Canarias que quedaron del bando nacional. A pesar de que se le ha intentado relacionar con el franquismo, es evidente que debió mantener un perfil bajo dada, por un lado, su condición de homosexual declarado y, por otro, las relaciones que le unían a muchos destacados antifranquistas, particularmente a su ex-amante Gustavo que llegaría a ser jefe de los servicios de inteligencia en Madrid. Acaso por eso, sus ultimas obras está encuadradas en un cierto tipismo sin duda relacionado con el proyecto del Pueblo Canario.

 

 

 

Néstor no llegaría a ver el fin de la guerra. Moriría de complicaciones una pulmonía cuando estaba a punto de cumplir los 51 años. Con su muerte, en febrero de 1938, dejó sin terminar el Poema de la Tierra y en bocetos Poema del Aire y Poema del Fuego, los cuales pensaba realizar como complemento de su gran obra. Su sepelio fue todo un acontecimiento social en la época, congregando a una gran multitud de personas.

 

 

Hoy su figura, aunque enormemente conocida en su tierra, es poco conocida quizás por la escasa presencia de su obra en los museos de la Península. Espero haber contribuido mínimamente a reivindicar la memoria de este simbolista canario, homosexual y cosmopolita.