La decepcionante exposición de Giorgio De Chirico en Caixaforum

La decepcionante, o cuanto menos engañosa, exposición de Giorgio De Chirico en Caixaforum de Madrid

 

 

Tengo que empezar explicando la frustrante contundencia del título que he dado a esta entrada. No es, en absoluto, que no me interese, -incluso, más bien al contrario, que me fascine- la obra del pintor Giorgio De Chirico, ni aún siquiera que los cuadros expuestos carezcan en modo alguno de interés -hay algunos bellísimos como veréis por las imágenes que os cuelgo- sino, una vez más, la tramposa y engañosa sugerencia omnímoda de la propia exposición de título tan concluyente como Sueño o realidad, el mundo de Giorgio de Chirico, publicitada como “la mayor exposición  retrospectiva jamás dedicada al artista en España”  y que permanecerá en Caixaforum de Madrid hasta el próximo 18 de febrero tras haber pasado por Barcelona. Y no es que ninguna de estas afirmaciones sea en realidad falsa, pero cuando uno asiste a la exposición se queda completamente perplejo.

 

 

Primero, porque los cuadros más conocidos del pintor, esos que la mayoría de nosotros tiene en la memoria, es decir aquellos pertenecientes a su etapa metafísica de  entre 1915 y 1925, del siglo pasado, están completamente ausentes y, en su lugar, cuelgan toda una serie de autocopias realizadas por el mismo De Chirico cuando contaba ya más de 80 años, entre los años 60 y 70, que, para mayor desconcierto, están casi todas datadas con fechas falsas por el propio pintor para tratar de hacerlas pasar por obras más antiguas. Son, en cierto sentido autofalsificaciones realizadas por la mano del mismo pintor. A veces, directamente copias de sus cuadros. Otras nuevas versiones sobre sus temas de más éxito:Plazas de Italia porticadas despobladas salvo por alguna escultura solitaria donde el único movimiento lo pone el borboteo de una fuente o el paso de un tren que pasa silbando por el horizonte; las series de muebles burgueses abandonados  en un valle que tiene su contrapuesto en esos templos que abarrotan las habitaciones cerradas, jugando con una dialéctica interior/exterior; las solitarias torres o las chimeneas que se recortan desde el horizonte y todo ese mundo plagado de sus celebérrimos maníquies, seres con el cuerpo y la cabeza formados por elementos geométricos que resplandecen con una expresión lumínosa y sirven a menudo para evocar el pathos del mundo clásico encarnando a personajes como Orestes, Andrómaca o Electra, o simples trovadores o esos arqueólogos que, en pareja, suelen albergar en su seno frontones, póticos de templos y capiteles rotos. En fin, elementos bien reconocibles que constituyen los elementos básicos de aquella pintura que Apollinaire apellidó por primera vez con el calificativo metafísica y que tanta influencia posterior tendría en el mundo del arte.

 

Hay tambíen toda una larga serie titulada explícitamente Interiores metafísicos que representan habitaciones cerradas realizadas con perspectiva aclerada en cuyo centro se apilan monumentos a la Tatlin hechos con instrumentos de dibujo o restos de arqueología clásica con el recurso a la ventana abierta o al cuadro dentro del cuadro. Todos ellos, de nuevo, pintados en las postrimerías de la vida del pintor grecoitaliano. Todo ello coexistiendo a su vez con toda una desconcertante y numerosa serie de retratos y autorretratos alla Rubens o alla Cézanne, además de cuadros neobarrocos de ninfas o naturalezas muertas, neovenecianismos alla Guardi o alla Canaletto, paisajes que remedan los cuadros de Velázquez sobre la villa Medicis, así como bastante escultura de calidad irregular y con un cierto olor de simple oportunismo o de simple necesidad económica.

 

 

Lo cierto es que me quedé tan desconcertado y estupefacto – éste no es el De Chirico que esperaba ni encontraba en esta “magna retrospectiva” ninguno de los cuadros que guardaba en mi memoria- que he hecho una investigación sobre el asunto. Primero que todo parece ser que la etapa metafísica de Giorgio De Chirico, esa por la que es internacionalmente reconocido y por la que forma parte indiscutible de la historia del arte, tuvo una duración bastante breve, de hecho brevísima, en la vida del artista. Parece ser que la vuelta al orden figurativo de la década de los años 20 supuso casi el total abandono de ese tipo de pintura por parte del pintor, para gran disgusto de algunos surrealistas que le tenían en el más alto aprecio posible, como Yves Tanguy, Magritte, Dali o Max Ernst. El propio Tanguy afirmaba haberse hecho pintor después de haber visto en un escaparate un cuadro de De Chirico.

 

 

Sin embargo, la nueva obra neobarroca y figurativa del artista, de la que sí es posible ver numerosas muestras en la exposición, no tuvo ni de lejos el mismo éxito de ventas, ni de crítica, por lo que el aristócrata De Chirico –era hijo de un barón palermitano y una baronesa de Génova- debió de alguna forma claudicar para ganarse la vida y seguir produciendo algunas obras en el estilo que le había catapultado a la fama. El resto de su obra es, a mi juicio no cabe ninguna  duda, interesante pero incluso admitiendo ese relativo interés es innegable que por ella no habría ocupado con toda seguridad el lugar que hoy en día ocupa en la historia del arte.

 

 

 

Él siempre fue consiente de esto y, a lo largo de toda su vida, volvía periódicamente a sus éxitos metafísicos de las plazas vacías y las habitaciones con maniquíes, realizando incluso frecuentes esculturas de sus temas más conocidos como las musas inquietantes o las parejas de arqueólogos ,sin por ello abandonar nunca, como es posible ver en la exposición, un estilo de pintura realista que iba en total oposición a las tendencias del arte contemporáneo de postguerra. Eso hizo que, en los últimos años de su vida, aún siendo un venerado vanguardista, vendiera muy poca obra, por más que De Chirico falsificara las fechas en sus cuadros, dejando, a su muerte, un impresionante legado de más de 550 obras que dese 1998 administra la Fondazione Giorgio e Isa de Chirico.

 

 

Y esa es la pintura metafísica, o más bien como el catálogo sí aclara neometafísica, que se puede ver en esta exposición, cuadros, sobre todo,  realizados en los años 60 y 70, cuando el pintor pasaba ya de los 70 e incluso 80 años, moriría con 90 en 1978 y aún activo pintando, obras casi todas interesantísimas, pero de la última época, distintas a aquellas que epataran al París de principios de siglo.

 

 

 

 

Y no es que sean malas, en absoluto, he de insistir en ello,  incluso hay alguna de ellas que yo tenía en gran estima, como el cuadro de la esfinge reproducido más arriba, pero también es cierto que estas obras autoplagiadas de su última época carecen de ese misterio, o quizás tienen otra distinta calidad de él, que tienen los originales que cuelgan el los mejores museos del mundo.

Es seguro que existen un interés por la Fondazione Giorgio e Isa de Chirico de carácter económico en mover tales fondos y tienen, sin duda alguna, todo su derecho e incluso nadie puede negar que carezcan de valor y de interés pero lo engañoso no es achacable a las obras expuestas sino en la pretensión inadmisible de presentarlos como el mundo, así se titula la muestradel pintor, un mundo en el que, cuanto menos, sus grandes y más conocidas obras maestras brillan por su ausencia. Sólo una especificación como Los últimos años de Giorgio De Chirico, o incluso el más neutro subtitulo Obras de la Fundación De Chirico habrían bastado para no provocar el desconcierto y la estupefacción que me causó la exposición.

 

 

Ocurrió también con la exposición de Picasso/Lautrec del Museo Thyssen en la que las obras de Picasso que entraban en la exposición abarcaban, en su enorme mayoría, apenas dos o tres años de la producción del artista malagueño. Cosas de la hipermercantilización del arte que lleva a exposiciones privadas como las realizadas por la empresa cultural Arthemisia en viejos palacios renovados como salas de exposiciones como el Palacio Albergatti de Bolonia, el Chiablese de Turín, el Palazzo Reale de Milán o el madrileño Palacio de Gaviria y que acaba con noticias como la de la incautación de 21 cuadros falsos de Modigliani en la exposción que se celebró la primavera pasada en el Palazzo Ducale de Genova. O tempo O mores.

Vicente Martínez Sanz,un maestro pionero de la fotografía en España

Vicente Martínez Sanz,un maestro pionero de la fotografía en España

 

Me piden de parte del Instituto Cervantes que publicite una muestra virtual del fotógrafo valenciano Vicente Martínez Sanz cuyos enlaces os cuelgo aquí y donde podréis ver mucha más obra de la que os cuelgo aquí porque no hay mucho accesible en la red.

https://cvc.cervantes.es/artes/fotografia/martinez_sanz

martinezsanz.com

Aunque en su día gozó de un prestigio universal, y expuso en las más importantes exposiciones de fotografía artística a nivel mundial ganando importantes premios en ellas, Vicente Martínez Sanz es sin embargo un desconocido en nuestra época. Gracias al escritor Vicente Puchol, casado con la nieta de este fotógrafo, y a Josep Vicent Monzó y Josep Benlloch los artífices de la actual exposición del centro virtual del Instituto Cervantes. Nació en 1874, póstumamente, tras haber sido su padre abatido a tiros por designio de la mafia empresarial valenciana mientras su mujer estaba embarazada. La viuda, por consejo del padre se casó después con el gerente de la fábrica y la vida continuó en el mismo estatus económico. Estudió bellas artes en la academia de San Carlos donde tuvo como maestro a Agrasot. Aunque se casó muy joven y abandonó por la pintura por motivos prácticos, tras la muerte de su esposa se dedico a la fotografía que era entonces un arte balbuciente.

Aunque no salió de Valencia, estuvo en contacto con todos los movimientos mundiales de fotografía artistica y lo que es más sorprendente, a la vanguardia de ellos, pues puede el primero que utilizó en color en España.

Después de la guerra civil, abandonó su trabajo por un sentimiento de retraimiento en el ambiente que le da geno y se limitó a fotografiar a la intimidad familiar. El foto club de Valencia le hizo su presidente. Murió en 1945.

La obra de Vicente Martínez posee una trayectoria artística propia aunque muy en línea con las tendencias internacionales. En sus fotografías priman los puntos comunes con otras artes como las pintura tanto en el tratamiento de la luz como en la perspectiva, lo que hace que se le considere como un fotógrafo esteticista con alma de pintor.

Su consideración como pictorialista se puede ver en ciertos elementos de su fotografía como su afán por ordenar todos los elementos de una imagen hasta encontrar un alto grado de perfección, o el tipo de composición, o la disposición de sus modelos o los complementos que le acompañaban o el tratamiento de la luz…

Hay también ciertos elementos surrealistas que flotaba en el aire con un cierto aire onírico en algunas de sus obras como Visión o Retrato en sombra que hace que se encuentre más próximo a las vanguardias como se nota también en sus fotomontajes y en algunas de sus obras con influencias de arte oriental.

 

Toshiko Okanoue, una artista japonesa del collage

Toshiko Okanoue, una artista japonesa del collage

Toshiko Okanoue nació en 1928, la prefectura de Kochi, aunque se crió en Tokio. Estudió diseño de moda en Bunka Fashion College de donde han salido otros talentos como Kenzo Takada, el fundador de Kenzo, o Yohji Yamamoto, cuando, ante su dificultad para dibujar, comenzó a hacer collages de fotos con las revistas occidentales de las que disponía en clase. Asi usando imágenes de publicaciones como LIFE, VOGUE y Harper’s Bazaar combinaba diferentes caras, partes del cuerpo o animales. Ella misma afirma que su primera aproximación al collage vino, no tanto de influencia occidental como de una técnica tradicional japonesa llamada Hari-e (Hari significa pegar y “-e” imagen) que consistía en crear imágenes pegando trozos de papel coloreado. Pero sus collage no pasaron inadvertidos y en 1952 el artista surrealista japonés Shuzo Takiguchi le introdujo en el mundo de Max Ernst cuya influencia es perceptible en sus collares. Takiguchi también utilizaba técnicas de Max Ernst en lo que el llamaba Decalcomanias.

A partir de entonces y durante un periodo de 6 años Okanoue produjo más de 100 obras y realizó varias exposiciones con excelente acogida, pero su carrera se vió truncada por su matrimonio con el pintor Fujino Kazutomo -del que no he conseguido averiguar nada- y que, como a muchas jóvenes  supuso su completo abandono de la escena artística durante los siguientes 40 años.

Sin embargo a mediados de los años 90 su trabajo fue redescubierto por el comisario del Museo Metropolitano de Fotografía de Tokyo iniciando un proceso de rehabilitación de su obra que acabo con una exposición enel MOMA de Nueva York y la edición de un libro titulado Drops of Dreams en 2002 por Nazraeli Press. En la primavera de 2015 se publicó en Japón su primera monografía titulada “A long Journey”

 

MAYA DEREN & ALEXANDER HAMMID – MESHES OF THE AFTERNOON 1943

MAYA DEREN & ALEXANDER HAMMID – MESHES OF THE AFTERNOON 1943

Aunque normalmente atribuido sólo a Maya Deren, atribución que causó gran sufrimiento al matrimonio de ambos, parece que la película Meshes of the Afternoon fue realizada por la autora y su marido, Alexander Hammid que dirigen y protagonizan ambos. El filme original era mudo. La música que se puede oír en la actualidad fue añadida a posteriori por el tercer marido de Maya Deren, Teiji Ito y está basada sobre la música clásica japonesa.

La propia Maya Deren explicó que Meshes “… se ocupa de las experiencias interiores de un individuo, no registra un suceso que pueda ser presenciado por otras personas, sino que reproduce la forma en que el subconsciente de un individuo desarrollará, interpretará y elaborará un incidente aparentemente simple y casual en una experiencia emocional crítica.

En una retrospectiva del Museo de Arte Moderno MOMA (2010), se sugirió que los trozos del espejo cayendo en las olas del océano parecen sugerir que otra de las piezas de Deren,  At Land (1944), que puedes ver también en este post, sería una secuela directa, mientras que la última escena de Deren en esta última película (corriendo llevando en una de sus manos  una pieza de ajedrez ) se vuelve a repetir en una escena en Ritual in Transfigured Time (1946), señalando una posible relación entre las tres.

Ha influido en numerosos creadores posteriores, como David Lynch que reconoció haberle rendido un homenaje en su película “Carretera Perdida”.